Artículo de Fernando Sánchez. Perera, el ángel caído.

Tras la increíble y conmovedora inmolación que protagonizó José Tomás el 15-J, Carlos Ruiz-Villasuso tituló su crónica con un “Así debe de torear el diablo”. Pues bien, tras ver a Perera el pasado 3 de octubre templar en redondo al toro que acababa de pegarle una cornada de caballo bastante más fuerte que las del de Galapagar, éste se me imagina un tierno y desobediente duendecillo al lado del extremeño.

 

Desde siempre el toreo tuvo algo de diabólico, de salvaje. De hecho, la cultura oficial nos presenta al torero como la hembra fecundadora del orden social que destruye al toro, al macho que representa la potencia sexual desordenada y la violencia instintiva y salvaje de la Naturaleza. Así pues, siempre el acercamiento del torero al toro, su unión coreográfica con él, su “ponerse de acuerdo”, ha sido visto como un acercamiento al mal para dominarlo y controlarlo.

 

Siempre se ha encontrado algo de escrutador de un submundo maligno en el torero capaz de escudriñar en el interior de cada toro hasta extraerle la última gota de su bravura, es decir, de su fuerza descontrolada y destructora. “Un poco de vaho maloliente en el aliento, un poco de vello en las garras, y ya te lanzabas amistoso y cordial hacia tu nuevo amigo” escribía Nietzsche sobre el librepensador que no teme a ese prejuicio social que supone lo malvado.

 

Pareciera que los grandes toreros de la historia que han ido acortando las distancias entre toro y hombre, entre el bien y el mal, desde Belmonte a Perera, pasando por Manolete, Benítez, Dámaso, Ojeda, Tomás, han actuado como los librepensadores: han querido fundir en una sola escultura completa y verdadera dos fuerzas que en realidad no hacen sino convivir en una sola, la inocencia. Como demostrándonos que el extracto, la base de toda sociedad es el caos, y de toda cultura, el instinto.

 

Perera ha llegado a templar al toro en una distancia tan milimétricamente mínima, tan asfixiante, que por fuerza tiene que ser considerado como el gran librepensador del toreo de nuestro tiempo, el gran heterodoxo que diría Pepe Alameda, el gran destructor de prejuicios y falsos dualismos entre el bien y el mal. En definitiva, y siempre según el imaginario de nuestra cultura, coronado como el auténtico Lucifer de nuestro tiempo, el Diablo, el verdadero ángel caído, y no ese aprendiz, José Tomás, que juega a hacer travesuras de vez en cuando con toros de juguete”.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

1 Resultado

  1. josé maría gómez dice:

    Abundado en lo expuesto por Fernando Sánchez y en concreto a los ” Toros de Juguete”, aunque nunca son tal cosa puesto que siemprte existe un paligro manifiesto sea cual sea su trapío, viene a cuento un reportaje que publca esta semana APLAUSOS, que trae imágenes de “Idilico” de Nuñez del Cuvillo en el campo, el toro lidiado e indultado por José Tomás en Barcelona. Lo que comenta Alvaro, el ganadero, no tiene desperdicio, “Tenemos 35 sementales y de ese nivel diez o doce, no es fácil un toro así y eso que quemamos mas de veinte machos al año”. Escalofrios me dan cuando pienso que se echa a las vacas un toro que apenas recibió dos picotazos en el caballo. Amigos, esto es la regenaración y la simiente de la sangre brava en las “torifactorias”. Sin comentarios.
    Un saludo

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