Rodolfo Gaona, el tercer hombre de la Edad de Oro

Joselito, mandón del toreo, iba acabando con todos los toreros que le salían al paso. Primeramente, en cuanto tomó la alternativa, mandó al asilo a Bombita y a Machaquito. Le bastó la temporada de 1913 para acabar con quienes habían sido los toreros más importantes de principios de siglo. Después, ya instalado en el trono, Joselito fue machacando metódicamente a todos los novilleros que iban tomando la alternativa.  Manolo Martín Vázquez, Curro Posada, Limeño, Fortuna, Angelete, Félix Merino, Camará, Pacorro, Ballesteros…. y algunos más, fueron arrollados por José Gómez Ortega. Y si podía ser, propinaba la paliza el mismo día de la alternativa para que desde el primer momento todo el mundo tuviera claro quien mandaba.

 

Su sobrino, Rafael Ortega Gómez, refiere en su libro “Mi paso por el toreo” una anécdota muy esclarecedora del carácter de Joselito: Un día en Sevilla oye en una tertulia que hay un chaval llamado José Álvarez, El Andaluz, que tiene madera de gran torero. Aparentemente José no da importancia al asunto mientras habla de otra cosa. Pero al día siguiente, muy temprano, se presenta en casa de El Andaluz, llama a la puerta y pregunta: ¿Vive aquí José Álvarez? Sí señor, le contestan. Y él: Pues dígale que está aquí Gallito y que vamos a ir a torear unas vacas. Por la tarde, en la tertulia habitual espeta Gallito al hombre que el día anterior había alabado al torerillo: Ya he visto al Andaluz. Lo he llevado esta mañana a torear unas vacas conmigo y no vale un duro. Así era Joselito. Orgullosamente celoso, era un rival temible que no dejaba respirar ni al más humilde novillero. Barría a todos.

 

Solo hubo tres hombres que fueron capaces de mantener el cartel durante la dictadura de José: Juan Belmonte, Rafael el Gallo y Rodolfo Gaona. ¿Por qué Gallito no los arrolló como a tantos? Para el caso de Belmonte y el Gallo la respuesta es que en realidad no competían con él.

 

Cuando aparecía un torero vamos a decir convencional, Joselito se lo merendaba en cinco minutos, pues él era el mejor torero de todos los tiempos. Camará tenía fama de banderillear muy bien. El día de su alternativa, José le ofreció unos palos llenos de veneno. Y allí mismo terminó su fama de buen banderillero y esa misma tarde se hundió su carrera. Así siempre; nadie igualaba a Gallito en técnica, en dominio de las suertes, en poderío.

 

Pero Belmonte, a pesar de todo lo que se venido diciendo, no competía con Joselito. Él hacía un toreo extrañísimo de imposible catalogación. Casi siempre estaba desastroso y los toros le cogían todos los días. Mientras tanto, Gallito estaba perfecto. Pero cuando salía un toro pastueño y Juan podía dar sus verónicas rematadas con la media, ponía a la gente de pie y una faena cada ocho meses le permitía estar en figura. En otras palabras: José y Juan no compitieron nunca. El de Triana no podía luchar contra el todopoderoso Joselito. El propio Belmonte se lo explica a Cháves Nogales. Por tanto, el debate que se estableció entre el público fue fundamentalmente doctrinal. Es decir, lo que en realidad se debatía es si era posible o imposible el toreo de Belmonte. Pero Juan, hombre inteligente, acató desde el primer momento la preeminencia de Joselito. Reconoce que fue José quien le enseñó a torear.

 

La clave de la buena relación entre José y Juan fue la humildad de Belmonte. Sabía que una postura soberbia enfurecía al pequeño de los Gallos. Así que, Juan, humildemente, le pidió protección y se dejó aconsejar. José era el maestro de Juan. Pero también Juan era maestro de José, no solo en la estética nueva que había aportado al toreo, sino también en asuntos mundanos, en que el de Triana era mucho más ducho que el de Gelves. Resumiendo: Juan y José nunca compitieron, más bien se complementaron. La heterodoxia primitiva de Juan le hacían distinto y, por lo tanto, inmune a comparaciones odiosas. Simplemente jugaba en otra división.

 

Por supuesto, la disputa doctrinal entre joselistas y belmontistas se resolvió en una tercera vía que entonces nadie estaba dispuesto a aceptar: Si fue posible el toreo de Belmonte, fue con la técnica de Joselito. Esta es la base del toreo moderno.

