Francisco Rivera Ordóñez: Torero por encima de todo

 

 

Fue su abuelo, el gran Antonio Ordóñez, el primer forjador de la personalidad taurina de Francisco, que eligió la atávica Ronda de sus ancestros para debutar en público vestido de celeste y plata, liado con un capote de paseo blanco y oro que había pertenecido a su padre. Entonces no podía imaginar – ni remotamente – que acabaría toreando un millar de corridas de toros a lo largo de más de tres lustros de profesión; que sería el empresario de esa plaza bicentenaria que pisaba por primera vez vestido de luces; que le daría la alternativa a su hermano Cayetano; que acabaría siendo distinguido con esa polémica Medalla de Oro de las Bellas Artes que ha terminado por provocar la devolución de la preciada condecoración por parte de Paco Camino y José Tomás en un gesto de muy difícil comprensión. Precisamente, la lista de esas medallas concedidas a los matadores de toros la había estrenado, en 1996, su propio abuelo, paradigma de clasicismo; espejo de la torería contemporánea. 

 

Ronda es el principio y el fin de la dinastía Ordóñez. Una sangre que iría injertando sucesivamente en las ramas de los Dominguín y los Rivera. El Niño de la Palma, bisabuelo de Francisco; Luis Miguel, Antonio Ordóñez, Paquirri, las ramas más nobles de un tronco ancho, una herencia pesada y exigente para un torero bisoño que tuvo que superar el escepticismo de todos los que creían que su determinación de convertirse en matador de toros era sólo una ventolera pasajera. Llenó la Maestranza de novillero pero la definitiva consagración llegó el día de su alternativa abrileña de la mano de Espartaco, que ese día cayó gravísimamente herido. Aquella misma tarde, Francisco se hizo figura del toreo, refrendando su estrellato muy pocos días después en la misma Maestranza ante un toro de Sánchez Ibargüen al que cortó las dos orejas.

 

Posteriormente vinieron aquellas dos o tres vueltas a España dejándose matar en todas las plazas, con todos los toros, demostrando que el valor todo lo puede. Sólo un año después, en las barbas de los cónsules Joselito y Ponce, en la famosa corrida de los quites del San Isidro de 1996, ya se había convertido en el tercero de los “tres tenores” que llenaron las ferias de la segunda mitad de los años 90. Rivera se había encaramado a la primera fila del toreo.

 

Después llegaría el largo bache, el acoso de los medios rosas y la creación de un personaje televisivo que le hizo tender tantas barreras: un matrimonio malogrado y dos ausencias familiares en medio de una travesía del desierto que sólo pudo suplir con la raza de los de su casta y el apoyo de hombres providenciales como Pepe Luis Segura, un apoderado especializado en reforjar toreros en trances difíciles que le devolvió la confianza. Pero en medio siempre estaba Ronda, fuente a la que había que volver una y otra vez en busca de su mejor identidad. El fallecimiento de Antonio Ordóñez puso en sus manos la organización empresarial de la lujosa Corrida Goyesca de la que, retomando la mejor herencia de su abuelo, se convirtió en alma y motor perpetuando y alentando el peregrinaje de los aficionados desde todos los caminos del toreo.

 

Precisamente, en la Goyesca de 2006 se iba a producir una de sus mayores satisfacciones al darle la alternativa a su hermano Cayetano en un mano a mano histórico que desbordó toda la expectación. La dinastía encontraba un nuevo eslabón que animaba al propio Francisco para permanecer en la brecha cuando empezaba a acariciar la idea de colgar los trajes de luces.Pero la guerra del toreo proseguía. El diestro, ya veterano y a vueltas de muchas guerras, había renacido al oficio del que nunca se marchó dentro de ese cartel de matadores mediáticos que se ha trocado en la salvación de tantas empresas de las rutas del toro. Convertido en un personaje popular, con una vida involuntariamente contada en las páginas de papel couché, Francisco encara un tramo feliz en su faceta de empresario floreciente, apurando sus últimos años como matador de toros y sabiéndose la nueva cabeza de su dinastía. Pero esta historia había comenzado mucho antes, hace un siglo de toros, cuando el primer Ordóñez se puso delante de un toro bravo.

