Libertad sin ira, libertad

Ya ha pasado el tiempo de la censura, cuando se prohibía la circulación de libros, la exhibición de películas, la representación de obras teatrales o la difusión de canciones que no eran del gusto de las fuerza vivas del país, que imponían “manu militari” el orden establecido. Hoy en día la autoridad no tiene potestad para suspender una función de teatro por que no le guste el montaje de la obra, ni se puede inmiscuir en lo que es o no es un fuera de juego en un partido de futbol, ni obligar a un escritor a decir lo que no quiere, ni prohibir a un director de cine a realizar un filme tal y como le apetezca rodarlo. Todo el mundo tiene libertad para ofrecer al veredicto del público el resultado de su capacidad creativa.

En el mundo del toro, esto no es posible. El afán por preceptuar y codificar sigue vigente. Ahora asistimos al paranoico caso de que de un único reglamento para toda España, podemos llegar a tantos como Comunidades Autónomas forman el Reino. Y quede claro que no defiendo la ausencia de normativa en lo que respecta a la seguridad de los lugares adonde se celebran los espectáculos taurinos, ni en todo lo referente a la salud pública, ni al comportamiento civilizado de los espectadores, ni a la exigencia de que los actores de la fiesta cumplan el compromiso adquirido al anunciar un festejo. Reglamentaciones de este tipo se tienen que establecer en todos los espectáculos que congregan a un elevado número de personas para verlo, sobre todo si han pagado dinero por ello.

Tampoco voy de anarco-capitalista por la vida, y sé que una ordenación del espectáculo es necesaria. Lo que me gustaría es que fuera consecuencia de lo que los propietarios de plazas, empresarios, ganaderos y toreros (los profesionales del toreo) quieran que sea. Ellos son los que crean el espectáculo, y tienen el derecho y el deber de autorreglamentarlo. Nadie tiene qué decirles como deben llevarlo a cabo. Fuera tutorías y obligaciones impuestas. No creo que el reglamento de futbol, o de baloncesto, o el que rige la celebración de los juegos olímpicos haya sido dictado por autoridades legislativas. Quienes mejor conocen el mundo del toro son sus profesionales; son quienes tienen que establecer como debe ser el desarrollo de la corrida. Muchas veces he intentado comprender las razones para que una puya tenga que tener unas medidas determinadas y no otras; o por qué la longitud del palo y de los arpones de las banderillas tienen la longitud que tienen; o la razón para que los avisos suenen cuando lo hacen. ¿Podrían ser diferentes? Esto, junto a otras muchas materias de mayor calado, como la suerte de varas, lo tienen que decidir los profesionales del toro, aunque el afán individualista propio de esta profesión hace difícil el acuerdo. Las diferentes asociaciones profesionales han de tomarse en serio el estudio y presentación de un código taurino propio, sin injerencias ajenas. Una vez establecidas las normas que van a regir el espectáculo en su desarrollo en el ruedo, lo que es propiamente la lidia, lo lógico es que sirvan para todas las plazas. Algo parecido a, por ejemplo, el reglamento de futbol. No se entiende que en cada lugar exista un criterio diferente. Bien está que las autoridades nacionales y autonómicas ejerzan sus prerrogativas en materia de policía, pero que permitan libertad a los toreros para ofrecer la Fiesta que desean.

Al fin y al cabo los toros son básicamente un espectáculo, como tantos otros, y como tal hay que tratarlo, aunque den  pie a mucha controversia y a muchos sesudos estudios sobre su raíz más profunda, tema de entretenimiento para filósofos, sociólogos, siquiatras o literatos.

Para la mayoría de los espectadores ir a una corrida de toros es un motivo es simplemente un motivo de diversión, y son los que tienen  la última palabra sobre lo que los profesionales están presentando en el ruedo. De la calidad del espectáculo depende su futuro. Es hora de que también al mundo del toro llegue el momento de la libertad sin ira. El mañana debería empezar a escribirse hoy. Cuanto antes mejor. Y nosotros que lo veamos.

 

 

1 Resultado

  1. Carnicerito de Rekakoetxe dice:

    No hace falta añadir nada más. Ha dado usted en el clavo. Enhorabuena y ojalá que pronto veamos a la gente del toro con respeto y admiración, que es lo que merecen quienes se esfuerzan a riesgo a veces de sus vidas por hacernos felices. La tauromaquia debe de estar en el ministerio de cultura y ser considerada patrimonio artístico de la Humanidad.

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