El Quite de Domingo. El maestro de lo imposible

 

Quien no estuvo a la altura de las circunstancias fue Salvador Vega. Aquél insigne filósofo existencialista que se llamó Rafael Guerra “Guerrita”, dijo que a los toreros se les ve el valor por los abujeros de las cornás. Y eso exactamente le ha pasado a Vega: no se olvida del cornalón que sufrió en esta plaza de Zaragoza hace ya tres o cuatro temporadas. Con su primero, tercero de la tarde, un torillo sin clase pero sin mala intención, estuvo muy bailón y poco firme. En sexto lugar se encontró con el toro menos malo del pésimo encierro del Torreón. Aunque rajadillo y queriéndose ir, el toro tenía nobleza y pasaba bien. Faena larguísima de Vega, sin hilazón ni argumentos. Solo al final de la faena se confió un poco, cuando se dio cuenta por fin de que el toro era más bobo que mi prima Antonia. Este chico está muy lejos del novillero brillante que fue. No se le va de la cabeza aquella cornada. Una pena.

 

Por su parte, Sebastián Castella, de luto riguroso, hizo todo lo que estuvo en su mano para triunfar. Es muy consciente de que el estirón de Perera y la buena temporada de Manzanares, le perjudican especialmente a él, y fue a por todas. Pero con semejante ganao tuvo pocas opciones. Su primero no tenía clase alguna y, además, reponía. Faena entregada y valiente, muy por encima del toro. Logró sacar muchos muletazos limpios, cosa nada fácil si tenemos en cuenta la fea embestida del oponente. La mala estocada le quitó la oreja de la mano. El quinto fue un manso con poder, que llegó a derribar dos veces al caballo. Inicio vibrante por estatuarios y gran serie con la mano derecha. Una serie tan buena, tan maciza, tan ligada y tan larga, que acabó con las ganas de embestir del toro. Se acobardó el bicho, y ya no hubo nada más que hacer. Después vino la catástrofe con el verduguillo: hasta once golpes hubo de dar. Un equipo de fútbol completo. Castella salió muy contrariado de la plaza por no haber triunfado, pero con la raza que tiene este torero, no hay fuerza en el mundo que le quite de las ferias.

 

El primer toro fue de una sosería total y absoluta. Ponce se esmeró en templarlo en una faena pulcra, muy superior a la condición del toro. Pero lo bueno llegó en el cuarto. El toro era una porquería, pero Ponce le aplicó una lidia perfecta, hecha a compás. Le picaron muy poco para que no se rajara. Antonio Saavedra aplicó el castigo en la medida exacta, y la lidia de Mariano de la Viña perfecta también, sin un capotazo de más. A pesar de una lidia tan esmerada, el toro seguía sin valer nada. Tenía una embestida corta y renuente, especialmente complicada por el pitón derecho. Un toro con el que no triunfa ningún torero… Bueno,  uno sí: el Maestro de lo imposible.

 

Lo de Ponce es inaudito. Ha conseguido cuajar faenones a toros que ni siquiera embestían. La cuadratura del círculo. Y no es solo que haga que un mulo embista, sino que, además, lo torea con una estética admirable. ¡Qué cosas más bonitas hace a toros imposibles! Nadie a lo largo de la historia del toreo ha dominado a más toros que él. Nadie ha toreado a los toros malos con tanta estética como él.

Resumiendo y hablando claro: es el más grande muletero de toda la historia del toreo.

 

La faena de ayer tuvo un secreto: No atosigar. Cualquier otro torero se hubiera colocado cerca del toro y se le hubiera rajado muy pronto. Muy inteligentemente, Ponce le daba terreno y, cuando el toro amagaba con irse,  no se metía encima, le dejaba a su aire. Y otro secreto: ese temple limpio, ese que la huela y no la coja, que hace pasar a los toros más remisos. Como guinda, la estética incomparable de un gran artista. Exprimió el pitón izquierdo, el menos malo. Pero también hizo pasar al toro muchas veces y con limpieza por el pitón derecho, por donde el toro sí que se quedaba corto y se metía por dentro.

 

A mí este chico siempre me sorprende, porque en el toreo accesorio es genial. La faena estuvo salpicada de bellos molinetes, molinetes invertidos, ayudados por bajo, cambios de mano… Maridaje perfecto y definitivo entre el toreo fundamental y el toreo de adorno. Cuando Ponce cuaja un toro malo, deja claro que está a años luz de los demás toreros. Y esta vez, gracias a Dios mató a la primera. Dos orejas.

 

Con demostraciones como la de ayer Enrique Ponce hace patente su inmensa categoría y pone en ridículo a todos sus detractores, que lo odian solamente por pura envidia (es intolerable para ellos tanta perfección), o porque están a las órdenes de otros toreros… Yo, por mi parte, estoy admirado con el mejor muletero de la historia. Solo él ha conseguido cuajar faenones estéticamente irreprochables a los toros más malos. Es el ¡Maestro de lo imposible!

 

2 Resultados

  1. clarito de luna dice:

    Dº Domingo: Enhorabuena por estos quites junto al maestro Del Moral. Hoy lo han bordado porque no era fácil ver lo de Ponce. ¿O si lo era y algunos no han querido verlo¿. Es, me parece, lo de siempre: a este maestro, al mejor muletero de todos los tiempos no se le perdona eso: su maestria y su valor y su cabeza. España es el pais de las envidias. Enhorabuena una vez más

  2. Flavia dice:

    Por lo menos la plaza sí ha visto lo de Ponce. Pero también ha visto que los toros eran de la UCD. Mi padre, que lleva 65 años yendo a los toros, me confesaba ayer que estaba empezando a cansarse de pagar por ver bueyes en el ruedo. Dice que esta porquería de ganado va a ser más letal para el futuro de la fiesta que todas las campañas de los antitaurinos. Además, esos toros parados y sin fuerza, sin sensación de peligro ni de fiereza, que mueven más a la pena que al susto, son un argumento perfecto para quienes dicen que la fiesta es cruel porque se castiga a un animal indefenso. ¿Quién tiene la culpa de esto? ¿Los ganaderos? ¿Los toreros por preferir ese tipo de toro? ¿Unos y otros al cincuenta por ciento?

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