¡Premio para el caballero¡.

1.- Los Premios. Salvo raras excepciones, los premios son un jubileo. Se utilizan para gratificar al amigo o castigar al enemigo. Muchas veces son simplemente una lotería. La garata que se ha formado me recuerda al lío que montaron los noventayochistas cuando dieron el Premio Nobel a Echegaray. Y hablando del Premio Nobel, se lo han dado a personajes siniestros vinculados con el terrorismo internacional, o a tipejos y tipejas inanes que nada han aportado a la cultura universal. En España un famoso cineasta se ha hartado de recibir premios, porque a la progresía le interesaba que cambiara el cliché sobre España. Pero, claro, ahora es peor, porque se ha pasado del tópico del flamenco y la paella al tópico de una España llena de drogadictos y degenerados. Que nadie se queje luego de las cosas que dicen por ahí de nosotros…

 

No creo, pues, en la mayoría de los premios, y menos en el mundo de los toros. En este ámbito los premios los concede el toro en el ruedo. Lo demás apenas tiene importancia.

        

2.- Los políticos. ¿Quiénes conceden el dichoso premio? Políticos. Es más, los políticos más nefastos de occidente, que están llevando a España a un precipicio de incertidumbres espeluznantes. La clase política española (da igual el partido) lleva años ignorando y falseando la voluntad popular mientras vive opulentamente a costa de la ciudadanía. Y son los mismos políticos que van a por la fiesta de los toros. A muchos cándidos les encantó que se otorgara a los toreros premios de las Bellas Artes. Una limosnilla mientras ahogan la fiesta a base de impuestos abusivos y cien mil trabas burocráticas.

 

El colectivo taurino debería haberse negado a recoger los premios mientras no se trate a la fiesta con la dignidad que merece y mientras no haya un pacto por la fiesta entre los dos partidos mayoritarios. Pacto que, por ejemplo, pusiera freno a la persecución que la fiesta padece en ciertas Comunidades Autónomas. Este es el motivo esencial para rechazar el premio de marras, no otro.

 

3.- El “Espertáculo”. En una tarde de suerte negra le decía un banderillero a Curro: “Maestro, que estamos dando el espertáculo”. Pues sí señor. Estamos dando el espertáculo. Visto lo que han aireado los medios de comunicación, a la conclusión que va a llegar el ciudadano medio, ajeno a la fiesta de los toros, es que esto es una cueva de facinerosos, llenos de sucias pendencias. Toda esta trifulca alimenta aun más los tópicos negativos que existen en grandes sectores de la sociedad sobre la fiesta de los toros. Algunos dirán que está muy bien que los toros aparezcan en las portadas de los periódicos y en los telediarios: “Que hablen de mí, aunque sea mal”, dijo una vez Luis Miguel Dominguín. Inteligente comentario, que en el fondo no deja de ser la cínica reflexión de un hombre cargado de enemigos pero que, a pesar de todo, tiene que seguir adelante. No es nada buena la imagen que se está proyectando.

        

4.- La víctima propiciatoria. Hablemos claramente: Rivera Ordóñez no merece el premio. Se trata de un torero sin ninguna clase. En sus primeros años de matador al menos sacaba raza, pero ya lleva muchos años vegetando en las plazas secundarias, esas de público de reality show y toro moribundo. Pero hace un par de años dieron el mismo premio a un famoso periodista, gran profesional en lo suyo pero que no tiene que ver nada con las Bellas Artes, y nadie dijo ni pío. Por lo bajini largarían lo suyo, pero en público se callaron como muertos. Claro, no era prudente indisponerse con alguien tan poderoso en los medios. A Rivera Ordóñez le propinan tan tremenda como inmerecida bofetada porque saben que carece de posibilidades para defenderse. Y esto es una vileza. Con Antonio Ordóñez vivo, ¿alguien hubiera abierto la boca? Se hubieran callado. Además, quien debe opinar sobre la aptitud o ineptitud de Rivera Ordóñez es la afición, no sus compañeros. Ellos a lo suyo, a torear. La falta de compañerismo salta a la vista. Han reventado la reputación de un compañero solo para medrar en río revuelto.

        

Es sorprendente observar como el tiempo torna las cañas lanzas. Cuando surgió Rivera Ordóñez, se te echaban encima cuando ponías un pero a su labor. Era un pecado de lesa patria criticar la actuación del príncipe heredero. Ahora, sin embargo, se ha abierto la veda para destrozar a esta persona. Y es lamentable.

 

5.- Los vengadores justicieros.-  Cayetano, el hermano, molesto por los comentarios de Morante, le veta. Pero el pequeño de los Rivera está desde el principio fuera de combate por dos razones: sus méritos taurinos son muy escasos y, además, es un personaje del mundo rosa. Esto puede ser muy rentable económicamente, pero es abrasivo en el mundo taurino. Sume al afectado en el mayor de los desprestigios. “¿Dónde va a vetar Cayetano a Morante? ¿En la pasarela de Milano o en la de New York?”, preguntaba un periodista castizo y guasón. Cayetano está derrotado de antemano.

 

Por su parte, el Señor Martínez de Irujo ha salido también en defensa de Rivera Ordóñez. Desde luego está en su derecho, pero tildar a Morante de “hombre resentido y despreciable”, es absolutamente desproporcionado y excesivo. Una escalada a la que no se debe llegar.

