4ª de la Semana Grande de San Sebastián. Enrique Ponce o el elixir de la eterna juventud

 

San Sebastián. Plaza de Illumbe. 13 de agosto de 2008. Cuarta de feria. Tarde suavemente veraniega con media entrada. Seis toros de El Ventorrillo, bien aunque desigualmente presentados, con tres muy voluminosos, los de la segunda parte del festejo. Dieron vario juego y no solo por su natural comportarse noblemente salvo el que abrió plaza y el que la cerró, sino por el distinto trato que recibieron. Así, el primero, que pareció iba a medio colaborar aunque no paró de escarbar desde que salió y terminó arruinado por completo como consecuencia del accidental puyazo que le puso Antonio Saavedra en los blandos de la paletilla por donde se desangró, quedando totalmente parado en la muleta. O el segundo que, tal y como digo en la entradilla, se descompuso por los enganchones que perjudicaron su proclive condición inicial. O el tercero, que rompió en la segunda parte de la faena por mejor colocación y ajuste de su matador. Bueno sin más y mucho mejor por el pión derecho que por e izquierdo el cuarto con casi seis años de edad. Manejable y muy duradero, por cierto, el quinto. Y enrevesado por informal el sexto. Enrique Ponce (negro y oro): Estocada contraria trasera y descabello, silencio. Estoconazo contrario trasero y seis descabellos, aviso y vuelta clamorosa. Antonio Barrera (blanco y oro con remates negros): Pinchazo, estocada contraria algo atravesada y dos descabellos, silencio. Estocada caída, levísima petición y vuelta al ruedo. Sebastián Castella (marino y oro): Estocada trasera arriba, oreja. Pinchazo y estocada caída, silencio. Bien en palos, Curro Molina.  Y en la brega Mariano de la Viña que también puso un buen par así como Antonio Tejero mientras que su hermano José María, al salir perseguido por el primer toro, sufrió una lesión en la pierna que se agravó al saltar al callejón tras parear de nuevo y volver a ser perseguido hasta las tablas.

 

Aquí cada cual anda en su papel como mejor pueda conseguirlo y ayer le correspondió el turno a Enrique Ponce que llegó a la Semana Grande San Sebastián sin demasiadas ganas de haber venido, como en anteriores ocasiones, a sabiendas comprobadas de que la de Illumbe no es precisamente una de sus plazas favoritas y, además, bajo el peso de su responsabilidad de máxima figura del toreo que, éste torero sí la ejerce y de qué modo, señores. Única razón que explica su presencia en todas partes desde hace casi veinte temporadas consecutivas sin descanso ni más pausas que las que le han impuesto sus cornadas o lesiones. Por eso mismo, que no por otra cosa, ha seguido yendo a Madrid y a Pamplona tan a su pesar y, en cambio, muy a gusto a Bilbao que, mira por donde, es el escenario preferido por el valenciano a pesar de que es allí donde los toros son más toros y máximo el rigor, solo que con un público infinitamente más sensato y conocedor hasta el punto de que entre los aficionados bilbaínos y Enrique Ponce ya va para largo un mutuo enamoramiento que, de haberse comportado igual y como hubieran debido los madrileños, los pamploneses y los donostiarras, digo yo que Enrique también estaría encantado cada año en comparecer en sus respectivas ferias y, además, no solo a una corrida sino a dos o tres, que es lo que debería ser por temporada si el sentido común presidiera el devenir del toreo en todas sus acepciones, incluidas la crítica y la afición.

 

Para complicar más las cosas que podrían afectar al ánimo o al desánimo del gran torero, desde anteayer sabíamos que los hermanos Chopera estaban intentando por todos los medios habidos y por haber que Ponce fuera hoy el sustituto natural del ausente José Tomás. Y, ¿quien podría haber sido, entonces? Ninguno mejor que él por tener la fecha libre, que ésta era otra añadida y principal cuestión, y ello aparte la más pura de las lógicas. Porque si Ponce se hubiera negado, nadie podría haberles acusado  a Pablo y a Oscar de no haber buscado un sustituto de lujo, con lo que se habrían evitado las inevitables críticas y la mala prensa tras poner a otro cualquiera y, de paso, echarle el muerto al valenciano. Y si aceptaba, pues mejor que mejor que es lo que, afortunadamente, ha sucedido sin no pocas intervenciones entre ellas la más humilde mía; la sin duda precisa y determinante del más sensato e inteligente que tiene Ponce a su lado desde que empezó a torear siendo entonces casi un niño, Juan Ruiz Palomares; y sobre todo Pablo Chopera que fue quien, finalmente y a su ímprobo e incondicional ruego, lo consiguió. Enhorabuena, Pablo. Esta vez te has comportado como un pedazo de empresario – así lo hubiera hecho tu inolvidable padre – y como todo un señor. San Sebastián te lo debe y, sin duda, te lo pagará como merece el gesto. Chapeau.

