Los reglamentos taurinos jamás deben redactarse ni modificarse de espaldas a los que más incumbe

Una cosa es reglamentar cuanto afecta a la organización más correcta del espectáculo, a los tiempos y al orden de la lidia, y otra pretender reglamentar su desarrollo que en absoluto puede ajustarse a los caprichos de gentes que no se ponen delante o, como mucho, lo intentaron fracasando en su propósito. Las teorías utópicas y, no digamos, las imposiciones a rajatabla de supuestas autoridades en la materia taurómaca, terminan por degenerar, no aplicarse por ineficaces o por absoluta impracticabilidad.

 

La proliferación de reglamentos que, curiosamente, corre pareja a los afanes dictatoriales de los nacionalismos de cualquier índole – unos, como los catalanes, que de plano proponen el fin de la corridas de toros, y otros en su intento de apropiarse de una Fiesta que es de todos los españoles, tal y como también legislan sobre la propiedad de los ríos – podría llevarnos a una gran confusión e incluso a la posible desaparición del espectáculo en algunos sitios. En Cataluña solo se han celebrado este año 16 corridas y todas en Barcelona. Es lógico, por tanto, que los profesionales del toreo reciban con recelo tantas reformas reglamentarias en cada región autonómica y más que, ante las caprichosas e inconsecuentes barbaridades cuando no estupideces del que se pretende aplicar en las plazas del País Vasco, se nieguen a aceptarlo hasta el punto de no querer actuar en sus plazas si se promulga.

 

La imparable catarata que querer cambiarlo todo, también está llegando a los toros desde los distintos poderes políticos que, nadie lo dude, pueden terminar arruinando a España y, por ende, también lo que nos afecta taurinamente, la manifestación cultural que, se quiera o no, es la más nos distingue.

 

De todas las modificaciones que introduce el nuevo Reglamento Vasco, con la única que podríamos estar de acuerdo, es la que habla de la reducción del tamaño de la puya y de aligerar el peso del caballo y de los petos. Sobre todo esto último convendría discutirlo en serio porque lo que más perjudica a los toros en la suerte de varas es el descomunal golpetazo que se pegan contra ese “muro” prácticamente inamovible que conforman el gigantesco equino revestido por un peto que también pesa una barbaridad.

 

Pero hay cosas que son meros caprichos, casi todos en pos de otorgar a los presidentes de las corridas una potestad tan general como claramente desproporcionada respecto a la que la ostentan de facto, los toreros. ¿Qué se juegan los presidentes? A lo sumo ser destituidos de su cargo, lo que casi nunca ocurre. ¿Qué los toreros? Hasta su propia vida y todo lo demás como protagonistas principales. ¿Qué los ganaderos? Su prestigio y cuanto les cuenta lograr que sus toros embistan y se presten al mayor lucimiento posible. ¿Y los empresarios? Lo que invierten en la organización del espectáculo. Muchísimo dinero.

 

Ante los progresivos intentos de los políticos en intervenir y disponer lo que les venga en gana en el único espectáculo que todavía mandan, por lo visto sin tope ni recato alguno – es increíble que el mundo taurino no se emancipe de una vez por todas – y que cuando llegan las ferias utilizan para darse pote desde los burladeros de los callejones que, por supuesto, no van a dejar de utilizar mientras ahora se les ha ocurrido prohibir a los apoderados que ocupen el lugar que siempre les correspondió, lo más cerca posible de sus mentores mientras duran las corridas, no es de extrañar que la profesión se revele ante las propuestas que han dictado, pasando por alto todo lo que aportaron a la reforma reglamentaria, lo que les pidieron para exclusivamente salir del paso. En la redacción del nuevo Reglamento Vasco, ni una.                        

 

Hay reformas inaceptables como la prohibir a los menores de 16 años asistir a los toros si no van acompañados de una persona mayor, o la ya aludida de prohibir a los apoderados de los toreros que puedan estar en el callejón. Como también que los toreros y sus representantes no puedan estar presentes ni opinar en los reconocimientos de reses con defectos en sus cornamentas ni en su posible remedio como es quitar las esquirlas de los astillados, o esa de retirar las reses sospechosas de estar toreadas. O como la disposición que termina con la tradicional elección de los caballos de picar por orden de antigüedad que ahora se convertiría en sorteo. Y que los cambios de tercio se produzcan por exclusiva decisión de los presidentes sin tener en cuenta la indicación de los que luego tendrán que enfrentarse a las reses bajo su entera responsabilidad y ninguna del que lo dispone desde un palco.