        

6.- El artista inconformista.- Dicen que las motivaciones de Morante en todo este asunto no se deben solo a la indignación por el inmerecido premio. Al parecer colean las frustradas negociaciones de la feria de Málaga del año pasado. Vamos, que hay motivos non sanctos en la enemistad entre Morante y los Rivera. Ellos sabrán. Pero me parece a mí que Morante se está aficionando a las salidas de tono y a las actitudes delirantes. Que tenga ojo, porque puede convertirse en su propia caricatura. A Rafael el Gallo se le recuerda más por sus chanzas y chascarrillos que por su arte torero. El Guerra ha dejado más recuerdo de sus groserías e insolencias que de su poderío ante el toro. A Morante, aunque le rían las gracias, le puede pasar lo mismo. Un artista excelso como él no necesita de todas esas extravagancias que le rodean. Le basta con torear y punto.

        

7.- El Maestro.- Y ¿qué hace Paco Camino metido en este berenjenal? Él, que es una de las grandes figuras de la historia del toreo y que, por tanto, está más allá del bien y del mal, debería estar por encima de todo esto. Los dioses en el Olimpo no se mezclan en cuestiones tan mezquinas.

 

8.- El ganador.- José Tomás, además de un gran torero, es un hombre de una inteligencia excepcional. Cuando los demás van, él vuelve. Aprendió mucho en el master de gramática parda que hizo con Martín Arranz. Como pasa tantas veces, el discípulo ha superado con creces al Maestro. En un ámbito más restringido, porque ahora los toros no son tan populares como antiguamente, ha conseguido logros que ni Joselito, ni Belmonte, ni Manolete obtuvieron. Estos diestros, a pesar de su grandeza, tuvieron que soportar un bando opositor. José Tomás ha conseguido la unanimidad. Prácticamente carece de detractores. Ha conseguido que se identifique al toreo con él y a él con el toreo: José Tomás es el toreo. Por lo que nadie advierte defecto alguno en sus actuaciones y el quehacer de los otros toreros pasa a ser una versión apócrifa del auténtico toreo sin ningún valor. Y el aficionado que no se adhiere a la verdad oficial, se convierte inmediatamente en un tarado mental.

        

También ha conseguido que sus intereses particulares se confundan con el bien de la fiesta. Así puede mangonear a su antojo sin soportar las críticas que otros toreros aguantaron por hacer la mitad de las tropelías que hace José Tomás. Claro, todo esto se soporta en el valor espartano del de Galapagar. Tiene un golpe cantado infalible, y cuando hay que inmolarse no duda en hacerlo. Por eso nadie le tose y por eso ha impuesto su poder con toda la carga de caprichos e imposiciones que arrastra consigo.

        

Ya había dicho Ortega y Gasset que los toros son el espejo de la sociedad. El momento presente no es la excepción. Sorprende ver el miedo de la gente a hablar libremente. Los dogmas políticamente correctos nadie los discute. Extraña democracia la nuestra donde el dialogo no existe. Desde luego personajes como Joseph Goebbels o Randolf Hearst son unos auténticos aficionados en comparación con los “comunicadores” de hoy en día. Pues bien, el trasunto taurino de todo esto, con todas las distancias que le queramos poner, es el fenómeno José Tomás, que es un grandioso torero, sí, pero de facto está prohibido ponerle el menor reparo. Y esto es ante lo que yo me rebelo. No ante la grandeza de José Tomás, sino ante el clima intimidatorio generado por el fenómeno.

        

José Tomás en una demostración más de habilidad y reflejos, ha devuelto el premio. Así consigue tres cosas: primero una propaganda gratuita descomunal (para qué va ha hablar con los medios, si hay modos mucho más inteligentes de estar en boca de todos); luego dar una imagen de rebelde ante el poder que volverá loca a la progresía de salón; y, en fin, ponerse al frente de la procesión de la santa cruzada por la pureza y la esencia de la fiesta.

        

Pero a él, que busca la grandeza y la inmortalidad en el toreo, le diría que los auténticamente grandes siempre mostraron benevolencia con los menos aptos. Cuando hablo de benevolencia me estoy refiriendo al más amplio significado del término. José Tomás admira mucho a Manolete, pero Manolete, estoy seguro, jamás se hubiera empleado de esta manera. Hubiera ignorado el asunto por trivial, como ignoró otros más graves: ignorar el Premio, eso hubiera sido lo más prudente… Y lo más elegante.

 

 

3 Resultados

  1. Adolfo dice:

    ¿Y de Molés, qué? ¿Merecio el premio? Pero,bueno…

  2. F.Bleu dice:

    No solo el señor Ramírez y dos lectores incondicionales que aun le quedan en Zamora le “exigen” que escriba en este portal, sino cientos de aficioandos que pensamos que es usted unos de los mejores escritores taurinos de todos los tiempos. Así es que a prodigarse más en este portal independiente, NO AL USO, en donde si hay libertad para decir lom que se piensa sin temores a vetos ni cosas parecidas.

  3. Yomismo dice:

    A José Tomás no le hace falta la devolución de una medalla como gesto propagandístico porque es el torero más conocido de la actualidad, el único capaz de abrir página en un periódico de tirada nacional o en los telediarios y el único que es capaz de llenar cualquier plaza en España, aún yendo con otros dos, ¿alguien más puede decir eso?
    Tampoco diga que José Tomás carece de detractores porque precisamente en esta página se aprovecha que cae una granizada sobre Cádiz para decir que es culpa de José Tomás, seamos sensatos señor Delgado.

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