 

Y bajo estas presiones hizo el paseíllo ayer Enrique Ponce sin que se le hubiera ido el mosqueo con que, como he dicho antes, padece cada vez que viene a Illumbe en donde, increíblemente, casi nadie parecer recordar cuan grandemente triunfó en la inauguración de esta plaza, ni la histórica faena que aquí mismo hizo a un impresionante manso de Charro de Llén sin que la gente apenas se percibiera de la portentosa y magistral lidia que recibió del valenciano y de su impar cuadrilla.

 

Y se le notó con el primer toro de El Ventorrillo, un animal muy reservón e incesante escarbador,  al que Ponce recibió para la mayoría imperceptiblemente nervioso, frío cual témpano, simplemente de trámite con su capote, aunque luego se empeñó inútilmente en pasarlo de muleta porque, rápidamente desangrado tras el puyazo accidentalmente bajo y demoledor que le pegó Antonio Saavedra – el mejor escribano echó un borrón -, el toro se paró y no hubo manera.

 

Pero con el cuarto  – un enorme, cuajadísimo y serísimo toro colorao ojo de perdiz con casi seis años cumplidos – se cruzaron los hados del toreo, coincidieron los planetas de la tauromaquia, lo quiso Dios y pudimos vivir algo que nadie, ni los más optimistas creíamos podría ocurrir: Que el toro embistió, que Ponce se esmeró crecido en una faena más marca de la casa que nunca en Donosti y que, como por encanto, se produjo la reconciliación del valenciano con la esta nueva afición donostiarra que, ojala, poco a poco vaya pareciéndose más a aquella que tanto distinguió a una de las mejores, más sabias, respetuosas y elegantes de España – sí España y que viva para siempre unida – y del mundo entero, la del añorado Chofre. 

 

Que ahora me ponga a contar cómo fue la gran faena de Ponce alargaría demasiado esta crónica. Sin embargo, sí quiero decir algo sobre cuan incomprendido sigue siendo como lidiador y torero Enrique para muchos que no para la mayoría que le admira. Y es la de su inmensa facilidad o, en su caso, de la aparente levedad de su ser y del hacer como si meter en el capote y, sobre todo, en la muleta tan templado, acompasado, rítmico toda clase de embestidas fuera la cosa más sencilla del mundo por hacer parecer a la gente que los toros buenos son buenísimos, los regulares buenos, los malos regulares y los malísimos posibles con la única condición de que se muevan. Bien o mal, pero que se muevan. Y el cuarto de ayer se movió bien o casi bien. Y como el Enrique Ponce civil y de paisano suele “escarbar” mucho y recelar más, casi nunca tras vestir de luces, instante en el que el ser inofensivo y extremadamente bondadoso que es el de Chiva se transfigura interiormente en un fiero guerrero aunque de ninguna manera en sus modales – elegantes, exquisitos, inteligentes, sedosos, incluso para algunos excesivamente perfectos –, sí se convierte definitiva y admirablemente en enrazao contrincante desde el fondo de su absoluta determinación y ambición. No de dinero, que ya le sobra desde hace mucho tiempo. Pero sí de poder seguir diciéndose a sí mismo por dentro – nunca lo proclamará por fuera porque no son sus modales ni así se los enseñaron – “L´Etat sést moi”, como proclamó en su lejano día el gran Rey de Francia, Luís XIV.

 

“Por mi alto sentido del honor y de la responsabilidad, por mi jamás decir no cuando alguien como ayer Pablo Chopera me pidió que volviera hoy a su plaza más querida, la que siempre soñó construir tu padre en vuestra hermosa ciudad y me necesitábais más que nunca, por siempre aceptar cualquier reto sea cual sea la situación en que me encuentre conforme a lo que me obliga el puesto que ocupo en el toreo desde hace tanto tiempo, ya por encima del bien, del mal y de cualquier contienda y a pesar de todo lo que ahora está pasando: El Estado soy yo, sigo siendo yo”.

 

Y Ponce siguió siendo él mismo, fue en efecto el mismo de siempre al tiempo que el público se rindió repentinamente cariñoso a su obra dentro de la aparente levedad de su saber y de su poder omnímodos en hacer el toreo más sencillamente fácil que vieron los tiempos. Lo demás ocurrido ayer en Illumbe ya está someramente dicho. Ni una palabra más porque hoy volverá a tomarla Ponce, agraciado por el elixir de la eterna juventud.

 

Que Dios te bendiga, Enrique. Y que todos los toreros se miren siempre en tí.                                          

    

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

9 Resultados

  1. Pepe dice:

    JOderos antiponcistas!!!! Señores, que son 18 años 18 en la misma cuspide del toreo y sigue y sigue… Otros toreros como JT cuando se vieron con el agua al cuello se retiraron, pero Ponce puso las cosas en su sitio con el toro delante. Y llego aquella genracion de jovenes de los 90: Rincon. Ortega Cano, joselito, Rivera, Jose Tomas, Juli y los actuales Manzanares, Perera, Talavante, Castella… y Don Enrique sigue ahi, en la primera linea del toreo. Que sea por muchos años Don Enrique…va por usted maestro.

