Al cabo del tiempo, los tomasistas siguen sin reconocer que su torero casi nunca es el que fue

“Dos orejas y Puerta Grande para un valentísimo José Tomás        

Madrid. Plaza de Las Ventas. 18 de mayo de 1999. Sexta de feria. Tarde entre nubes y sol con lluvia durante la lidia del segundo toro y lleno total. Cuatro toros de “El Torero”, desiguales de presentación y juego con tan solo noble el tercero, excelente por el lado izquierdo aunque viniéndose abajo al final. Dos sustitutos de “El Sierro”, que hicieron de cuarto y de sexto, enormes, mansos y dificilísimos en dos versiones: acobardado el cuarto y violento el sexto. César Rincón (teja y oro): Estocada tendida, silencio. Pinchazo hondo y cuatro descabellos, silencio. Francisco Rivera Ordóñez (zafiro y oro): Cuatro pinchazos y trasera fulminante, silencio. Dos pinchazos y más de media trasera, ligera división. José Tomás (marino y oro): Estocada baja trasera, oreja. Casi entera trasera tendida caída, oreja.

Tarde clamorosamente entregada en pos del triunfo de José Tomás que abrió la puerta grande a costa de dos faenas diametralmente opuestas en correspondencia a dos toros de muy distinta condición. Tomás, que llegaba a Madrid en olor de multitud y con la plaza volcada a su favor, no utilizó este preconcebido favoritismo para aliviarse sino, muy al contrario, para extremar y hasta buscar el mayor riesgo posible para conseguirlo. En el quite por gaoneras que le hizo al segundo toro, fue dramáticamente volteado al intentar la primera y, sin mirarse, logró tres y revolera estremecedoras. Fue la tarjeta de visita de lo que vendría después.

Contó en tercer lugar con el mejor toro de la tarde y, tras intervenir espléndidamente en el recibo por maravillosas verónicas y en un quite ajustado a pies juntos, empezó por naturales sin probar al toro, consiguiendo tandas de progresivo temple y largura que enardecieron al gentío. Dio respiro al burel, mermado a raíz de una voltereta que se pegó al salir del primer muletazo y, una vez cuajarlo con la izquierda alardeando de cruzadísima colocación para cada uno gracias a lo que el toro tardeó para arrancarse, utilizó breve aunque enjundioso la diestra para terminar por preciosos ayudados altos y trincheras. La estocada trasera y algo caída no empañó la obra porque el tendido no quería que nada limitara su triunfo. Lo mismo que en su espeluznante faena al terrible sexto, tampoco fueron tenidos en cuenta los continuos enganchones que sufrió, ni siquiera los cuatro desarmes, porque de lo que se trataba era que saliera a hombros. No obstante tan estropajosa labor que, en otra situación más consolidada del torero madrileño no hubiera merecido más de una gran ovación, hay que reconocer a Tomás su desafío límite ante las adversas condiciones de una res endemoniada. A sangre y fuego, no cejó en su empeño y nuca se cansó de estar delante de un vendaval al que nunca pudo domeñar – fue cogido y volteado con serio peligro de cornada de la que se escapó providencialmente – pero sí liquidar a la primera de otro espadazo defectuoso que tampoco limitó el desbordado entusiasmo de los espectadores.”

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“La josetomanía arrasa en la Beneficencia de Madrid

Plaza de Las Ventas. Corrida de la Beneficencia. Tarde ventosísima y lleno total. Un toro para rejones de Murube, con son y nobleza. Cuatro de “El Pilar”, desiguales de presencia y de juego muy deslucido por mansotes, huidizos y sin raza salvo el quinto que resultó muy noble por el pitón izquierdo. Por devolución del segundo, un hermoso sobrero de Garcigrande, con mucha fijeza y nobilísimo por el lado izquierdo. En sexto lugar se corrió un sustituto de Victoriano del Río, de exagerada cornamenta y noble en los primeros tercios hasta que se descompuso en palos. Pablo Hermoso de Mendoza: Tres pinchazos y cuatro descabellos pie a tierra, enorme ovación. César Rincón (marfil y oro): Estocada tendida y dos descabellos, silencio. Estocada baja, silencio. José Tomás (marino y oro): Estocada baja fulminante, oreja. Estocada caída tendida, dos orejas. Salió a hombros. Miguel Abellán (oliva y oro): Media chalequera y cuatro pinchazos, aviso y silencio. Pinchazo echándose el toro, ovación. Muy bien en la brega y en palos Luis Carlos Aranda. Asistió desde el palco de honor S.M. El Rey.

El vendaval que sopló como hacía mucho tiempo en Las Ventas hizo temer por el desarrollo de la esperada Corrida de la Beneficencia. Algunos hacían pronósticos al respecto afirmando que el único que lograría triunfar sería el rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza por aquello de que a caballo no importa el viento. Pero como casi siempre ocurre y a pesar de la apabullante demostración del jinete navarro cabalgando sus extraordinarios corceles, falló con el rejón de muerte y perdió salir a hombros. Honor que, de antemano, estaba reservado para José Tomás quien de nuevo compareció en Madrid tan dispuesto y a por todas como en sus anteriores actuaciones isidriles por lo que terminó más en olor de multitud que nunca. Es cierto que a Tomás le correspondieron los dos mejores toros, pero no lo es menos que en esta ocasión le funcionó perfectamente la cabeza y muy pronto percibido de que sus dos enemigos llegaron clarísimos a la muleta por el pitón de su más precisa especialidad, el izquierdo, se aplicó raudo en ese toreo al natural que de su mano surge electrizante y glorioso por cruzado en los cites, iniciado sin “toques” y rematado hacia muy dentro que es lo que ahora priva aunque surjan inevitables enganchones al final de muchos pases.

En ambas reses, con las que Tomás apenas pudo lucirse de capa por el viento y su cerril afán, el de Galapagar acertó también a plantearles faena en los terrenos más cercanos a las tablas de sol, donde menos molestaba el viento, y allí cuajó dos trasteos soberbios por ligadas y sucesivas tandas de intensos naturales que pusieron la plaza boca abajo, sin que importara a nadie que los pitones le engancharan la muleta en todos los pases de pecho con la zurda, razón por la que no utilizó nunca la mano derecha en su primera faena e hizo bien. Tampoco que en los dos toros dejara la espada en los bajos al entrar a matar, lo que hizo pronto y con rápidos efectos. Bula de la que solamente goza Tomás en esta caprichosa y casi siempre intransigente plaza de Madrid, ayer sumida en la irresistible “josetomanía” que premió con exceso a su torero favorito hasta el punto de que, si hubiera matado en lo alto, posiblemente habría cortado cuatro orejas y hasta se le había pedido el rabo del quinto.”

 

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

1 Resultado

  1. Juan José dice:

    Magnífico artículo, si señor. Y es que aunque José Antonio no necesita justificarse ante los que le achacan su inquina contra José Tomás, lo bueno de este artículo es comprobar como es el único que describe prefectamnete los toros y los toreros, por conocedor de los secretos del toreo. A mi me ha gustado recuperar esas dos crónicas porque reflejan exactamente lo que sucedió en esas dos corridas. Después de ver las faenas en video y reller lo que entonces se publicó, la conlusión es clara: DEL MORAL ES EL QUE MÁS SABE DE ESTO.

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