4ª del Aniversario en Madrid. Los astros se juntaron para gloria de Esplá en su despedida de Las Ventas

Madrid. Plaza de Las Ventas. 5 de junio de 2009. Cuarta del Aniversario. Tarde nublada y fresca con viento endemoniado que se calmó tras la lidia de los tres primeros toros,  singularmente durante le del cuarto. Se lidiaron seis de Victoriano del Río, sobradamente presentados, muy altos de agujas y armados con astifinas defensas. Dieron juego dispar aunque, por el viento, la mayoría no pudieron desarrollar sus iniciales condiciones que hubieran sido mejores con climatología más propicia. El primero fue noble pero muy aquerenciado a tablas. Los dos últimos, violentos, echaron la cara arriba al final de sus viajes y únicamente el magnífico cuarto dio juego con bravura y mucha clase por los dos pitones, siendo premiado con la vuelta al ruedo. Luís Francisco Esplá (grana y oro): Metisaca, estocada ligeramente atravesada y cuatro descabellos, silencio. Estocada tendida al encuentro y dos descabellos, aviso y dos orejas con dos vueltas clamorosas. Morante de la Puebla (verde y azabache): Pinchazo hondo, otro a paso de banderillas, un tercero más y sartenazo en los bajos, bronca. Media estocada baja, pitos injustos. Sebastián Castella (lila y oro): Media perpendicular y cuatro descabellos, aviso y silencio. Tres pinchazos y estocada trasera caída, aviso y silencio. Luís Francisco Esplá salió a hombros. Curro Molina pareó con excelencia al sexto siendo ovacionado.    

 

Si un torero merecía una despedida tan feliz e incluso milagrosa en la plaza donde tantísimas tardes toreó y en muchas de ellas triunfó hasta convertirse en favorito, era Luís Francisco Esplá. Así lo deseaba fervientemente el público que le obligó a saludar con una prolongada ovación una vez deshecho el paseíllo. Sin embargo, la tarde de su adiós en el ruedo venteño no pudo empezar peor ni con más inconvenientes a causa del viento que sopló inmisericorde, salvo bajo las barreras del tendido 1 donde se arremolinaban los papelillos que se tiraron al efecto de señalar el lugar más propicio para torear con un mínimo de sosiego y que Esplá eligió acertadamente para intentar cuanto se propuso con el primer toro, dejando patente un digno que hacer, tan fácil como toreramente aseado tras banderillear con desigual acierto.

 

Esplá se mantuvo en esos terrenos como procedía y no osó salirse de las rayas ni aún menos irse a los medios, lugar que en tarde más calmada hubieran dado bastante mejor juego los tres primeros toros, segundo y tercero descompuestos e imposibles de domeñar por cuanto derrotaron incontroladamente a los capotes y luego a las muletas de Morante y de Castella, materialmente desbordados por sus oponentes. Morante, que había sido muy aplaudido por el público antes de comenzar la lidia del segundo toro, prefirió cortar por lo sano sin contemplaciones, actitud muy en consonancia con este tipo de toreros artistas cien por cien, aunque últimamente no se lo habíamos visto en casos similares, por lo que el público se enfadó hasta abroncarle. Más atrevido y estoy por decir que temerario, Castella se fue al platillo con el toro nada más abrir su trasteo sentado en el estribo y, en tal situación, le fue materialmente imposible hacerse con el toro que terminó haciendo hilo al punto de sufrir varios y terribles avisos de cogida de las que se libró por que Dios no quiso.       

 

Pero en el toreo suceden milagros a veces y así ocurrió nada más salir el cuarto toro de la tarde, un enorme colorao con 620 kilos bajo sus hermosos lomos que fue el mejor y más completo de los ya incontables que llevamos vistos en estas dos ferias. Como por encanto dejó de soplar el viento y, gracias a tan repentina calma, pudo despreocuparse Esplá de lo que tanto había molestado antes y aplicarse al máximo como pocas veces le hayamos visto en su muy larga vida profesional. La brega de la que se encargó personalmente, tan efectiva como limpia. Ni un solo paso en falso, ni un capotazo inoportuno. Ni un enganchón inconveniente. Todo como la seda. Perfecto. Bravo y muy fijo el toro en su dos encuentros con el caballo, cantó lo que vendría después en su comportarse frente a la muleta, no sin antes prestarse algo remiso en banderillas que Esplá colocó con fácil donosura en tres pares que le salieron a pedir de boca. Caliente ya el público ante la más que prometedora acción del alicantino, el brindis al cónclave fue precioso y emocionante con todos los espectadores en pie, seguros de lo que aguardaban aunque no tanto como tuvo lugar acto seguido.

