4ª de Mont de Marsan. Ponce subió a los cielos en una imponente corrida de Samuel

Plaza de toros de Mont de Marsan. 20 de julio de 2009. Cuarta de feria. Tarde progresivamente nublada y bochornosa con amenaza de tormenta al final aunque solo cayeron unas gotas. Lleno. Seis toros de Samuel Flores, magníficamente presentados, con cuajo y abundante cornamenta en los tipos de la casa. Salvo el primero, todos cinqueños y el sexto al borde de cumplir seis. Dieron vario juego con el predominio de los nobles salvo el manso segundo, que gazapeó y desarrolló genio, y el sexto por muy mirón y complicado aunque en otras manos hubiera sido más posible. Por su gran clase, destacó el débil tercero. Y por su fuerza, inequívoca bravura y abundante nobleza, el quinto que fue premiado muy merecidamente con la vuelta al ruedo. Al primero le costó romper a noble por el lado derecho. Y al cuarto lo mismo por el izquierdo. Ambos finalmente muy francos gracias a quien los lidió y toreó. Enrique Ponce (azul prusia y oro): Pinchazo y estocada, oreja. Pinchazo y estocada, dos orejas con vuelta clamorosa. El Cid (grana y oro): Pinchazo y sartenazo echándose fuera, pitos. Estocada, oreja. Salvador Vega (turquesa y oro): Pinchazo, estocada caída y dos descabellos, ovación. Enrique Ponce salio a hombros tras pasear el ruedo del tal guisa entre el desbordado entusiasmo de los graderíos que permanecieron llenos hasta que abandonó la plaza acompañado por el himno de Valencia que la banda de música interpretó en su honor.

 

Enrique Ponce no está sumando muchas corridas esta temporada pero, cada vez que se viste, lo hace de pontifical. El cuajo profesional y artístico del valenciano parece no tener límites. Viéndole como ayer en Mont de Marsan, donde nunca había fallado desde que tomó la alternativa aunque todavía sin haber logrado los grandes triunfos en las demás plazas de Francia, gozamos de una de sus ya acostumbradas tardes de desbordada ambición y sin igual maestría en las que está superando su propia historia y la de los mejores toreros de todos los tiempos por sitio, fondo, forma y manera de hacer a la mayoría de los toros que le vienen dados, sean cueles sean las condiciones que presenten. La corrida que Samuel echó ayer, fue de plaza de primera. Ninguna broma. Hubo sus más y sus menos al hacer los lotes porque en los tres cayeron toros de nota y buenas hechuras, acordes a lo mejor de esta casa ganadera de Albacete, otrora predilecta de no pocos grandes del toreo y, desde hace años, una de las predilectas del diestro valenciano que, como todo el mundo sabe, es un gran especialista de este encaste.

 

Finalizado el sorteo y enchiqueramiento, supimos que los dos que habían despertado mayores esperanzas se los habían llevado El Cid y Salvador Vega aunque uno de los del lote de Ponce, el que hizo de cuarto, también llevaba lo suyo en cuanto a padre y madre. Pero como a Ponce le vale todo lo que se mueva, miel sobre hojuelas. Y es que, a su infalibilidad técnica de la que conoce todos los resortes habidos y por haber, últimamente está añadiendo tal concentración en superarse como artista, que da gusto verle no solo torear, sino hasta paseando por el ruedo. Ponce convierte sus actuaciones en un espectáculo que va más allá del toreo por ser capaz de crear un ambiente de gran gala operística e incluso propio de esas representaciones de ballet que enardecen a cuantos tienen la suerte de presenciarlas. Envuelve todo cuanto hace en una atmosfera distinta que para nada tiene que ver con una corrida de toros normal, por triunfal que sea. El señorío, la facilidad, el permanente buen gusto y el no descomponerse nunca hasta en los trances más difíciles, el verlo todo claro sin aparentar jamás el más mínimo esfuerzo, la paz que inunda todo su qué hacer, su manera de entrar o de salir de las suertes, su andar por la plaza, la ordenada conjunción y acorde con los miembros de su cuadrilla, el natural compás de su nada presuntuosa apostura y, cuando suena la música durante sus faenas, el acompasarse siempre a las notas de lo que las bandas interpretan con más sutileza e interés que para cualquier otro torero –  la de Mont de Marsan parece que solo toca para él a sabiendas de quien se trata – le conducen a la gloria y, a los que le ven, al asombro.

 

Ayer había muchos toreros en el callejón, además de los que actuaban y hubo que observar con que fijeza admirativa miraban al maestro de maestros mientras lidió sus dos toros. ¿Por donde le metería yo mano a éste? Pues espera y verás, parecía decirles Ponce. Al manso primero que calamocheó por alto por el lado derecho, se llevó enseguida a los medios para conducirlo a la media altura sin obligarle en las primeras tandas ni permitir que le enganchara la muleta hasta que lo metió en la canasta convirtiendo el agua en vino. “Si parece hasta bueno”, les dijo sonriente a los hijos del ganadero que estaban en el callejón. Y lo fue gracias a su ciencia, a su valor y a su arte. Tanto, que terminó toreándolo a placer, también por naturales.

