Otra edición más del libro ?Cómo ver una corrida de toros?

Esta nueva edición de “Cómo ver una corrida de toros”, coincide con la publicación del ensayo a su vez difundido recientemente en la revista Encuentros en Catay del que es autor el profesor José Campos Cañizares, profesor de la Universidad Wenzao, Kaohsiung, Taiwán, y que he publicado el libro El toreo caballeresco en la época de Felipe IV: técnicas y significado socio-cultural. El trabajo que nos ocupa ahora, ha sido publicado en el volumen 22, correspondiente al año 2008 (es de publicación anual y éste último número ha salido en marzo de 2009). La edita el Departamento de Lengua y Literatura Españolas de la Universidad Fujen, Taipei, Taiwán. Pasamos a reproducirlo a continuación:

 

 

ALREDEDOR DE UN MANUAL QUE EXPLIQUE LA CORRIDA DE TOROS Y LA CULTURA TAURINA    

 

 

 

Todo profesor de enseñanza del español, por ejemplo, dentro de la clase de cultura, se ha visto obligado, de algún modo, a dar una cierta explicación de lo que es la tauromaquia en su máxima expresión artística, es decir sobre la corrida de toros española o andaluza, pues debemos diferenciarla de otras modalidades festivas taurinas. Sabemos que a la cultura española, en el exterior, se la identifica de una manera muy concreta con esta manifestación popular que ha llegado a tomar forma, a través de los siglos, por el empeño de muchas gentes y con la oposición de otras tantas que abogaron por su desaparición. La polémica sobre la conveniencia de su existencia o su abolición no es nueva y, de alguna manera, es uno de los acicates que puede haber ayudado a mantenerla viva y que pueda darse en plenitud en el mundo de hoy, regido por parámetros morales que no menos la convierten, a ojos de los que no entienden su fundamento, en un vestigio anacrónico.

 

Seguramente ante esa explicación que el profesor de cultura española debería dar o manifestar, frente a tan polémico fenómeno, el contenido de su respuesta, en primer término, se decantaría según su propia postura ‘ética’ sobre el mismo. A favor o en contra. De ser contraria su posición, con una simple alusión a su existencia, rematada con una razonable censura a su pervivencia, solventaría y salvaría la temática sin verse comprometido a mayores profundidades. Ahora bien, ese hipotético enseñante, de tener una actitud favorable al evento taurino, a que se celebre, festeje y sobreviva, quedaría a merced de sus propios conocimientos ante tan prolija realidad, para poder abordar con una visión ecuánime, la evolución histórica de la tauromaquia y de su ritual. No digamos si pretendiera salir airoso, en la revelación escenificada de los apartados técnicos del toreo, tan plagados de suertes y recetas, en la diversidad de áreas que lo conforman.

 

Una adecuada ayuda, a mano, de fácil comprensión, para esa explicación satisfactoria del mundo taurino, de sus cambios en el tiempo, de sus secretos, de su psicología, de sus soluciones técnicas y de su realidad actual, la puede encontrar en la obra de José Antonio del Moral, Cómo ver una corrida de toros (2003), que, por otra parte, sin ser un libro novedoso (su primera redacción corresponde a 1994), se sigue vendiendo a buen ritmo, suponemos que por lo atractivo del título como por haberse difundido boca a boca su valía como guía práctica taurina, para introducirse y afianzarse en el conocimiento de una materia tan rica, sugerente y secretista como lo es la corrida española, hoy en día, extendida, con vigor, a otros países en Europa y en América.

 

No es la primera vez que se intenta dar en una obra de ese carácter una referencia global que inicie al profano al planeta de los toros, pero, posiblemente, nos podamos encontrar ante la presentación más completa y didáctica, pues ésta ha sido la voluntad del autor, llegar a los que no son aficionados y abrirse a todas las parcelas que rodean la corrida de toros. Como suele ocurrir en estos casos, ha quedado superado el original propósito del libro y se ha convertido, también, en una atractiva lectura para los entendidos en la materia taúrica, ya que a través de sus páginas se asientan nociones, se resuelven dudas, e incluso se desvelan aspectos que ni siquiera un aficionado cabal llegaría a reparar, aunque pudiera haber asistido a muchas corridas de toros. Es lo primero que nos dice J. A. del Moral que para saber de toros hay que ver mucho. Pensamos con él que igualmente útil es leer de toros e introducirse en su costumbre mediante un libro tan pedagógico como éste. Nos serviremos de su texto para comentarlo y exponer al hilo del mismo nuestras propias opiniones. Se intentará, en mayor medida, descubrir y despejar las incógnitas de lo que es torear.

 

Toma de contacto

 

En Cómo ver una corrida de toros se pasa revista a todos los aspectos que rodean y conforman el espectáculo, desde dentro y desde fuera. Así nos encontramos de entrada con la plaza de toros, el por qué de su arquitectura, de su circularidad (ruedo), con sus dependencias y su significado, con el atractivo de poder pasearlas las mañanas de corrida para asistir a la ceremonia del sorteo de los toros que lidiarán por la tarde los diestros actuantes. Muchos asuntos que preparan y conducen a la celebración de los festejos son abordados y desmenuzados, que nos informan de la elaboración de las ferias y de la composición de los carteles con toros y toreros, que debemos saber manejar y valorar, la importancia de todos los protagonistas (acompañantes, banderilleros y picadores, y sus funciones, personal del festejo y de la plaza, autoridades, presidencia y asesores), bagaje y categoría de los matadores de toros (primeros pasos, alternativa y trayectoria), saber situarnos en la vertiente que les conduce a ser figuras del toreo o a sus graduales aledaños, sin omisión de la fama de las ganaderías que los que visten de luces se han comprometido a torear.

 

Dispuesto lo reglamentado, con el público acomodado o al borde de sus asientos, con los toreros y personal que debe pisar el ruedo en el patio de cuadrillas, a la hora en punto, comenzará el paseíllo con sus estrictas normativas jerárquicas y su esplendor visual y sonoro. Una vez finalizada la entrada de los toreros en la arena, y acabadas las ceremonias pertinentes, el presidente del festejo con un pañuelo blanco, con el cual dará las órdenes, indicará que salga el primero de los astados de los seis que, normalmente, se corren cada tarde y destinados a los tres matadores de toros o de novillos que los estoquearán. Excepcionalmente para matar los seis toros pueden anunciarse dos matadores (mano a mano) o uno (lidiar en solitario). También puede celebrarse una corrida mixta, con matadores de toros y de novillos juntos en el mismo cartel. Un apartado específico del libro analiza el colorido y ritualizado aparato del vestido de torear, la diversidad de utensilios que son necesarios para enfrentarse a los toros, sus tamaños, composición, antigüedad y utilidad.

