Venezuela. En pos de una nueva Ley Taurina Nacional

El pasado jueves, en el seno de Asamblea Nacional el toreo en Venezuela ha dado un claro llamado de atención. Se ha demostrado que el lío del toro no es solamente cuestión de un rito, el cual se tiene como protagonista un hombre de reconocidas cualidades técnicas y físicas y un animal, seleccionado, criado y expuesto a una elemental prueba, donde se le permite el beneficio de luchar por su existencia. Más que eso, es identidad venezolana, tradición histórica y la esencia misma de la vida, la que se lleva a cabo en el ruedo, donde esta en juego la vida, y en la cual la inteligencia se impone sobre la fuerza bruta.

 

De la misma manera, tal y como se ha manejado el tema, significa esto un paso fundamental para de una buena vez la fiesta brava en nuestro país tenga un rango reconocido por las más altas instituciones del gobierno. Siempre fue visto como un elemento exótico, de clases privilegiadas, cuando la realidad dice todo lo contrario. Sus más grandes exponentes han venido de lo más hondo del sentir del pueblo, y es este a final de cuenta quien le mantiene, aprueba o no su desarrollo, como se evidencia en las grandes citas de la temporada o en su caso mas especifico, en el resto de festejos que a lo largo y ancho de la geografía nacional se escenifican en las principales plazas portátiles presentes en el país. No escapa a esta realidad el gran esfuerzo realizado por ganaderos, subalternos, novilleros, medios de comunicación y aficionados en su conjunto por no dejar morir el que es sin duda alguna una de las fuentes de ingresos a las arcas municipales más importantes, a razón de conceptos de impuestos y tributos con los cuales se le recarga, y aún así, se niega a desfallecer. ¿Y que ha recibido a cambio…?

 

Dicen que para haber grandes cambios se tiene que tocar “fondo” en el asunto. Creo que hace tiempo lo hemos tocado, e incluso sobrevivido en él. Y para muestra está, como en la ultima campaña taurina en suelo patrio muchos de los empresarios, osados por demás en arriesgar su patrimonio, empeñaron su “nombre” y “credibilidad” para echar adelante ferias como lo fueron la del Sol en Mérida, San Sebastian en San Cristóbal o en el mayor de los casos referencias como Maracaibo o Tovar. Todo esto ante el desconocimiento que supone el sector taurino venezolano ante las autoridades del Gobierno venezolano, un subterfugio donde cada quien corre por sus intereses, sin importar el presente y futuro de esta.

 

Vemos, como matadores de toros o subalternos no tienen seguridad social que les dignifique su esfuerzo y estatus como toreros, o por ejemplo, que la cabaña brava nacional se encuentre en sus niveles mínimos, lo que hace recurrir a la importación de toro bravo, o más grave aún comisiones taurinas sin norte o rumbo fijo, utilizándoseles como instrumentos de intereses personales… males que aqueja una fiesta brava a la que urge cambios no de fondo, sino de estructura, de bases internas, pues ha sido, y lo repito, sus peores enemigos y quienes más daño le hacen, quienes se benefician de ella.

 

El que se promulgue una Ley Taurina Nacional, debería contar con el consenso de todos los entes que velan por ella. No simplemente debe de ser capricho de un grupúsculo, sino más bien el consenso de todos, para de esta manera dar impulso al espectáculo más hermoso, más colorido, de mayor pureza y verdad, que lamentablemente en nuestros ruedos se ha tergiversado, siendo una pantomima.

 

Esperemos que este halo de esperanza no quede allí, en letra muerta o ideas engavetadas. Es el momento preciso para luchar sin mezquindades por cambios para bien… y que mejor circunstancia cuando sabemos que le hemos visto “las orejas al lobo”.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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