13ª de la Temporada Grande en La México. El Juli como un portentoso volcán

Tras perder el rabo del estupendo quinto toro de Xajay por pinchar la mejor faena de su vida en la  Monumental de Insurgentes, en vez dar la que hubiera sido una vuelta al ruedo más que apoteósica, pidió un sobrero de la misma ganadería al que finalmente cuajó otro faenón y, sin hacer caso a los que pedían el indulto, lo mató de certera estocada logrando los máximos trofeos en medio del extasiado delirio de la multitud. Histórica efeméride del madrileño que, al cabo del tiempo, empieza a  parecer un portentoso volcán en imparable erupción. Lo demás no fue tan bueno ni tan brillante pese a ser improcedentemente premiado con apéndices muy protestados. Sobre todo los que le regalaron a Zotoluco que, increíblemente, acompañó a El Juli en su impresionante salida a hombros con el gentío enloquecido, el ruedo lleno de espontáneos “capitalistas” luchando por aupar al torero como ocurre con la Virgen del Rocío cuando cada año la sacan de su capilla. Más de una hora tardaron en pasar bajo el histórico Encierro de Benlliure que corona la Puerta Grande y qué sé yo hasta donde le llevaron en volandas por las calles capitalinas. Inenarrable entusiasmo que perdurará en el recuerdo por los siglos de los siglos.

El Payo resultó el peor librado aunque luchó con irresoluta entrega frente a uno de los cuatro mejores toros que se corrieron del desigual envío. Todo lo que hicieron los dos espadas mexicanos quedó materialmente sepultado bajo la aplastante actuación del todavía muy joven gran maestro del toreo que ratificó su absoluta madurez en el escenario más grandioso y trascendental de las Américas.

Plaza. Monumental de México D F. 30 de enero de 2011. Tarde muy ventosa con más de tres cuartos de entrada. Siete toros de Xajay incluido el sobrero de regalo lidiado en séptimo lugar al que se dio inmerecida vuelta al ruedo simplemente por su docilidad, magníficamente aprovechada  por quien lo toreó. Bonitos y bien hechos en su mayoría aunque desigualmente cuajados, diversamente encornados y de vario juego: Descastados, rajados y sin fuerza los tres primeros. Muy noble el cuarto por el lado derecho. Excelente pese a su debilidad el quinto. Y noble por el lado izquierdo el sexto aunque se defendió por su escasa fortaleza. Eulalio López “Zotoluco” (tabaco y oro): Estocada trasera, oreja muy protestada. Estocada tendida trasera, oreja asimismo protestada. El Juli (turquesa y oro): Gran estocada, oreja ligeramente protestada. Cuatro pinchazos y estocada caída atravesada, aviso e interminable y estruendosa ovación. Buena estocada, dos orejas y rabo con apoteósica vuelta al ruedo y posterior salida a hombros en desbordante y rendido loor de multitud. El Payo (negro y oro): Media trasera tendida, silencio. Estocada ligeramente contraria, silencio. Muy bien en la brega Álvaro Montes que también pareó con excelencia, así como Cristián Sánchez. Tras el paseíllo, se guardó un minuto de aplausos en recuerdo de José María Luévano, recientemente fallecido por accidente de automóvil, y a Zotoluco le entregaron una placa por cumplir su corrida número 1000. Los tres matadores brindaron uno de sus toros en su memoria alzando la montera al cielo.

Aunque la expectación era mayúscula, con la enorme plaza casi llena y la reventa por las nubes, la corrida no empezó nada bien. Hasta la salida del cuarto toro y, sobremanera, la del quinto, el festejo había transcurrido por vulgares derroteros a cuenta del decepcionante juego del ganado.  Zotoluzo anduvo tan corriente como acostumbra con el muy rajado y flojo toro que abrió plaza del que le regalaron una oreja pueblerina por los efectos rápidos de la estocada con que mató. El Juli lidió y toreó muy bien con el capote al asimismo descastado y enseguida venido a menos segundo hasta matarlo perfectamente por lo que también le dieron un improcedente trofeo. Despectivos silencios para un irrelevante Payo frente al aún peor tercero. Mas otra oreja más que discutida y desde luego discutible le dieron a Zotoluco del muy noble cuarto al que toreó atacándolo desde las afueras con gestos para la galería aunque volvió a manejar certeramente la espada. Así iba, pues,  la cosa. Entre discusiones y aquiescencias sobre la dadivosidad presidencial en detrimento de la categoría de la plaza y en  equívoco demérito de los premiados.

