Análisis de la temporada 2010 (III). Oscilaciones en la baraja de ases

 

Inmediatamente antes de que se iniciara la gran temporada – este año antes que nunca en la madrileña plaza Palacio de Vistalegre – las expectativas toreras eran más que sugestivas. Al imprescindible y acreditado cuarteto de la cúpula, se añadían los alicientes de los que en 2009 habían quedado magníficamente situados y algunos incluso al borde de ascender a la cumbre: Sebastián Castella y Miguel Ángel Perera. También, aunque con dudas, el siempre desigual Alejandro Talavante gracias a su enésima aunque llamativa resurrección al final de su campaña. Y otro tanto el nuevo valor, Daniel Luque, por el que apostamos fuerte. Ello sin contar con el segurísimo todo terreno y espectacular, Fandi, desde hace años instalado en la primera fila cual formidable comodín para toda clase de carteles pese a sus muchos detractores de la crítica y de la afición con paladar. Solo quedaba por contrastar El Cid a quien muchos venían dando por acabado después de su floja temporada del año anterior.

Pero como tantas veces sucede en el toreo, Castella no fue el que venía arrasando – salvo escasas excepciones dejó escapar uno tras otro casi todos los buenos toros que le fueron correspondiendo en las principales ferias –; y como, sin que se sepa por qué, había perdido el sitio y la frescura de su arriesgado estilo, su estrella fue declinando mientras los críticos que venían apoyándole incondicionalmente y hasta calificándole de primerísima figura, tuvieron que aceptar su bajón aunque un tanto disimuladamente. La negativa del diestro francés a reconocer su floja campaña quedó desairada por él mismo al cortarla antes de la feria de Logroño y, por ende, la del Pilar en Zaragoza, temeroso del mal sello que podrían ponerle si hubiera fracasado en ambos ciclos.  Ello no quita para augurarle que, en cuanto supere o se desprenda de lo que le ha hecho perder comba, volverá a ser quien ha sido por derecho propio. Lo celebraremos y diremos en cuanto suceda.  

Otro tanto ocurrió al principio de la temporada con Perera quien, por razones estrictamente personales, llegó a Sevilla increíblemente desconocido hasta el punto de frustrar totalmente a sus muchos partidarios. Y lo mismo o peor, Daniel Luque que para entonces no pasaba de gran promesa, como consecuencia de su estrepitoso fracaso en la corrida del Domingo de Resurrección en Madrid que mató en solitario. Atrevida y errónea apuesta que cometió creyendo que se iba a comer el mundo y terminó sin comerse a nadie. Ambos diestros evidenciaron sus inesperadas y preocupantes situaciones en el mano a mano que les enfrentó en la sevillana Feria de Abril.

Afortunadamente, poco tiempo después, tanto Perera como Luque fueron saliendo del bache que habían padecido y empezaron a pegar los golpes que todos esperábamos. La primera señal que dio Luque de ello, fue aguantar con no poco mérito y sin echarse para detrás, el memorable tercio de quites que protagonizó con Morante de la Puebla en San Isidro. Y de ahí para delante, hasta terminar su campaña por todo lo alto en Zaragoza y en Jaén.

Perera lo tuvo más complicado porque, cuando   en varis ferias calcó las grandes faenas de su enormes temporadas de 2007 y 2008, sufrió consecutivos percances que diezmaron inoportunamente su marcha, súbitamente finalizada en Bilbao cuando los médicos le descubrieron una gravísima lesión vertebral padecida sin que lo percibiera en San Sebastián, por lo que se vio obligado a cortar en seco.

También El Cid comenzó mal su temporada en un momento muy doloroso en lo personal por la enfermedad y muerte de su padre. Pero cuando acababa de suceder lo mismo en la de San Isidro en Madrid, fue llamado para sustituir a Manzanares y, en la que para él fue tercera comparecencia en Las Ventas, hizo un incuestionable esfuerzo y resucitó triunfalmente.  Tarde dramática, por cierto, en la que Julio Aparicio fue corneado en el cuello por atravesarle la garganta el pitón del toro que asomó por su boca.

Esta terrible y espectacular cornada, cuyas imágenes ocuparon portadas en todos los periódicos y telediarios del mundo, eclipsó el turbio propósito de ciertos periodistas y de varios indeseables aficionados implicados en el complot diseñado contra El Cid para reventarlo en cuando apareciera en el ruedo para lidiar sus toros. Inasequibles  al desaliento, los enterradores no solo negaron el indeseado éxito madrileño del diestro de Salteras, sino que continuaron minusvalorando los muchos más que consiguió durante el resto de la temporada. Incalificable petardo periodístico que, junto al que también pegaron con Enrique Ponce pidiendo que se retirara, les dejó en el mayor de los ridículos y desacreditados como, de paso, también los medios que les dan cobijo.

He dejado a El Fandi para finalizar este tercer análisis porque merece un punto y aparte. Mucho y para bien hemos escrito sobre el granadino, lo que durante años nos ha supuesto no pocos ataques incluso personales que son el único recurso que les queda a nuestros enemigos para desacreditarnos. Mal asunto para ellos. Pero, mira por donde, este que enjuiciamos, ha sido el primero en el que la mayoría de los que le negaban cerrilmente desde que culminó cada temporada como líder del escalafón en número de corridas y de trofeos conseguidos, han empezado a reconocer sus muchas virtudes. Lo que todavía no han hecho es reconocer también que, en cuanto a destreza muletera, ha dado un paso de gigante. No dudo que sus progresos en esta faceta también terminarán siendo aceptados.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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