8ª del Pilar en Zaragoza. Magistral y exquisito embeleso de Ponce

Zaragoza. Plaza de La Misericordia. 11 de octubre de 2008. Octava de feria. Tarde entoldada con la plaza cubierta y lleno de no hay billetes. Seis toros de El Torreón, en su mayoría bastos, sobrepesados y varios en su deslucido juego por desrazados en distintos grados de fuerza. Los tres primeros, apenas ofrecieron facilidades a los toreros. Muy sosos y sin nada dentro primero y tercero; con más movilidad y transmisión pero también con más guasa el segundo. Y, los tres últimos, mejor hechos – sobre el todo el cuarto y el quinto – mejores que sus hermanos, destacando el bravucón quinto por su inicial brío y encastada nobleza por el lado derecho hasta que, por demasiado sometido y vencido, se rajó; y el sexto que, asimismo rajado, también se dejó aunque, por imprecisamente toreado, no lo pareció tanto. El ya famoso por mejorado e inmortalizado cuarto, la verdad es que no valió un duro aunque lo pareció. Enrique Ponce (grana y oro): Estocada desprendida, aviso y ovación. Buena estocada desprendida, aviso y dos orejas con vuelta clamorosa que se reprodujo al ser aupado a hombros antes de salir de tal guisa por la Puerta Grande. Sebastián Castella (negro y azabache): Bajonazo trasero, gran ovación. Estocada trasera algo ladeada y once descabellos, dos avisos y gran ovación. Salvador Vega (verdegay y oro): Pinchazo, estocada caída y dos descabellos, aviso y silencio. Estocada trasera, aviso, petición menor y ovación. Antonio Saavedra medió bien el castigo al cuarto. Mariano de la Viña dio una lección en la brega de este mismo toro. Y los hermanos Tejero, Curro Molina se lucieron mayormente en palos.

Paloma Ponce Cuevas, para que cuando sea mayor y lea esta crónica, pueda hacerse una idea de cómo estuvo su padre en Zaragoza el año que la bautizaron.

Embelesar: Suspender, arrebatar, arrobar, embriagar, hechizar, cautivar los sentimientos. Todo eso fue lo que consiguió ayer Enrique Ponce con el cuarto toro de El Torreón y con la inmensa mayoría el público que abarrotaba la plaza. Claro que, tal cuestión no está al alcance de cualquiera como tampoco de gran parte de los que, obligados a contarlo y aún presumiendo de saber, carecen de conocimientos estrictamente profesionales de fondo que únicamente los que se ponen delante y los muy pocos que, por suerte, hemos estado muy cerca del toreo desde niños, tenemos suficiente sensibilidad para apreciarlo o, sencillamente, lo llevamos dentro. Pero que pregunten, que pregunten a los toreros que había en la plaza y a los que lo vieron por televisión y, ya verán lo que les dicen.  

 

Este cuarto toro de El Torreón, gordísimo, muy hondo y más bonito que sus hermanos anteriores, salió apretando mucho para los adentros y luego muy suelto. Ponce solo pudo estirarse en un lance por el lado izquierdo y lo picó muy bien Saavedra en un bien medido puyazo que el animal tomó al relance.  Acto seguido, el propio Ponce primero y luego Mariano de la Viña, se aplicaron a lidiarlo lo más suave y convenientemente posible para que no empeorara con tirones violentos y siempre ahorrando capotazos. Los que le pegó Mariano mientras banderillearon los hermanos Tejero, fueron ejemplares. ¡Qué gran peón¡ Si yo fuera Ponce, me lidiaría todos los toros y le quitaría de banderillear, suerte en la que ya no es quien fue el de Albacete.

 

Absolutamente inédito el toro, aunque mosqueante por su sosería, vaciedad e incómodo apretar, en los primeros tanteos con la derecha por bajo, protestó mucho. Pero no por el lado izquierdo cuando Enrique remató con un precioso pase de la firma tras cambiarse de mano. Y enseguida, más allá de los medios, recomenzó la faena con la mano derecha, el peor lado del toro. Los pases que siguieron, todos en línea y a media altura aunque poco a poco intentando y logrando que el bicho humillara, fueron una primera muestra de cómo Ponce consigue como nadie alargar embestidas en principio cortas. Y, otra vez con la mano izquierda, los naturales que fue enjaretando en sucesivas tantas tuvieron la virtud de, sin atosigar al toro una sola vez para no molestarlo lo más mínimo – si los hubiera dado rápidos y echando la mano abajo, la faena se hubiera terminado sin remedio –, cuanto hizo fue tomando color y adquiriendo calor porque la más exacta de la precisa técnica, dio pasó a la más sublime de las delicadezas en los pases más aristocráticos del toro fundamental. Y todo ello, dando tiempo y mucho espacio al toro con esas pausas y andares exclusivos de quien, además de gran torero, es un innato gran bailarín de ballet, como los que más se distinguen porque parecen tener inteligencia en los músculos mientras evolucionan a compás sobre las tablas del escenario.

