Corpus en Granada. La verdad y el valor de Conchi Ríos

Conchi Ríos había encandilado a la afición granadina hace justo un año en un festejo de promoción de jóvenes valores. Volvía ayer a la Monumental de Frascuelo para debutar con picadores y la murciana, que tiene raza y valor además de otros atributos artísticos poco comunes, terminó en la enfermería con una cornada en la axila derecha y erosiones varias. Pero con ser importante esto último ­– la gran verdad del toreo se escribe siempre con letras de sangre – lo que quedó de la actuación de la novillera fue su rancia torería, su pellizco y, por supuesto, su gallardía. Porque Conchi, aún sin poder redondear la faena que seguro tenía en mente, dejó constancia con capote y muleta de que lo suyo no es un capricho pasajero, que sabe lo que quiere en el toreo y que su forma de interpretarlo tiene unas señas de identidad inequívocas que cotizan siempre al alza.

El compromiso para la joven torera que un día decidió cambiar la estética de la danza por la épica del toreo era bastante serio. Ganado más fuerte, compañeros más competitivos y públicos más exigentes. Pero es que, además, tuvo ayer que vencer otra dificultad añadida: la flojedad y mala condición de sus oponentes. Su primer astado era noble, pero escasamente codicioso. Su segundo, más fuerte, tenía algo de genio y lo desarrolló. Con el noble, tercero de lidia ordinaria, Conchi Ríos dejó como carta de presentación en su nueva etapa novilleril unas verónicas primorosas, puro garbo, y una media extraordinaria. Y con los tendidos encendidos y rendidos, varias chicuelinas inmensas. El mejor prólogo para una faena que, aunque escasamente maciza, fue extraordinariamente rica en matices, con varias series en redondo ebrias de pureza y arrebato,  varios naturales de enorme quietud y despaciosidad y detalles sueltos torerísimos. Quiso matar como había toreado, también con verdad, pero la espada encontró hueso. Después, en un nuevo intento, Conchi fue empitonada de mala manera y salió del trance con la taleguilla destrozada. Ni se miró. Volvió a la cara,  despenó al burel y se ganó algo más que la vuelta al ruedo: el respeto y la admiración del respetable.

Con el que cerró plaza, Conchi Ríos salió con la misma disposición, se quedó muy quieta y trató de revalidar su éxito anterior. Y en ese empeño estaba cuando el astado, certero, le asestó un derrote, la prendió por el muslo y, ya en el suelo, le corneó en la axila. Enrabietada, volvió a la cara y dibujó varios muletazos sentidos antes de ser ‘cazada’ de nuevo. Épico el final de faena, resuelto con media estocada y un certero descabello. Petición masiva de oreja, apéndice concedido y, tras la vuelta al ruedo, la visita a la enfermería. Lo dicho, algo serio esta Conchi Ríos.

Nicolás López ‘El Nico’ apeló a otras armas, además del valor. Buscó el triunfo de todas las maneras posibles, pero ni los novillos ni la espada se lo permitieron. El granadino recibió a sus dos oponentes a porta gayola, se esforzó en torearlos bien y lo consiguió en ocasiones, con series de muletazos enjundiosos y de muy buen trazo. Estuvo firme, decidido, siempre en novillero  – algo muy de agradecer en los tiempos que corren – y dejó claro que su éxito en el festival de Granadown no fue algo casual.

Con respecto a Luis Miguel Casares, poco que decir. Apuntó cosas, pero tuvo el peor lote y se perdió en trasteos excesivamente largos y escasamente relevantes.

 

 

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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