Análisis de la temporada 2010 (VI) Presente y futuro de las plazas y sus ferias

En nuestro primer vistazo sobre la temporada, apuntamos varios problemas que han aumentado este año por la falta de público en no pocas plazas, sobre todo las de segunda y de tercera categoría, así como la muy escasa o nula celebración de festejos en los pueblos que, en su mayoría, venían siendo subvencionados por los ayuntamientos.

Circunstancia que, sin embargo y a pesar de ser bastante grave, también puede tener efectos positivos de cara a la que ya es obligada remodelación del sistema de explotación de la mayoría de las plazas, incluso las más importantes que pertenecen a entidades públicas o semi públicas.

Aunque no todos los implicados en el negocio taurino se muestran conformes con adoptar la gestión directa que, por cierto, funciona a las mil maravillas en las plazas de Bilbao y Santander, la mayoría de los profesionales del toreo, de los ganaderos y, no digamos, de la afición más fiel están convencidos de que la mejor manera para que las ferias sean verdaderamente atractivas, es que los cánones de arrendamiento disminuyan drásticamente o que se les ponga un tope. Y que en las plazas más señeras se imponga la gestión directa o compartida entre las propiedades y los profesionales del empresariado, a los que se exigirá aumentar notoriamente la calidad de los espectáculos que ofrezcan, para lo cual, las entidades arrendatarias tendrán que renunciar a gran parte de los beneficios económicos que vienen devengando e invertirlas en la mejora de la calidad de los espectáculos. Un dinero que, siendo actualmente excesivo y hasta increíblemente cuantioso para los que concursan, luego de ganar los concursos que, en la práctica son subastas, se ven forzados a rebajar sustancialmente la presencia de figuras en la mayoría de los carteles. Dinero, en definitiva, que apenas supone nada en los presupuestos millonarios que manejan los grandes ayuntamientos, las diputaciones más ricas y, no digamos, las comunidades autónomas.

Máximo ejemplo, la plaza de Las Ventas de Madrid que, aunque continúa siendo considerada como la primera del mundo, es a la vez una de las más aburridas del orbe taurino.

La enorme cantidad de festejos sin categoría ni atractivo alguno que se dan con respecto a los poquísimos con participación de los toreros más importantes, no terminará hasta que la Comunidad de Madrid no cambie el pliego de condiciones y el sistema de concurso que viene rigiendo y, lo que es peor, continuará siendo reflejo para otras plazas aunque, desde hace tiempo y más como consecuencia de la manida crisis, en las ferias capitalinas de provincias que siguen anunciando espectáculos de tronío junto otros de barato relleno cuando no de puro saldo, el público ha dado la espalda a estos últimos por cansado de tener que pagar lo mismo por ver a las máximas figuras que a toreros de bajísimo nivel. Gato por libre que ya no cuela y con la crisis galopando, mucho menos. En cualquier caso, muchas ferias tendrán que reducir el número de festejos. Ya lo han hecho en algunas y el próximo año lo harán en casi todas.

Al respecto y aparte el particular caso de Madrid, solo hay una excepción por el momento: la plaza de Pamplona y su feria de San Fermín en la que en todas las corridas que dan se llena hasta los topes toree quien toree, sin que casi nadie ose rechistar debido a los fines benéficos destinados a sostener y a mejorar la famosa Casa de la Misericordia.

En este asunto de la explotación de las plazas de toros y en muchos aspectos más, los franceses van años luz por delante de nosotros. La prueba es que este año tan crítico, el total de festejos taurinos que se han celebrado en el país galo ha aumentado con respecto a los de su campaña anterior, mientras que en España se han dado muchos menos.

Y es que la casi totalidad de las plazas francesas se gestionan directamente por sus entidades propietarias, ayuntamientos en su mayoría. Claro que, siempre vigilados y exigidos los organizadores responsables de cada una por comisiones de aficionados, peñas y clubs locales a los que se atiende porque, de que las cosas se hagan bien o mal, depende que continúen ejerciendo o no los encargados de llevarlo a cabo.