 

Este singular sentido a la vez operístico y danzante que únicamente Ponce presta o, mejor decir, añade a sus actuaciones más inspiradas a la vez que incuestionablemente científicas, se basan en el compás,  A compás del toro, a compás de la música, a compás de su propio sentirse y a compás de los sentimientos que van calando en el público como la más fina de las lluvias. Extasiados los espectadores ayer, metidos de lleno en lo que estaba logrando Ponce hasta que, sin saber cómo ni por qué, la mayoría se embelesó al tiempo que el toro se embelesaba con su amante torero.

 

Fue entonces cuando, de nuevo distanciado, Ponce ligó dos preciosos molinetes con la derecha a un cambio de mano y a varios naturales más, para luego volver a la derecha en su intento de atacarle mucho finalmente, como así suele hacer siempre en parecidos casos, e hizo ayer con soberanos redondos, instante en el que el toro se rajó, sin que el torero permitiera que se rajara. Y este fue su mayor, su más admirable e inigualable mérito. La clave técnica de la obra. Es decir que, llevando siempre la muleta por delante y sin quitársela nunca de la cara, el que se quería ir, no pudo. Y no pudo porque enseguida descubrió con su instinto animal que quien le atraía más era Ponce y no las tablas. Y ya por completo subyugado el animal, empezó la parte más vistosa y florida de la faena. Naturales citando con el cartucho del pescao, pases de pecho preparados, cambios perfumados, trincheras y trincherillas al paso, más naturales recetados a pies juntos, y un nuevo festín de ayudados por bajo que reventaron al personal.

 

Todavía Ponce dio un natural más para cambiar al toro de la suerte contraria donde estaba paralelo a las tablas cuando se perfiló para entrar a matar en medio de un silencio expectante y, después de enterrado el acero, otros dos más entre el júbilo ya desatado del gentío que había empujado colectiva y mentalmente la espada tanto o más que Ponce, porque nadie quiso perder ni que se estropeara tan hermoso final. Tardó tanto el toro en doblar sin que nadie se impacientara y menos el propio matador, que el presidente no se atrevió a que sonara el segundo aviso y, estoy por decir que incluso el tercero porque había corrido el tiempo sin que lo notáramos ni nos preocupara lo más mínimo. Y estalló el triunfo que, repito, ésta vez no fue como otros muchos del Ponce hiperpoderoso frente a toros definidamente mansos, fuertes y con genio indomeñable, sino un embeleso para suspirar.               

 

Y del suspiro poncista – con el fatal primer toro anduvo aún más meritorio aunque fue imposible lucirlo con bruillo -, pasamos a la cruda realidad de los demás. Sebastián Castella estuvo a poco de resolver en Zaragoza el triunfo que necesitaba imperiosamente para volver al privilegiado lugar que ocupó hace dos años de cara a la próxima y difícil temporada que le aguarda. Pero llevado de sus muchísimas ganas, apretó demasiado el acelerador, sobre todo en su segunda y más importante faena, y como además falló estrepitosamente con la espada, no cortó las orejas que en principio tenía ganadas. Dotado de un valor descomunal, el que nadie le niega, estuvo muy por encima del segundo toro y acoplado con la justeza y la firmeza que le caracteriza aunque, repito, excesivo en la intensidad de una de sus tandas, extraordinaria, por redondos con el quinto que, de haber sido mejor administrado por el torero galo, podría haber sido el toro de la tarde. Al menos fue el que con más casta y brío embistió de los seis hasta que se rajó inapelablemente. Fue la novia más atractiva, pero también la más enojada con los abrazos. Una pena. Porque Sebastián empezó su faena de manera sensacional.