 

El toro

 

Donde J. A. del Moral se muestra más a sus anchas y donde su escritura toma vuelo, perspectiva y hondura, es cuando se adentra en el cogollo del tema taurino: el toro, la bravura, la lidia, qué es torear o el temple y su ilación en la faena. Aquí, en este terreno, en la valoración de lo que ocurre en el ruedo, en la diversidad del por qué, aflora su vertiente profesional de crítico taurino, labor ejercida a lo largo de casi cuatro décadas. De tal manera el recorrido sobre el toreo comienza con una reflexión en torno al elemento sobre el que gira el espectáculo artístico taurino, el toro, animal único en la naturaleza, nacido y criado para ser lidiado, a partir de la transformación experimentada desde el siglo XVII en su morfología y conducta, labor liderada por el hombre (ganadero: la tienta y la genética: ya metidos en el siglo XIX) para conducirle por el camino de la acometividad (bravura) y de la nobleza, para que el toreo se propicie, surja el éxito del matador y se posibilite el devenir de la propia tauromaquia. El núcleo de lo expuesto lo rubrica así el autor: “ha sido el hombre quien ha logrado perfeccionar una de las especies más exclusivas y maravillosas de la naturaleza hasta convertirla en lo que conocemos por el toro de lidia. La bravura no fue consustancial al toro en sus orígenes, sino un invento cultural del ser humano digno de toda admiración” (p. 53).

 

Concepto y término propio del toro es el de trapío, indefinible e impreciso, del que nos dice J. A. del Moral que variará, según la selección de ejemplares aplicada en cada ganadería,  pero que se hace patente en aquella res cuya “presencia causa respeto” (p. 61). Esencial al comportamiento de cada toro se prefigura la idea de bravura al “ser capaz (el toro) de luchar” desde “la franquía”, la nobleza, y con cierta fiereza, y “sin cansarse” (p. 63) en su empeño, que viene a ser la comprobación de la casta. En contraposición a esta predestinada facultad para librar una continuada pelea durante la lidia, se opone su posible renuencia a plantearla o seguirla, es decir la mansedumbre: que dependiendo de su proporción podrá permitir que sea o no toreado con mayor o menor plenitud y en correspondencia a las virtudes lidiadoras desplegadas por cada torero, a su pericia o nivel artístico. Para ello, en todos los casos, el toro deberá ser observado desde que salta a la arena hasta que se completa la faena con la suerte de matar, pues un aserto que acompaña la lidia de todos los toros, para que sea factible y eficaz, es que los diestros presten atención a sus reacciones, querencias y cambios, para acoplarse a sus condiciones y mejorarlas, y de cuyo análisis saldrá el veredicto para medir y premiar a cada uno de los matadores. Surgirá una amplia gama de comportamiento en los astados entre la bravura y la mansedumbre, y, por lo tanto, quedará ampliado el concepto de toreabilidad.

 

La lidia y el temple

 

La lidia es definida como un continuo acoplamiento del torero a las buenas condiciones del toro, si las tuviera, más un saber limarle, corregirle y aumentarle sus malas reacciones en un proceso que conduce a un máximo aprovechamiento de cada toro desde los conocimientos de cada torero. A lo largo de los tres tercios de la corrida: varas, banderillas y muleta, se irá preparando al toro para su muerte, y en ese camino, debe procurarse ese máximo ajuste de torero y toro, ya sea a la defensiva si el astado es áspero y violento o en buena lid disminuyendo sus males hasta un extremo, o alcanzando el pleno ceñimiento con él cuando técnica y arte se unen para que el torero, según su personalidad, aproveche e interprete, aquí, la bondad de ese astado. En este último caso, fin, necesario y vital del toreo, empleará el procedimiento del temple, pilar de la técnica taurina y sin el cual no es posible ni decir, ni expresar, lo que el torero siente, ni dejar ver lo que el toro lleva. ¿Qué es el temple? Dos teorías se mantienen y que J. A. del Moral nos describe: 1) El temple sería “acomodar la velocidad del engaño a la velocidad de la embestida del toro de modo que los pitones nunca logren alcanzar y menos enganchar la tela del capote o de la muleta (…) hasta el final del lance o muletazo”. 2) O bien, “acomodar el torero la velocidad de la embestida del toro al movimiento del engaño. O sea, imponer al toro una velocidad menor, obligarle a embestir más despacio de lo que quisiera, ralentizar sus acometidas” (p. 92). En todo esto tiene mucho que manifestar el toro, cómo sea de bravo y de fiero, de manso y de remiso. Sin duda, también, influye la maestría del torero. La primera manera de entender el temple, que hemos citado, es la más lógica y fácil, por factible. Ahora bien, nos dice el autor: “la segunda versión es la que explica el excepcional sentido del temple con el que algunos maestros han logrado y logran torear” (p. 93).

 

¿Qué es torear? Y el aficionado

 

Surge la pregunta fundamental del tema, ¿qué es torear? De conocida respuesta: dominar y dar muerte al toro. Entendiendo que es un aspecto que ha ido variando en el tiempo. Al principio, en la época que arrancaba la tauromaquia de a pie se imponía la lucha con el toro y el intento de acabar con él, saliendo el torero libre del empeño (siglos XVIII y XIX). La fiereza de los toros lo demandaba. Nos encontraríamos, fundamentalmente, ante un toreo sobre las piernas del torero, en movimiento, que podríamos denominar de defensivo. Pero todo cambió con un acto revolucionario de Juan Belmonte, a comienzos del siglo XX, cuando introdujo la quietud de pies del diestro para hacer el toreo, preferentemente, sobre los brazos, moviendo los engaños para que pasara el toro. La revolución belmontina, en el criterio de J. A. del Moral, no ha terminado de perfeccionarse al aplicársele una mejor técnica (en parar), y en mandar y en templar, según se han sucedido las etapas, donde diferentes toreros (citemos algunos que al autor le convencen: Manolete, Antonio Ordóñez y Enrique Ponce) se han encargado de mejorar ese entramado “de temple, armonía, suavidad, largura, intensidad” (p. 95) bajo la cimentación de la quietud, que conformaría cada pase y cada tanda, al servicio del conjunto global o lidia. Y que en el caso de producirse durante la suerte de la muleta coronaría lo que se denomina y entiende como faena, antes de la estocada.