 

Para qué hablar del sempiterno asunto tantas veces conflictivo sin necesidad sobre la concesión de trofeos. En unas plazas, dos orejas – una y una bastan – para poder salir a hombros. En otras, dos al menos de un mismo toro. Tal en todas las de primera y ahora también de segunda en el País Vasco. Las tres como mínimo en Sevilla para poder abrir la Puerta del Príncipe, honor últimamente inmerecido aunque logrado por muchos cuando no escatimado injustamente a otros, aunque esto sea lo de menos como lo siempre quedó demostrado por tantos toreros que a lo largo de la historia dejaron escritas páginas imborrables sin haber cortado una sola oreja en la plaza de la Maestranza. Respecto a esto – ya lo he dicho varias veces – lo mejor sería terminar con la concesión de orejas y que los triunfos se contabilizaran con ovaciones, vueltas al ruedo y, quienes sean merecedores de dar dos o tres, será porque así lo ha querido el público.

 

Pero, entre tanto cambio, hay algunas que son el colmo. Esa de que cuando se caiga un tercer espada de un cartel, éste se convierta automáticamente en mano a mano sin garantía de negociar compensación económica alguna. Y otra aún más grave: La potestad presidencial de obligar a cualquier torero que no siga actuando si así lo estima el señor del palco – ahora también algunas señoras – cuando crea que no está capacitado para ejercer su cometido tras un reconocimiento médico sobre la marcha. Y esto, ¿cómo se detecta o se mide en plena lidia?, ¿así como así…?. Todo esto está bien como está. Si un torero resulta herido, lo llevan a la enfermería y, si quiere volver al ruedo, sale y punto. ¿O es que también queremos terminar con las heroicidades?

 

¿A quienes se les han ocurridos estas modificaciones? Que las firmen con sus nombres y apellidos sin refugiarse en la acostumbrada “comisión” y den la cara. En fin…

 

Bastaría volver con ligeros retoques al “antediluviano” aunque más coherente reglamento del siglo XVII y que se aplicara por igual en todas las plazas del mundo. Las reglas del futbol son exactamente iguales en todos los países donde prima el espectáculo más universalmente admitido, valorado y dominante entre los deportivos.        

 

Queda el foro abierto a toda clase de opiniones entre las que también cabría suponer que, en el fondo, hasta habrá quienes pretendan que la Fiesta sucumba con tantos enredos. Cada día me acuerdo más de lo que hace tiempo me contestó Paco Ojeda cuando en una entrevista que le hice tras sus primeros grandes triunfos en la plaza de Las Ventas de Madrid, le pregunté por cómo influía en él el Reglamento. “En nada – me contestó -, el Reglamento es una cosa que solo les sirve a los que no entienden de toros”. No podíamos imaginar entonces, ni Paco Ojeda ni yo, que venticinco años más tarde habría un Reglamento distinto por cada Comunidad Autónoma. ¿Es que estamos todos locos o qué?      

 

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

7 Resultados

  1. Chicuelo dice:

    Éste es un tema muy grave. Porque cómo el sector (aquí sí que es importante hablar de sector porque incumbe a todos, principalmente toreros), no se mueva y se plante, acabaremos muy mal. Lo más sorprendente es la poca capacidad que tiene el sector para presionar, y para hacerse valer. La fuerza la da, la capacidad de movilizar a mucha gente, y en España somos muchos millones lo que vamos a los toros. El gran problema es que los taurinos, han vivido de espaldas a la sociedad y a los aficionados y público, y no son capaces de encauzar ésa fuerza que podría dar, varios millones de personas movilizadas. Y no me refiero a hacer manifestaciones. Sino que noten, que hay un sector vivo,un sector moderno, que trabaja, que moviliza, con cientos de peñas, clubes…ect,ect que participan en la fiesta, y es entonces cuando nos podrían tomar en serio. Con el objetivo último, de crear un único reglamento nacional, y crear un Consejo Superior de Tauromaquia.