 

Y Salvador Vega – ¡qué lástima verle querer sin poder¡ – llevó a cabo dos esfuerzos infructuosos. Algo le sigue bullendo por dentro, como también e inevitablemente su arte, sus preciosas improvisaciones con el capote y con la muleta. Sal marinera de la baja Andalucía que le corre por las venas… pero sin que al menos ayer nos diera la impresión de haber mejorado en su capacidad de resolver ni, por tanto, desarrollar en la práctica lo que lleva dentro, fiel a su excelente concepto. Disculpable con el deslucido tercer toro. Pero no con el sexto que fue otro de los dos mejores y se eternizó en muchos quiero y no puedo. Junto a bellos muletazos, otros muchos vulgares, demasiados pasos entre pases, de allá para a acá, sin plan ni armonía. Y el toreo no solo es dar pases bonitos, es mucho más. El compendio de las partes para convertirlas en un todo. La más difícil y a la vez más hermosa de las Bellas Artes ¿Verdad, Ponce?     

 

 

 

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

10 Resultados

  1. clarito de luna dice:

    Exactamente eso es lo que pasó. Fue una lección magistral de conocimientos del toro. Ponce se dio cuenta enseguida de que el toro no duraría mucho y actuó en consecuencia e hizo que un toro rajado en sus embestidas, no se entregó nunca, terminara pareciendo incluso bueno. Como es lógico la mayoría de los espectadores no supieron ver eso pero se entusiasmaron con al enorme belleza de la obra poncista. Lo que es almentable es que popes de la crítica que deberian saber de toros tampoco se dieran exactamente cuenta. Esto dice Juarez en burlader: “Demasiado fuera cuando citó y vació por el derecho, mejor colocado por el izquierdo”. Es decir ni lo vió y si lo vió no le ha dado la gana contarlo porque en su crónica sólo le preocupa, al parecer, que el Presidente no diera má avisos. En fin lo de siempre. De de la COPE ni habalamos; ¿oara qué¿. Excatamente lo contrario que con Castella que no supo ver que el toro no era para atacarle con tanta intensidad. Ayer fue una tarde con toros descastados, pero una tarde para aprender de toros. Que gran leción de torería dio Ponce. Y van…

  2. graciano dice:

    totalmente de acuerdo con tu cronica. dicen por ahi que el toro fue bueno, pero en realidad al toro le hizo bueno el catedratico del toreo. si a ese toro se le aprieta bajando la mano al principio o en mitad de la faena ahi se acaba todo. es necesario tener ese grandiosa inteligencia y esas muñecas de seda para realizar la gran obra que vimos ayer. dijo ayer manuel caballero en el plus que cuando se vaya sera cuando nos daremos cuenta de lo que nos perdemos.un saludo

  3. carlos de la Torre Fuentes dice:

    Sin animo de dar publicidad a tan tendenciosa pagina, miren el titular de la corrida en Burladero y vean con que descaro minimizan todo lo hecho por Ponce. Una verguenza como viene siendo costumbre.

  4. Pepe dice:

    Que grande eres DOn Enrique…. 20 años en la cumbre maxima del toreo….

  5. pilarico dice:

    A estas alturas, y viendo todo el mundo como fue la corrida de El Torreón perfectamente definida por José Atº del Moral,, hay que decirle a E. Ponce que tiene que darle gracias a C. Rincón por la calidad del toro del triunfo. Claro, que eso es lo que afirma el malicioso de De la Serna en ABC, que a estas horas debe estar hecho polvo, sin dormir toda la noche, rumiando la colosal y magistral actuación del torero valenciano. Las opiniones son todas respetables y mucho más los juicios de la crítica profesional, pero no así cuando claramente se aprecia en De la Serna que su pluma se mueve por el odio y resentimiento hacia una buena persona y excepcional torero como E. Ponce el cual le había dispensado afecto y amistad personal. Todo cambió con la reaparición de José Tomás ¿Porqué? ¡Puro La Serna! En su crónica le da también por presumir de patriota y de ferviente devoto de la Virgen del Pilar, lo que no es más que otra hipocresía, ya que esos sentimientos serían incompatibles con sus hechos reprobables de insultar y procurar perjuicio a profesionales como Ponce, César Jiménez, El Cid, o el mismo Florito cabestrero de Las Ventas.A a lo que sí se le ve una interesada devoción, vistas y recordadas en este portal sus antiguas crónicas, no sé si remunerada, es ?al cristo descendido de la cruz? como denomina a José Tomás, ?con la sangre del cáliz sagrado? en su rostro etc. etc. etc..
    De la Serna no lleva ninguna sangre en el rostro, aunque se queje y denuncie un infantil arreón de Victoriano Valencia, pero tanto la faz que presenta, y su indumentaria con mochila al hombre más recuerda a un terrorista palestino que un profesional del prestigioso y centenario diario de la calle Serrano. Además entrando en un tempo cristiano, aunque sea la casa de Dios y la casa de todos, causaría alarma pública.Por lo menos que se lave y se pele.

  6. suscriptor de ABC dice:

    Totalmente de acuerdo con el comentario de pilarico, aunque lo que diga Zabala de la Serna me trae al fresco, como a todo el mundo ya que ha demostrado ser de un profesional mediocre y sectario, sin peso específico en la crónica taurina. Sin embargo sí resulta inaudito que un diario como el ABC, con su historia al servicio del la Fiesta y con la larga y exepcional nómina de grandes periodistas taurinos desde Corrochano a Vicente Zabala, mantenga a un innominado actuando contra el propio crédito del periódico centenario.
    Felicitaciones a E. Ponce por su actuación sensacional en Zaragoza.

  7. josem dice:

    ABC y COPE están haciendo el ridículo mas espantoso con sus respectivas secciones taurinas.Tanto Coronel de Palma como Expósito son personas serias y coherentes por lo que sorprende mas aun que no sepan calibrar el descrédito que acumulan sus medios manteniendo a sus incompetentes críticos taurinos ¿Ustedes se imaginan que los jefes de Deportes de ambos medios hablaran de Rafa Nadal o Fernando Alonso como lo hacen aquellos de Ponce? El ridículo sería tremendo,no durarían en sus puestos un solo dia. Si su categoría como críticos es ínfima mucho mas baja es su categoría humana por destilar semejante odio por el único motivo de no querer reconocer que es la figura mas importante de las últimas décadas

  8. josé maría gómez dice:

    Otra vez Zabala de la Serna con sus persecuciones y fijaciones personales, la mas grave quizás la de César Jiménez, trae frita a la criatura desde su épooca de novillero, ahora como no le pudo criticar por su toreo en el Pilar, comenta torpemente que el torero toreó descalzo y dejo en eun extremo del ruedo dejó sus zapatillas de charol o algo así…. fijense las tremendas gilipolleces en que repara aquél que no sabe interpretar el toreo, discernir sobre la lidia ni ver al toro en ninguna de sus fases en el desarrollo de ésta. Se le cada día mas el plumero y en vez de avanzar en conocimientos va hacia atras como los cangrejos. Son los resultados de esa equivocada decisión de Fagalde y alguno más de auparle a la tribuna mas prestigiosa de la crítica taurina sin mas merecimientos que el apellido. Pero se va quedando cada día mas con el trasero al aire como le ocurrió a aquella ignorante llamada Mariví Romero y es que el haber tenido unos padres brillantes en lo periodístico no significa que los hijos hayan de serlo necesariamente. Y en ningún caso lo fueron.
    Saludos

  9. PIQUER dice:

    Que razón tiene el comentario de Manuel Caballero… cuando Ponce se quite, nos daremos cuenta de la que ha sido. Incomprensible que en algunos medios todavia se cuestione su figura y su genialidad. Pese a quien pese, Ponce es una figura que marca una época y su nombre será suficiente para definir el toreo y el arte de los últimos 50 años de tauromaquia.

  10. José Mª del Amo dice:

    Independientemente del analfabetismo taurino que muestra constantemente De la Serna en las pág. del ABC, portavocía de José Tomás lamentablemente, lo que no es de recibo es el insulto velado y la mofa que que practica contra dignos profesionales, y lo último contra César Jiménez no tiene perdón de Dios. No solamente mintió sobre la actuación del torero de Funelabrada, dónde le queremos y valoramos tanto como al Fundi, sino que pretende hacer gracia, con la poca que tiene, con las zapatillas de César Jiménez. Naturalmente que el diestro podrá llevarlas como le dé la gana, pero en todo caso su atuendo responde al concepto más elegante y clásico del toreo. No se sabe que escribiría César del atuendo y aspecto de pordiosero que presenta el hijo de Vicente Zabala, que no responde en aboluto al concepto clásico y tradicional que ha transmitido de siempre la empresa ABC. Aunque a veces se duda para quién trabaja realmente.

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