 

Diversos términos técnicos de enorme trascendencia (siempre en boca de los aficionados: en los que no terminan de ponerse de acuerdo) son analizados por J. A. del Moral. Alrededor de la ‘misteriosa’ concepción (para muchos) que acompaña a la acción de cargar la suerte[1], elude entrar en sus primitivas definiciones o formas, y la sitúa como un elemento que se fue fijando después de esa quietud introducida por Juan Belmonte, que a su vez arrastró hacia una renovada dimensión el hecho de parar, mandar y templar “las embestidas de los toros”, y que contrajo (en plural) “cargar las suertes: alargarlas, prolongarlas hasta el máximo de lo posible cargando el peso del cuerpo sobre la pierna que marca la salida al viaje del toro”. A esta sucesión de componentes dentro de cada lance, muletazo o acción habría que darle unidad que adquiere conjunto en la ligazón de suertes, en “unirlas, juntarlas, coser unas a otras” (p. 95). Como nuevos aditamentos del toreo moderno, o en nueva vertiente, coloca ideas y reglas que, es probable, siempre estuvieron en la diatriba de lo taurino, caso de distancia, cruzarse, el lugar desde donde agarrar el engaño para torear, la altura desde donde presentar la muleta o el capote (engaños) al toro. Y otros ‘pormenores’ de la técnica del toreo. Para ‘del Moral’ existe una enorme amplitud de modos y maneras: “Cada toro tiene su sitio, su distancia, su altura, su velocidad, su temple…De encontrarlos y acoplarse a ellos depende la categoría y la calidad del toreo” (p. 96).

 

Esta amplitud de miras nos lleva a comentar uno de los principios básicos que el autor defiende para llegar a ser un buen entendido: “El mejor aficionado es aquel al que más toros y más toreros le caben en la cabeza[2]” (p. 152). Postura que nos parece encomiable por la generosidad de espíritu que habría que mantener en conseguirla, por situarnos en plena dialéctica entre la aplicación de la tauromaquia de hoy y la de ayer, plagada de preceptos clásicos e imperecederos, que muchos aficionados creen vitales y necesarios. Pues a medida que quisiéramos ahondar, como aficionados, con pureza, rigor y sin concesiones, en el meollo del toreo, nos iríamos situando en la periferia del mundillo taurino, que curiosamente obliga a abrirse y aceptar diversidad de formas y enfoques nuevos. El aserto de ‘Del Moral’ aboga por una posición ecléctica y moderna.

 

Nos parece interesante reflejar, a continuación, diferentes frases de J. A. del Moral sobre qué es torear que ayudan a entenderlo y entenderle: 1) “en el sentido más actual de la palabra y en primer término, es dominar todas las embestidas del toro hasta agotarlas, dejándolo en la mejor tesitura para entrarlo a matar con mayor facilidad”. 2) “es llevar a cabo lo anterior expresándolo con naturalidad, con garbo, con belleza en definitiva”. Frases que unidas a otras que sirven para baremar a los toreros, conforman una tipología de reflexiones que nos ofrecen una visión, de las muchas existentes, sobre la tauromaquia: 3) “hay toreros de todas clases y para todos los gustos. Los hay que todo lo cimentan en el dominio de los toros y los que lo basan en ‘el arte por el arte’, razón por la que su intención esteticista solamente tiene solución con un reducidísimo número de toros, los que se acoplan a sus exquisitas maneras”. 4) “debemos considerar mejores toreros a los primeros, a los que más toros logran dominar y torear”. 5) “el mejor de todos es el que, además de dominar toda clase de toros, lo hace transmitiendo a los espectadores su propio sentimiento, su más íntima emoción. O sea, lo hace con ‘arte’” (p. 96). Finalmente: 6) “Los espectadores, y mucho más los aficionados, por más entendidos, no deberían exigir a todos los toreros por igual, sino pedir a cada uno lo que es capaz de hacer según sus virtudes, sus limitaciones y siempre en función de la calidad del toro que tiene enfrente” (p. 97).

 

Los dos primeros tercios: capote con varas y banderillas

 

Los veinte minutos que viene a durar la lidia de un toro están sometidos a una división de funciones que bien ejecutadas preparan al astado para la muerte, finalidad de la función taurina. El primer tercio se compone del toreo de capa y de la suerte de varas. Se recibe al toro y se le va midiendo según sus reacciones, condiciones y fuerza. Se aplicará una brega que supone enseñarle y corregirle mediante el empleo del capote. De ella se encargarán los propios matadores o sus peones, siempre todo conducente a que le prepare al toro para la faena de muleta para que llegue a ella con las mejores embestidas. Existe una amplia gama de suertes de capote cuyo eje central está en la verónica, lance más antiguo del toreo: en él se cita al toro ‘semi de frente’, dándole el torero ‘medio pecho’, a pies juntos o separados -aquí, la pierna contraria adelantada-, con quietud, para vaciar y rematar el pase, girando el cuerpo del torero (mientras pasa el toro) hasta lograrlo, y conseguir terminar en posición de continuarlo, hasta que llegue el cierre de la media verónica o despedida final del toro. Según sean lances de recibo o realizados tras ser picado el toro se darán en mayor o menor cantidad, y con un sentido artístico si se emplea en un quite.

 

El autor explica un variado abanico de suertes de capa fundamentales con suficiente claridad al igual que lo hará en los turnos de las suertes de banderillas y de muleta, respectivamente. Pero antes, metidos en el toreo con el capote, tiene lugar la suerte más polémica y menos popular de la lidia, la suerte de varas, que para los aficionados que van a ver al toro se convierte en fundamental. La cita del toro con el caballo para ser picado sirve, principalmente, para restarle fuerza al toro y que pueda ser después toreado con la muleta. En este punto J. A. del Moral expone que el castigo deberá medirse: “en relación a la fuerza de la res, que puede ser mucha, justa, escasa o ninguna” (p. 118), y con ello abre la caja de los truenos. Ya que esta opinión para un aficionado riguroso y defensor de la integridad y fortaleza del toro bravo sería poco menos que inaceptable, de permitirse que la pujanza de la res fuera ‘escasa o ninguna’. Aquí tenemos el apartado más evidente y verídico de división y de fractura ideológica entre los taurinos, sean toreristas (permisivos: porque valoran la labor del torero por encima de las condiciones de los astados) o toristas (intransigentes con la presencia de toros sin trapío, sin peso y sin fuerza: porque aprecian sobremanera el comportamiento del toro sin importarles que pueda ajustarse a los deseos de triunfo de los diestros de cada cartel).

 

No es punto baladí pues en los últimos años debido a la disminución y escasez de fuerzas de los toros que se lidian en la mayoría de las poblaciones, el reglamento taurino (1992) rebajó las veces que debía acudir el toro al caballo, de tres varas a dos en las plazas de mayor categoría y de dos a una en las demás. Es normal ver una sola vara ante toros de fuerza media o justa (encuentro eterno al incluir todo el castigo) o un simple picotazo cuando el toro carece de poderío. Por este camino se llegará a un final que puede que excluya esta suerte de la tauromaquia o que quede limitada su práctica a ciertos festejos en ciertas plazas[3]. Al margen de esta vislumbre de futuro debemos indicar que la suerte de varas, así lo manifiesta J. A. del Moral, es necesaria porque deja ver las cualidades del toro: fijeza y celo, o su contraria reacción; y porque “sirve también para corregir algunos defectos del toro, principalmente por lo que se refiere a su manera de mover la cabeza al embestir” (p. 118). Lo ideal es que se mida el castigo y que el toro acuda al peto cuantas veces sea necesario. El autor es partidario de que la suerte de varas quede supeditada a la posibilidad de otras suertes para que se produzca el toreo en pos del éxito del torero.