 

A. R. del Moral

A. R. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

5 Resultados

  1. José A. Ramírez dice:

    Bonito artículo Álvaro y aprovecho la ocasión para saludarte desde mi retiro obligado en Toledo. Recordemos que el premio es a las bellas artes y no al toreo, siendo este un galardón que te diferencia entre los de tu gremio por realizar tu profesión de una forma diferente y relevante. Y seamos claros, en el toreo y en la trayectoria de rivera no hay nada de diferente ni relevante con respecto a sus compañeros, si me apuras, quitando sus tres primeros años, ha ido de mal a peor. Todavía me acuerdo de la corrida de Torrestrella el sábado de feria de abril de 2008 con la que estuvo infame. Y en cuanto al circo mediático del que forma parte, le ayuda más que le perjudica ya que, si es por sus méritos profesionales, estaba fuera de las ferias desde el 98. Debería haber sido él el que tenía que haber puesto fin a todo esto agradeciendo el premio y negándose a recogerlo pues sabe que no lo merece.

    Un saludo y ya nos veremos por Sevilla.

  2. Juan Posada dice:

    Buen artículo, Alvaro. Asi se escribe de un torero que, con sus defectos, como todos, ha dado la barba siempre. Enhorabuena.J.Posada

  3. Cris dice:

    Acabo de conocer la página, como todos los artículos sean tan buenos como este, olé. Un saludo de una nueva y joven lectora.

  4. Veronica dice:

    Rivera Ordoñez tiene una gran reata de matadores, efectivamente. Comenzó su carrera apuntando alto, pero fue un espejismo (quizás el espejismo fue creado por el público que esperaba otro Antonio Ordoñez u otro Paquirri). Pienso que no debemos compararlo con esos grandes matadores que acabo de nombrar, porque sería injusto pedir tanto (muy pocos toreros aguantarían la comparación). En cambio, esos apellidos y esas apariciones en la prensa rosa (si el quisiera no saldría, ya que la inmensa mayoría de los toreros no aparecen. Pero como él les sigue el juego, pues aparece. ¿Por qué será?) son los que le hacen que siga toreando, porque sino llevaba ya diez años retirados. Hay muchos toreros mejores que él y se han tenido que retirar o torean casi nada.
    Por cierto, no entiendo muy bien la actitud que están tomando en este asunto. De acuerdo que Morante, José Tomás y Paco Camino no han sido correctos en las formas, pero en el fondo dicen lo que la inmensa mayoría de los aficionados pensamos. Es triste que en nuestro país el decir lo que uno piense este mal visto. Así nos va. Faltan Morantes, JOsé Tomas, Paco Caminos y Victorinos (ha dicho con toda claridad lo que muchos en el mundo de los toros callan para ser politicamente correctos).
    Un saludo.

  5. revoleras dice:

    Del Moral, mucho árbol genealógico, pero de enumerar triunfos gloriosos nada, ¿por qué? porque no existen. No me importa si sale en el cuché, no lo catalogo por eso, si fuese un torero de arte…ole y toma medalla, pero no es el caso. Si lo fuese no habrías tendo que recurrir a elogiar a sus familiares… dende te queda él? donde deberia haberse quedado en la sombra, sin hacer ruido
    2008.. 60 corridas, d las cuales 5 en plazas de primera y 40 en plazas de tercera…eso si le dieron en estas últimas orejas pá aburrir. Clarito queda. Los toreros de arte hacen otras cosas, que él seguro, honestamente con el público habrá intentadopero…, no le salen.
    Se puede sentir ser torero sin serlo…y eso no se lo reprocho, el reproche es hacia quien/es otorgaron la medalla…Menudo insulto al mundo taurino! pero España es así.
    UN saludo

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