 

Pero con ser grande su primera obra, mucho más la del mejor cuarto en el que Ponce había depositado mayores esperanzas. Tampoco dijo gran cosa este animal en el taller de su lidia porque salió al paso, frío, suelto de capotes y empezó rebrincado en el inicio de la faena que, sin embargo, Ponce brindó al público seguro de lo que vendría después de rehacer al toro y hacérnoslo descubrir como por encanto. Otro buen toro que en las manos de Ponce terminó siendo estupendo. La faena transcurrió de asombro en asombro a cada cual tanda mejor que la anterior sobre la mano derecha y, cuando la plaza estaba a revienta calderas, las inimitables y personalísimas poncinas de su más reciente invención, la pusieron al rojo vivo por ser la primera vez que las veían en Mont de Marsan. Como en incandescente y apasionada rendición cuando, por naturales, dio varios sin moverse y con el solo giro de la cintura se acompasó sublime. Por trincheras y trincherillas fue yéndose Ponce hacia las tablas y sobre las rayas entró a matar con rectitud, pinchando como ya había sucedido en su primer toro antes de enterrar completo el acero en las mismísimas péndolas.

 

Antes de que el portento aconteciera, El Cid pedió los papeles con el gazapón y muy enrevesado segundo con el que no estuvo nunca confiado ni fue capaz de aquietarse una sola vez hasta terminar dando trapazos enganchados en situación lamentablemente desairada e impropia del buen torero que es, pegando un sainete con la espada. Las tornas cambiaron por completo con el magnífico quinto al que El Cid toreó bien aunque un tanto acelerado salvo en una gran tanda por redondos. La formalidad del trasteo y las indudables ganas de El Cid por desquitarse, además de una estocada que fue suficiente, pusieron en sus manos una oreja. En mejor momento, le habría cortado dos y hasta un rabo. Al toro le dieron merecidamente la vuelta al ruedo y El Cid paseó la oreja tan cariacontecido como disgustado. No fue para menos.

 

Una de cal y otra de arena para Salvador Vega que anduvo muy bien e inspirado frente al más noble y con sobrada clase tercero que, por excesivamente castigado en varas, no trasmitió ninguna emoción por su debilidad que se trocó en cierta sosería. El malagueño podría haberle cortado una oreja pero falló a espadas y tuvo que contentarse con una ovación. Y mal con el muy mirón e imponentísimo sexto con el que terminó desistiendo tras intentar pacificar su abrupto embestir.

 

La tarde, además, ya estaba saldada con la apoteosis poncista y todos los presentes deseando verle salir a hombros como a un emperador. Así lo hizo Ponce con la gente más que satisfecha. Me voy a Santander a ver si cuando llegue tenemos suerte y repetimos. En el recuerdo, nos quedará esta memorable feria de Mont de Marsan 2009 que terminará hoy, espero que con tanto éxito como ha venido cosechando. Un ferión, si la comparamos con todas las anteriores, tanto en España como en las Galias.                                              

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

4 Resultados

  1. JORDI dice:

    Se cuenta y así a mi me lo contaron, que andaba Joselito el Gallo en figura del toreo, y le comentaban: José anda por ahí un chaval que esta armando la marimorena en las ultimas actuaciones, José entonces les decia: En la proxima corrida ponermelo en el cartel, ahí se acababa la historia del chaval,.Pues lo demás son cuentos y más cuentos
    la figura que es figura de verdad, debe torear todas las ferias y todos los encastes y con todos los toreros que le dicen que van de figuras,- Cuando eso ocurra con los que van de figura y sigan después de figura un año y otro así hasta 17, yo me descubrire, de momento me quedo con un torero de epoca. Enrique Ponce.
    Saludos y nos vemos en Bilbao.
    Pregunta? sabe Vd. si van todas las figuras?
    Un abrazo a todos sin excepción.

  2. F. Bleu dice:

    Maestro, que manera má bella de describir la corrida. Como siempre una delicia. Y lo de Ponce es indescriptible por mucho que les reviente a los de la ESTATUA tener que rendirse a su maestría, Por ccierto, ¿ha visto usted como pusieron a la ESTATUA en Tendidio Cero?. Por las nubes. En fin, después de ver por activa y por pasiva la actuación de Tomás en Barcelona está claro que se le fueron 3 toros aunque los de TVE se hayan querido sumar al PETARDO TRIUNFAL DE TOMÁS.

  3. juan Peio dice:

    Ponce en los cielos??? Ya me extraña, camarada, un torero ventajista que se alivia desde que nació no puede ir al cielo

  4. angel conejo dice:

    otro exito triunfal y excelso del sumo pontifice del toreo. y, ya van………?. querido maestro del moral,¿que mas le queda por llevar a cabo a este catedratico de chiva para que una amplia pleyade de sus colegas de profesion le puedan catalogar como un figuron de epoca?.la demagogia, el cinismo, el oportunismo y la hipocresia pueden formar parte de la politica, pero, no del mundo del toro cuando los resultados son tan apabullantes como los logrados por este imperial torerazo. 20 años en la cuspide,barriendo con su aplastante regularidad y dejando un amplio reguero de cadaveres a su paso. por cierto: una de las cualidades infinitas que posee ponce, y, que muy pocas veces se dice se llama ….VALOR.sin el, y sin temple no se puede marcar diferencias. un abrazo del moral y siga impartiendo clases de prosa y narrativa taurina.angel conejo.

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