Pero allí estaba El Juli para encargarse de poner orden en el zafarrancho orejófilo y, además, concierto de los caros. Ya había dejado su sello frente al segundo toro con el que anduvo muy por encima de su deslucidísima condición. Pero los que venimos viéndole arrasando tanto en España como en América desde el inicio de la pasada temporada, sabíamos que a poco que su siguiente toro se prestara algo más, armaría el taco. Y vaya si lo armó con el quinto que fue, con mucho, el que salvó con sobradas creces el honor de la vieja y prestigiosa ganadería azteca de Xajay.

A la noble fijeza del burel se añadió la clase y cuanto le hizo El Juli con capote y muleta podemos y debemos calificarlo no solo de antológico, también de un paso más en su incesante afán de perfeccionar su toreo hasta grados inimaginables por lo que se refiere a ese sentido de la creatividad, de la improvisación, del denuedo y hasta de la prestidigitación que supone enlazar ligados sin solución de continuidad las suertes naturales y las contrarias en tal grado de inspiración y sentimiento que, a medida que van pasando los meses, El Juli las hace crecer en virtuosismo, en cadencia, en ritmo, y no digamos en ralentizado temple.

El Juli bordó en uno de sus quites las mejores y más lentas tafalleras que hayamos visto dar a nadie; en los recibos, unos delantales como jamás hubiéramos podido soñar por convertir esta suerte recurrente en fundamental; unas navarras que en sus manos parecieron pétalos de rosa agigantados cual pinturas oníricas; redondos solemnemente encadenados cual sinfonías wagnerianas; naturales de eterna curvatura que sonaron como los violines Stradivarius del Palacio Real; remates de pecho mecidos al mismo compás que las olas más calmadas del mar; eternos cambios de mano, dosantinas en preciosa espiral, trincheras y desdenes cual perlas del mejor collar y una manera de entrar y de salir en cada tanda con suave elegancia y a la vez con ferocidad racial.

Por eso a nadie más que al propio Juli importó que pinchara tan magna obra. Y por importarte tanto en su genial insatisfacción, pidió el sobrero para darse el gustazo de torear otra vez como ya lo había hecho y, por ende, matarlo como mandan los cánones. Cayó el rabo como no podía ser menos y caímos rendidos todos los presentes a los pies de El Juli como pocas veces hayamos caído ante otros grandes astros de la tauromaquia. Verdaderamente que, por ver así a El Juli, ha merecido la pena el larguísimo viaje. Hasta hubiera merecido incluso dar tres vueltas completas al mundo para poder ser testigos de semejante portento en el que la especial sensibilidad colectiva de La México se superó a sí misma.                 

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

5 Resultados

  1. uno del dos dice:

    PEDAZO DE CRONICA

  2. albayzyntoros dice:

    Se podrá escribir algo mejor que lo que acabo de leer.
    Pero qué lejos está este señor del resto de los cronistas. Cuanto deberian de aprender a…
    1º, saber ver
    2º saber expilcar
    3º saber transmitir
    4º tener conocimiento y sencibilidad de la fiesta NACIONAL O INTERNACIONAL UN SALUDO
    QUE APRENDAN LOS DEMAS, POR FAVOR

  3. Jose Ramon Garcia dice:

    Estimado Señor del Moral, El historico Encierro que corona La Puerta Grande en La México fue creado por Alfredo Just, no Benlliure… Desde Rio Rico, Arizona,Jose Ramon Garcia

  4. Cuentacuentos dice:

    ¡¡IMPRESIONANTE CRÓNICA!!
    Lo mejor que he leido de toros en mucho tiempo.
    José Antonio del Moral, Maestro ayer hoy y siempre!!
    Un abrazo para todos.

  5. Guadalupe Vargas dice:

    Aún parece que estoy ahí… tan lejos… tan cerca de los amigos, pero en LA MEXICO! En ls mejor faena que no veía, que no existía eso era EL JULI
    El único que pudo hacer enloquecer a mi plaza, a mi Monumental Plaza de Toros México . Sin dejar de ver la escultura de El Chicuelo…no dejo fe de pensar en el extraordinario momento que nos hizo pasar El Juli.
    Escuchar al publico enloquecer! Enloquecer con un Olé!
    Gracias José Antonio por esta extraordinaria crónica. Gracias infinitas!

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