Diario de Invierno (III). Utopía y realidad de las plazas de temporada

Pero una cosa es predicar y otra dar trigo. Porque la más cruda y dura realidad es que no solo en Madrid, sino en las demás plazas entre las llamadas “de temporada”, el gran público, o sea el que llena o medio llena, solo acude a las corridas feriales de abono y no a todas las corridas que se programan porque también las hay infumables y en los de carteles sin categoría alguna, han pecado todos. A la mayoría de estos festejos y, no digamos, a las novilladas domingueras del verano en las grandes plazas, que es el verdadero problema, solo la música y acá… ¿O no? Y el toreo sin coro no es nada. Sin público ni repercusión mediática, la Fiesta se muere. 

 

Ojala hubiera afición verdaderamente interesada y suficiente que al menos compensara gastos. Pero la vida ha cambiado para todo el mundo. Son ya infinitas las alternativas de distracción y, más concretamente,  los fines de semana del verano, muchísima gente se va de su ciudad a otros sitios hartos de lo mismo. Muchos a las playas o a las montañas más cercanas mientras los aficionados más fieles que podrían acudir a las plazas de sus respectivos lugares de trabajo o estancia más habitual, prefieren ir a las corridas de otros lares, bastante más atractivas que las de sus ciudades, o como mucho a los pueblos en fiestas para ver lo que sea o como sea – casi siempre un desastre – aunque solo para cambiar de aires.  

 

Y es lógico que así sea. No hay que darle más vueltas al asunto. A los buenos aficionados lo que les gusta y por lo que pagan y hasta viajan es para ver a los mejores toreros del momento o a algunos de esos chavales fuera de serie que aparecen muy de tarde en tarde. Y si en sus plazas de residencia no torea ninguno de ellos, se van a donde lo hagan.

 

El problema es peliagudo porque las novilladas son muy necesarias para dar oportunidad a los nuevos valores y, por tanto, imprescindibles para que la cantera no se agote. Pero, ¿cuántos de entre tantos valen para ser toreros? Poquísimos. Y estos poquísimos, en cuanto despuntan, también procuran torear en las ferias porque en los festejos llamemos específicos de las respectivas “temporadas” más o menos largas, no hallan eco alguno. Apenas va gente o quizá grupos de turistas que se van de la plaza al tercer toro. Así viene ocurriendo y no solo en Madrid. También en las plazas que, a trancas y barrancas, pretenden seguir con la ya más que desgastada, moribunda por escasamente rentable tradición de celebrar festejos los domingos y los días festivos. Y esto ocurre en donde persiste el empeño a que obligan los pliegos de condiciones, redactados como si la Fiesta fuera una mina de oro inagotable. También en Sevilla, y en Valencia, y en Zaragoza…Donde cada año lo programan. ¿Cuánta gente va a la plaza de Bilbao a ver las pocas novilladas que organizan fuera de las llamadas Corridas Generales? Los del Cocherito y no todos. ¿Cuantos, incluso, a las muy pocas novilladas con que se abren algunos abonos importantes? Poquísimos. Pero hay que darlos, porque ni no… Total, que el negocio de las novilladas no es que sea mínimamente rentable, es que resulta absolutamente ruinoso.

 

En España solamente se celebran dos ferias novilleriles con cierto éxito: La del Zapato de Oro en Arnedo y la de Algemesí. Mientras que en Francia – siempre los franceses mejores aficionados a la hora de acudir pagando que los españoles y bastante más aleccionadores, entusiastas e incondicionales que nosotros – muchas  plazas incluyen novilladas matinales los mismos días que, por la tarde, hay corridas de tronío. Y con relativo cuando no con gran éxito. Pero su número es insignificante en el conjunto aunque hay que reconocer que los franceses son  más cuidadosos y seleccionan mucho. Por eso funcionan mejor.

