Los toros en Francia, un ejemplo a seguir

Cuando se repasan las estadísticas de la temporada francesa, se lleva uno la impresión de que otra Fiesta es posible. Tan real como posible. Y sin necesidad de recurrir a un remoto pasado heroico -admirado justamente por todos- ni, por supuesto, a un futuro de velcros y ballets con taleguilla.

Se trata de un presente construido con parecidos mimbres de toros y toreros que en España. Parecidos. No idénticos. Si algo sorprende del modelo francés son las sugerentes combinaciones de hierros y matadores en los carteles, impensables en muchas ferias españolas. Frente a la monotonización de la Fiesta a este lado de los Pirineos, la diversidad de encastes que paladea la Francia taurina ofrece la posibilidad de una lidia variada, con emoción y autenticidad. ¿O es que hay otra? Al menos otra que pretenda sobrevivir al siglo XXI…

Domecq, 51. Otros encastes, 49

La abrumadora domecquización de las ferias españolas -que llega al cuasimonopolio en muchas plazas de segunda-, nos deja demasiadas tardes un espectáculo ayuno de emoción. En Francia, sin embargo, la mitad de los toros que saltaron a los ruedos pertenecieron a otros encastes.

Durante 2010 se celebraron 52 corridas de toros en las ocho plazas francesas de 1ª y 2ª categorías: Arlés, Bayona, Béziers, Céret, Dax, Mont-de-Marsan, Nimes y Vic-Fezensac. Se lidiaron a pie 308 astados, de los cuales 158 eran de procedencia Domecq (51%), mientras que 150 correspondieron a otros encastes (49%).

De estos otros encastes, se aprecia en el gráfico adjunto la variedad de la que ha disfrutado el público francés. Destacan Santa Coloma (33), Miura (30), Albaserrada (24) y Atanasio (16). También figuran Núñez (10), Conde de la Corte-Atanasio (8), Gamero Cívico (7), Contreras-Domecq (7), Pinto Barreiros-Ibán-Torrealta (6) y García Pedrajas (5). Y de forma más testimonial, en corridas concurso, Veragua, Villamarta, Pinto Barreiros y Manuel Arranz.

Por cierto, que se organizaron hasta cuatro concursos de ganaderías en esos 52 festejos. Proporcionalmente, equivaldría a proyectar dos – o incluso tres – de estos festejos en las temporadas de Madrid y Sevilla.

La ganadería que más toros lidió en Francia fue Garcigrande (34), seguida por Miura (30), la santacolomeña de La Quinta (26) y Núñez del Cuvillo (25).

Merece la pena señalar que, de los 158 toros de origen Domecq, casi la mitad (75) lo han sido de cuatro ganaderías: Victoriano del Río, El Pilar (Raboso), Núñez del Cuvillo y Fuente Ymbro. Esa apuesta clara de las Arenas francesas por estos hierros ha ido en detrimento de otros como Zalduendo o Juan Pedro Domecq, de los que sólo fueron requeridas 11 reses.

¿Es posible triunfar con otros encastes?

La disparidad de encastes que acabamos de constatar se acompaña en Francia de una presencia heterogénea de diestros con estilos y bagajes diferentes, lo que conlleva rivalidad en el ruedo y pasiones encontradas en los tendidos. Hay lugar para las múltiples sensibilidades del público que acude a las plazas. Caben desde la silla de Morante hasta El Juli con santacolomas. Desde la puesta en valor de toreros jóvenes como Alberto Aguilar, hasta el reconocimiento a quienes, como Urdiales o Sergio Aguilar, se relega en los despachos españoles. Es posible el pique -tan taurino- entre Castella y Juan Bautista. Y es real la ausencia de los mediáticos: ninguna tarde para El Cordobés, Rivera Ordóñez y Jesulín. Tampoco para Cayetano ni Talavante.

Hasta 44 matadores han actuado en plazas francesas de 1ª y 2ª, en tan sólo 52 corridas. Y de ellos, 26 lograron algún trofeo. No está reñida la variedad de encastes con la posibilidad del triunfo, como a veces suele insinuarse. Los datos de Francia así lo confirman: las ganaderías de origen Santa Coloma, por ejemplo, han permitido un nivel de éxitos sólo algo por debajo de las de encaste Domecq. Y quienes los han obtenido han sido espadas tan diferentes como Curro Díaz, Diego Urdiales, El Juli, Miguel Ángel Perera, Luis Bolívar, Alberto Aguilar y Román Pérez.

De las 316 orejas alcanzables de los toros de procedencia Domecq, se cortaron 95 (un 30.1%). De Santa Coloma, se lograron 16 de 66 posibles (un 24.2%). De Palha, 3 de 12 (un 25%). De Albaserrada (8/48) y Atanasio (4/32), un 16.7% y un 12.5%, respectivamente. De Núñez, un 10% (2/20). Y de Miura, sólo un 3.3% (2 orejas de 60).

Como curiosidad, al único toro de encaste Manuel Arranz, perteneciente al hierro de Pagés-Mailhan, lo desorejó Julien Miletto.

Elogio de Francia: Exigen y disfrutan

No es incompatible para la afición francesa la exigencia de un espectáculo íntegro, con la capacidad de disfrutar en la plaza. Exigen con audacia. Y, sin complejos, disfrutan. No hay más que ojear las cifras de las dos últimas temporadas y comprobar que no son precisamente parcos a la hora de pedir trofeos.

A diferencia de la pinza empresarios-apoderados que rige la contratación en España, la organización de los festejos en Francia es responsabilidad de la Comisión Taurina de cada municipio, formada por aficionados. Entendidos. Interesados en el toro. Y, asimismo, entusiastas del torero. Conocedores, sin duda, de las claves del rito.

Cuando la Comisión Taurina de un ayuntamiento delega la gestión de la feria en un empresario privado, éste debe ajustarse a los criterios que aquélla determine. A su vez, un organismo superior -la Unión de Ciudades Taurinas de Francia- vela por la integridad del espectáculo. La capacidad de veto de la autoridad ante cualquier infracción o negligencia permite prescindir de aquellos hierros o espadas que no cumplieron las expectativas y, por supuesto, asegura la repetición a los que triunfaron.

Uno se pregunta al final si la solución sería trasplantar este modelo de gestión a España, donde ni la prohibición en Cataluña ni la Gran Recesión han sido capaces de conmover los cimientos de una industria cortoplacista y adicta al mínimo esfuerzo, concentrada en unas pocas manos, puro oligopolio alérgico a la innovación y la competencia.

Si uno de los fundamentos del éxito francés radica en el papel que juegan los aficionados, ¿no sería cuestión de reproducirlo en España? Al margen de la fuerte resistencia que las grandes dinastías empresariales opondrían, tengo mis dudas sobre el resultado. Harían falta aficionados independientes, alejados del taurinismo oficial y que no ejercieran su afición como un oficio. Salvo clonación, seguiremos siendo españoles, al igual que hace un siglo, cuando don Pío –Baroja, no el viejo y gallista crítico de La Tribuna-, distinguía bien el potencial de franceses y españoles.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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