Festival de lujo en Manizales (Colombia). Ponce y Bolívar, cátedra compartida

Lástima que en las postrimerías de una temporada que en general ha dado satisfacciones esté terminando en condiciones de deficiencia. Quedan dos corridas para enderezar las cosas y ojala que así se pueda registrar.  Estaba previsto, Ponce y Bolívar tenían la responsabilidad de hacer del festival una noche de arte y así sucedió. En su toro “Laurcalco” número 368 de 416 kilos Ponce construyó su faena tapando con maestría los defectos del toro en una faena que mereció mejor apreciación para premiarla. Una oreja fue poca cosa.

Luis Bolívar quien no se quería dejar ganar la pelea mostró lo suyo que es mucho en materia de arte y convenció al público al punto que logró que se le perdonase la muerte a su toro “Lepolemo”.

Morante de la Puebla venía precedido de tener “duende” que hoy a nadie espantó y con una estocada entera se ganó una oreja.

Julián López “El Juli” no tuvo la suerte de sus antecesores, con “Cocherito” nombre que le puso el ganadero a este toro en honor a la Peña taurina Cocherito de Bilbao que visita a Manizales en esta temporada. Lanceó con solvencia y con la muleta demostró que es un torero de garantía. Fue premiado con una oreja.

Sebastián Castella mantiene su línea de torero fino que anoche le valió la música y dos orejas.

De Piraquive hay que decir que sigue en deuda con la afición de Manizales.

La presidenta regional de la Cruz Roja hizo entrega del tradicional grano de café a los matadores por su aporte al Hospital Infantil al torear gratis este festival; y a los herederos de los hermanos Gutiérrez Arango por los 60 años de fundación de la ganadería Dosgutiérrez hoy manejada por el ganadero Jorge Gutiérrez Gómez.

El homenaje a la virgen de la Macarena, patrona de los toreros, estuvo precedido de una ceremonia religiosa encabezada por el arzobispo Fabio Betancur Tirado y por el capellán de la plaza José Pablo Escobar quien leyó una oración que evocó el sentido de la devoción macarena.

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Otra crónica del mismo festejo

Bolívar: de día y de nochePor Víctor Diusabá Rojas

Luis Bolívar conquista. Por encima de los alternantes y por encima de los toros. Como anoche, en el festival en que volvió a irse por la puerta grande, en una faena en la que transitó de la enjundia hasta tocar la cima del poder, desde donde terminó por ver asomar el excesivo pañuelo del indulto para Lepolemo, número 384, de la ganadería de Ernesto Gutiérrez Arango.  

Quién sabe qué nos falte por verle, pero está claro que Luis no termina de hartarse y, por el contrario, parece tener más hambre de gloria. Todos los días, todas las tardes, y ya lo ven, las noches también, sale a pegarle un mordisco gigante a cada toro para saciar lo que no tiene fondo: su ambición de ser figura.

Desde el callejón, quienes ya tienen colgados en sus pechos las medallas que los graduaron como tales, los grandes lo vieron crecer a lo largo de la lidia del buen novillo toro de la casa, que fue de menos a más hasta romper promediando la faena de muleta, pero sin alcanzar el calificativo de óptimo que le mereciera el perdón.

Bolívar anduvo espectacular en las largas cambiadas, puesto en las cacerinas, justo en dos pares de banderillas, pero, y sobre todo, muy en el sitio durante la larga sesión de muleta con la que acabó de convencer a Lepolemo que había una oportunidad para trascender. Todo anduvo bien; y su mano izquierda, superior.

Los demás ejemplares del encierro rayaron muy por debajo del de cierre. Con uno de ellos, el quinto, Sebastián Castella se fajó en los medios hasta levantar a los tendidos. El toro pocas veces fue hasta el final, pero el francés supo cómo llevarlo más allá de donde proponía quedarse. Dos orejas.

Enrique Ponce, en el segundo, hizo que la técnica se pusiera al servicio del arte. El toro quería las tablas, pero una muleta de sabiduría lo amarró a otros terrenos con circulares tan limpios como finos. La primera espada cayó baja. Luego de la corrección, paseó una oreja.

Julián López se pegó un arrimón de maestro ante el violento cuarto, que se lo quería comer. Excelentes los lances a la verónica y las chicuelinas. Poderosas las manos para salir bien librado. Oreja.

Morante de la Puebla dejó detalles de su enciclopedia, en un toro soso, el tercero. Los coleccionistas de trincheras se llevaron un manojo de ellas para la casa. Oreja.

El primero de la noche persiguió por momentos a los caballos de Jorge Enrique Piraquive. Los rejones de castigo y las banderillas cayeron casi siempre arriba, pero a la hora de matar no hubo suerte. Palmas.

 

 

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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