 

Y es que la gran faena que Esplá cuajó de cabo a rabo, no solo fue perfectamente concebida y estructurada, sino que, además de contener los habituales y más personales hallazgos que tanto ha prodigado y personificado Luís Francisco hasta convertirle en sumo especialista de lo que se ha dado en llamar torería en los detalles, cuando le llegó el momento de torear por lo clásico en el citar, parar, templar, mandar y ligar, alcanzó cimas que pocas veces le hemos visto en sucesivas tandas por redondos y naturales divinamente acompasados y rematados con formidables pases de pecho. Y así, naturalmente situado en el sitio más idóneo, suelto como nunca, relajado, entregado sin alharacas ni en querer vender nada que pareciera falso porque todo lo que le hizo al toro tuvo el marchamo de la autenticidad, templando siempre por abajo, corriendo la mano con fresca majeza sin abandonar nunca el sitio que eligió y sin pasarse una sola vez en los remates ni en los adornos que intercaló sobrio y elegante en el cenit de su inspiración, Esplá compuso una maravillosa sinfonía que guardaremos para siempre en la memoria. Hasta en los broches finales al paso por ayudados estuvo tan sereno como empezó, sembrado y más a gusto que los propios ángeles a lado de Dios. Y también a la hora de entrar a matar, preparando la suerte de recibir que ejecutó al encuentro por venírsele el toro antes de que le provocara para dejar una estocada no perfecta ni efectiva que necesitó el descabello sin que ello empañara lo más mínimo el portento, recibido con tanta alegría como desbordado entusiasmo. Hasta dos vueltas al ruedo tuvo que dar Esplá mientras se le rendían los tendidos, volcados en catarata de emociones desatadas en un cuadro digno de ser pintado por el propio protagonista que nunca olvidará este final tan glorioso y felicísimo.               

 

Morante tuvo el detalle de brindar a Esplá su faena al quinto, pero no pudo ser porque el toro le echó la cara muy arriba en cada embroque y a cada intento suspiró la plaza, contrariada. No pudo Morante aunque quiso mucho hasta terminar doblándose en un macheteo de antigua escuela e inspiración gallista que la mayoría no supo valorar. También Castella quiso responder saliendo a revienta calderas con el sexto que se movió mucho y aunque no del todo propicio por violento, resultó proclive al éxito. Castella lo buscó con el valiente ahínco que le caracteriza aunque sin acabar de templar las altas embestidas del imponente animal que incuso le desarmó como también le avisó en sucesivos acosones de los que se libró por milímetros. La adusta temeridad del torero francés llegó mucho al público, dispuesto a premiar tanta entrega, pero sucesivos pinchazos lo impidieron. Estaba escrito. Luís Francisco Esplá tenía que ser en su despedida de Las Ventas el único y gran protagonista.              

        

 

EL QUITE DE DOMINGO

 

Una despedida soñada

 

Tradicionalmente, las despedidas han tenido mal fario. Ya saben ustedes: el día que todos deseamos que los toros salgan buenos, salen infames. Pues con Esplá se ha roto la tendencia y ha disfrutado de una despedida soñada. Le salió un toro extraordinario y ¡pásmense ustedes!: en una tarde de ventarrón infernal, el viento dejó de soplar justo cuando salía ese cuarto toro de la despedida. Por una vez hubo suerte y Esplá supo aprovecharla. He aquí uno de los elementos definitorios de los grandes toreros: son conscientes de que hay días y toros en que hay que echar el resto. Consciente de ello, Esplá lo hizo y logró la faena más bella de su carrera. Es la despedida más redonda y triunfal que he visto en mi vida. No hablamos de ese éxito por los pelos para premiar “le dernier jour”, no. Hablamos de un faenón extraordinario, de una belleza conmovedora. Un broche de oro que soñaría cualquier torero.

 

Molestado por un vendaval inclemente, poco pudo hacer Esplá con su primero. El toro fue noble pero fue a menos y pronto se aculó en tablas. En los medios, fuera de la querencia, hubiera dado mucho mejor juego, pero el viento hacía totalmente imposible sacarlo. Lo mejor de este toro un buen par del matador por los adentros y un quite saleroso por chicuelinas.

