Esto es lo que hubo en Barcelona

1.- El público.- El público de ayer en Barcelona no tenía que ver nada con la afición tradicional de las corridas de toros. Era un público propio de campo de fútbol o, mejor, un público fan de un artista musical. Público entregado de antemano, sin fundamento crítico, que simplemente iba a ver triunfar a su ídolo pasase lo que pasase. Producía sonrojo ver a esos señores de Madrid que tan duros e intransigentes se muestran en las Ventas. Lo aplaudían todo, también lo malo, y pedían orejas sin motivo. Un auténtico jubileo en el que no faltaron todos los snobs cursis que siguen al torero, ni toda esa multitud de famosillos que pretenden estar siempre donde puedan ser vistos y hacerse notar. Los buenos aficionados se perdían en un mar de fans histéricos.

 

2.- Los toros.- Las reses estaban muy bien escogidas: limpias de pitones, de buena presentación y de perfectas hechuras. Y dado que pertenecían a ganaderías en excelente momento, los toros salieron muy buenos: dos extraordinarios y otros dos de buen juego. Materia prima, pues, para que la tarde hubiera sido un auténtico acontecimiento… Pero no hubo tal.

 

3.- El matador.-  Poca cosa de José Tomás en el toreo a la verónica. Muy pocas verónicas limpias y muchas enganchadas. Estuvo mucho mejor en el toreo de capa accesorio: un buen quite por caleserinas, otro muy bueno por chicuelinas, y bonitos remates lo largo de la tarde. También en el toreo de muleta José Tomás estuvo mucho mejor en los muletazos accidentales que en el toreo en redondo. Pero veamos la labor con la muleta toro a toro.

 

El primero, de Núñez del Cuvillo, fue un toro de tanta nobleza como justeza de fuerzas. Un toro al que no había que someter; había que consentirlo toreándo a media altura. José Tomás no comprende estas sutilezas y se empeña siempre en un toreo por bajo, aunque el toro no lo admita. A media altura el toro era para hartarse. Un Enrique Ponce le hubiera cuajado una gran faena. Pero José Tomás, que carece del sentido del temple y que no sabe torear a media altura, realizó una faena llena de tirones y muchas veces con el toro por los suelos. El bajonazo con el que despenó al animal fue antológico.

 

Fue en el segundo toro donde José Tomás estuvo mejor, donde hizo la faena de mayor mérito. Era un manso del Pilar que tuvo sus complicaciones: arrollaba por el pitón izquierdo y no era nada claro. El torero expuso mucho por este pitón y pudo ser cogido en varias ocasiones. Pero acabó domeñando al animal a fuerza  de firmeza y de voluntad. Con la mano derecha tampoco estuvo mal. Lamentablemente la estocada fue muy defectuosa. Sin hacer la suerte, dejó una estocada trasera y baja. Con esta estocada a otro jamás se le hubiera concedido una oreja. A José Tomás sí se la dieron.

 

El tercero era un toro de Victoriano del Río, muy exigente por su movilidad y al que, esta vez sí, había que someter por abajo. Comienza con unos estatuarios apretados; después la faena de José Tomás fue rapidilla y muchas veces estuvo al hilo del pitón. Al hilo del pitón repito, pues este torero se cruza cuando le da la gana, no siempre como afirman sus partidarios. Series rápidas, como digo, y en un momento dado da la espalda al toro para intentar un circular. El toro, que no estaba dominado, lo arrolla dándole una espectacular voltereta. Es obvio que el fallo fue del torero, porque el toro, repito, no estaba dominado y debería haberle perdido la cara. El volteretón fue tremendo y José Tomás renuncia: se pone de espaldas para dar una granadina y mata al toro inmediatamente. Debería haberse echado la muleta a la izquierda, haber exprimido al toro y haber demostrado que podía con él. Después de un pinchazo y el mareo del toro por parte de los subalternos, le piden la oreja Es concedida por la presidencia. Oreja que no venía muy a cuento, pues la suerte suprema es eso: la suerte suprema. Hay que matar a los toros bien para obtener trofeos. La concesión de la oreja tras ese pinchazo, era injustificada.

