9ª de San Isidro en Madrid. Corrida mixta.

Madrid. Plaza de Toros de las Ventas. Viernes 15 de Mayo de 2009. Novena de San Isidro. Sol con algo de viento. Lleno. Cinco toros de Toros de Cortés, muy desigualmente presentados y de escaso juego salvo el primero, bravo y encastado. Un sobrero lidiado en cuarto lugar, de Fernando Peña, de buen juego, aunque muy chico. Antonio Ferrera (de negro y oro), palmas tibias en el único que mató. Matías Tejela (de gris perla y plata), silencio. Oreja. Aviso y silencio. Luis Bolívar (de azul marino y oro), aviso y silencio en los dos toros. Antonio Ferrera sufrió una herida por asta de toro en el tercio medio del muslo derecho, con una trayectoria de 15 centímetros, con destrozos del músculo vasto interno. De pronóstico menos grave.

 

Pues sí señor: la corrida tuvo tres bureles impresentables. En muy poco tiempo en Madrid se ha pasado del mastodonte del pleistoceno a las sardinas en lata. Esto es muy español, siempre a bandazos sin parar en el punto intermedio, que es el bueno. Y los del Siete más callados que en misa. ¿A qué se debe tanto silencio? Creo que se debe al hastío. Se han aburrido de la película de terror protagonizada por ellos mismos. Nada es eterno, todo se acaba, afortunadamente… ¿Cómo será la plaza de Madrid cuando el Siete desaparezca?

 

Probablemente sin el freno radical, se regalarán muchas orejas y esto nos enfadará a los aficionados exigentes. Pero, a pesar de nuestro enfado, será mejor para la fiesta. A los hechos me remito: la fiesta alegre y tolerante de la plaza de Madrid en los años cincuenta-sesenta, fue mucho mejor que la de la era del Siete, un auténtico erial donde apenas se ha visto nada bueno. En un ambiente benevolente se dejará a los toreros torear más. Los espadas de postín torearán en las Ventas con más frecuencia y, por ello, se verán mejores faenas. Las orejas de más son inofensivas, mientras que el ambiente radical ha sido demoledor.

 

Por contra, la presentación del toro probablemente bajará. Que dejen de salir gayumbos bastos puede estar muy bien. Pero lo malo es que empiecen a salir novilletes sin trapío. Por aquí no debemos pasar: se ha de exigir el toro serio. Sin excesos, pero serio. Benevolencia sí, pantomimas no. Por cierto, ¿para qué están los veterinarios y el Presidente? Que cumplan con su obligación, porque ayer hubo tres toros indecorosos.

 

El primero de la tarde derribó dos veces al caballo y embistió con seriedad y bravura. Ferrera, que había banderilleado tomándose todos los alivios, empezó la faena echando al toro fuera y metiendo el pico. Y tanto lo metió y se quedó tan al hilo, que el buen toro de Cortés lo vio y lo cogió. Permaneció en el ruedo con una herida en el muslo hasta matar al toro. Después de la machada de Miguel Ángel Perera el año pasado, el quedarse en el ruedo después de haber sido herido hasta acabar con el toro, se ha convertido en una obligación casi inexcusable. Después de la cornada, un Ferrera mermado pasó al toro por afuera y lo despenó de un bajonazo. El toro fue importante, mucho más que lo que el público pudo ver, y Ferrera, en un pésimo momento profesional, se llevó de rebote una cornada cuando menos lo deseaba.

 

A pesar de sus buenos deseos, Matías Tejela poco pudo hacer con un toro de embestida fluctuante que se quedaba corto y con otro  que embistió rebrincado por su poca fuerza. Pero con el buen sobrero de Fernando Peña sí pudo lucirse. Tejela ha sido siempre un torero con firmeza y buen trazo; siempre ha tenido un buen equilibrio entre el valor y el concepto. Pero tenía un defecto que hacía su toreo totalmente insípido: la rapidez. Toreaba bien, pero muy ligero.

 

Pues bien, ayer por primera vez se le vio torear despacio, en una faena que fue a más y que tuvo su culminación en tres buenas series al natural. Empezó con la derecha sin confiar demasiado en un toro que hasta entonces se había mostrado anodino. Pero al ver que se deslizaba bien, se echó la muleta a la izquierda consiguiendo tres series templadas y toreras. Con buen sentido de la medida (el toro empezaba a protestar), decidió acabar. Solo quedaba el toreo de adorno: el final por bernadinas fue emotivo por ajustado y vertical. Después de un pinchazo y una estocada desprendida, cortó una oreja. ¿Bien o mal concedida?

 

Efectivamente hay que matar a la primera y en tó lo arto, pero a Castella anteayer con un sartenazo le dieron  una oreja. Y al Capea le dieron otra por una faena surrealista. Así que en el cuadro comparativo de la feria, la oreja de Tejela no desentona en absoluto. Y lo más importante es que este torero ha mostrado una buena dimensión. Todavía hay que pulir alguna cosa. Por ejemplo, tiene una tendencia innata a ahogar los toros y si hubiera dado más sitio al de Fernando Peña, le hubiera toreado mejor aun. Pero poco a poco va avanzando, mientras muchos siguen estancados en los mismos defectos.

 

Luis Bolívar emprendió dos faenas llenas de buenas intenciones que al final no dieron el resultado deseado. Como su paisano César Rincón, empieza las faenas de largo y sin probaturas. Pero Rincón tenía a su favor dos magníficas cualidades: un embroque perfecto y una gran capacidad para torear limpio a los  toros que embisten a gran velocidad por venir desde muy lejos. Bolívar aún no tiene esa destreza y por eso hay tantos desajustes y enganchones cuando cita de lejos. Además Rincón daba distancia solo a los toros que merecían la pena. Bolívar lo hace con todos y es un error. Su segundo, un pavoroso bicho con guadañas por pitones, cuando iba dentro de la muleta no embestía mal, pero tenía un inicio de muletazo muy malo, pues andaba, medía y probaba. Si se hubiera colocado más cerca, Bolívar hubiera evitado tragantones y ese final de faena a la deriva. Más cerca lo hubiera metido en el canasto. Y además no hubiera lucido engañosamente a un toro engañoso. Ciertos “entendidos” comentaban que el toro se le había escapado. Eso sucede por haber dado sitio a un toro que no lo merecía.

 

Con su primero, blandón y sin celo, intentó torearlo a media altura y sin obligarlo, pero no sacó nada en limpio. El toro se puso a gazapear y tuvimos otro deslucido final de faena… Y otra cosa: a Bolívar se le nota mucho cuando se desilusiona. Se viene abajo. Otra gran virtud del espejo en el que se mira es que no se venía abajo nunca.

 

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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