 

En cualquier caso, es imprescindible llevar a cabo una criba mucho más rigurosa entre los participantes. Son montones de novilleros los aspirantes y muchos de ellos con padres, tíos, parientes, amigos, “ponedores” varios, cuando no influyentes “recomendadores” – los más temibles –  casi todos con bastantes más ganas que sus pupilos. Y esto no puede seguir así. La gente está harta de ver como se vuelven fondones “niños” que, desde su primera actuación, se vio muy claro que no valían un duro. Y digo un duro porque, al paso que vamos, el euro valdrá menos. Pues si no valen, aunque sus mentores continúen empeñados en “poner”, ni una más. Y que no me vengan con lo de la mala suerte. Estoy – estamos – cansados de ver a cientos de chicos que, al primer vistazo, queda claro que carecen de valor-valor-valor, que es en lo primero que hay que fijarse, aunque algunos tengan maneritas. Como también a los que, si lo tienen, no les entra el toreo en la cabeza ni a zurriagazos. ¿Cuántos vemos que sean verdaderamente capaces de “resolver”?, ¿cuantos con futuro? Sobran dedos de una sola mano cada temporada. Bueno, pues a todos los que no valen hay que mandarles rápidamente a casa y que sigan estudiando o aprendiendo un oficio. El ambiente taurino está lleno de seres desgraciados por haberse pasado los quince o veinte mejores años de su vida perdiendo el tiempo en pos de ser lo que no podrán ser nunca, toreros. Pues no es difícil ni nada serlo… Lo más difícil del mundo.    

 

Si las plazas de propiedad pública – que curiosamente son en su mayoría las más afectadas – decidieran de una vez por todas gestionarse directamente con encargo de la organización no obligada a pagar ningún canon sino a devengar proporcionales beneficios, los profesionales de organizar corridas se atreverían a dar más y mejores festejos menores fuera de abonos. Pero para esto, tendrían todos – los políticos y los taurinos – que renunciar a ganar dinero porque, con todo y con esto, la gente tampoco acudiría a las taquillas con suficiente fuerza. Y que no se engañe nadie al respecto. La cosa es exactamente así de cruda. Y de dura, además de alarmante. Porque, para colmo, la inmensa mayoría de los grandes medios solo hace caso a un par de matadores de toros y nada a los demás. Pero de esto escribiré otro día aunque adelanto algo urgente: Si la profesión taurina y, sobre todo, los empresarios no deciden invertir en medios, fundamentalmente en televisión – y de gratis, que se olviden -, esto se irá yengo al garete lentamente. Y no tardando las todavía llamadas “temporadas” de las grandes plazas.                   

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

2 Resultados

  1. josé maría gómez dice:

    Jose Antonio:
    Estoy mas o menos de acuerdo con el planteamiento que haces sobre el lamentable estado en que se encuentran las plazas de temporada, ¿pero todavía existe alguna?. En Madrid que es el caso que nos toca mas directamente, la Comunidad solo se comporta como organismo recaudador apoyada en un títere Consejo que integran personajes que solo asisten en la Feria y practican el calentamiento de asiento de callejón y ronear en los espectáculos de “clavelón” y del “relumbrón”. El resto de la temporada el aspero cemento campa por sus respetos, con las asperas consignas de algunos “semovientes” del integrismo venteño. Y solo restamos algunos aficionados mezclados tristemente con nipones y yankees, con ganaderías de tres pesetas y novilleros con hechuras de defensa central de categoría regional, continuación del triste planteamiento que sembraron los Lozano y han superado con creces los Choperitas que al parecer intentan suprimir el resto de la temporada.
    Creo que con tu clara visión de las actuales y negativas ciscunstancias de Las ventas, podrías hacer un monográfico sobre el asunto y que todos los “blogeros” entrásemos en debate sobre este lamentable estado de nuestra Plaza.
    Un saludo a todos.

  2. yomismo dice:

    Coincido al completo con el comentario del señor José María Gómez, la Comunidad está mostrando una supina incompetencia a la hora de velar por los intereses de la afición madrileña. Las Ventas debería ser una plaza de referencia para el resto, sobre todo en cuanto a la selección del ganado que allí se lidia.

    Las Ventas debe dejar de convertirse en una plataforma de prueba para novilleros y matadores que cuentan con nula o casi nula experiencia, así como eliminar del calendario dominical todos esos concursos de novilleros que estarían mejor situados en las noches de los Viernes o Sábados veraniegos. Considero que nuestra plaza debe ser el coso donde novilleros y matadores con demostrada experiencia vienen a exponer toda la experiencia que hayan adquirido en otras plazas de menor importancia y a ser examinados por la que se supone debe ser la mejor afición del mundo.

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