 

De centrarnos en la suerte en sí, el toro acudirá a distancia hacia el caballo, colocado en el tercio de la parte opuesta a la querencia del astado, y allí en su encuentro con el picador se le hará sangrar y se le ahormará. La llamada al toro del picador, realizada con la vara, acabará con la introducción de la puya (punta de acero cortante de cerca de tres centímetros -que con cordel puede llegar a casi nueve-) cuando llega a jurisdicción, es decir antes de chocar con el caballo, y se le deberá situar en el morrillo o cerviguillo, allí donde acumula un montante de grasa muscular propicia para descongestionarle, y nunca se colocará en el hoyo de las agujas o cruz, o más atrás, pues se toca con las vértebras y se quebranta al toro. Una vez castigado el toro le despedirá el caballista por su derecha para que pueda volver a la cita. Todo esto está reglamentado. Ahora bien, de nuevo topamos, pensamos, con otro de los enigmas del toreo, ¿cómo es posible que de manera rutinaria se pique trasero? Es un suceso tan común que nadie se pregunta el por qué, e incluso, se llega a ver aplaudir esta mala colocación de la vara porque el toro empuja y el picador la enhebra arriba, y no en los bajos -otro lugar predilecto de los picadores- sin tener que rectificar. Como se suele decir ‘doctores tiene la iglesia’ y no toquemos más este asunto movimos por nuestro propio empeño. Coincidimos con J. A. del Moral en la necesidad de una buena ejecución de esta suerte, y que cuando esto se logra se alcanza uno de los momentos más bellos de la lidia. A medida que se acrecienta la distancia desde donde acude al cite el toro hacia el caballo, y a medida que puede repetirlo en más ocasiones y con mayor brío, poder y fijeza, demostrará su bravura y preparación para la pelea. Ello sería crecerse al castigo.

 

(Las banderillas)

 

Acabada la suerte de varas con sus posibles quites artísticos vendría la suerte de banderillas (palos cilíndricos de unos setenta centímetros acabados en un pequeño hierro que culmina en arponcillo para quedar prendido) donde al toro se le colocan tres pares equilibrándose que sea por los dos lados (o pitones) ya sean puestos por los peones o banderilleros o por el propio matador que intentará, si así lo decide, lucirse sin olvidar ser eficaz, es decir cumplir con la función que tiene la suerte. Que es la de avivar al toro, excitarle, mientras recupera la distancia, la vista, perdida durante la suerte de varas. Es el momento en que se puede estudiar la embestida del toro poco antes del comienzo de la faena, por eso el matador debe observar cómo toma el capote cuando es puesto en suerte, si lo hace con largura, recorrido y bonanza, o bien muestra reacciones contrarias que dificultarán que sea pasado con la muleta. Del Moral expresa con acierto, el aspecto fundamental de que el tercio sea “breve” (p. 137) con pocos capotazos. Después explica las maneras de practicarla, donde la más común y clásica es al cuarteo, en la que el banderillero describirá “medio círculo” hacia el toro, tras haberle citado en la distancia conveniente del centro del ruedo hacia el tercio, yéndose hacia el lado o pitón por el que decida entrar, y encararle en “el centro mismo del cuarteo” (p. 138) -cuando se reúnen toro y torero- metiendo los brazos éste entre los pitones (asomarse al balcón) para clavar el par desde arriba (desde la altura de la frente del torero) que momentos antes fue sacado desde debajo de la cintura, y dirigirlo a la cruz del toro. Acabada la suerte el torero posee toda la información de cómo es el toro, su embestida.

 

El toreo de muleta

 

Entramos en la suerte de muleta, en la actualidad la más solicitada y esperada por los públicos, y por ello, donde hoy en día el matador intentará dar lo máximo de sí mismo, porque con el simple hecho de mostrarse buen muletero puede captar el grado de buen torero e incluso llegar a ser figura del toreo. Será de vital importancia que posea un específico conocimiento de las suertes con muleta en mano, en las que aplicará la técnica conveniente según la condición de cada toro de los que se enfrente, para en la medida de lo posible lograr entenderles, sacarles faena o cuajarles al máximo. En este apartado según J. A. del Moral: “Se ha llegado a tal grado de perfección en el toreo de muleta que el público ha preterido las suertes de los otros dos tercios de la lidia en beneficio de la bondad de la faena y de su consecución reguladora” (pp. 145-146).

 

La faena de muleta no siempre será posible o podrá lograr un desarrollo vistoso. De no prestarse el toro a ser toreado el matador le dará los pases que encajen y le preparen para una pronta muerte. Por el contrario si el toro atesora bravura y nobleza, el torero se pondrá manos a la obra en irle mostrando el camino dentro de un continuado recorrido de pases ordenados en diversas tandas de muletazos, las necesarias, por los dos pitones, si son francos, que reunidas, formarán el conjunto de la obra que se denomina faena de muleta. Consistente en esencia en exprimirle las embestidas a los toros, las precisas, mediante un catálogo técnico en el que cada pase contendrá una secuencia de contenidos o requisitos técnicos, y que empiezan con el cite del toro una vez esté parado el torero, y a ser posible el toro.

 

En el comienzo del núcleo de la faena, entonces, se adelantará la muleta (a la altura de la cara del toro) para llamarle, situado el torero de frente, ofreciéndole medio pecho de su cuerpo, para una vez arrancado el toro embeberle en el engaño, llevarle con temple, “sin enganchones”, mediante el movimiento de la muleta, a la altura debida, pero accionada de arriba abajo y hacia adentro, y conducirle, o mandarle, lo más lejos posible con la descripción de un círculo, y hacia atrás de su cuerpo (de la cadera del torero), cerrando cada pase, culminado con la muleta “por debajo de la ‘pala’ de los pitones del toro”, en un remate que le deje en posición de poder continuar con otros, de nuevo iniciados mostrándole la muleta “por delante y frontal” (p. 151), para ligarlos, hasta que decida acabar con la serie (tres, cuatro, cinco, seis muletazos, pueden ser suficientes) con el pase adecuado. Mientras, el torero habrá permanecido en el mismo terreno, sin cederlo, ni rectificarlo, y “girará sobre sus pies, semejando un eje vertical” para que el toro lo haga “a su alrededor, describiendo un círculo horizontal” (p. 150). Para J. A. del Moral no cabe duda “que el toreo más puro es aquel en el que el torero, permaneciendo quieto de pies, consigue que el toro le rodee varias veces, y cuanto más despacio, mejor” (p. 151). Con la muleta, los pases, fundamentales, surgirán naturales o regulares, los que conducen al toro “por el mismo lado que (se) le cita” (ejemplos más notables: el pase natural y el pase en redondo o derechazo), o serán cambiados, “en los que torero cita al toro por un lado y le da salida por el contrario” (principalmente, el pase de pecho o la trinchera), o también ayudados, cuando se sostiene “la muleta y el estoque con las dos manos, por lo que la salida del toro no es natural ni contraria” (pases ayudados por alto y por bajo) (p. 156). Más la rúbrica de los pases de adorno (molinete, kikirikí, giraldilla, desplante).