 

Paró el viento y salió el cuarto. Un colorado ojo de perdiz de 620 kilos y hechuras pavorosas. Pero,  quién lo iba a decir: desde el principio fue extraordinario. Tomó dos varas apretando con bravura y embistió incansable a la muleta con gran clase y recorrido. A su muerte le fue concedida muy merecidamente la vuelta al ruedo. “Beato” ha sido el mejor de todo un mes de toros y resulta evidente que cuando hay bravura se mueven hasta seiscientos veinte kilos. Cuando no la hay los toros no aguantan ni 460.

 

Esplá, garboso con la capa y correcto con las banderillas, se desmelenó con la muleta. Hizo una faena apasionada y a la vez muy inteligente. Muy bien construida: empezó con trincherillas airosas, después toreó con varias series con la derecha y terminó de exprimir al toro con la izquierda. Los remates y salidas de cada serie fueron variados y pintureros, pero a esta pinturería añadió mucha verdad y profundidad en el toreo fundamental, faceta esta poco explotada por él a lo largo de su carrera. Asentado y entregado a la embestida, llevó al toro hasta el final una y otra vez con despaciosidad y cadencia. Hacía mucho tiempo que no veíamos así a Esplá: nos hizo recordar al victorino y al miura de 1982, y a un aldeanueva en Alicante en 1993. Por cierto, siempre vestido, como ayer, de grana y oro. Esta faena de ayer fue la superación y compendio de lo mejor de Esplá: Lo tuvo todo: entrega, pues se asentó mucho; cadencia, pues toreó muy despacio; gracia, pues desparramó salero cada vez que salía de la cara del toro. Con el público de pie después de tan gran trasteo, cita a recibir y… ¡entierra una estocada tendida en todo lo alto! ¡Con lo difícil que es no pinchar en esta suerte! Hoy los dioses estaban con Esplá. Y con todos nosotros que pudimos verlo. Cuando al principio Esplá recogía la ovación después del paseíllo, nadie esperaba tan emotiva y bella despedida. Fue el delirio. Pero el delirio de verdad, totalmente justificado por lo ocurrido en la arena. Hasta dos vueltas al ruedo tuvo que dar con las orejas conquistadas.

 

A mí Morante también me gustó. Me acusan de morantista incondicional. Es cierto, lo soy. Después de ver a Morante siempre me voy con el regusto de su torería en el paladar. El quinto toro, brindado a Esplá, era parado y violento. Lo intentó y no hubo más que enganchones. Pero ¡ay, amigo!, cuando decidió quitárselo de encima, lo macheteó con un garbo y una torería incomparables. Nadie se dio cuenta, pero aquello tuvo un sabor a moscatel añejo. Ese macheteo lo hubiera firmado el propio Joselito el Gallo. Luego bajonazo. También había matado de bajonazo a su primero, un manso gazapón que le desbordó por el viento que soplaba. Con él anduvo a la deriva. Pero el macheteo del quinto ahí ha quedado para quien sepa apreciarlo. Los pitos con que le obsequiaron fueron totalmente injustos, teniendo en cuenta el vendaval y el material que tenía enfrente.

 

Sebastián Castella tiene un valor rayano en la temeridad. Con el viento que estaba soplando no se le ocurrió mejor cosa que salirse a los medios con el tercero de la tarde. La muleta era una bandera sin control y todavía no me explico como el toro no se llevó por delante a Castella. Con viento es imposible torear y el diestro estaba inerme ante el toro que pasaba sin control; Castella, temerario, soportaba los arreones. Y ¡ojo con el toro!, que tenía casta y era agresivo. Llegó un momento en que la faena se hizo imposible por todo lo que había aprendido el toro con tanto flamear de muleta.

 

Ya sin tanto viento salió el sexto, de nombre “Diamante”, un castaño que me entusiasmó por su raza. Derribó al picador, se quedó un poco crudo, atacó a los banderilleros cual obús, y dio oportunidad a Curro Molina y a Pablo Delgado de cuajar un gran tercio. A la muleta llegó comiéndosela a cada pase. Castella empezó de modo vibrante con el péndulo, dio una primera serie con la derecha que no estuvo mal y, a partir de ahí, la faena se deshilachó entre enganchones y desarmes. Castella estuvo muy valiente, pero también muy torpe y obcecado. Y no es la primera vez. Todo lo suele tapar con su entrega y valor, pero cuando le sale ese toro trascendental, se le va sin torear. Cuando se enfrenta a un toro muy bueno se echa de menos más gracia e inspiración. Cuando el toro es muy encastado, le falta capacidad técnica y dominio.

