1ª del Caballo en Jerez. Magistral Hermoso, explosivo Ventura y ajeno Bohórquez

 

Plaza de toros de Jerez de la Frontera. 13 de mayo de 2009. Primera de feria. Tarde fresca y ventosa con dos tercios de entrada. Seis toros para rejones de Fermín Bohórquez, desigualmente presentados aunque muy en el tipo Murube de su encaste. Dieron juego dispar. Muy mermado de fuera o quizá enfermo el noble primero que se echó en plena faena y volvió a echarse tras un pinchazo. Muy noble aunque en principio distraído el segundo. Enseguida a menos el tercero tras recibir un violento primer rejonazo de castigo muy trasero y caído. Sin fuerza y enseguida apagado el cuarto. Muy rajado y al final casi parado aunque noble el quinto. Y noble el sexto sin mayores problemas. Fermín Bohórquez (de corto con chaquetilla azul marino): Pinchazo echándose el toro que tuvo que se apuntillado, ovación. Rejonazo efectivo, dos orejas, cariñosa la segunda. Pablo Hermoso de Mendoza (de corto con chaquetilla azul acero): Rejonazo en lo alto, dos orejas. Pinchazo, rejonazo contrario algo atravesado y dos descabellos, gran ovación. Diego Ventura (de corto con chaquetilla gris y detalles en verde): Rejonazo muy trasero, oreja. Pinchazo y rejonazo, dos orejas, excesiva la segunda.    

 

La elegancia va aparejada al buen gusto y se manifiesta por encima de las modas que, si a caso, han de manifestarse o imitarse mínimamente. Desde un extremo y otro de estos conceptos volvieron a competir ayer Pablo Hermoso de Mendoza y Diego Ventura en presencia de un testigo nada molesto para ambos, el clásico y por nada estridente Fermín Bohórquez, ya por encima de cualquier disputa y, en esta ocasión, ausente visual del duelo porque tras la incompleta lidia del primer inválido de su propia ganadería – ni pudo matarlo tras pinchar porque se echó y tuvo que ser apuntillado – tuvo que ingresar en la enfermería en busca de recuperación por la dolencia estomacal que viene padeciendo. Salió para lidiar el sexto que fue mejor que su anterior oponente y, aunque su actuación resultó forzosamente irregular aunque de menos a muy más con dos pares consecutivos a dos manos, sus paisanos le arroparon con visible cariño y, tras acertar con el rejón mortal, le concedieron dos orejas. Sobró la segunda.

 

Fermín, a la postre, pudo acompañar a sus colegas e irreconciliables contendientes en la salida a hombros, lo que hizo sonriente y feliz desde la privilegiada posición que goza en esta plaza de Jerez que ayer no se llenó, no se sabe si por la crisis, porque la corrida fue televisada o por las tres razones a la vez. Buen ambiente, no obstante, con dos públicos muy distintos. En sombra, toda la alta y entendida sociedad jerezana. Y en sol, los acérrimos de Ventura que, al igual que el joven fenómeno, suelen expresar su entusiasmo sin ninguna medida y más cual forofos futboleros que taurinos.

 

Todo lo que hizo Pablo Hermoso de Mendoza, tanto con el buen segundo toro como con el feble y casi parado cuarto salvo a la hora de matar a éste, fue magistral desde cualquier punto de vista. Preciso en todo, acoplado a cualquier embestida, templadísimo siempre, torero al fijar, al clavar y conduciendo sus monturas por delante de sus enemigos a los que trató con milimétrica exquisitez y soberbio mando, por nada exagerado ni abusivo sino tan medido y natural como los que no necesitan presumir de nada porque saben que lo son. O sea, en rey de toreo a caballo con muchos años ya sentado en el trono de tal modalidad. Y hasta como ajeno a los avasalladores intentos de Diego Ventura en destronarle.

 

Tantas ganas tiene Ventura de cargarse a Hermoso que, cada vez que actúan juntos, más les separan sus respectivos estilos y maneras de comportarse. Al elegante magisterio del navarro y a pesar de que Pablo tampoco es un clásico aunque lo suyo ya lo sea por mandato imperecedero e impuesto a los demás, responde el jinete de La Puebla con más extravagancias en su baldío intento de superarle. En tan vano propósito, sus ímprobos esfuerzos le llevan a cometer errores o extravagancias como ayer en los recibos a porta gayola de sus dos toros. Al tercero con un violento rejonazo dada la velocidad con que salió el animal de chiqueros, quedando muy mermado por lo que luego pagó lo sucedido teniendo que pasarse en balanceos y piruetas. Y al rajado quinto, con el marsellés a modo de capote cual lo llevan a cabo – lo llevaban – los rejoneadores del Perú en lo que allí llaman “suerte nacional”. Con éste anduvo mucho mejor que en su primero aunque con éste también se pasó en las piruetas, adorno menor del toreo a caballo, como las manoletinas del toreo a pie. Pero el caso es armar el lío y la tremolina.  

 

Y no obstante personalismos, gesticulaciones y demagogias varias que a unos no nos gustan nada y a la mayoría le encantan, Ventura también se ganó al público más selecto – a los suyos los lleva entregados de antemano – porque en su abundante derroche no faltaron los aciertos, ni el mucho valor, ni la buena monta, ni la certeza al clavar rejones y banderillas en terrenos comprometidísimos. Yo me quedo con esto. El arrojo exagerado y los alardes violentos y agresivos se los regalo a sus fieles. Y la segunda oreja del quinto toro también porque pinchó antes de agarrar el rejonazo definitivo.               

 

        

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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