Análisis de la temporada (III). Enrique Ponce y El Juli continúan siendo imprescindibles pese al tiempo

Sin embargo, Ponce ya ha anunciado que no volverá a tres: Madrid, Pamplona y Logroño. Pero ya veremos, porque cuando llegue el momento, quizá se arrepienta de lo dicho o sugerido. El valenciano, además y aunque su temporada sufrió un largo bache de triunfos por su pésima suerte con los toros y, como siempre, varias veces por sus pertinaces fallos con la espada tras el muy feliz comienzo de campaña en Olivenza y en las Fallas, a partir del mes de julio, no es que resucitara, es que en muchísimas ferias triunfó con inaudita frescura y sublime creatividad artística, consumándola por todo lo alto en Zaragoza después de haberlo hecho en San Sebastián, en Bilbao y, entre ambos ciclos, en muchísimos sitios más. Y entre ellas, la cumbre del toreo lento de Dax con toros de Samuel y la de inaudita destreza frente a un dificilísimo animal de Los Bayones en Valladolid.  De modo que, si Ponce quisiera, seguro que habría gran torero para largo. No obstante, nadie sabe qué hará finalmente. Creo que ni él mismo lo sabe con certeza.

 

Respecto a El Juli – uno de los casos más sui-géneris de la historia del toreo – y dado su empeño en ser casi por entero diferente al portentoso “meteoro” que le encumbró en lo más alto nada más tomar la alternativa gracias, sobre todo, a los cinco años seguidos permaneciendo como imparable y activo volcán según su concepto de incondicional entrega, singular vistosidad, enorme variedad y atractivísima frescura en los tres tercios – la lidia total – dada su niñez con increíble y precoz cuajo, luego de su costosa transfiguración en busca de la más formal seriedad y pureza interpretativa como consumado muletero capaz de asombrar y de rendir incluso a cuantos, en principio, no creímos que fue capaz de lograr tamaña y sustancial proeza, precisamente por ello, cada año que pasa le pesa más – y esto es absolutamente lógico – sobreponerse ante los toros difíciles, no digamos a los imposibles, y además empieza a fallar demasiadas veces con la espada. Este año, para colmo y, como a Ponce, tampoco le acompañó la suerte con los toros durante muchos meses, llegó al mes de agosto un tanto entristecido por dentro e, inevitablemente, por fuera. Pero como es – siempre lo fue – uno de los toreros con más raza de la historia, empezó a remontar y remató su temporada con triunfos colosales y con las quizá mejores faenas de su vida.

 

Tras encontrase consigo mismo por fin a gusto en Alicante, en Huelva  e incluso después de otro periodo sin suerte, cuajó un faenón inolvidable en Dax y una tarde histórica en la también francesa plaza de Nimes, encerrado solo con seis toros el día que se cumplió su décimo año de alternativa. Y, al día siguiente, otra tarde sensacional por todo en Barcelona. El Juli sigue siendo, pues, El Juli aunque ya más don Julián López Escobar. Excelentísimo Señor de la Tauromaquia y creo que también así debería ser reconocido oficialmente. El Juli, don Julián, merece un homenaje institucional en su Madrid y en toda España. Junto a Luís Miguel Dominguín aunque este ya no vive. Ambos son las dos figuras más grandes que ha dado la capital de España  ¿Para cuando la Medalla de Oro de la Bellas Artes que él volvería acreditar de concedérsela con bastantes más motivos que a otros condecorados que, profesionalmente, no le llegan a la suela de sus zapatillas?

 

Enrique Ponce inició su decimonovena temporada con muchos aficionados indignados con las declaraciones que, en su contra aunque de soslayo, había hecho José Tomás en la única entrevista que concedió, la de México. Pero Ponce no quiso contestar con palabras sino con hechos. Y aunque su inigualable carrera – la más brillante de la historia del toreo – bastaba por sí misma para hacerlo sin necesidad de más, solo por seguirla cumpliendo con el intachable comportamiento profesional que nunca abandonó, fue suficiente.

 

Repito una vez más que son los hechos de cada protagonista y no los gustos particulares de la gente, ni aún menos los dichos de los demás lo que verdaderamente cuenta. Y ahora afirmo que, cuando Enrique se vaya, muchos aunque no todos de los que vienen negándole o intentando desmerecer su tauromaquia, le echarán de menos. Ponce, este año, les ha puesto otra vez en ridículo y no solo en plazas de menor categoría, sino en los escenarios quizá más difíciles por tardíos en el devenir de cada temporada. Pero es que, además y llevado de su persistente ilusión por perfeccionar su toreo – ¿más todavía, maestro? – hasta se permitió el lujo de inventar una nueva suerte de muleta que ya algunos llamamos “poncina”: Dos o tres pases genuflexo que, sin abandonar el sitio, logra cambiando sucesivamente la carga de cada uno sobre sus dos piernas, alternando en su flexión uno u otro lado. Algo que en otros sería feo estéticamente por lo inevitablemente forzado del trance, en Ponce resulta bellísimo. Y es que este torero, tanto con los toros más dulces como con los más amargos, nunca enseña los tirantes.