 

Castella torea desde arriba sin terminar de despegar los brazos. Si hubiera bajado la mano y hubiera llevado el toro hasta el final, hubiera cuajado una gran faena pues el toro obedecía e iba hasta donde le llevaban. Pero como era muy fiero, cuando se le llevaba a media altura quería comerse al torero. No quería nada por arriba, todo tenía que ser muy sometido y muy por debajo. Por eso los pases de pecho fueron horrorosos. Las series deberían terminarse con trincherazos, siempre por abajo. El público ruge más con los trincherazos que con los pases de pecho. Empeñado en su toreo monocorde de muletacito corto y vertical, vio como el toro le ganaba el pulso en cada pase. Se le fue un gran toro y, lo que es peor, se le vio su techo. Ya con el carro rodando por la cuesta, mató mal.

 

¡Qué gran corrida de Victoriano del Río! Es evidente que esta era la que en principio tenía reseñada el ganadero para Madrid y no la chiquitaja de la Beneficencia. Muy mal hicieron las figuras escogiendo aquella y no esta. La corrida tuvo dos toros mansos y sin clase, los de Morante; uno noble, el primero; otro encastado, el tercero; otro de gran raza, el sexto, y otro de bandera, el cuarto. Dentro de lo variado, un gran encierro. Al contemplar la pelea incansable del sexto pensé que este es el auténtico toro torista, el que embiste incansable. No el manso que se para y se defiende. Y es que, como siempre digo, la bravura está al margen de etiquetas y prejuicios. Y esto de Victoriano es de lo más bravo y encastado que ahora mismo pasta en el campo bravo.

 

Cuando se llevaban a Esplá en volandas por la Puerta Grande pensé que solo por ese momento debe merecer la pena ser torero. Y daba gusto ver salir a la gente tan contenta. Solo por las verónicas de Morante del día 21 y la faena de Esplá de ayer ha merecido la pena soportar este mes de tormento.

 

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

2 Resultados

  1. Carnicerito de Rekakoetxe dice:

    NUNCA UN CANTO DEL CISNE FUE TAN HERMOSO: Cuando ayer se rompio el paseillo todos queriamos ovacionar a Morante por lo realizado el pasado dia 21. En realidad, no nos engañemos, todos habiamos ido a ver a Morante. La corrida transcurria entre el tedio de un primer toro nnoble al que Espla lidio sin meterse en profundidades, la incomprension hacia Morante con un toro agresivo y violento imposible de dominar en medio de un vendaval y un encastado tercero que quedo inedito tras ser lidiado en medio de un mar de enganchones y banderazos debido al viento.Que cabezota es este frances con irse siempre a los medios.Y salio “Beato”. Y se abrieron los cielos, y Espla comenzo su canto del cisne. Ni en un guion de cine le habria salido mejor. El segundo par de banderillas, cuadrando en la cara y a paso de paloma anuncio lo que venia despues. Una faena profunda, ligada y templada, cadenciosa y honesta , aliñada con su particular pintureria marca de la casa. Y de remate, estocada en la suerte de recibir. El manicomio montado. Poco importo ya la falta de clase y entrega del quinto o la falta de acople de Castella con un fiero sexto. La tarde olia a toreria añeja, a coleta natural y a naranjos en primavera. Y Madrid se echo al ruedo, saltando la reja como los almonteños, “al cielo con el”, y se consumo el mas bello canto del cisne que ha visto Madrid en las ultimas decadas.

  2. david_izurieta dice:

    Pues somos dos incondicionales mi admirado Domingo! Ahi queda eso para quien quiera verlo. Pero la tarde fue de Espla! Emocionante de verdad! Morante y Espla, el 21 de mayo y el 5 de junio, han puesto un oasis de toreria y gusto en medio de un oceano de fracasos, vulgaridad, mansedumbre y demas penurias en Las Ventas! A mi juicio, lo hecho por estos dos Toreros,pone sus nombres a esta temporada de Madrid! Sera en Alicante con el mismo cartel. Ojala que el encierro de La Campana y el viento nos permitan disfutar mejor de los tres espadas! Aunque lo hecho por Espla vale por una vida entregada a los toros! Enhorabuena por El

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

También puede interesarte: