Barcelona. Ángel Teruel gustó mucho en su debut en La Monumental

Barcelona. Plaza Monumental. 10 de agosto de 2008. Tarde calurosa con apenas un cuarto de entrada. Seis toros de San Miguel, desigualmente presentados, con poca fuerza y descastados salvo el tercero, que fue un buen toro, y el sexto, muy manejable. Eduardo Gallo (nazareno y oro): Estocada con derrame, ovación. Pinchazo, media estocada y dos descabellos, silencio. Morenito de Aranda (marino y oro): Estocada, ovación. Estocada, silencio. Ángel Teruel (rosa y oro): Estocada delantera, oreja. Dos pinchazos, estocada atravesada que hizo guardia y estocada, vuelta al ruedo.  

 

Se le vio rabioso por torear de las muchas ganas que mostró nada más abrirse de capa y por cómo fue ganándole terrero a su primer toro por verónicas desde el tercio hasta los medios. Algo poco frecuente ahora, dicho sea de paso. Muy bien, como si estuviéramos viendo a un buen capotero de los de antes, vimos al joven Teruel – de cara se parece mucho a su madre que, no olvidemos, es Dominguín y ello sin duda también le habrá aportado los genes toreros de la gran dinastía aparte, claro está, los de su señor e ilustre padre -, y asimismo bien, dispuesto, animosísimo y, lo que es más, importante, naturalísimo a lo largo de toda la tarde en la que solo falló a espadas al entrar a matar al sexto, lo que le impidió salir a hombros. Pero dejó un regusto especial y ello vamos.

 

Después de que Eduardo Gallo interviniera en un apretado quite por chicuelinas y le banderillearan al toro, Teruel brindó al público la muerte del tercero que, por cierto, fue el único bueno de la corrida a sabiendas de que iba a triunfar con él y le notamos esa disposición que no se puede disimular cuando un torero tiene fe en sí mismo por seguro de lo que tiene que hacer para lograrlo. Ángel pudo, sobre todo pudo, con el toro de principio a fin en su por encima de todo poderosa faena que basó en la mane derecha, el mejor pitón de su oponente al que mató pronto, llevándose una oreja para el recuerdo, la primera que corta en La Munumental de Barcelona. Y luego, con el sexto, que no fue tan buen toro pero muy manejable, volvió a estar muy bien y hasta gustándose, pero falló demasiado con los aceros y se quedó sin cortar la oreja que le habríamos pedido y, seguramente, le habría supuesto salir a hombros. Dio una vuelta al ruedo la mar de agradable.       

 

Eduardo Gallo se mostró por encima del toro que abrió plaza al que toreó con la muleta por redondos tersos y estimables aunque, por la flojera del animal, no pudo bajarle la mano. Muy cortito el toro por el lado izquierda, bajó al natural y terminó con hermosos y emotivos estatuarios antes de agarrar un digno espadazo. Al pésimo cuarto, que no paró de pegar tornillazos, le hizo ana breve faena aunque siempre por encima del animal que incluso le llegó a golpear, fallando con la espada. Pasó a la enfermería para que le atendieran de los varetazos que seguro había padecido.

 

Morenito de Aranda, por su parte, con el anovillado segundo que se tapó por la cara, bien de capa pese a lo suelto que el toro salió de los lances. No pudo aplicarse a fondo con la muleta por la poca fuerza del burel al que mató pronto y bien. Con el quinto, el más descarado de cuerna del lote, pagó las consecuencias de haber sido castigado con exceso desde el caballo. El toro llegó muy aplomado a la muleta y no pasó nada.    

 

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