  2. jose maría gómez dice:

    Jose Antonio:
    ¿Para cuando, hablándo de reglamentos, se impondrá que para salir por la Puerta Grande de las Ventas, se corten al menos dos apéndices en el mismo toro?. Hoy día a cualquier novillero con dos o tres autobuses de seguidores, con las pobrísimas entradas de nuestra Plaza, con una oreja en cada novillo se le saca en volandas. ¿De quién depende la reforma de este apartado tan importante?.
    Dirigido a “quien corresponda”.
    Un saludo

  3. Carnicerito de Rekakoetxe dice:

    La actividad taurina no es la única en la que el actuante se juega la vida pero sí es la única en la que la policía acude a cerciorarse de que así sea. ¿Por qué? Tal vez la falta de unión y de compromiso de los propios profesionales taurinos haya dejado en manos de los simples aficionados, muchas veces cargados de tanta buena fe como de prejuicios y desconocimiento, su labor de preservar la integridad de la Fiesta. Yo soy partidario de la autogestión en todos los ámbitos de la vida (la tierra para quien la trabaja, sin que nadie le diga cómo). Yo ya juzgaré desde mi tendido lo que me gusta y lo que no. No quiero que nadie me defienda o actúe en mi nombre sin yo haberle dado mi permiso para ello. Porque (y hablo desde el País Vasco) pese a mi interés por hacerme con un borrador de nuestro reglamento a través de la Federación Taurina de Vizcaya me ha sido totalmente imposible acceder a él y participar como aficionado en su redacción. Quede aquí mi queja hacia este organismo, que sólo se reúne una vez al mes para figurar y hartarse a canapés.

  4. COMENTARIO dice:

    Reglamentos hechos para fastidiar a los toreros por españoles, aprovechando que por desgracia no hay un reglamento único. ¿Se imaginan que hubiera unas reglas del fútbol distintas en cada comunidad?
    Gracias José Antonio. Me ha parecido soberbia la apreciación que tienes de los deseos de los nacionalismos catalán y vasco con respecto a la Fiesta. El primero desea prohibirla, sin más. Como ese belga que dice que el toreo le parece cruel y bla,bla,(aunque se hinche a asados). Y el nacionalismo vasco pretende que el ha inventado el toreo. LO JURO. Y ES MÁS PELIGROSO QUE EL CATALÁN. Que sólo en plazas vascas es serio el toreo. Opera desde dentro del toreo en la dirección de acabar quitándole su naturaleza de manifiestamente español. Le voy a poner un ejemplo, que no es una categoría, pero sí sirve para que se vea por donde van los tiros: las corridas de toros landesas hace un siglo, pongamos por caso,se llamaban de esa forma,¿no es cierto?,pues hoy se llaman vasco-landesas. El nacionalismo vasco es un virus dentro del cuerpo del toreo. Es imposible a día de hoy que las corridas de toros pasen a ser consideradas por un sudafricano como no españolas. Así mismo también sería considerada como española cualquier otra manifestación taurina popular. Sin embargo, aquí ya un nacionalista vasco que se lo pensase un poco ya afirmaría, ya afirma!!!! que para encierros de verdad, los de Pamplona,(tierra vasca para él).Que los recortes, o probadillas que dicen en Cuellar, en realidad son reKortes, es decir toreo primigenio vasco…Y por esa linea, todo: una serie larga de memeces y traiciones asesinas de todo lo español,es decir, puro nacionalismo vasco. En el reglamento taurino, también.
    CONTINÚA

  5. COMENTARIO dice:

    CONTINUACIÓN
    Jugar a que es más serio obligar a un torero a cortar dos orejas a un toro para salir a hombros, para ser “serio”, es afirmar que Madrid, por ejemplo, está siendo una plaza de quinta, que sólo será seria cuando sea como Bilbao.
    Quitarle 3 milímetros a una puya serviría para decir que es en plazas vascas donde el toro no está muerto en la lidia…
    En fin, el tema de los reglamentos en el fondo es, como tantos otros en el toreo, EL TEMA DE SU SUPERVIVENCIA. Hoy es noticia que en Ecuador se prohíben las emisiones taurinas por crueles, etc. Antiespañolismo. Si España se declarase bolivariana, no sucedería.
    LES DOY MI PALABRA DE HONOR DE QUE MUCHO DEL ANTIESPAÑOLISMO QUE SE VIVE EN HISPANOAMÉRICA ES PROMOVIDO DESDE AQUÍ POR LOS NACIONALISMOS VASCO Y CATALÁN

  6. Manuel dice:

    ¿A ver si lo que no gusta a los profesionales es que haya un seguimiento más exhaustivo sobre el afeitado y el dopaje?…No sé.

  7. La Flor dice:

    ¿Desde cuando la ley de aduanas la hacen los contrabandistas?

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