Aracena (Huelva). Zalduendo, El Cordobés y El Fandi inauguran triunfalmente la temporada, y Ortega enrazado tras sufrir una cogida

Plaza de toros de Aracena (Huelva). Corrida extraordinaria con motivo de la festividad de la Autonomía Andaluza. Tarde fría y lluviosa con media entrada. Seis toros de Zalduendo, de pequeño volumen y preciosas hechuras. Dieron muy buen juego en líneas generales, destacando por su creciente bravura y clase los lidiados en primer, segundo, tercer y cuarto lugares (este fue el mejor de todos), bajando por remiso el quinto y por su agotamiento tras cumplir intensamente en los dos primeros tercios el sexto. José Ortega Cano (verde botella y oro): Pinchazo hondo y descabello, oreja. Dos pinchazos y casi entera, ovación mientras pasaba a la enfermería donde fue atendido de un fuerte golpe en el pecho, siendo trasladado de inmediato a una clínica de Sevilla para examen radiológico. Manuel Díaz El Cordobés (gris perla y oro): Estocada, dos orejas. Media estocada, oreja y petición de otra. El Fandi (purísma y oro: Gran estocada, dos orejas. Pinchazo y estoconazo, oreja. El Cordobés y El Fandi salieron a hombros.         

 

La lluvia y el frío cuasi invernal con la primavera en puertas, no impidió la celebración de esta corrida, ya clásica en Andalucía para inaugurar la temporada en el sur español, otros años soleado y florido en esta misma fecha. Al terminar el mojado festejo supimos que las corridas anunciadas en Antequera y Torremolinos habían sido suspendidas pero no esta de Aracena pese a la floja entrada que compensó el ser televisada en directo por Canal Sur. Acierto pleno porque el festejo no pudo resultar más entretenido.

 

Aunque amparado por los infalibles Manuel Díaz y El Fandi, qué duda cabe que la presencia de Ortega Cano como primer espada, tenía su morbo y, desde luego, el interés que siempre despiertan las figuras cuando persisten en seguir en activo uno y otro año tras varias despedidas y no pocos avatares personales y profesionales. Ayer quedó demostrado una vez más lo difícil además de peligrosísimo que resulta torear cuando se han sobrepasado los cincuenta años y a fe que el propio Ortega pudo comprobarlo al ser cogido mientras bregaba al cuarto toro de Zalduendo, posiblemente el más bravo y enrazado de los que se llevaban lidiados hasta ese momento. Iba José con su capote por delante del toro cuando este se le frenó, no reaccionó el torero a tiempo ni le sacó los brazos al tiempo que, paralizado, resultó repentina y violentamente arrollado por el animal recibiendo un tremendo golpe en el pecho antes de caer a la arena donde también fue revolcado. Visiblemente indispuesto por falto de respiración, el torero se rehizo como buenamente pudo y encaró muy enrazado una faena que, a la postre, resultó más entonada, decidida y firme que la que ya le había hecho al primer y muy noble primero del que cortó la primera oreja de la tarde. 

 

Indudablemente, Ortega Cano tuvo el enorme mérito de reaccionar tras el susto y ello hay que agradecérselo además de aplaudirlo. Pero no demasiado porque a estas alturas de su vida, es prácticamente imposible ser quien se fue. La ostensible falta de asentamiento al final de cada suerte, el no poder terminar casi ningún lance ni muletazo, no es porque el torero no quiera, sino porque ya es imposible conseguirlo. Aunque la mente lo quiera, aunque lo ordene, las células se escapan solas. Uno comprende al hombre aferrado a la profesión que ama y que, al fin y al cabo, es la máxima razón de su existencia y hasta de su vida más feliz. Pero como en tantos otros casos, sufro mucho viéndole tan a merced de una posible cornada que pueda acarrearle fatales consecuencias.

 

El Cordobés y El Fandi, cada cual a su modo, lo dieron todo como acostumbran. Les pondrán verdes en los círculos más exquisitos de la afición. Seguirán recibiendo toda clase de desprecios y desdenes. Pero viéndoles ayer en sus primeras actuaciones de este año en España, ambos demostraron por qué son los que más orejas cortan así como que en la temporada que acaba de empezar seguirán lográndolo.

 

Manuel Díaz lleva muchos años ya en este plan y no hay quien le apee. ¿Por qué? Pues porque se ha convertido en un gran profesional sin que por ello le haya abandonado su personalidad y, sobre todo, su saber trasmitir su indeclinable e indestructible simpatía. Ser simpático en el teatro, en el cine o en una charla es desde luego mucho más fácil que delante de los toros. Y el caso es que Manuel lo es cada vez más y con mejores formas toreras. Tiene el don de la habilidad, la fortuna del ingenio y, por ende, el del temple. Y como no suele dejarse enganchar los engaños, los toros le pasan aunque estén tan parados como el quinto de Zalduendo de ayer. Con el segundo, lo bordó literalmente en la medida de sus posibilidades.

 

Algo parecido solo que desde su proverbial torería que es tan legítima y tanto o más brillante que la de quien más presuma de tenerla, con el añadido de sus excepcionales dotes físicas y coreográficas que por variedad, tino, espectacularidad y limpieza tanto brillan en  el primer tercio y, sobremanera, en el de banderillas, asombrando a los públicos una tarde tras otra sin apenas excepciones y, sobre todo aunque la gente no lo sepa, a sus propios compañeros que se le rinden en esta especialidad salvo a no más de unos cuantos sabihondos envidiosos y a otros tantos plumíferos, El Fandi se complació ayer en torear fenomenalmente bien con la muleta al tercer toro de Zalduendo al que administró como pocos más saben hacerlo, sacando todo el partido que tuvo este magnífico animal.

 

No así al más flojo sexto con el que abusó y se le quedó agotado para el último tercio. Pero en definitiva, que los enemigos de El Fandi van a sufrir otro año más con sus incesantes éxitos. 

 

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

1 Resultado

  1. Carnicerito de Rekakoetxef dice:

    Lo vi igual. Me gustaron especialmente dos toros, segundo y cuarto, y tanto el cordobés, templado y profundo antes de rematar con el salto de la rana que tanto gusta como Ortega Cano sobreponiéndose a sus limitaciones físicas (agrabadas por el tantarantán que le propinó el toro al venírsele cruzado tras distraerse con el caballo) estuvieron a la altura de sus enemigos. Y el Fandi en su línea, exprimiendo a sus dos toros que se pararon pronto.La corrida resultó en conjunto más interesante de lo que cabía esperar.

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