Triunfaron con Domecqs de ?tercera?

Vitoria. Nueva plaza cubierta. 6 de agosto de 2008.  Segunda de feria. Casi lleno. Toros de Román  Sorando. Bien presentados y nobles pero sosos, y  justos de fuerza en su mayoría destacando el excelente segundo; el tercero fue peligroso; quinto y sexto se pararon muy pronto El Jul: silencio y Palmas tras aviso y leve petición. José María Manzanares: dos orejas y silencio. Miguel Ángel Perera:, oreja tras aviso y oreja tras aviso con petición de la segunda.

 

La de Román Sorando es una ganadería que se podría considerar de tercera división, sobre todo porque apenas lidia en plazas de fuste. Si hiciéramos un símil futbolístico, las figuras la eligen de vez en cuando para tardes importantes como la de ayer aunque, quizás la elección de ayer no fue la más adecuada. A pesar de que lidió un buen toro, el segundo, el resto de la corrida evidenció falta de fuerzas, alguno como el tercero tuvo peligro y el quinto y el sexto se pararon al inicio de la faena.

 

El Juli tuvo en primer lugar el toro de menos fuerzas de la corrida por lo que enbistió demasiado rebrincado, por lo que tuvo que abreviar. En el cuarto, sin embargo, salio espoleado por el triunfo de sus compañeros y dejó al toro muy crudo en el caballo sin que su picador llegara a meterle del todo las cuerdas. Brindó al publico y empezó por alto la faena para luego sacarse al toro a los medios e instrumentarle buenas tandas con la mano derecha y una con la izquierda superando la sosería del toro. El Juli, puso todo de su parte para llegar al publico, terminó la faena con molinetes y pases del desprecio y mató al toro de un pinchazo y una estocada, pero el toro tardó en mucho caer y sonó un aviso, por lo que el publico no pidió la oreja con suficiente insistencia.

 

José Mari Manzanares se llevó el mejor toro de la corrida, un colorado de preciosas hechuras al que toreó bien de salida con el capote. Con la muleta recetó despaciosos y templados derechazos y naturales que llegaron mucho al publico. Pero cortó pronto la faena fundamental y se dedicó a recetar circulares, tanto invertidos como naturales que el animal admitió obediente y sin pararse, provocado entonces el más entusiasta calor del publico. Mató de una estocada desprendida y se le pidieron las dos orejas que el presidente, para algunos sorpresivamente, concedió. Al muy parado quinto lo intentó torear, pero como no pudo sacar ni un pase, terminó de seguido la faena.

 

Miguel Ángel Perera ofreció una importante tarde ayer en Vitoria, no tanto por los quilates de su toreo sino por lo valiente, decidido y honrado que estuvo. En tercer lugar sorteó un toro muy feo y playeron que sacó peligro por los dos pitones a la par que cierta nobleza en su fondo, lo que le permitió jugarse el tipo limpiamente. El toro, antes de embestir, le miraba mucho, tras cada muletazo sabia lo que se dejaba atrás. Le avisó varias veces,y se rozó la cogida, pero a base de firmeza, se sobrepuso al toro e incluso logró dar excelentes naturales. Con el parado sexto alargó en exceso la faena, quizás su único borrón, pero como se metió entre los pitones y se pegó un serio  arrimón, calentó y de qué manera a los tendidos. Mató de media desprendida y el publico pidió las dos orejas, las que deberían haberle pedido en el tercero. El Presidente, creo que con buen criterio, solo soncedió la primera. Una de las cosas que tuvo más importancia en la tarde de Perera fue gran responsabilidad que mostró para ser una plaza de segunda, tal y como suele este año  en todas partes. Todo el mundo  espera que tan impresionante momento lo ratifique en las inminentes ferias de San Sebastián y Bilbao, sus más serios compromisos en el Norte.

 

Si anteayer me metí con los Blusas, hoy debo decir que su comportamiento de ayer fue bueno. Lo único que se puede achacar al inexperto público vitoriano fue que, después de pedir las orejas para los toreros, tras no ser concedidas no les aplaudieron luego para que salieran a saludar o dieran la vuelta al ruedo. También es censurable que, sin estar anunciada previamente ninguna parada ni receso para “merendar”, la presidencia abandone el palco entre la lidia del tercer y cuarto toros durante quince minutos, con lo que tan inaudito abandono representa de falta de respeto para los toreros y, de paso, al público aunque la mayoría no caíga en el feo detalle. Incréíble.

 

 

3 Resultados

  1. Mateo Ruiz dice:

    No estoy conforme con algunas cosas de esta crónica. Jon Ander trata displicentemente a Manzanares y apenas reconoce su gran triunfo. Es cierto que lo más importaante – por los malos toros que tuvo – lo hizo Perera. Pero, !ay amigo Jon Ander¡, cuando torea un superclase, todo queda palidecido. Y el sencillo y en su mayoría nada entendido público de Vitoria, reaccionó como cualquier otro público con un mínimo de sensibilidad cuando las cosas se hacen con arte y sentimiento, con empaque, temple y señorío. Eso le llega a todo el mundo, a los buenos aficionados y hasta a los más ignorantes. Pero hay otra cosa con la que no coincido. El actual dueño de la ganadería de Román Sorando, que creo es un sobrino del primer propietario y que, según creo, es médico, parece bastante mejor criador que su tío y está llevando a cabo una labor fantástica con muy buenos resultados. Por ejemplo, el toro de la faena de las dos orejas de Manzanares.

  2. Jon Ander dice:

    No, le pongo mal a Manzanares, solo digo, que no merecío las dos orejas, el que mas las mereció fue Perera. Claro que lo toreó bien, pero a mitad de faena empezo a darle circulares invertidos, y le dio 6, en vez de terminar de cuajar al toro. Estoy de acuerdo, en que MAnzanares es un superclase, y será en poco tiempo un figuron del toreo. Yo no he dicho que el ganadero sea malo, lo que he querido decir es que ahora mismo, no es una ganaderia de prestigio, pero viendo el juego del segundo toro de ayer, puede que lo termine siendo. Un Abrazo

  3. Ramiro dice:

    A mí no me parece mal que Jon Ander diga lo que a él le ha parecido la corrida. Aunque por su foto descubro que aún es muy joven, no creo que sea como esos críticos que escriben de oído – algunos mucho más viejos que él y no pocos ocupando tribunas importantes -, sino de los que se van raudos de la plaza para escribir, equivocado o no, pero él solito con sus pensamientos acuestas.

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