3ª de Mont de Marsan. Mitad y mitad de Fuente Ymbro con dos triunfantes favorecidos: Sergio Aguilar y Luís Bolívar

Plaza de toros de Mont de Marsan. 19 de julio de 2009. Tercera de feria. Tarde calurosa con casi lleno. Seis toros de Fuente Ymbro, bien presentados en diversidad de tipos y variado juego. Brutal y con creciente genio hasta desarrollar peligro el primero. Suelto en varas y muy pastueño el segundo. Espectacularmente bravucón el tercero que luego duró muy poco en la muleta. Manso y apenas posible el cuarto que acabó muy difícil. Débil aunque muy noble el quinto. Y asimismo flojo aunque viniéndose arriba con clase en la muleta el sexto. Julien Lescarret (espuma de mar y oro): Pinchazo y estocada saliendo rebotado, ovación. Estocada trasera y dos descabellos, palmas. Sergio Aguilar (lirio y oro): Buena estocada, oreja. Sensacional estocada que ejecutó muy despacio, dos orejas con protestas al palco por conceder la segunda. Luís Bolívar (marino y oro): Dos pinchazos hondos y estocada que escupe, aviso y algunos pitos injustos tras absurda petición de vuelta para el toro. Estoconazo desprendido de rápidos efectos, dos orejas. Aguilar y Bolívar salieron a hombros.

 

Para todos los gustos y colores salió la corrida de Fuente Ymbro, la más cuajada de las que llevamos hasta ayer en la todos los días repleta plaza de Mont de Marsan que este año está reviviendo de sus anteriores cenizas. Muchísimos espectadores de los campos landeses en los tendidos y gradas de sol, vibraron complacidos con el espectacular juego que no bravura ante el caballo de los tres primeros toros, especialmente con el segundo que derribó dos veces seguidas y con tercero que tomó tres fuertes puyazos aunque luego, por pura lógica, acusó tanto castigo y se vino pronto abajo, lo que no fue óbice para que los lugareños se desgañitaran pidiendo la vuelta al ruedo para el toro y la tomaran contra Luís Bolívar en la errónea creencia de que no había sido capaz de aprovechar la falsa bravura de su oponente y ello tras haber empezar brillantemente la faena en los medios con un pase cambiado y con notables redondos hasta sufrir un serio acosón.

 

El público de esta plaza, como el de casi todas las francesas, suele comportarse con más atención que los de los ruedos españoles. Les interesa el espectáculo y lo sigue con pasión. Pero ayer se equivocaron al juzgar el juego de este toro tan equívoco, cosa que también suele ocurrir en España y, sobre todo, en Madrid con los aficionados toristas que no dan una a derechas fieles a los tópicos y los reglamentarismos. Pero en esta primera parte de la corrida, salieron dos toros que dieron juego absolutamente opuesto. El primero fue un verdadero demonio con cuernos que trajo por la calle de la amargura al francés Julien Lescarret, avezado en estas duras lides y muy querido en su tierra. Julien no se echó para atrás y anduvo muy valeroso tragando infinidad de arreones y coladas.

 

Y en el polo opuesto, un segundo muy alto de agujas que enseguida metió la cara en los buenos y templados lances con que lo recibió Sergio Aguilar, quedando luego mermado de fuerza aunque muy pastueño para la muleta, lo que aprovechó el espada madrileño para torearlo con firme suavidad y limpieza sobre ambas manos. Del infierno a la gloria pareció cambiar la lidia de estos dos primeros toros. Gustó mucho Aguilar que se gustó en un toreo hondo y pausado con no poca distinción. En mi particular opinión, la mejor vez que le he visto por ahora. Y además, muy seguro con la espada. Toda una sorpresa que fue premiada con la primera oreja de la tarde.

 

Mejoraron mucho las cosas en la segunda parte del festejo. No del todo con el cuarto toro que, siendo mejor que el primero, no terminó de definirse en su en principio posible pitón derecho. Lescarret supo ganarle pasos y adelantarse a la acción con la mano derecha aunque luego se mostró más inseguro al natural para regresar al más cómodo pitón derecho. Una denodada alternancia que terminó con desplante, dos kikiriquís movidos y un gracioso pase de la firma. Pero el pequeño torero francés, siempre apoyado por su público, necesitó del descabello tras recetar un  espadazo trasero y la cosa quedó en tablas.

 

Los dos mejores toros de la corrida fueron el quinto y el sexto. También los menos fuertes. Pero la nobleza de ambos propició los triunfos de Aguilar y de Bolívar. El madrileño aprovechó muy bien el gran pitón izquierdo del quinto con naturales de creciente trazo y hondura, rematando con un ramillete a pies juntos y con una estocada sensacional que enterró en todo lo alto hasta las cintas muy lentamente. La estocada, por sí misma, valió una segunda oreja. Pero algunos protestaron a la presidencia por darla porque la faena, aun siendo buena, fue de una.

 

Más toreado y experto, Luís Bolívar se desquitó con el sexto al que cuajó de cabo a rabo sobre ambas manos. La clase del toro y el temple del torero colombiano fueron a más como siempre ocurre cuando se hacen bien las cosas y se torea sin apresuramientos, con calma y a compás. Y dado lo muy efectivo de la estocada y lo embalada de la situación, nadie osó rechistar cuando la presidencia atendió la general petición de dos orejas que Bolívar paseó encantado.           

 

  

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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