 

Llegados a este punto hay que declarar que el torero poseerá la virtud de entender que las condiciones del toro dictarán las posibilidades artísticas de la faena. El acoplamiento a las diferentes cualidades de los astados es el desempeño en el que estará metido todo matador que quiera llegar a encabezar el escalafón de toreros, para poder torear más y con mejores garantías de éxito. Una de las exigencias actuales del espectáculo es que los toros, a pesar de sus variadas reacciones, sean propicios a una media de triunfos equilibrada de los toreros. Por ello se mantendrá una tendencia (política ganadera) a que salga por los chiqueros un toro ideal en bravura, nobleza y fijeza, que obedezca a los cites, que repita “las embestidas sin salirse suelto de las suertes”, que no puntee la muleta ni cabecee, ni tire tarascadas. Más otras componentes que nos parece interesante reflejar según las expresa el autor: “Al iniciar la embestida, debe tomar la muleta con la cara baja, manteniéndola así o a media altura desde el ‘embroque’ hasta el final del pase; no se quedará corto, ni interrumpirá el viaje de cada muletazo en el transcurso de la faena; no se parará ni se frenará; no se ceñirá vencido hacia el torero por ningún pitón; mantendrá el mismo ritmo de acometida” (pp. 149-150). Algunas más especificas, entre las que destaca que el toro deberá cuadrarse con prontitud cuando el torero finaliza la faena y hacerlo con “rectitud” de “manos y patas” (p. 150), antes de ir a morir al centro de la plaza tras haberle introducido el torero la espada.

 

De convertirse la faena de muleta (diez minutos amenizados con la interpretación de algún pasodoble, a excepción de la plaza de Las Ventas, Madrid) en un conjunto de suertes ligadas, bellas y superiores, subrayadas con la peculiar apostura de cada matador, puede ocurrir que el momento crucial de la estocada, antaño soporte de la lidia, sea examinado por el público de una manera laxa (no por el aficionado), con lo cual una ejecución defectuosa de la misma puede abrir, de igual manera que su perfecta realización, la puerta que permite el triunfo del torero. Antes de meternos de lleno en la ejecución ortodoxa de la estocada, creemos necesario apostillar que, ante toros de similar juego, con respuestas técnicas en la interpretación de las suertes de parecida composición por parte de los toreros (lances de capote y pases de muleta), la variedad surge y se sostiene en la actitud estilística de cada matador, en su estilo, en su “sentido del gusto”, en “la elegancia particular de cada intérprete” (p. 152), que convencerá o no a los aficionados y que, a partir de su eco, podrá crear escuela, y adhesiones particularistas imperecederas (los seguidores, un ámbito de presión). Para J. A. del Moral, el buen aficionado es aquel que respeta todos los estilos de torear. Pero aquí, podríamos decir que no hay consenso pues cada aficionado tiene sus particulares gustos y querencias que les convierten, en infinidad de casos, en particularistas y no universalistas.

 

Traemos a colación las palabras de J. A. del Moral que rematan esta última reflexión sobre el acto de torear: “se debe decir según el sentimiento de cada intérprete sin tratar de imponer a nadie un estilo determinado, sino dejándoles libertad de expresarlo como lo sientan. Precisamente, la capacidad comunicadora del torero y la libertad en su interpretación son las que confirman su rango artístico” (p. 152). Dejamos al margen las necesarias condiciones técnicas de cada torero, el valor, su claridad de ideas, su rapidez de pensamiento y su profesionalidad. Y estamos de acuerdo con el autor en que, normalmente, “el torero hace lo que puede, no lo que quiere” (p. 153) porque el toro y la tarde no siempre son ideales. Por lo tanto, a veces, tendrá que variar los conceptos técnicos (distancia, colocación, ejecución) para aplicarlos convenientemente a cada toro, según sea.

 

La suerte suprema

 

En el momento exacto cuando el matador ha dominado con plenitud al toro boyante, o no puede conducirle más si ha mostrado dificultades, deberá montar la muleta para culminar la obra mediante la estocada, y que acaba con la muerte del astado. Decisión importante y no siempre fácil de ver o adoptar. De no acertar en ello, el torero puede verse superado por la situación y no le encontrará la muerte al toro en el primer instante que abre el conducto del éxito. De alargarse en la suerte de matar todo lo anterior quedará borrado de la mente de los espectadores. Así una gran faena necesita una excelente estocada. Y una faena meritoria gana con ella. Lo demás será emborronar lo realizado. Por eso nos encontramos ante lo que se denomina suerte suprema o la hora de la verdad.

 

Tomado el estoque verdadero, tras haberlo cambiado por el simulado, el torero se situará en el terreno más adecuado y cuadrará al toro, acción que requiere una postura determinada del astado, para que desde allí se arranque idealmente, y que nos explica J. A. del Moral: “juntas las pezuñas de las manos, sin que ninguna se adelante a la otra, y cuadradas con respecto a las patas, aunque la posición de estas últimas no exija tanto rigor” (p. 192). Normalmente, el lugar elegido para realizarla es el tercio, donde están las rayas que fijan la suerte de varas, más idóneo fuera de la segunda raya hacia el centro del ruedo con el toro paralelo a la barrera. Entonces se buscará la suerte natural (costado derecho del astado dando a las tablas), para toros que son más bravos, pues el toro saldrá hacia las afueras, o la suerte contraria (costado izquierdo mirando a la barrera), para toros con tendencia a la mansedumbre, para que tomen los adentros (es decir, dirigirán su embestida en la salida de la suerte hacia las tablas). Existen otras variantes dependiendo del final de la faena o de las condiciones mostradas por los astados.

