Málaga. Castella, único triunfador en la colorista aunque deslucida corrida picassiana

Plaza de toros de La Malagueta. Sábado 11 de abril de 2009. Tarde muy ventosa con lleno de no hay billetes en festejo televisado en abierto. Todo un éxito en este aspecto comercial y divulgador. Seis toros de Albarreal muy bien presentados y de juego en su mayoría deslucido en variedad de estilos. Tan noble como flojo el primero. El segundo desarrolló peligro. El tercero resultó noble aunque por lastimarse en una voltereta inicial terminó aplomándose. El cuarto se rajó a poco de salir. Al quinto, manejable, también le faltaron las fuerzas. Y el sexto fue el único que duró por su mayor casta y movilidad que, unidas a su franquía, transmitió mucho más que sus hermanos. Manuel Díaz El Cordobés (blanco con borrados en azabache y dorados mas capote de paseo bermellón): Estocada contraria, silencio. Pinchazo y estocada desprendida, silencio. Francisco Rivera Ordóñez (marino y pasamanería blanca): Estocada muy habilidosa, palmas tras muy leve petición. Estocada trasera algo caída, palmas. Sebastián Castella (negro y oro con bandas y espalda pintadas en cuadros de arlequín mas capote de paseo pintado con alegorías de picassiano cuadro Las Señoritas de Avignón): Gran estocada, petición mayoritaria aunque desatendida de oreja y protestas por no concederla seguida de ovación al matador que no quiso dar la vuelta al ruedo. Buena estocada, dos orejas compensatoria la segunda.          

 

La pintoresca tarde, nunca mejor dicho, se torció con el vendaval que sopló hasta más allá de la lidia del quinto toro, único momento en que Eolo se calmó, lo que permitió abrirse a los medios a Sebastián Castella y echar toda la carne en el asador frente a un animal que, para su suerte, fue el más lucido del cuajado y bien armado envío de Albarreal. Muy serios la mayoría de los toros, se conoce que para quitar la fama que La Malagueta todavía tiene de seguir siendo plaza de segunda pese a ser de primera desde hace años. Milagros de la televisión que muchos quisieran se extendieran a más festejos porque habrá que ver cómo son los toros de la corrida de hoy en esta misma plaza.

 

Lamentablemente, además del vendaval que impidió torear más allá de las rayas de picar, la mayoría de los astados no sacaron la fuerza, ni la casta ni la movilidad suficientes para que un espectáculo organizado con tan lujoso y original adorno se tradujera en completamente brillante.

 

Manuel Díaz El Cordobés ni siquiera pudo explayarse en ninguna de sus esperadas y simpáticas excentricidades y, aunque no fue poco su denuedo por agradar, no lo consiguió dada la evidente flojera del noblote primer toro y lo descaradamente rajado que resultó el cuarto. Algo peor ocurrió con el lote de Rivera Ordóñez que, por sus buenas hechuras, en el sorteo pareció que iba a ser el mejor y, a la postre, resultó el de más dificultades.

 

Porque el que hizo de segundo desarrolló peligro en la muleta y hasta puso en serios apuros al torero que se libró varias veces de ser alcanzado aunque, antes,  con el capote por verónicas rodilla en tierra y en banderillas se dejó parear por el propio Francisco con bastante soltura, único momento de su actuación en que la plaza pudo gozar con el aquí muy querido nieto mayor de Antonio Ordóñez y, actualmente, por cierto también empresario de la plaza malagueña. Tercio banderillero en el que, por lo poco que se prestó el quinto, las pasó moradas Francisco, teniendo que renunciar a un tercer par después de fallar repetidamente en los dos primeros. Luego se fue arriba Rivera y con la muleta hizo un notorio esfuerzo aunque ya no le valió para nada más que para saludar ciertamente disgustado.

 

La tarde toreramente hablando fue por completo de Sebastián Castella que venía de triunfar grandemente en Arles en su mano a mano con Juan Bautista y a fe que lo consiguió no solo por su mejor suerte con su lote, sino por su inequívoca disposición, resolución y sitio. El valor, cuando es auténtico, lo tapa todo y de ahí gran parte del triunfo logrado por el gran espada francés. Ya con el capote en sus dos toros se le vio que venía a por todas. Y así lo demostró con la muleta en sus dos faenas. Superior en extensión la del también más lucido sexto toro y de ahí las dos orejas que cortó aunque, en mi opinión y creo que también de la mayoría del público, debieron darle una del tercero pese a lo equívoco de su proceder al final de la faena cuando, en vez de ganarle al toro un paso adelante tras cada anterior para obligarle más a embestir – ya estaba casi parado el animal – Castella se aquietó impertérrito en un derroche de aguante, sí, aunque no fue efectivo. Pero, en fin, estos toreros tan estáticos son así y así suelen proceder casi siempre. La estocada, sin embargo, fue lo mejor. 

 

De su faena al sexto, los estatuarios del arranque y lo bien que lo metió y sometió con la derecha pese a lo mucho que se frenó el toro echando las manos por delante en cada embroque hasta que le hizo humillar, fue lo más meritorio. También los naturales, pese a que el toro por ese lado embistió a media altura. Y no tanto, hasta pasarse de rosca, el tramo final por circulares, cambio de mano frustrado, y los sucios arrimones con los que cerró la obra tan bien iniciada. Claro que con la espada, otra vez Castella volvió a ser un cañón.          

 

     

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

1 Resultado

  1. Carnicerito de Rekakoetxe dice:

    Con su final de temporada pasada ya nos avisó Castella de que su “año sabático” había terminado. El de ayer nos recordó al más fresco y valiente de sus comienzos, y aunque le falte algo de clase y de temple está más que preparado de nuevo para dar mucha guerra. Otro que va a arrear de verdad este año.

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