 

Otro que no competía en el escalafón de los toreros convencionales era Rafael el Gallo. Las innovaciones técnicas y estéticas que estaban llevando a efecto su hermano y Belmonte, siempre le trajeron al fresco. Fue un torero antiguo sin el menor afán innovador. Un torero lagartijista, vago e indolente. Pero tenía una personalidad tan extraordinaria, y lo que hacía bien lo hacía con tal chispa y elegancia, que era un diestro con abundantes partidarios. Explotó a fondo el morbo del público, cosa que después han hecho muchos toreros llamados artistas. Las broncas le daban cartel, iba a su aire. Y además le protegía su hermano Joselito. A él y a Belmonte. Y este era el cartel que imponía siempre que podía: el artista inconstante, el mejor torero de la historia y el loco heterodoxo. Se colmaban todas las posibilidades para el espectador.

 

Aparte de estos ¿toreaba alguno con cierta frecuencia? Pues los amiguetes de José, a los que ayudaba las más de las veces por motivos familiares o de vecindad: Fortuna en un tiempo, su cuñado Sánchez Mejías, Manolo Belmonte (hermano de Juan, pero que quería parecerse a Joselito)…. Saleri II era la cabeza de ratón. Un torero profesional y variado, pero sin personalidad, que era llamado cuando no se podía contar con los ases.  Y luego estaba la carne de patíbulo, los que mataban las ganaderías más desesperadas que José, y por tanto Juan, que le obedecía en todo, no querían ver ni en pintura. Larita, Paco Madrid, García Malla mataban los Palha, Sotomayor, López Plata…, ganaderías pavorosas vetadas cuidadosamente por Joselito. Y es que esto siempre ha sido así: los ases han matado lo que sale más bueno y menos duro. Y si José y Juan mataron muchos miuras, es porque en aquellos tiempos los miuras daban triunfos.

 

Ya tenemos pintado el retablo taurino de la Edad de Oro. José ordena y manda. Tiene en Belmonte y el Gallo a sus principales edecanes y colaboradores. De un modo plenamente consciente y premeditado se reparten las responsabilidades y las preferencias del público. Después hay unos cuantos toreros satélites a los que se ayuda cuando conviene. Sánchez Mejías fue el más favorecido con estas ayudas. Y luego ya estaba un infierno de toreros castigados por el jefe y los condenados a perpetuidad a lo más duro. José lo controlaba todo. Solo hubo un torero que se escapó a su control: Rodolfo Gaona.

 

Ya hemos dicho que la clave de la supervivencia del Gallo y de Belmonte es que en realidad no competían con Joselito. Pero Gaona era un torero absolutamente convencional y totalmente de la cuerda de Gallito. Cuña de la misma madera. Ambos se profesaron siempre un odio africano. Gallito no podía apartarlo de las ferias y tampoco acabar con él. Y ¡cuidado!, que el Indio Grande no era sumiso y nunca pidió árnica, mientras el gran Juan Belmonte sí la pidió. Gaona, que había llegado a España en 1908 y se puso inmediatamente en figura, fue el único diestro de su generación no arrollado por la aparición de José. En San Sebastián siempre conservó tanto cartel como el que más. Rodolfo estuvo presente en la gran corrida de la Edad de Oro: la del Montepío de Toreros de 1917. Rodolfo y José estuvieron inmensos con las banderillas. El público pedía un cartel en mano a mano (“los dos solos, los dos solos”), ignorando a Belmonte que también estaba allí… Pero ocurrió que en sexto lugar salió Barbero, de Concha y Sierra, un toro noblón y pastueño al que Belmonte, que a esas alturas ya había aprendido a torear de la mano de Joselito, le hizo la faena de su vida y acabó con el cuadro…

 

Pues sí, el único insumiso al poder de Joselito, no fue Belmonte por mucho que se haya repetido. Fue el mejicano Rodolfo Gaona. Y si en estas condiciones fue capaz de mantenerse en la primera fila, hay que llegar a la conclusión de que fue un grandioso torero. He visto muchas veces las amarillentas imágenes de su despedida en México en 1925. Obtuvo un éxito de clamor con un toro berrendo de San Diego de los Padres llamado Azucarero. Se ve a un diestro completo, muy elegante y dominador de los tres tercios. En otras palabras: un torero clásico y completo de la misma cuerda que Joselito. Y tuvo que ser muy bueno para no verse arrollado por el sumo sacerdote de todos los tiempos.