 

Bien, de instalarnos en la más común, metidos en la suerte, con el matador frente al toro, entre metro y metro y medio de distancia, ésta se realizará en tres tiempos. Primero, el torero se perfilará a pies juntos, dirigiéndolos hacia el centro de los cuernos del toro, seguimos la acción leyendo a J. A. del Moral: “sostenido el estoque por su empuñadura -con la mano derecha a la altura del corazón y la muleta en la mano izquierda ‘liada’ o enrollada en el palo del que pende- la presentará baja, rozando la arena. Avanzará entonces la pierna izquierda hacia delante y al tiempo que el matador ‘arranca’ para herir (‘arrancar’ es el segundo tiempo de la suerte) adelantará con fuerza y determinación la mano que empuña la espada hacia la cruz y la muleta hasta las pezuñas del toro, de modo que éste humille al embestir y descubra mejor el sitio donde penetrará la espada. Y a la vez que el acero se hunde tras el morrillo del toro, la muleta conducirá su embestida hacia fuera como en un pase cambiado de pecho, con el que el torero se librará de ser tropezado, mientras el toro sale mortalmente herido del embroque. Este ajustado cruce entre toro y torero (‘hacer la cruz’ o ‘cruzar’ lo llaman) es el tercer y último tiempo de la suerte de matar (p. 198)”.

 

Dependiendo de que arranque  o no el toro, y de que lo espere el matador o vaya hacia él, surgirán, las suertes llamadas de recibir, al encuentro, y volapié. Cada una tiene su por qué, y ha tenido mayor o menor relevancia en la historia de la tauromaquia. De los resultados depende el éxito, y de esa entrada del estoque en el toro nace una rica terminología que va desde el pinchazo, a la estocada entera, o quedarse en media. Según se clave el estoque o se sitúe en un lugar del toro, con una determinada trayectoria, surgen infinidad de definiciones y sobre ellas, a posteriori, discusiones entre los aficionados[4]. Puede que para que sobrevenga la muerte del toro se tenga que repetir la suerte, normalmente en demérito de lo realizado, como hemos indicado, o, incluso, se acuda al descabello, y, finalmente, se use la puntilla. La obra del matador se premia o se censura con sus correspondientes grados o niveles de reconocimiento o rechazo. Y el juego librado por el toro, también. Para el torero

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

40 Resultados

  1. david_izurieta dice:

    Enhorabuena Maestro!!!!!

  2. Pedro Tudela dice:

    El ingrato,acomplejado y envidioso mundo del llamado “toreo oficial”le debe a usted un gran reconocimiento por todo lo que usted ha hecho y sigue haciendo por la difusión del toreo.Es usted uno de los grandes pese a quien le pese.
    Mi reconocimiento y admiracion Sr. del Moral

  3. Fernando Torres dice:

    Mientras otros se comen ellos solitos las limitadas ediciones de sus libros,usted y Simone Ortega,arrasan en Alianza Editorial.Además,gracias a la buena acogida que tuvo su libro en Alianza,le abrió usted las puertasara que Alinza se treviera a publicar libros de temas taurinos de otros autores comtemporaneos,ya que Alianza al principio era bastante reacia,tengo entendido.
    Felicidades

  4. German Lopez dice:

    Mientras usted sigue contribuyendo a que el universo taurino trascienda a lo largo de decadas y de generaciones y sus libros sean motivos de ensayos universitarios como estos.Su obsesivo y pequeño contrincante,que tanto respeto y agradecimiento deberia tenerle a usted.Sigue erre que erre ,con las difamaciones personales,ya que dificil lo tiene en lo profesional. A pesar de su alto cargo en el reinado de las 6 Torres.Es una pequeña persona obsesionada con usted,dedicando mañanas y tardes a colarse por blogs para difamarle.En lugar de cojer a sus niños y llevarselo los sabados de barbacoa.Me gustaria verle de que comeria el “pequeñin”si de golpe se esombrecieran los colores de su revista.

  5. Teodoro Alvarez dice:

    Me ha gustado mucho esta nueva versión de su libro “Como ver una corrida de toros”.Aunque de aspecto muy similar a la versión de lijo,al no tener la portada de cartoné,es mucho más manejable.Está más actualizado y con más fotos.Y l precio me parece más rasonable que el de la versión de lujo que vale casi 40 euros,mientras esta edición vale como unos 19 euros.

    ¿para cuando una versión en inglés?

  6. Ramon Herenade dice:

    Me alucino de ver como en la Tienda de MundoToro,portal taurino,su libro “Como ver una corrida de toros” es el libro más vendido año tras año.Supongo que en otros portales con venta de libros on line ,asi como en las seccciones de toros de las librerias pasará algo similar.Sin embargo muchos medios no dicen ni pio.O usted es mal profesional o provoca bastante irritación entre parte de sus colegas,donde con perdon abunda bastante pobre mediocre.

  7. Antonio Lertet dice:

    Mis felicitaciones por este articulo y por la nueva edición de su universal libro.Aunque me temo que a su pesado , obsesivo y bajito adversario y colega,acertadamente llamado “La Enana Letal” no le va a gustar mucho.Y estará destilando su ya conocidisimo veneno para pasearse por blogs variados ,a tirar dardos envenenados contra usted.Le puedo asegurar que casi siempre lo hace de motu propio y no por que su jefe “La alucinada”propicie el que le ataque a usted.La pura mediocridad de la “enana letal”le basta para generar frustración y hiel suficente para
    atacarle sin descanso y sin necesidad de que nadie se lo ordene¿se aburre la enana letal en el reino de las 6 torres?

  8. Diego Marquez dice:

    Magnifico y ameno libro,sencillo en la comprensión y de fácil lectura.estoy de acuerdo, de que su libro tiene que ser uno de los más vendidos en lengua castellana como “Manual didactico para nuevos aficionados”

  9. Fernando Martorell dice:

    Enhorabuena.Su libro sigue vendiendo,por una razón fundamental “usted se cree lo que escribe””sabe de lo que escribe” y su lenguaje es asequible para todo el mundo.aunque algunos puedan pensar de que tanta sencillez en el escribir ,signifique no saber escribir.No sé si usted abrió las puertas para que Alianza se atreviera a editar libros taurinos de otros autores contemporaneos,pero si de que usted fué uno de los pioneros.Y de los que más vende,al menos viendo las listas de los más vendidos en MUNDOTORO.COM

  10. Francisco Gomez dice:

    El libro “Como ver una corrida de toros”,no solo es ameno y didactico,sino que tiene uno de los titulos más certeros de la literatura taurina.El titulo solo,vende por si mismo.Luego han salido multitud de libros que pretenden ser manuales de tauromaquia,algunos tal vez sean hasta mejores que el suyo-cosa que dudo-.Pero el titulo de su libro vende por si mismo.

  11. Evaristo S. dice:

    Su libro señor Del Moral,es ya todo un clásico en la literatura taurina comtemporanea.por eso no me ha sorprendido nada este estudio sobre su libro de la Universidad de Taiwan,supongo habrá multiples ensayos y reflexiones sobre su libro en otros departamentos y universidades.Con este libro dió usted en el calvo.
    Mis mas sinceras felicitaciones por esta nueva edición del libro ¿Como ver una corrida de toros?

