Madrid (Vista Alegre). Comentario sobre las semifinales de la oportunidad

Pero, dejando aparte la nula propaganda y la pésima programación, la cosa ha ido bastante bien. Hay que resaltar dos aciertos de la edición de este año: en primer lugar, los becerros despuntados de años anteriores han sido sustituidos por novillos serios y astifinos. Y esto ha permitido que las actuaciones de los novilleros hayan tenido mucha más importancia. Además, tanto los santacolomas de Flor de Jara, como los domecq de Sotillo Gutiérrez, han dado un juego muy bueno con opciones de triunfo. Hay que destacar sobremanera el segundo de Flor de Jara y el cuarto de Sotillo, lidiados el domingo. Dos grandes novillos.

        

El otro acierto grande ha consistido en designar un jurado integrado por jóvenes periodistas que por primera vez ha elegido para cada fase clasificatoria a los novilleros que más lo merecían. Nada que ver con la mamandurria y el compadreo de los jurados de años anteriores, que con sus injusticias manifiestas colmaron de indignación a novilleros y aficionados. Este año, y por encima de orejas de regalo,  han pasado los que lo han merecido. ¡Chapeau!

        

Se han clasificado para la novillada final José Miguel Valiente, Juan Sarrión y Raúl Rivera. El albaceteño Valiente tiene que cortarse el pelo y evitar sus excesos gestuales, pero torea con temple y largura. Hizo una faena muy maciza al mejor novillo de los de Sotillo Gutiérrez. Si no cortó nada, fue por que la espada cayó tendida y el novillo tardó mucho en doblar. Tiene esa cadencia tan propia de los toreros de Albacete. Su estilo, un tanto indefinido aún, se irá decantando según vaya toreando. Tiene proyección.

 

Raúl Rivera tiene variedad con el capote, con las banderillas arma alborotos porque clava los palos con facultades y espectacularidad. Y con la muleta ha avanzado mucho en muy poco tiempo. No le cayeron los mejores novillos, pero, a pesar de las embestidas de cara alta, toreó con pulcritud y limpieza. Quizá las tres orejas fueron excesivas, y más teniendo en cuenta que con la espada estuvo regular, pero el madrileño, al estar muy por encima de un lote que no fue bueno, merece estar en la final.

 

Juan Sarrión, de Castellón de la Plana, está ya para torear con picadores. Hizo una buena faena, variada y de gusto clásico, al buen santacoloma que le tocó en primer lugar. Con un novillo de Sotillo nada claro estuvo tan bien, que nadie vio los muchos defectos del novillo. Conoce el oficio y torea con clase. La oreja fue lo de menos; lo de más, el futuro que puede tener.

 

Es obligado hablar de los que no se clasificaron. Tulio Salguero, de Badajoz, es de una irregularidad total. Tan pronto hace lo mejor como lo peor. Con la capa tarda mucho en pararse y ponerse a torear. Y con la muleta lo mismo da un muletazo templado y cadencioso de gusto exquisito, como un mantazo sin mando ninguno. Con la espada mal. Con el santacoloma tardó mucho en centrarse, y al domecq le acabó dando pases buenos hasta por el pitón malo. Pero tardó mucho en hacerlo. De todas maneras, a este chico hay que volver a verlo. Su estilo vertical y sus muletazos impecables, merecen nuestra atención.

 

El madrileño Álvaro Montalvo, mientras el novillo va y viene tontamente, da pases. Cuando ya hay que tirar de él, se viene abajo. Abusa del toreo hacia fuera, y su endeblez hace que le pesen los engaños. Habrá que darle buenos garbanzos de La Bañeza. Con el viento a favor y, sobre todo, con el capote tiene cierta gracia, pero cuando hay que llevar despacio al novillo, lo da tirones y lo echa para afuera. Justito de sifón y por debajo de un  lote muy bueno y muy noble.

 

Antonio José Espaliú imita en todo a su paisano Morante de la Puebla. Y esto es un problema: por genial e imaginativo, el toreo de Morante es absolutamente personal e intransferible, y los que le copian no son más que un pálido reflejo del original: una caricatura. Lógicamente la gente prefiere el modelo original.

 

Le tocó un santacoloma absolutamente extraordinario, muy bravo y repetidor. Espaliú no fue capaz de quedarse quieto y le desbordó la vibrante embestida de tan bravo ejemplar. Cuando le perdió la cara, sufrió un volteretón tremendo. Lo que le faltaba con lo justo que anda de valor. El bajonazo fue ignominioso y la oreja resultante de verbena del inserso… El novillo de Sotillo le dejó estar y aquí pudo Espaliú lucirse y sacar su toreo morantista. Es lógico que los chavales se fijen en los toreros consagrados, pero una cosa es eso y otra la copia servil, que no gusta a nadie. Orejita que, sumada a la otra, hacen dos y que, sin embargo, no le han valido para llegar a la final. Y es que por primera vez había un jurado serio y no la tómbola del tocomocho de otros años. Dentro de dos domingos sabremos el resultado final. 

 

 

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