3ª de Valdemorillo (Madrid). Monumento a la estocada

Se estaba lidiando el quinto de la tarde. César Jiménez montó la espada, se fue derecho tras ella y, lentamente, la hundió en el morrillo del toro. Logró un volapié perfecto que, por sí sólo, valió una oreja. Había cortado otra al segundo de la tarde, al que igualmente había matado muy bien. Ferrera se llevó un volteretón de órdago a la grande. Y Pinar pasó totalmente desapercibido. Y es que la corrida apenas tuvo historia por el pobre juego de los toros de Buenavista. Descaste total.

Plaza de toros de Valdemorillo. Domingo 6 de febrero de 2011. Dos tercios de entrada. Seis toros de Buenavista (el segundo lidiado como sobrero), de juego paupérrimo por su nula raza. Antonio Ferrera (azul y oro): saludó desde el tercio en sus dos toros.César Jiménez (blanco y plata): una oreja en cada toro. Rubén Pinar (rosa y oro): silencio en ambos. Daniel López picó muy bien al sexto de la tarde.

La corrida de ayer en Valdemorillo fue de un aburrimiento casi total. Hubo muy pocos momentos de interés. La culpa de tanto sopor la tuvieron los toros de Buenavista, que, casi todos, se vinieron abajo muy pronto. Corrida muy descastada que debería preocupar a la ganadera, que estaba allí, sentada en una barrera, viendo como sus toros, en cuanto los obligaban por abajo, se negaban a embestir para los restos. Nula raza, nula casta. Y es que cuando un ganadero únicamente selecciona buscando la bobería y la comodidad del torero, al final se llega a esto: al toro que no embiste y genera el mayor de los aburrimentos. La anticorrida.

El único toro de juego aceptable de esta pésima corrida, fue el quinto que, además, era muy serio y de respetable cabeza. Aunque justo de fuerza, este toro sí embistió hasta el final, pero César Jiménez no se entendió con él. La faena fue deslabazada y sin contenido… Pero Jiménez lo mató de modo irreprochable. Ya casi nunca se ven estocadas así. Recto y derecho, enterró el acero en todo lo alto con gran lentitud. Los toreros que últimamente han tenido fama de buenos estoqueadores, han hecho la suerte con mucha rapidez. Pero ayer Jiménez demostró que se puede matar con el mismo temple con el que se torea con la muleta. Si no se hace apenas, es porque se necesita mucho valor. Matar verdaderamente bien un toro exige asumir unos riesgos que casi nadie está dispuesto a afrontar. La perfecta estocada de Jiménez le valió la oreja.

Otra oreja había cortado a su primero, con el que se mostró pinturero al torearlo de capa, y al que dio dos series aceptables con la mano derecha. Sin embargo no se acopló con la zurda. Tampoco el toro tenía mucho más, pues se vino abajo rápidamente. Buena estocada y oreja al canto. La actuación de Jiménez ayer en Valdemorillo demuestra que dos buenas estocadas valen dos orejas. La estocada es la puerta del triunfo, por eso los toreros deberían preocuparse más por matar bien.

Antonio Ferrera banderilleó como es su costumbre: derrochando facultades y alivios a partes iguales. Su primero no humillaba nada y por el izquierdo se quedaba muy corto. Le cogió bien el aire con la mano derecha. A base de llevarle sin molestarle y a media altura, Ferrera le dio dos buenas series con la diestra. Inexplicablemente cuando tenía al toro y al público metidos en la faena, no insistió más y si fue a por la espada. El sabrá porqué.

El cuarto fue un mulo. Parado desde el principio tenía además su guasa. Cuando Ferrera pululaba alrededor del toro, lo cogió con el pitón derecho. El volteretón fue espeluznante pero, afortunadamente, sin consecuencias. Se levantó con el vestido hecho jirones y, enrabietado, robó al toro tres series vibrantes con la zurda. Si la estocada que cobró la hubiera logrado al primer intento, podría haber cortado una oreja.

Rubén Pinar poco pudo hacer con su primero, que no embistió apenas nada. El sexto embistió más, pero con una sosería tal que con un material así es muy difícil hacer algo que emocione al público. Pinar estuvo pulcro y templado. Entendió bien al toro, pero no dijo nada. Después de tres pinchazos, el toro se tumbó, tal era su poca casta.

De ser yo la ganadera, me lo haría mirar.

        

 

 

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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