  2. carlos el canario dice:

    Que lastima la espada una vez mas.Yo me hice poncista cuando en sus primeros años de matador cuajo una primera tanda con la derecha a un toro de Peralta en Valencia.La mano contraria desmayada,rematando con un cambio de mano y un interminable pase de pecho.Como si nada.Me acuerdo hasta del vestido blanco y plata.Lo que vino despues lo negaran algunos pero ha sido el torero mas importante de los ultimos veinte años.Le pese a quien le pese.

  3. Poncixta dice:

    Ponce es el futuro… y Del Moral el nuevo Corrochano

  4. sanchezmejias dice:

    la verdad sólo tiene un camino y hay que felicitar a José Atº del Moral por su persistencia en el buen camino a pesar de tanto detractor indocumentado, o documentado pero malicioso.
    Abundar sobre la categoría de torero de época que ostenta Enrique Ponce sería un tema muy aburrido, aunque del Moral no tiene más remedio que relatar lo que ocurrió en Illumbe con maestría, naturalidad, y con pasión lógica, la que debe gozar todo buen aficionado, sin envidias, de la actuación magistral de un torero excepcional, un buen compañero, y ejemplar persona. Claro que pensándolo bien, estamos en España, esas cualidades se suelen interpretar como delitos, y los que las poseen son odiados y las que las relatan unos odiosos. ¡Jo, que tropa!

  5. Luis Antonio Fuente dice:

    Impresionante, fantástico, fabuloso, apabullante …!!! Se me acaban los adjetivos como a Jose Antonio. Ayer estuvimos en Illumbe y cómo disfrutamos!! Nos quedó la pena de no ver a Enrique Ponce en hombros!! Pero lo que vimos quedará en nuestra retina y memoria por siempre!!! Lástima de primer toro desangrado porque parecía que también iba a valer. Ocurrió porque Saavedra no acertó y no quiso rectificar, pero como dice Del Moral, el mejor escribano echa un borrón. Llama la atención que algunos críticos sólo digan que el toro se paró sin darse cuenta o sin mencionar el porqué!!! Al conocer la sustitución, hoy vamos de nuevo desde el Botxo a ver al Maestro Ponce. Esperemos que los toros sirvan. Enhorabuena a los que pudieron ver la faena de ayer y qué ganas de que lleguen el martes y el jueves para verle en Bilbao.
    Por último, fantásticos artículos de Don Domingo Delgado de la Cámara (Snobs I y II). En Donosti, distinguí a varios “aficionados” de los tan magistralmente descritos en los mismos.

  6. david dice:

    Enhorabuena Maestro Del Moral por la pagina y la sensacional cronica de ayer y Enhorabuena Maestro Ponce por la Magia Eterna de su Toreo y su persona. Pero Del Moral, discrepo con usted en lo de Juan Ruiz porque al fin y al cabo él piensa en la comisión que deja de ganar si el Sr. POnce no torea, se mueve por interés. Por lo demás, Enhorabuena Maestro del Moral

  7. El Tritri dice:

    “Evite los insultos, palabras soeces, alusiones sexuales, vulgaridades o groseras simplificaciones”.
    “JOderos antiponcistas!!!!”
    ¿No van a borrar eso? No me siento aludido porque no soy antiponcista, pero me temo que así se escribe la historia.
    Me alegro mucho del triunfo de Enrique. Siempre me ha parecido un pedazo de torero pero insisto, eso no me impide sentir una enorme admiración por José Tomás.Del jardín de infancia ya salí hace algunos años. De egos sobredimensionados – Reysoles, napoleones etc- están llenos los pabellones psiquiátricos de los hospitales.Creo que incluso ya hay alguno allí que dice que es José Tomás…

  8. Pedro Abad-Schuster Pedro Abad-Schuster dice:

    Toreros de epoca, aun jóvenes, como Enrique Ponce, deben disminuir su numero de corridas en un 80% digamos, y mantener unas 10 corridas anuales en el mundo entero. Despedida si, pero no definitiva. Y torear en llenos completos por ejemplo en julio y agosto en Espana y Francia y diciembre y enero en Sudamérica. Cuanto extranamos ya a un Cesar Rincón, a un Miguel Espinosa- Armillita Chico- en México, a un Joselito en Espana. Enrique Ponce, y despues que.

  9. victor ramirez dice:

    yo tambien estoy de acuerdo de que no procede que usted publique comentarios soeces y ofensivos como el de “joderos antipocistas”.CUIDE lo que predonan.El respeto. gracias .y suerte en esta andadura.
    victor ramirez

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