 

Sale el cuarto, un toro del Pilar extraordinario que siempre fue a más. Excelente toro, de triunfo grande. Empezó José Tomás sacándose al toro a los medios con muletazos andados al estilo de Paco Camino (pero sin la gracia ni el garbo ni la sal del maestro de Camas). Tardó mucho en ver las excelentes condiciones del toro y se empeñó en torearlo echándolo hacia la cadera. El toro, que tiene raza, le desborda y José Tomás tiene que perder pasos sin necesidad, recolocándose constantemente. La primera parte de la faena fue un desastre… Cuando ya llevaba cincuenta muletazos, descubre la buena condición del toro y, esta vez sí, logra una serie con la mano derecha francamente buena. Sigue otra serie, también con la diestra, de menor nivel, y termina con una serie de naturales a pies juntos más que aceptable. Y esta vez la estocada es buena y le corta dos orejas. Creo que con una hubiera sido suficiente si tenemos en cuenta lo tarde que vio la bondad del toro y que siempre estuvo por debajo de las cualidades de un excelente animal.

 

El quinto era un toro de preciosísimas hechuras de Victoriano del Río. Inicio de faena sentado en estribo de modo innecesario porque el toro, alegre y repetidor, lo que quería eran los medios cuanto antes. En los medios era muy pronto y alegre, viniendo muy de lejos. Tiene el defecto de que sale un poco por fuera y con la cara arriba, pero es un toro muy alegre y codicioso, que requiere metros y muleta por delante. No se decide el torero a citarle de largo y busca las cercanías de modo absurdo. Barullo, enganchones y pausas larguísimas del todo innecesarias. Tras un montón de mantazos, logra por fin una serie apañada. En la serie siguiente, el toro le desborda y tiene que recurrir a los faroles para quitárselo de encima. Y un final de faena absolutamente chapucera: el toro le cogió dos veces y parecía un becerrista a la deriva. Muy torpe con este toro que se creció. Y sin haberlo dominado, lo mató a capón. Le piden dos orejas. Le conceden una.

 

Y sale el sexto, un toro de Núñez del Cuvillo que embiste poco y se raja pronto. Mientras el toro embiste, nada de nada. Cuando el toro se para, arrimón a toro parado que termina con una serie de manoletinas y unos molinetes enganchados. Lo mató mal.

 

4.- Conclusión.- José Tomás estuvo mucho mejor en lo accesorio que en lo fundamental. Muy pocas verónicas macizas, muy poco toreo en redondo, templado y por abajo. Después de la voltereta del tercero, le pesó muchísimo la corrida.

 

Matar seis toros en solitario debería ser una asignatura obligada en la carrera de un torero, porque con seis toros se ven muy bien las virtudes y las limitaciones de los toreros. José Tomás mostró su buena clase, pero se le escaparon dos toros de bandera y no redondeó ninguna faena. Siempre lo he dicho: José Tomás es un torero con clase que ha sabido arrimarse en los momentos claves. Pero es un torero con grandes deficiencias técnicas, por lo que no es tan gran torero como dicen.

 

Podría  decirse que matar seis toros constituye una gran gesta y que, por ello, debería tratarlo con más benevolencia. Pero dicen los entendidos que es el mejor torero de la historia y, si es el mejor torero de la historia, como a tal tendré que exigirle… Y, comparado con otros grandes toreros que han matado seis toros, José Tomás no me pareció estar a la altura de diestros como Joselito el Gallo, Antonio Bienvenida, José Miguel Arroyo o su admirado Paco Camino.

 

Se llevó José Tomás cinco orejas en el esportón y fue izado en hombros, pero a la salida de la plaza el ambiente era triste. La gente, venida desde todas partes, quería volver a sus casas diciendo que había vivido un acontecimiento histórico. De ahí el triunfalismo y la abundancia de orejas. Pero estaba claro que José Tomás estuvo por debajo de grandes toros y que decepcionó.

 

La tarde de ayer en Barcelona dejó claro que José Tomás es un buen torero, pero en absoluto el gran torero histórico que muchos nos quieren hacer ver. Ni mucho menos.

 

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