 

Lo inaudito de Ponce, aparte su por todos reconocida destreza y poderío,  en sus formas de torear, es que ni con los marrajos peligrosos – por ejemplo, el de San Isidro en Madrid –, ni con los más bravos y nobles le abandona su natural y siempre estética compostura. Ni el gesto sereno, ni el color de su semblante, ni el relajo. ¿Crispado? Nunca. ¿Vocinglero, acelerado, gestualmente arrojado? Jamás. Y, sin embargo, aunque nunca lo parezca, se la juega la mayoría de las tardes aunque con cara de no estar jugándose nada, mientras él, claro está, lo sufre cada vez más por dentro y hasta se lo comenta a sus íntimos. Pero en la plaza y ante los toros, por difíciles que sean, no se le nota nunca el temor ni el más mínimo esfuerzo o, si a caso, algo porque suda más que en su juventud –  ya no es en niño – o se le van las manos para atusarse los cabellos que ya le van faltando.

 

Una tarde en Las Ventas, le comenté a Javier Villán – me habían dado un abono junto al gran escritor y compañero – que se fijara en cómo Ponce estaba toreando un torazo inconveniente para cualquiera bajo la galerna vocinglera de sus pertinaces detractores, como si lo estuviera haciendo tranquilamente, ajeno por completo a la galerna,  vestido de chaquet, en el salón de un palacio y que pasarían muchos años hasta ver a alguien hacer lo mismo en un ambiente tan hostil. Y Villán, no solo se dio cuenta, sino que al día siguiente, lo contó en su crónica por lo que le di las gracias.

 

Este año era muy difícil para Ponce, como también para El Juli. El ambiente generado por los medios – intolerable el relativo abandono de muchos críticos, otrora pendientes de ambos y este año francamente tibios cuando no olvidadizos –, propició que no quisieran saber nada de ninguno de los dos. También muchas empresas, aunque les dieron lo que les correspondía, prestaron más interés y atención en dar toda clase de facilidades y a obedecer los caprichos del que, momentáneamente, creían les iba a llenar las arcas de dinero – el consabido día a día de los taurinos que parecen no acordarse  nunca de lo que han ganado antes con ellos y seguro que seguirán ganando después de que el agraciado decida abandonar otra vez el barco – sin tener en cuenta lo mucho – todo – que la Fiesta les debe por haberla sostenido sin un solo fallo. Uno durante casi veinte años, otro durante diez y todos seguidos. Y, sin embargo, muchos se atreven a quejarse de que ya no llevan tanta gente a los tendidos. ¿A cuantos llevarían los que tanto presumen de agotar las entradas, si llevaran toreando sin cansarse los años de Ponce y El Juli en todas partes y dejándose televisar siempre que se lo piden?…

 

Cuando José Tomás se cayó de su corrida de San Sebastián, ¿quien accedió no sin arduos esfuerzos y hasta de rodillas Pablo Chopera para sustituirle? Pues Ponce. No se le cayeron los anillos. Y esa tarde, la anterior a la sustitución, el valenciano hizo la mejor faena de la Semana Grande. Y en la siguiente, cortó una oreja. Más respeto, pues, para este pedazo de profesional y grandioso además de inagotable torero.

 

A El Juli, por mucho más joven aunque por la precocidad de su caso parezca ya mayor, le queda más cuerda – ley de vida – y tendrá que pasarlas cada año más moradas. Esperamos y deseamos fervientemente que lo resista y logre responder como suele. Uno se acordará mucho del otro y viceversa. Ambos se reconocen y admiran porque, además, no son de los que en plazas de menor compromiso dejan se ser quienes son. Vestidos de luces, les importa un comino quien haya en las plazas y la categoría del recinto para darse por entero y hasta para cuajar obras memorables que solo trascienden en el boca a boca de los que les ven. Maestros consumados. Hombres de bien. Sencillos como los Reyes a sabiendas de que lo son y no necesitan presumir de nada ante nadie. Los son y punto aunque, por más vistos que ningunos otros, digan algunos que están desgastados cuando siguen siendo imprescindibles. Será por lo mucho que todos, empresas, compañeros, ganaderos, periodistas, aficionados hemos abusado de ambos. Que Dios les bendiga.                       

