1ª de Valdemorilllo (Madrid). Aldabonazo de Víctor Barrio

Hasta cinco orejas cortó ayer Víctor Barrio en Valdemorillo. Pero las orejas fueron lo de menos. Lo importante fue la excelente impresión que dejó. Barrio es torero de gran empaque y personalidad que, además, hace un toreo mandón, ligado y por abajo. Juan del Álamo, por su parte, con los novillos peores del encierro, mostró buen oficio. Está preparado para tomar la alternativa. Ya debería haberla tomado. Como novillero está pasado.

Plaza de toros de Valdemorillo. Viernes 4 de febrero de 2011. Tres cuartos de plaza. Un novillo para rejones de Francisca Martín Tabernero. Salió alegre, pero se rajó muy pronto. El rejoneador Álvaro Montes saludó desde el tercio por su cuenta. Cinco novillos de José Cruz Iribarren, de aceptable presencia. Muy nobles y de buena clase, pero con muy poca fuerza y muy poca raza. Un sobrero de Tomás Entero, lidiado en tercer lugar ordinario, fue un auténtico toro de nulo juego. Juan del Álamo (malva y oro): Silencio. Silencio. Una oreja. Víctor Barrio (grana y oro): Aviso y una oreja. Dos orejas. Dos orejas. Miguel Martín y Paquillo banderillearon muy bien al segundo y al cuarto respectivamente.

Mucho público y buen ambiente para presenciar el mano a mano entre los dos novilleros con más proyección del momento actual. El mano a mano lo ganó por goleada Víctor Barrio que se llevó los mejores ejemplares de una novillada tan noble como blanda de Joselito Cruz. Juan del Álamo tuvo que bailar con la más fea toda la tarde. Primeramente toreó un novillo sosísimo  y después pechó con un sobrero horrible de la empresa, que dio un pésimo juego. Con ambos, del Álamo se mostró solvente y por encima de sus oponentes. El quinto no tuvo clase pero se dejó torear. El novillero de Salamanca construyó una faena profunda y muy templada que le valió una oreja. Vimos a un del Álamo cumplidor pero desmotivado.  Le están pasando como novillero. Es tal su seguridad, que con el utrero ya no dice nada. Y, desde luego, sería insensato volver a Madrid esta primavera como novillero. ¿Para qué, para toparse con exigencias imposibles y devolver el buen cartel conseguido la temporada pasada? Tendría que tomar la alternativa cuanto antes. Incluso ya tendría que haberla tomado. Necesita nuevos retos para no estancarse.

Víctor Barrio sorprendió, en primer lugar, por su gran disposición. Con el capote intentó toda clase de quites, que le salieron más o menos bien. Desigual con la capa, pero siempre entusiasta. Sus mejores momentos los consiguió con la muleta. Su primero tuvo tanta clase como justeza de fuerza. La faena duró poco porque Barrio lo atacó mucho y no le dio sitio, pero lo hecho por el segoviano llegó mucho al público por su gran empaque y estoicismo. La oreja, eso sí, fue excesiva teniendo en cuenta el horrible metisaca que dejó antes de propinar una estocada corta y delantera.

El cuarto fue el novillo que más se movió del encierro. Barrio le instrumentó una faena algo desigual pero muy ligada y emotiva. Los ayudados por alto del final de la faena fueron de auténtico toreo caro. Pero lo mejor aún estaba por llegar. Y llegó en el sexto. El toreo al natural que vimos en este sexto fue excepcional por mandón,  ligado y expresivo. Y a cámara lenta. De un clasicismo perfecto. Esta serie al natural fue de una belleza arrebatadora. Imposible torear tan de verdad. Y estas dos orejas sí fueron indiscutibles.

Víctor Barrio tiene solo un único defecto: la bisoñez. Está todavía muy nuevo. Tiene poco oficio. Lo que le lleva a atacar mucho y a bajar muy pronto la mano. Pero eso se cura toreando. Sus cualidades son deslumbrantes. Tiene valor, no le cuesta pasárselos muy cerca mientras se queda muy quieto. Tiene clase, cosa bastante rara en toreros tan espigados como él. Cuando baja la mano no resulta desgarbado,  sino macizo y poderoso. Tiene un buen concepto clásico. Y tiene, ¡atención!, personalidad. Esa cualidad indefinible que hace a un torero distinto de los demás. Y Víctor Barrio, con su estoicismo y gran empaque, es distinto a los demás. Háganme caso y vayan a verle. Se trata de un excelente proyecto de figura.

Abrió el festejo el rejoneador Álvaro Montes. Con un novillete de astas horriblemente amputadas que se rajó muy pronto, Montes se mostró sin cuadra y desentrenado. Fue un prólogo absurdo que alargó innecesariamente el festejo. Además, el público del toreo a pie no suele gustar del toreo a la jineta. Cada uno en su casa y Dios en la de todos. 

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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