En Francia, además, nunca hizo falta que los espectáculos taurinos dependieran de los ministerios del Gobierno, ni que los presidencias de la plazas sean policías, si siquiera que rija ningún reglamento. Se aplica el español siempre y cuando se atienda al sentido común, lo que permite una mayor libertad en la dirección de la lidia. Método que, a la postre, supone una mayor cantidad de buenos espectáculos y, algunos, bastante más brillantes que los mejores nuestros. Toda la profesión sabe, además, que en Francia no se multa a nadie por cometer infracciones graves. Los que abusan lo pagan pasando unas largas vacaciones y punto. De ello están advertidos tantos los toreros como los ganaderos por lo que solo repiten los que triunfan con cierta regularidad.

Ello sin contar la cada año mejor calidad de la afición francesa al tiempo que decae en las nuestras. Decadencia que nos debería preocupar en serio porque, mientras en las plazas francesas los aficionados son mayoría, en las nuestras vienen siendo decreciente minoría y así nos va.

Por el momento, parece irremediable que en la plaza de Las Ventas de Madrid, el público de aluvión domina sobre los entendidos y que, entre éstos, dicten lo que es bueno o malo unos cuantos individuos que actúan con violencia o aquiescencia según su capricho que no es otro que reventar a las figuras por sistema, mientras a los mediocres les consienten todo lo que, precisamente, exigen a sus víctimas. Y esto tanto a los toreros como a las ganaderías. Mientras no se termine con esta sinrazón, los toreros más importantes seguirán actuando en Madrid las menos veces que puedan cuando no ninguna. Dato que añadimos a lo que acabamos de escribir sobre un nuevo sistema de explotación de Las Ventas, si de verdad se quiere poner remedio para convertirla en lo que debería ser, el mejor y más brillante escenario taurino del mundo.

Que el público en general – no los verdaderos aficionados – continúe asistiendo masivamente a casi todas las corridas de los tres abonos que dan en la plaza de Las Ventas pese a la poca calidad de lo que ofrecen, no debería ser la excusa para que todo siga igual. Ya veremos lo que ocurre en el futuro.

En definitiva, que por la crisis también podemos decir aquello de que no hay mal que por bien no venga.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

2 Resultados

  1. jose maría gómez dice:

    Sr. Abella, si lee este blog, tome nota. Está a tiempo de corregir los desmanes del anterior gerente al que hoy sustituye. Reduzca en cantidad la Feria y que predomine la calidad, suprima la Feria del Aniversario, estas corridas deben pasar a la Feria.Haga una lista de ganaderias de prestigio y que la empresa trague y pague, lo mismo digo de los matadores, estamos hartos, ni una Feria mas como la golferia perpetrada este año. Que se dejen los Taurodeltas de Cinco Naciones y Novilladas de Julio y que estas pasen a los viernes o sábados, en Julio y en Agosto, corridas de toros como toda la vida, con ganaderias de cierta garantía y no moruchadas. Y si no tragan los Choperitas, que se vayan. Si no les es rentable la temporada así, que se las ingenien, para eso son empresarios.
    A ver si por una vez no clamamos en el desierto. Esta Vd. a tiempo.
    Saludos

  2. graciano dice:

    Quiero comentar algo que me molesta sobremanera, especialmente en Madrid. Me ponen enfermo el tema de las “rayas”. Si un toro te está diciendo desde que sale que es manso, admito que se le ponga bien una vez, pero cuando sale de estampida varias veces, se debe hacer como en el campo “pícale para torearle”. Se pierde mucho tiempo, nos aburrimos y al toro se le perjudica con tantos capotazos. También si un toro ha demostrado de sobra que no quiere caballo, no hay que insistir en y se debe permitir al picador que avance para cumplir el trámite. Es muy emocionante ver ir a un toro bravo al caballo, pero a uno manso y a veces mansísimo es un absoluto aburrimiento.
    Claro que ya decía Paco Ojeda que el reglamento era para los que no saben de toros.

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