    Evaristo Santizo

  12. tomasistassi dice:

    He visto la nueva edición de su libro “Como ver una corrida de toros” y las actualizaciones que hace usted de la trayectoria de algunos toreros.¿tanto cree usted que ha cambiado la trayectoria de José Tomás con respecto a la última actualización de su libro como para realizar estas ultimas modificaciones?

  13. Alvaro del Valle dice:

    Creo señor Del Moral,que en esta nueva edición de su libro”Como ver una corrida de toros”,no es usted objetivo ni justo con los perfiles profesionales de algunos toreros.Debe de tener en cuenta de que un libro no es un periodico o una revista ,que se tira a la papelera cada dia o cada semana.El libro perdura a lo largo del tiempo y otros futuros lectores tal vez tengan una información no ajustada a la realidad si se leen su libro dentro de 5 o 10 años,pongamos por ejemplo.Podria usted escribir sobre las trayectorias profesionales de algunos toreros con un poco más de reflexión y reposo.

  14. Octavio Lagunes dice:

    Felicidades por la nueva edición. “Como ver una Corrida de Toros” es el Best Seller de los libros taurinos. Enhorabuena.

  15. Pedro Abad-Schuster Pedro Abad-Schuster dice:

    De ser traducido al inglés, idioma universal, el libro del Señor Del Moral sería un vehículo sensacional de promoción de la fiesta en por lo menos unos 10 a 20 países, inclusive sin tradición taurina. Me encantaría intervenir en dicho proyecto de múltiples manera, y también en su penetración en nuestros países taurinos.

  16. Juan de Maestre dice:

    Cuando leo de las ediciones,reediciones y actualizaciones de su libro “Como ver una corrida de toros”,y pienso la difusión que usted está haciendo del mundo de los toros a traves de miles de hogares.Reflexiono de cuales son los criterios en España para conceder premios a la difusión del universo taurino.Que yo sepa su libro no ha sido premiado,ni reconocido con ningún trofeo,y es algo dificil de explicarmelo.Deberia de estar usted en un pedestal,tan solo por esta obra.Pero esta España de tanto compadres,amiguetes y mediocres siempre ha sido propensa a ignorar a los que destacan.

  17. Joaquin Moreno dice:

    Señor del Moral,en su nueva edición del libro”Como ver una corrida de toros”publicada hace pocos dias creo que en la actualización que hace usted de algunas figuras del toreo podria ser más objetivo con José Tomás.¿o usted considera de que si lo ha sido?

  18. Patricio Sanz dice:

    Su magnifica y vendidisima obra “Como ver una corrida de toros”,se merece miles de ediciones por su “verdad”,que solo la pueden transmitir los grandes aficionados como usted.Se merce usted todos los reconocimientos.Por lo demás muy buena y manejable esta nueva edición de su libro.

  19. admiradotomasista dice:

    Estoy de acuerdo con algun comentario,que apunta “que un periodico dura un dia y una revista acaso una semana”un libro dura años-en su caso “Como ver una corrida de toros”lleva 15 años publicandose y reeditandose.Y usted tiene una responsabilidad,porque lo que usted diga perdurará por generaciones.Por favor no transmita usted una falsa carrera de José Tomás y dele en su libro el sitio que se merece tener,para que los futuros lectores de su libro,dentro de 15 o 20 años,tengan un conocimiento objetivo de quien era José Tomás.

  20. Marcelo Perez dice:

    He visto la nueva edición de su libro “Como ver una corrida de toros”.Deberia ser más equanime con los toreros que no son de su predilección.¿o es que le parecemos muy exajerados los admiradores de José Tomás,cuando pedimos que en la próxima edición de su libro sea lo más justo posible con José Tomás y describa lo que es y lo que significa para el toreo contemporaneo.asi le hará un favor a futuras generaciones de lectores,transmitiendo verdad y objetividad.

  21. Manuel Ramade dice:

    El libro”Como ver una corrida de toros”sigue entre los más vendidos 15 años después.Y en esto radica su responsabilidad en ser lo más objetivo posible con lo que escriba,en las actualizaciones,para que transmita verdad y objetividad sobre las carreras de los toreros.Ya que los libros biograficos de toreros,Jesulines,José Tomases,Cordobés,Antoñetes,etc..se escriben en las coyunturas de éxitos de estos toreros y aunque puntualmente se venden en más o menos cantidades,posteriormente suelen pasar casi al olvido o a las estanterias de unos pocos,siendo en muchos casos dificil o casi imposible que se vuelvan a reeditar.Es por ello ,que dado que el suyo es el que se reedita continuamente desde hace 15 años,tiene usted la obligación ética de ser justo en lo que escribe y cuenta,para no falsear la realidad a futuras generaciones de lectores de su libro.

  22. Pedro Galan dice:

    Estoy de acuerdo de que usted no debe de tomar partido personal por ningun torero,al menos en las actualizaciones de las carreras de toreros en su reeditado libro”Como ver una corrida de toros”al objeto de que transmita de los toreros lo mejor y más actualizado.Estoy de acuerdo de que los libros biograficos de toreros quedan casi en el olvido,hasta los vendidisimos en su tiempo “O llevarás luto por mi”-(la vida de El Cordobés- o el magnifico”Nacido para morir”-Vida de Paquirri-.
    Parece ser que el único que sigue en candelero y por encima de modas es el suyo,por lo tanto ,por favor sea lo más neutral posible en las actualizaciones de su libro.Por la dignidad y la trascendencia de la vida profesional de los toreros actuales

  23. El Catobeplas dice:

    Magnífico el artículo del Profesor José Campos Cañizares: Sólo un añadido: LA DESCRIPCION QUE HACE DE CADA TORERO ES TODO UN TRATADO DE TAUROMAQUIA, Por ejemplo: Dice de José Tomás lo que pocos han dicho porque no lo han sabido ver, claro: LO QUE LE DISTINGUIÓ DE TODOS LOS DEMÁS TOREROS EN SU MEJOR ÉPOCA NO FUE EL FAMOSO SITIO SINO EL QUE NO DABA TOQUES A LOS TOROS -LO QUE IMPLICA UN VALOR DESCOMUNAL Y UNA GRAN BELLEZA-; Y ASÍ CON TODAS LAS DEMÁS DESCRIPCIONES DEL RESTO DE TOREROS. LEER LA BIOGRAFÍAS DE CADA UNO DE ELLOS ES APRENDER DE TOROS COMO EN POCOS SITIOS SE PUEDE.

