3ª de feria en Valencia (Venezuela). Guillén se revela ante la presencia de las figuras

Por Rubén Darío Villafraz

 

VIII Feria Internacional de Valencia 2008. Plaza de Toros Monumental. Jueves 13 de noviembre de 2008. III Corrida de Feria. Con poco más de dos tercios de aforo, en noche agradable de temperatura, sin viento, se han lidiado seis toros de la ganadería colombiana SAN SEBASTIÁN DE LAS PALMAS, en su conjunto discretos de presencia, pobres de pitones; del lote el que más se dejó fue el 3º, “Judeito” Nº 603 de 458 kilos, jabonero de pelaje, premiado excesivamente con la vuelta al ruedo. El resto, descastados, flojos de remos, a menos en los engaños. Pesos: 506, 460, 458, 466, 486 y 525. EL FANDI (azul turquesa y oro con pasamanería blanca): Silencio y una oreja. SEBASTIÁN CASTELLA (salmón y oro): Palmas y leves palmas. ALEXANDER GUILLÉN (sangre de toro y oro): Una oreja y silencio tras aviso. INCIDENCIAS: Lluvia torrencial tres horas antes del festejo. Buen puyazo del picador Goel Oropeza, de la cuadrilla de Castella ante el quinto. Callejón abarrotado de invitados especiales que se dan en el tramo fuerte de la feria.

  

La noche, por demás agradable en climatología, llamaba en su composición y atractivo a dos nombres específicos: El Fandi y Sebastián Castella. Igualmente, la ganadería a lidiar intuía garantía de éxito. Pero como en los toros nada está escrito, el que se llevó la ovación de la función fue un joven torero, oriundo de la serrana Mérida, que a paso lento pero seguro, a partir de esta corrida se ha labrado un nombre entre los matadores venezolanos a tomar muy en serio. Se llama Alexander Guillén. Para más señas, cortó una de las orejas más merecidas de lo que llevamos de feria, y de qué manera lo consiguió.

 

La corrida no levantaba vuelo. Con retraso de casi una hora en su inicio, tanto El Fandi como Castella habían pasado inadvertidos en sus primeras lidias. El de Granada había calentado las palmas en banderillas – su fuerte, pues en la muleta no paso de ramplón – frente al soso y descastado jabonero que abrió plaza, mientras que el de Beziers, lo más interesante suyo fue su inicio de faena en los medios, aprovechando la inercia de las primeras embestidas del “choto” que despachó el cual le duró lo mínimo para dejar en evidencia su clase y parsimonia a la par de su impávido valor.

 

El tercero, un jabonero de bella estampa, correspondió al debutante matador Guillén. Lo recibió con lances, genuflexa la rodilla. Tras el medido castigo en varas, por chicuelinas le quitó, para en el tercio por alto comenzar el que seria su recital de toreo caro, hondo, de paladares exquisitos, aprovechando al máximo el recorrido y nobleza del pupilo de Don Carlos Roldan que, en el callejón, vio como “Judeito” salvaba el honor de una divisa que se caracteriza por su regularidad.

 

Por la derecha al igual que por la zurda, Guillén lució sobrado en valor y claro de ideas, como si encima tuviese las corridas que en sus noches de sueños aspira torear. Una pena que el pinchazo en lo alto, previo a más de tres cuartos ligeramente desprendidos aunque de efectos fulminantes, le quitara de las manos las dos orejas que, a ley, el publico le solicitaría de antemano. La oreja que desde lo alto Usía concedía le daba refrendo a un debut más que convincente para muchos, quienes creen que en Venezuela aún no se hacen toreros de este corte, parcos y de profundo mensaje. La vuelta al toro se supone mera cortesía.

 

El resto de la corrida fue un monologo entre la ordinares y la impotencia. El Fandi echó mano de su fuerte – las banderillas – para meter en el canasto al público ante el cuarto, para luego en la muleta la metralla de muletazos/azos que recetó, fulminando los atisbos de mayor lucimiento que pudo haber ofrecido el toro. El espadazo hasta las cintas precipitó la concesión de una oreja de tinte pueblerino.

 

Castella, a contraestilo su segundo antagonista, quiso y no pudo, siempre a costa de la descompuesta embestida del animal, mientras que Guillén cumplió ante el que cerró festejo, de empalagosa condición frente a la muleta, no dejando florecer el sentimiento y el toreo que había prodigado en su primero.

 

 

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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