5ª de feria en Manizales. De la seriedad y de la emoción

Una corrida en capítulos que terminó siendo obra grande, por cuenta del  emocionante encierro  de Juan Bernardo Caicedo.  Una tarde para diseccionar, porque fue así, en piezas muy particulares en que se desgranaron las seis lidias. ¿Pudo pasar mucho más? A lo mejor sí.  Aunque un indulto (polémico), una puerta grande, la  de Cristóbal pardo, y mucha gente feliz, parecen ser más que suficientes.

Se puede comenzar por el final. Nos quedamos con ganas de ver qué tenía ‘Trotón’, el sexto que vio aparecer el pañuelo del indulto en la Presidencia, más  allá de su fantástica pelea  en el caballo de Anderson Murillo,en donde quería quedarse a vivir. Una epopeya de las que sólo queda testimonio en las enciclopedias añejas.

Porque no hay duda que tenía mucho más para regalarnos. Al menos, en los muy breves momentos en que Matías Tejela decidió ponerse en donde había que ponerse y mandar hasta donde había que mandar, un toro que metió la cara y fue  hasta donde le pedían que fuera.

Lástima que una niebla tan espesa como la que por momentos bajó a la arena se apoderó del buen Matías y ‘Trotón’ se fue de largo sin que lo disfrutara él y tampoco nosotros.  Acertado el palco al conceder una sola oreja simbólica.

Que hay con él un toro para heredar codicia en el caballo, no hay duda. Ahora bien, que hay un toro para dejarnos genes de todo lo demás,  tan necesario, sólo el paso del tiempo  lo dirá.

De todas maneras, Injusto centrar todas las miradas en esa fracción de la corrida, porque los sucesos que antecedieron al impacto del último ya daban para que el encierro, y con él la tarde entera, trepara alto.

¿Un ejemplo?  El segundo de la tarde. El tío y muy serio segundo de la tarde. Un toro digno de cualquier plaza de primera  categoría en España. Le gritaron ¡toro! Y lo fue. No sólo por lo que pareció ser sino por lo que fue. Tuvo fijeza y prontitud. Y, además, supo transmitir. Claro, a la hora del resultado, lo suyo quedó en palmas en el arrastre, pero por sus pitones pasaron momentos de los mejores de la corrida.

Y Cristóbal no desentonó con él. Las series sobre la derecha resultaron templadas y ligadas. Con la izquierda, el tono bajó, pero, en general, hubo pareja para un baile de gala, siempre en los medios. La espada cayó mal. Y la historia, ya se sabe, la escriben los vencedores.

La lluvia le puso otro color al resto de la tarde. Bueno a excepción del primero, en el que Uceda Leal  aprovechó la calidad del ejemplar pero pagó precio a su falta de fuerza, con la que otro hubiera sido el cantar.

La lluvia, decíamos, marcó a tercero, cuarto y quinto.  El primero de ellos, muy justo de todo,  se movió delante de Tejela, quien sólo se halló en esos tres últimos recortes con la muleta donde apareció el de Alcalá de Henares que todos conocemos.

En cambio los otros dos dejaron buenos recuerdos. El cuarto, como casi todos sus hermanos, mandó  los petos a remendar. Tuvo raza y pidió tela. Se la dieron. Aunque tuvo un defecto evidente: perdía la fijeza en el engaño al salir del último muletazo. Eso sí, emocionó y obligó a sacar las manos de los bajos del chubasquero para dar las gracias.

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Otra crónica de la misma corrida por Leopoldo Portilla

Triunfaron los toros de Juan Bernado Caicedo

A pesar de la lluvia pertinaz durante toda la corrida, apareció el “duende” en la ciudad de Manizales. Una sensacional corrida de toros… toros con la divisa de de don Juan Bernardo Caicedo que puso el listón muy alto a todos sus colegas que siguen en el ciclo. Bravos, fijos, nobles, codiciosos, de  largo recorrido y con mucha calidad. Pero el sexto fue de sensación. Se peleó con la cabalgadura de Anderson Murillo por más de diez minutos después del tumbo, escena que hizo recordar momentos de principio del siglo XX.  Sin romanear y no quería desprenderse del peto. Tácitamente recibió más de cinco puyazos en uno. Los subalternos pasaron fatigas para sacarlo de la jurisdicción. Su comportamiento fue calificado de excelente. Lastimosamente, el torero de turno se vio desbordado por el ejemplar. Toro de vacas al que se le conmutó la muerte por su regreso a la dehesa y el compromiso de refrescar la cabaña brava colombiana. Loas y aplausos prolongados a “Trotón” por sus condiciones al igual que a su propietario Juan Bernardo Caicedo.

Los otros toros tampoco fuese que evidenciaran menos bravura, la corrida encastada, se contó con el clima en contra, los astados pidieron el carnet a los alternantes que estuvieron encabezados por Uceda Leal, Cristóbal Pardo y Matías Tejela.

Uceda Leal sin entrega, el mal estado del piso jugó un papel importante. Escuchó un aviso. Al segundo de su turnolo recibió de rodillas en terrenos de tablas, cerca del burladero de matadores. Construyó una faena compacta, colofonada con una estocada en lo alto. Una oreja le concedió el palco. Palmas al toro.

El diestro colombiano Cristóbal Pardo, adelantó la muleta desde el inicio, consiguiendo que la faena cogiera vuelo. Tandas hilvanadas, templadas y rematándolas atrás, por el costado derecho por el otro no tenía pases. Utilizó las espadas sin mucho acierto. Una merecidísima vuelta al ruedo. Alegre y vistoso con la capa en el otro. Lo toreó por el pitón que mejor se deslizaba, serio y artista. Dejó la espada en los blandos, que lo hizo rodar sin puntilla. Dos orejas y en hombros de los aficionados por la puerta grande de la monumental.

Matías Tejela,  entonadito, empezó toreando por naturales al tercero de la tarde, series que no terminaron bien. Aprovechó el viaje del toro para dejar un metisaca mal señalado, seguidamente y como pudo la colocó arriba. Aplausos al toro en el arrastre.  Y el sexto que le correspondió, lo desbordó en el discurrir de la lidia. El toro fue una máquina de embestir. Los aficionados pidieron el indulto desde el comienzo de la faena. Se mostró remiso el palco pero la petición fue tan intensa y el juego de toro de bandera, no lo podía desconocer. Sacó la bandera primera del perdón de la muerte y luego la que otorgaba un solo apéndice al diestro.

Corrida para la historia. Por eso Manizales es la feria que hizo las ferias en América….

 

 

 

 

 

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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