5ª de feria en Cali (Colombia). ¡Bolívar!, grita el pueblo

Cali (Colombia). Plaza de Cañaveralejo. 29 de diciembre de 2008. Quinta de feria, cuarta de abono. Tres cuartos de entrada. Tarde con alta temperatura. Seis toros de Puerta de Hierro. En general, justos de presentación. Notable el sexto y colaborador el cuarto. Los otros cuatro buscaron las tablas (466, 462, 466, 450, 496 y 510 kilos). Antonio Ferrera (grana y oro): Palmas y dos orejas. Morante de la Puebla (azabache y blanco): Silencio y pitos. Luís Bolívar (caldera y oro): Silencio tras aviso y dos orejas. Saludó ‘Chiricuto’. Gran quite de José Bermejo al cuarto de la tarde, que derribó al caballo.

 

Era una tarde chata, plana. Y aparte de una leve cresta en el cuarto de la tarde, esa que el presidente convirtió en dos orejas, estábamos condenados a perder. Pero vino en el sexto, no una ola sino un tsunami llamado Luis Bolívar, y la plaza entera se fue toreando para volver a los toros mañana, y pasado. Lo que pasa, lo que está pasando, no es una casualidad. Luis es una inmensa realidad. Otra cosa es que tenga que refrendarlo en cada tarde y en cada toro. Y mejor así, para disfrutarlo como lo disfrutamos en esa faena de cierre que le abrió una nueva puerta grande. El toro, hecho de para arriba, metió la cara como si eso no le incomodara, y aparte se movió en los medios, terrenos extraños para todos sus hermanos de una mansa corrida de la ganadería de Puerta de Hierro. Y allí, al hombre que ya es un acontecimiento, le hizo una lidia medida, en la que casi todo salió limpio y redondo. Ya en el capote, el torero descubrió ese pitón izquierdo que luego visitaría con asiduidad y placer. La vara lo dejó listo y el buen par, uno más de tantos, de ‘Chiricuto’ mostró que la tela estaba puesta en el caballete. Lo citó de largo y el ejemplar se fue hasta el tercio contrario para mirar algunas caras en sol. Pero Luis estaba convencido de aquello en lo que creía a pie juntillas y ahí aguardó para traerlo de nuevo. Desde entonces, lo atrapó y nunca más lo dejó ir. Una tanda de derecha tocó el techo de Cañaveralejo, y dos que vinieron luego, de izquierda, resumieron el momento del torero nacional: fueron extraordinarias. El noble no dejó de serlo y así respondió en el cite, recibiendo, que puso no punto final a la faena. Por el contrario, es un punto y aparte de un torero que ilusiona y crece. Lo que no es otra cosa que un desafío para él mismo. Claro que pasaron otras cosas. Antonio Ferrera mostró toda su vergüenza torera en ambos turnos. Al primero le sacó lo que pudo en la querencia natural. Y en el otro, cuarto, un toro que se dejó en las rayas, se hastió de verlo pasar por su engaño. Mató bien y merecía una oreja. A la Presidencia se le fue la mano y dio dos. Bolívar quiso desentrañar lo que no había en el tercero de la tarde, aparte de su mansedumbre. ¿Y Morante? Pues no pudo ser Morante con dos toros que tampoco quisieron que él lo fuera. Silencio y pitos.

 

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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