  24. Diego Artacho dice:

    Me sorprende de que su libro”Como ver una corrida de toros”siga sin perder vigencia 15 años después de su primera edición.Tan solo una pega,deberian actualizarse algunas fotos que quedan un poco desfasadas,y sustituirlas por elementos visuales más graficos y modernos,acordes con los tiempos.Por lo demás muchas felicidades por su docencia permanente a traves de este ya clasico libro.

  25. yomismo dice:

    Me sorprende de que algunos de sus llamemoslé suavemente adversarios;esten obsesionados con las continuas reediciones de su libro “Como ver una corrida de toros”.Les inquieta,quieren trivializarlo o quitarle importancia.Pero en lugar de la indiferencia ,manejan la obsesión que es la más incomoda de las indiferencia.Yo les reto y les digo que lo tienen muy fácil,pongansé a escribir un libro que tenga el mismo calado entre el aficionado ,que este ya clasico libro de toros.Solo necesitan tiempo e inspiración.

  26. Patricio Vazquez dice:

    Algun/os de su/s excompañero/s,en una aptitud casi de hienas en su madriguera, trastean por diferentes blogs,para atacarle ,dada su ? no indiferencia? hacia todo lo que usted escribe. Preferirian verlo calladito.
    Me apena estos pobres chicos ,porque tienen triple trabajo:

    1º-Tienen la obligación y la disciplina de leerle a usted todos los dias.

    2º-Tienen que buscar diferentes blogs donde volcar sus comentarios, además de elaborar y preparar las respuestas insultantes adecuadas.

    3º-El tiempo que dedican a estas patéticas estrategias de ataques se lo restan de su propio tiempo personal.

    A mi me parece patético, son cosas como de ?bajitos diabólicos?.

    Creo que ganarían mejor el tiempo, empapándose la última edición de ?Como ver una corrida de toros?

  27. Eladio Galter dice:

    Magnifica nueva edición de su libro “Como ver una corrida de toros”con diferencia la mejor presentada,la más manejable y la de mejor relación calidad-precio.
    Se merece usted tener todos los reconocimientos de parte del mundo del toreo y el de la prensa especializada,pero amigo españa siempre fué tierra de envidiosos y mediocres.En otros paises, el reconocimiento a su obra y su contribución a la difusión del toreo,seria permanente y sincero

  28. Torcuato Prado dice:

    Muy buen libro.Ameno y asequible.Tengo todas sus ediciones,porque en todas vá usted actualizando capitulos.Muy buena esta ultima edición de “Como ver una corrida de toros”¿para cuando en Inglés?

  29. Antonio Tapias dice:

    En su nueva edición del libro “Como ver una corrida de toros”no es usted justo ni con José Tomás ni con Cayetano¿no le parece?

  30. Pablo Gomez de la Loma dice:

    José Antonio,todavia recuerdo aquella presentación de tu libro”Como ver una corrida de toros”en el marco incomparable de la Casa de las Columnas en la calle Betis,en Triana,frente por frente, a la plaza de toros de la Maestranza.Una de las presentaciones de libros más impresionantes a las que he asistido,por el marco único e incomparable donde se presentó.Ahora que veo esta nueva edición de tu libro y veo que han pasado 15 años y que el libro se sigue reeditando no puedo hacer otra cosa que felicitarte a ti y a los miles de fieles lectores a los que has llegado con esta clásica y siempre novedosa obra.Te deseo que sean muchas las ediciones.

    Pablo G. de la Loma

  31. Alberto Farmer dice:

    Magnifica nueva edición de su soberano libro”Como ver una corrida de toros”.Me quedo con esta edición por su buena presentación,su precio y todas las actualizaciones sobre toreros.

  32. David Ferlosio dice:

    A lo largo de estos 15 años,han salido muchos manuales,todos bien intencionados y que por supuesto aportan nuevos conocimientos para aprender de toros;pero su libro”Como ver una corrida de toros”sigue siendo el lider.¡Algo tendrá el agua cuando la bendicen¡

  33. José Campos Reyes dice:

    Haciendo referencia a un comentario anterior,recuerdo la presentación de su libro “Como ver una corrida de toros”en un palacete de Triana,junto al Guadalquivir y teniendo frente por frente a la plaza de la Maestranza.”Marco incomparable para un libro incomparable”,entonces ya tuve la intuición de que el libro seria un éxito y perduraria por encima de modas.Sigue siendo un libro actual,que con cada edición mejora y mejora.

  34. Terencio Manguara dice:

    Ya que nos tendremos que resignar de que su libro es imparable,no sé bien porqué,y se edita y se sigue editando.Le pido por favor de que en la próxima edición le dedique más lineas a José Tomás,porque creo que es claro merecedor de tener un sitio de honor en este manual o como se denomine su libro”Como ver una corrida de toros”

  35. Manuel Antonio Villena dice:

    Señor del Moral,desde hace 15 años¿no ha escrito un nuevo libro?Tan solo se limita a actualizar el libro”Como ver una corrida de toros”.Para cuando un libro sobre Enrique Ponce¿no es todavia el momento?Seguro que si usted escribe un libro de Enrique Ponce será un éxito atemporal y no un libro de moda pasajera de esos que se suelen escribir al calor del éxito temporal de un torero concreto.

  36. Cipriano Martinez dice:

    En el Club Cocherito de Bilbao,escuché un comentario de ataque personal a su persona por parte de un antiguo compañero suyo.Aquel dia este individuo se definió solito con su comentario-a algunos de los presentes nos dió nauseas el comentario- .Yo me preguntaba ¿cuales son los motivos?Ahora leyendo la última edición de su libro”Como ver una corrida de toros” y el éxito editorial de esta obra;voy comprendiendo un poco la “no indiferencia” y la “obsesión “de algunos de sus adversarios.Buen libro el suyo Del Moral,que lleva haciendo mucho bueno a la Fiesta desde hace muchos años.Se merece el reconocimiento de todos,hasta de los que le envidian,que podrian ser un poco objetivos y valorarle en todo lo que usted merece.

  37. Rafael Fernandez dice:

    Libro necesario ,para la facil comprensión del profano que se inicia y del veterano que necesita afianzar o constractar conocimientos.Le auguro muchas ediciones-por cierto cada vez mejores-de este buen libro que es “Como ver una corrida de toros”

  38. Tomasistafiel dice:

    Queremos que José Tomás sea reflejado en su libro con todas las páginas que él se merece y no tan solo con una breve reseña.Su libro se llama “Como ver una corrida de toros” o “Como no ver parte de una corrida de toros”
    Tomasistafiel

  39. Alvaro Ferrer dice:

    Aunque su libro es claro y comprensible.Cuando llega usted a la figura de Cayetano Rivera,no me parece muy comprensible como lo define usted.

  40. Juan Melquiades dice:

    Maravilloso y entrañable libro.Su libro ya es un clásico entre los clásicos.

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