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

6 Resultados

  1. josé maría gómez dice:

    José Antonio:
    El Juli y Luis Miguel, los dos mejores toreros que hado Madrid, dices.
    ¿Nos olvidamos de Antoñete?
    Un saludo

  2. josé maría gómez josé maría gómez dice:

    Chenel fue, sin duda, el que mejor interpretó el toreo clásico de los madileños, sobre todo con la muleta. Sin embargo, nunca alcanzó el grado de gran figura del toreo, salvo en su penúltima época que ejerció de figura aunque forzosamente limitado por su mayoría de edad. Reconozco, no obstante, lo ejemplar y enormemente meritorio de muchas de sus actuaciones y no solo en Madrid, así como que los aficionados que nunca le había visto en su primera etapa – que fue cuando toreó mejor, como es lógico – les encantó descubrir su excepcional concepto que no era otro que el de Antonio Ordóñez quien, por cierto, al ver lo que estaba pasando con Antoñete y con Manolo Vázquez en la reaparición de ambos, intentó volver a los ruedos para dejar las cosas en su sitio – hasta pensó en alternar con los dos en Fallas con un corridón del Conde de la Corte – pero en uno de sus entrenamientos en la plaza de Estepona sufrió un accidente que le costó una gravísima lesión de cadera. A pesar de ello, reapareció en solo dos plazas, la de Palma de Mallorca y, al día siguiente, en Ciudad Real. Fue lamentable, el rondeñó había quedado absolutamente incapacitado fisícamente para torear. Tuvieron que colocarle una prótesis en París y desde entonces, quedó cojo aunque él lo llevó con no poca dignidad. !Qué pena¡.

  3. Izu dice:

    Dos toreros que entran por merito propio a la Historia de la Tauromaquia mientras algunos cuentan historietas. Ponce siempre ha sido un referente para mi. Su magisterio durante 20 años continuos le hace merecedor de ocupar un lugar privilegiado en la historia de Las Bellas Artes (las verdaderas). Con Juli han sido 10 años de evolucion y de callar bocas continuamente(me incluyo). Vi una parte de su faena en Barcelona, faena que es prueba de su madurez dentro de la Fiesta. Volviendo al Maestro de Chiva, no hay declaracion que valga para cambiar la percepcion del verdadero aficionado sobre su tauromaquia. ¿Quitar 20 años de carrera con 4 palabras? Solo un verdadero ignorante se atreveria a semejante cosa!

  4. federica dice:

    Enhorabuena por su atenta analisis de las dos mayores e indiscutibles figuras de estas decadas. La faena del maestro Ponce la tarde de Bilbao todavia no ha abandonado mis retinas…Junto a la de Olivenza, fue un entregado y total placer para mis ojos de joven aficionada admiradora de ese maestro del toreo y de la vida. El trono en el que se sento por sus meritos no lo ocupara nadie, ni el dia en que, a pesar de pueda seguir toreando toda su vida al mismo nivel o mejor (como esta demonstrando poder y saber hacer), decida retirarse. Deje usted, Sr Del Moral, hablar a quien le critica, que los hombres honrado no necesitan abogado. Y quien dude del pundonor del de Chiva que me contacte que le enviare con gusto un par de fotos sacadas esa magica tarde bilbaina…Y que no quepe duda: Juli y Ponce pertenecen a una raza lamentablemente en camino hacia la extincion: la de TOREROS VERDADERAMENTE AFICIONADOS A LA FIESTA DE LOS TOROS.

  5. Luis Antonio Fuente dice:

    Quiero aprovechar estas líneas para agradecer al maestro Enrique Ponce todos los momentos especiales que he podido vivir gracias a su arte y maestría. He de decir que ha sido el principal culpable de mi afición a este maravilloso arte, cuando allá por 1992 o 93 mi hermano me comentó que había que ir a ver a ese torero. Desde entonces he tenido la suerte de verle muchas tardes (me hubiera gustado que fueran muchas más, por supuesto) y si, como he dicho, en algunas de ellas he sentido la emoción verdadera, que hace que casi te olvides del mundo (este año en Bilbao, Santander, San Sebastián (para mí faena de rabo)… por ejemplo), en ninguna me ha defraudado, pues siempre ha mostrado una entrega y unas ganas de estar por encima de cualquier circunstancia que me ha recompensado con creces el precio de la entrada, las dificultades del viaje… Hasta en las tardes de toros imposibles (Burgos con el viento este año por ejemplo) lo ha dado todo y más por tratar de triunfar. Por todo ello, solo quiero agradecer al maestro tanto esfuerzo, afición y dedicación y a Jose Antonio del Moral, tener el valor de contar las cosas como son. Una última cosa, mucha suerte para América, maestro, y aguanta algo más, nuestra Fiesta te necesita! Ya lo dijo M. Caballero, cómo te vamos a echar de menos cuando llegue el momento de la retirada!!

  6. mazzantini dice:

    y de el mas grande MARCIAL LALANDA. ESTE ES EL MAS GRANDE QUE DIO MADRID.

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