 

Dicen los que conocieron a Gaona que era un hombre muy abúlico e inconstante. Si hubiera tenido constancia ¿hasta donde hubiera llegado? Pero lo que no había conseguido Joselito lo consiguió un toro de Albaserrada que se llamó Barrenero.  Se lidió en Madrid en la temporada de 1919, y dicen los que lo vieron que ha sido uno de los toros más fieros de la historia. Gaona, a pesar de que era poderoso y sabía lo suyo de esto, no fue capaz de dominarlo. El público, en una reacción muy madrileña, se puso a favor del toro y en contra del diestro. Fracaso monumental, que le arrancó de cuajo su prestigio de diez años de figura. Barrenero quitó a Gaona de en medio: le hizo el trabajo a Joselito…

 

Rodolfo se fue a México, donde estuvo en máxima figura hasta que se retiró en 1925. Sostuvo allí una absurda competencia con Sánchez Mejías (no había color entre el uno y el otro). Y, una vez retirado, andaba siempre con sombrero cordobés, hablaba con acento español, no mexicano, demostraba su amor a España… y era partidario acérrimo de Paco Camino. En resumidas cuentas: un gran torero y un gran personaje. El insumiso de la Edad de Oro, el Tercer Hombre. La historia del toreo escrita por españoles le ha dejado en mal lugar, cuando en España tuvo tanto cartel como el que más, y precisamente en la época más dura y más competida del toreo.

 

Y ahora yo pregunto: ¿Si Joselito no hubiese muerto en Talavera, hubiera sido posible el florecimiento de la generación de la Edad de Plata? Creo que no. A toreros como Marcial Lalanda, Joselito los hubiera devorado. Solo veo a uno capaz de no perecer: Manuel Jiménez Chicuelo. Y la razón es la misma que la de Belmonte: un torero genial que no competía con los demás. Pero a los otros los hubiera dado estopa para aburrir al lucero del alba. Sed de hoc alias, que diría Cicerón: de ese tema hablaremos otro día, de como hubiera sido el toreo si en Talavera, en vez de José hubiera muerto Juan.

 

Post scriptum: Sé que Rodolfo Gaona escribió unas memorias en las que, además de toros, hablaba sin pelos en la lengua de lo divino y de lo humano… Y de su gran enemistad con Joselito y de su relación apacible con Belmonte. Nunca he podido conseguir estas Memorias, de modo que agradecería mucho que alguien me las facilitase, aunque sea en fotocopias. Muchas gracias.

 

6 Resultados

  1. Juan Mari de Chinchon dice:

    Tanto en su genial libro “Avatares historicos del toro de lidia” como en este articulo, hace sendas preguntas en referencia a qué hubiese ocurrido si “Gallito” no hubiese muerto en Talavera. Yo queria dejarle una pregunta tras leer algunas biografias del coloso de Gelves. ¿Qué hubiese ocurrido si el hermano de “Gallito”, Fernando Gómez Ortega no hubiese padecido esa tendencia a engordar y si sus apellidos fuesen otros? Al parecer tenia grandes condiciones y fue una determinante influencia para su hermano José. ¿Usted cree que Fernando podria haber rivalizado con “Gallito”?.

  2. El Tritri dice:

    Amenísimo artículo. Procedo de familia, tanto materna como paterna, de belmontistas acérrimos y por la dos partes nos imbuyeron de la admiración a su figura. A pesar de ello, nunca faltó en casa una foto de José. Al ver algunas filmaciones de sus faenas, me da por pensar si,realizadas hoy día, la generalidad del público actual no las protestaría fuertemente.No me ocurre eso, por ejemplo, con la faena de Belmonte en Nimes. El toreo que perduró fue, finalmente, el de la innovación belmontina, con toda la carga de sentimiento artístico del que lo dotó.En cualquier caso, resulta curioso que aun permanezcan vivos rescoldos de aquella gran polémica nacional.Los de la Peña “Los de José y Juan” la supieron resolver, si bien pasado ya algun tiempo, de manera afortunada.

