José Tomás se revela tanto o más mediático en México que en España

Y es que, lamentablemente, si la crítica taurina en España apenas es fiable, aquí en México lo mismo o aún peor salvo escasísimas excepciones. No hay más que leer lo que se ha escrito y dicho en los periódicos, portales, revistas, emisoras de radio y canales de televisión estos días sobre José Tomás para darse cuenta de ello. Por eso no quiere que le vean por televisión en directo o en vivo como dicen por aquí. Y es que, si se viese a través de la siempre fría pantalla y sin posibilidad de montar nada, sino tal cual es, tanta propaganda y tanta retórica literaria no le serviría para nada.

 

No me choca lo más mínimo, entonces, que hayan caído sobre mi persona toda clase de maledicencias y desprecios porque, ¡claro¡, que venga alguien de allende los mares y diga lo que en verdad ocurrió el paso domingo en La México, no puede ser recibido más que con pataletas e insultos, que no con argumentos, por los que mantienen todo lo contrario, incluso desde tribunas supuestamente prestigiosas, y además se ven tan nutridamente acompañados como apoyados con los mismos o parecidos argumentos ditirámbicos. Exactamente como está ocurriendo en España, sobre todo con todo lo referente a José Tomás.

 

Pues miren ustedes, señores: Para algunos aunque cada vez seamos menos, el toreo sigue siendo incitar a un toro para que acometa evitando hábilmente sus intenciones de alcanzar al que lo hace lo más quieto, lo más cerca, lo más bella y lo más limpiamente posible. Sin temple no hay mando se pongan como se pongan los que creen que bastan la quietud  y la cercanía a ultranza para torear, como además hemos visto hacer a José Tomás, sobre todo en sus mejores años hasta que empezó a torpedear su propio concepto, lo que por cierto le costó tenerse que marchar. El año pasado, después de su tarde suicida de Madrid, no volvió a dejarse coger en ninguna otra plaza donde actuó después, culminando triunfal y por cierto muy limpiamente su breve campaña con el indulto del magnífico toro de Núñez del Cuvillo en Barcelona. Faena que alabamos todos por igual. Pero de esta faena, como también las dos de su reaparición de Las Ventas, a casi todas las demás, va un abismo que de ninguna manera debemos ocultar. 

 

De modo que, eso de dejarse coger adrede para emocionar o asustar más al personal contemplativo, continúa siendo lo que se conoce por “tremendismo” aunque seamos ya muy pocos los que así pensamos. Y si para colmo, este “tremendismo” se practica ante reses sin trapío ni fuerza ni casta, entones ni siquiera podemos considerar tal cosa de tremendismo, sino más bien de engañifa. Allá los que se dejen convencer. A mí, al menos, todavía no ha nacido quien me haga renegar de mis convicciones.

 

El tremendismo siempre existió en el toreo, convivió con el formal y hasta dio grandes figuras como lo fue, sobre todo, Manuel Benítez El Cordobés. Pero ni siquiera con éste figurón la crítica osó despreciar a las demás figuras y aún menos tomar sus modos y maneras como ejemplares y paradigmáticas.

 

José Tomás está en su total derecho que hacer el toreo que quiera y, si le dejan, imponer lo que le venga en gana. Pero lo que no va a conseguir nunca es que los que creemos que torear no es lo que el suele, vayamos a arrodillarnos a sus pies y, mucho menos, a los de sus panegiristas estén o no a sueldo. Que eso y solo eso es lo que al parecer pretenden y por lo que intentan amedrentarnos.              

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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