Análisis de la temporada 2010 (y VII). La prohibición catalana politizó la Fiesta

Que uno recuerde, jamás como este año se había escrito y hablado más de política en relación con el mundo taurino. El detonante fue la prohibición de celebrar corridas de toros en Cataluña por resolución mayoritaria de su Parlamento. Desde que se supo que los diputados catalanes lo iban a debatir y, sobre todo, desde que fue aceptada la moción que lo solicitaba, la Fiesta quedó politizada y no por culpa de los parlamentarios afectos al taurinismo, sino por los anti después de tirar la piedra en su baldío propósito de esconder la mano. A todos éstos sí que se les vio el plumero.

Con vergonzoso cinismo, los mismos que luego de la escandalosa afrenta no cesaron de pedir que los toros no se politizaran, fueron precisamente los que lo consiguieron ¿Qué creían, que los afectados se iban a quedar cruzados de brazos?

Al contrario. Lo que ocurrió fue que la prohibición fue tomada como inadmisible y ya vimos todo lo que ocurrió después. Que los taurinos se unieron por primera vez. Que mientras duró la temporada, en todas las plazas de toros de España y de Francia se produjeron entusiastas manifestaciones en contra del ultraje. Que las principales figuras del toreo se echaron para delante y se entrevistaron con miembros del Parlamento Nacional, del Senado y del Gobierno en su intento de que los toros pasaran de Interior a Cultura para que pudieran protegerse y difundirse como los demás espectáculos artísticos. Y que cuantos han intervenido en el conflicto, salvo los nacionalistas y los socialistas todavía en el poder central y en el de Cataluña, han mantenido las mismas posturas que, al respecto, manifestaron al iniciarse la disputa. Únicamente los socialistas, pues, no han cesado de marear la perdiz y caído en continuas contradicciones en su frustrado intento de continuar nadando sin perder la ropa.

Y es que, a pesar de la sensación positiva que los toreros sacaron de sus entrevistas con la Ministra de Cultura y con el de Interior, ahora también Vicepresidente y Portavoz del Gobierno, los hechos continúan pesando más que los dichos.

A la hora de la verdad que, en política, consiste en votar a favor o en contra de cualquier propuesta, en el Parlamento Catalán los socialistas dieron libertad de voto después de haber asegurado que lo harían en bloque a favor de los toros. Y, posteriormente, en el Senado, decidieron oponerse en bloque por orden superior cuando el Partido Popular llevó al pleno una propuesta para que la Fiesta fuera declarada Bien de Interés Cultural en toda España ¿En qué quedamos entonces? ¿Si, o no a los toros en España y, más concretamente, en Cataluña?

Para mayor escarnio, el Parlamento Catalán aprobó también por mayoría, que los llamados “correbous” siguieran celebrándose sin el menor problema ni inconveniente legal alguno, con lo que la anterior prohibición de las corridas de toros – y de novillos, por supuesto – quedó en total evidencia por ser las corridas de toros bastante menos crueles que los encierros con reses a las que se les colocan teas ardiendo en los cuernos para divertimento de los que jueguen con ellas hasta maltratarlas violentamente.

El último capítulo que por ahora se ha producido en defensa de la Fiesta fue la decisión efectiva de más de cincuenta senadores del Partido Popular en llevar la prohibición catalana al Tribunal Constitucional. Algo que honra a los parlamentarios que lo firmaron, supongo que con la aquiescencia de su dirección nacional e, imagino, de los millones de militantes, mas la de los muchos millones de españoles que, sean o no aficionados, se oponen a la prohibición por lo que supone de inadmisible ataque a la libertad. Supremo bien de cualquier democracia, pero por lo visto no de la que actualmente padecemos por culpa de quienes todavía mandan sin parar de dictar prohibiciones de todas clases. Lo que debería bastar para que, cuando llegue el momento, lo paguen y muy caro en las elecciones que nos aguardan a la vuelta de la esquina.

Tal estado de cosas, sin embargo y exactamente igual que ha sucedido en el mundo de los toros por los efectos de la crisis, mira por donde que la prohibición catalana ha sido causante de la unión apiñada de todos los profesionales y de todos los aficionados del mundo. Más que nunca, a la espera de que los socialistas y sus socios nacionalistas pierdan el poder y de que el Tribunal Constitucional ponga las cosas en su sitio.

Todo el mundo taurino también debería seguir unido para lograr que los espectáculos taurinos gozaran de los mismos impuestos que los demás y tengan los espacios que se merecen en los canales de televisión públicos, principalmente en TVE. Que no es pedir la luna como creen algunos, sino algo a lo que tenemos tanto o más derecho que cualquier otro, sea de la índole que sea.

Ya es sabido que la mayor parte de las actuales figuras del toreo decidieron ponerse al frente de la manifestación, demostrando ser unos señores como la copa de un pino. Por serios, formales, respetuosos y elegantes. Ha dado gusto ver cómo se han comportado en cada una de las entrevistas que han tenido con los políticos, tanto del Gobierno como de la Oposición, y cómo se han expresado después de cada una. Con tanta o mayor soltura y educación que los que más presuman de ello.

El respeto que han pedido para su profesión, quizá una de las más respetables que se puedan ejercer, no es otro que el que los toreros han tenido con todos sus interlocutores. Ojala que sirva para lo que, tanto los profesionales como los aficionados, llevamos años pidiendo: Que la Fiesta goce, al menos, de los mismos apoyos institucionales que los demás espectáculos.

Esto es lo más importante. Luego, todo lo demás. Porque las corridas continuarán celebrándose con tales o cuales problemas, pero celebrándose dependiendo de Interior, de Cultura o de ambos ministerios a la vez. Aunque lo más conveniente sería que los profesionales se autoregularan creando una Federación Taurina en serio. Pero en serio de verdad. En modo alguno de un organismo en el que, si los que no cumplieran las reglas no fueran reprendidos ni castigados por nadie ni por nada, todo se iría rápidamente al garete.

Por lo que se refiere al tema de los reglamentos, que deberían volver a unificarse para toda España con Cultura o sin Cultura. Porque si los de siempre nunca se cumplieron en su totalidad, menos los regionales salvo en la estupidez de que a quien no le den dos orejas de un mismo toro, no podrá salir a hombros. Todo esto es accesorio porque la historia taurina, incluso la más reciente, está llena de faenas míticas por las que solo se dio una oreja o ninguna. Qué más dará, entonces, lo de los trofeos. Lo mejor sería suprimirlos y que los premios se limitaran a las ovaciones y a las vueltas al ruedo. Los que logren dar dos tras una gran actuación, se verían mejor premiados que con un par de cartílagos sanguinolentos en la mano. Y los que pudieran dar tres, mejor que si cortaran un rabo. Terminarían así los caprichos presidenciales por exceso o por defecto ¿O no?

Finalmente y por lo que cualquier reglamento siempre intentó imponer normas rígidas para la lidia de los toros, solo voy a decir lo que un día me contestó el Paco Ojeda de sus comienzos cuando le pregunté por lo que pensaba él del Reglamento y me contestó: “Eso es una cosa que solo sirve para los que no entienden de toros”.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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