  3. josem dice:

    domingo, he leido varias veces seguidas tu artículo, es el que mas me ha impactado en muchos años. Con todo el repeto del mundo, vaya talento malgastado en un periódico gratuito del tres al cuarto o en la oscuridad de la madrugada de la lamentable COPE taurina de hoy, rodeado de cuatro ignorantes del 7-8 de madrid (por muy amigos tuyos que sean).
    Me apasiona el tema Joselito, he leido muchos libros sobre el tema y gastado muchas horas de discusiones con amigos y familiares aficionados, sin ir mas lejos, mi difunto abuelo pudo ver en mi Marchena natal sobre 1917 a Gallito con Martín Vazquez. Jamás he oido a nadie teoría parecida a la tuya sobre la liquidación por parte de Gallito de los toreros importantes de la edad de plata, empezando por Lalanda y Granero, claramente de su línea, seguiríamos por el gran estoqueador Varelito o el valeroso Márquez y, a partir de ahí, habría que hacer conjeturas sobre la longevidad de Gallito no solo como matador en activo sino como mándón del torero y sucesivamente acabaría con los Ortega, Cayetano, La Serna, Puya, Armillita. No es extraño pensar que con con 40 años mediados los 30, coincidiendo con la guerra, José mantuviese su dictadura como hoy dia vemos en otro privilegiado del toreo como Ponce, aunque éste reinando “a lo Indurain”, sin comerse a al rival, en caso contrario el mesías Tomás seguiría hoy día jugando al fútbol sala si el de Chiva le hubiese dado la puntilla en su momento.

    Enhorabuena por tu gran artículo Domingo, hasta el próximo y espero que no te hagas de rogar mucho, comparte con nosotros tu talento

  4. jose maría gómez dice:

    Amigo Domingo:
    Estoy totalmente de acuerdo con el colega JOSEM en su comentario anterior.
    Tus artículos están ganando día a día calidad e interés. Pero pienso que efectivamente no pintas nada en ese programa tedioso y aburrido de la COPE, donde tus contertulios no te llegan al lazo de la zapatilla, te conozoco desde niño y creo que estás hecho a la vieja usanza de los buenos aficionados de Madrid de siempre, cuando acudías a los apartados y escuchabas con atención a los que no decían tonterias sobre los toros a lidiar por la tarde, yo quizás por las enseñanzas de mi abuelo, grandísimo aficionado, y el haber conocido las Ventas en un estado de sazón que nada tiene que ver con el actual, me identifico rapidamente con tu idioma taurino que es el que me enseñaron de niño, por eso creo que tu futuro está mas en la pluma donde reflejas mas sosiego y cordura que en los medios radiofónicos donde tu vehemencia a veces esconde lo que tu pluma pregona con diáfana claridad.
    Y espero que algun día escribas ese artículo cronológico de la Plaza de las Ventas y sus circunstancias desde de su inauguración hasta nuestros días, que hables de toros, de toreros y de ese público tan variopinto que desde 1931 ha ocupado sus 23000 localidades.
    Un abrazo de tu amigo.

  5. Velarde dice:

    Estoy en profundo desacuerdo con esa visión tan dogmática de la influencia de Joselito en el Toreo. Relega usted a un permanente segundo plano a Belmonte, cuando es el principal exponente del Toreo moderno. Marra cuando acusa a Rafael el Gallo de torero “lagartijista”. Lagartijista era Joselito que era el más firme depositario de la corriente tradicional que le legó Rafael “El Guerra”. Le sugiero que vea usted la famosa fotografía del natural que Rafael El Gallo le está instrumentando a un berrendo de Concha y Sierra en Pamplona. Joselito no lo habría podido dibujar ni en su imaginación.
    Por último, le recuerdo que fue Rodolfo Gaona quien en esas memorias a las que hace usted alusión señaló que cuando vino a España en quien se fijó fue en Rafael el Gallo que por entonces era el único, según él, que sabía torear.
    No olvide que hay aficionados para quienes la técnica no es más que un instrumento.

  6. Daoíz dice:

    Completamente de acuerdo con Velarde. Vengo observando en el señor Delgado un afán revisionista que, si bien es plausible en su intención, está contaminado de los mismos tópicos que parece querer combatir. Defiende un perfil de modernidad en Joselito del todo infundado amparándose en que dota de sustento técnico la base conceptual belmontina. ¿Pero qué dice, hombre?. Sepa que la humildad la puso Joselito, extraordinario aficionado, que llegó a intuir que lo que hacía Belmonte iba a direccionar el Toreo hacia un punto hasta entonces insospechado. Joselito estaba hecho a la vieja usanza. Era el delfín de la corriente clásica y a pesar de su soberbia, pesaba más su buena afición que su orgullo, por lo que llegó a defender a Belmonte incluso en presencia del Guerra. Y con respecto a Rafael el Gallo, le recuerdo que cuando su hermano le instó a retirarse le dijo aquello de “¿pero qué dices mamarracho?. Si yo soy mucho mejor torero que tú”, coronando una temporada de casi 80 corridas.
    No pretenda, pues, hacernos comulgar con ruedas de molino.

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