1ª de la Feria de Invierno en Vista Alegre (Madrid). Bien, pero no para tanto

Las nobles aunque demasiado flojas reses de Garcigrande, la maestría y los recursos de El Juli que esta vez no pudo redondear ninguna faena grande, las enormes aunque forzosamente desclasadas ganas de Manzanares en su esperadísima reaparición, y un Talavante en su mejor versión y autor del mejor trasteo de la jornada con el toro más fácil, depararon una tarde exageradamente triunfal con salida a hombros de la terna y la relativa complacencia del público que no llenó la plaza pese a lo muy atractivo del cartel y se excedió en la petición de trofeos que la presidencia no se negó a conceder.   

Madrid. Palacio de Vistalegre. Sábado 26 de febrero de 2011. Tarde agradable en recento cubierto y dos tercios de entrada. Seis toros de los hieros familiares Garcigrande y Domingo Hernández desigualmente presentados y de vario juego con predominio de los nobles en distintos grados de fuerza, escasa en líneas generales. El primero no terminó de romper por demasiado exigido. El más terciadito segundo desarrolló genio sin llegar a mayores. El menos cuajado tercero dio juego de menor a mayor docilidad. Bonito y noble aunque sin clase el cuarto. Bravo el quinto. Y deslucido el sexto por rebrincado. El Juli (encarnado y oro): Estocada trasera desprendida y dos descabellos, oreja. Pinchazo y estocada trasera, oreja. José María Manzanares (nazareno y oro): Estoconazo trasero,  aviso y oreja. Gran estocada, aviso y oreja. Alejandro Talavante (blanco y plata): Estocada trasera, dos orejas. Pinchazo. Tres pinchazos y casi entera caída, silencio. Bien en palos Juan José Trujillo y en la brega Curro Javier.

Mucho se esperaba de esta corrida, primera de la gran temporada española, y a fe que en resultados no pudo resultar mejor. Pero las seis orejas que se cortaron – dos por coleta – y la salida a hombros de El Juli, José María Manzanares y Alejandro Talavante no se correspondieron con la realidad de lo visto, lo que no quita para reconocer la gran disposición que mostraron los alternantes conforme al rango de figuras del toreo que son por derecho propio.

Vaya por delante que no me acabó de convencer ni  gustar la corrida de Garcigrande-Domingo Hernández que no tuvo categoría en cuanto a presentación y adoleció de fuerzas lo que impidió que la mayoría de las reses rompieran a verdaderamente buenas. Fueron toros nobles en su mayoría que se dejaron. Algo que, desgraciadamente, es el pan nuestro de cada día. Unos toros más que otros. Pero no con la casta ni con el ímpetu ni la trasmisión que tuvieron varios de los ejemplares que esta misma ganadería lidió la pasada temporada.

En función de ello, lo hecho ayer por El Juli pese a sus indudables buenos propósitos, a sus muchas tablas e infinitos recursos, no fue lo que tantos esperábamos de él, sobre todo después del temporadón que hizo el año pasado y sus magníficas faenas que acaba de coronar en América. Es el problema que conlleva alcanzar cotas tan altas. Que acostumbrados a su repetición y constancia, siempre los aficionados  queremos verlas de nuevo.

Reconozcamos que no hubo toros para que El Juli las reeditara, salvo con el capote en los recibos por verónicas y los dos variados quites que hizo a sus respectivos oponentes que fueron realmente estupendos. Pero reconozcamos también que sus últimas y fantásticas exhibiciones muleteras, necesitan de toros que se presten al máximo. De ahí que El Juli quedara un tanto desconcertado cuando, por exigir demasiado al flojo primer toro, las fantasías no se lograron con la perfección, la templanza, la reunión, la limpia ligazón de sus obras más celebradas, ni por tanto la transmisión que el madrileño tanto buscó.

En su segundo y tampoco demasiado grato cuarto toro y aunque el trasteo lo comenzó  media altura como era debido, la faena de El Juli iba por los derroteros de la vulgaridad hasta que un imprevisto y peligroso acosón del animal que por poco se lo lleva por delante fue resuelto con excelentes reflejos por Julián con un improvisado pase cambiado, momento en que lo que parecía no iba a pasar de simplemente meritorio, llegó a emocionar a los espectadores, finalmente complacidos con el arrimón ojedista que se pegó el maestro en pos de su irrefrenable deseo de acompañar a Talavante en su ya conseguida puerta grande.

Y es que el extremeño fue el único que ayer consiguió cuajar una gran faena. Tuvo toro para ello y como Talavante anda últimamente en su mejor vena – en México acaba de sorprender gratísimamente con su especial arte y singular personalidad – la verdad es que puso la plaza boca abajo con su exquisita manera de torear al natural y sus sorpresivas intercalaciones muleteras que se extendieron hasta lograr un enjundioso toreo en redondo con la mano derecha y más naturales tan buenos o mejores que los que ya había dado. Y como, además, esta vez no falló con la espada – puro milagro – para Alejando fueron las ovaciones más unánimes de la tarde y la salida a hombros más legítima. La invalidez del sexto toro que no cesó de embestir rebrincado, y los acostumbrados fallos con el acero, no permitieron a Talavante nada de lo que antes había enardecido a los aficionados.

Había mucha expectación por ver cómo estaba de ánimo y de forma José María Manzanares tras los largos y sufridísimos meses que le ha costado el inoportuno accidente que sufrió en septiembre al cortarse un tendón de la mano izquierda. Sucesivas intervenciones quirúrgicas le tuvieron apartado de los ruedos al final de la campaña española y en toda la americana. Pero ayer, por fin, pudimos verle de nuevo y, aunque no tuvo material para exteriorizar la gran clase que atesora su toreo, sí pudimos comprobar que está en plenitud física y dispuesto a dar la batalla. Lo mejor de su actuación fue no conformarse cuando comprobó lo poco propicio de sus dos oponentes y, en vez de desesperar o tirar por la calle de en medio, hacer un enorme esfuerzo hasta exprimir a sus dos toros sacándoles cuanto de bueno y hasta malo tuvieron. Expuso mucho Josemari, se probó a sí mismo y, una vez convencido de ello, su infalible espada le valió para unirse al carro de sus colegas. Ya estamos deseando verle de nuevo ante toros más francos para que, como casi siempre, podamos disfrutar con su toreo mecido y sus maneras imperiales.

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EL QUITE DE DOMINGO DELGADO DE LA CÁMARA

Lo excepcional, lo aceptable y lo vulgar

Lo excepcional

De forma excepcional recibió El Juli al primero de la tarde. Muy pocas veces se ha visto torear tan despacio a la verónica. Además de ser un diestro de gran poderío, El Juli se ha convertido en un artista de la verónica. Ayer acarició la embestida en unas verónicas muy lentas y sedosas. Es muy difícil templar tanto y torear tan despacio a un toro recién salido del toril. Por bueno que sea el toro, esto es muy difícil de lograr. El toreo del Juli fue sobrenatural por templado, profundo y sentido: junto a una técnica perfecta, hubo mucha estética, mucha inspiración. El Juli rozó lo sublime.

Este hombre no tiene techo. Primero se empeñó en ser más poderoso que ninguno. Y lo consiguió. Ahora está decidido a torear con más pureza y más sentimiento que nadie. Y también lo va a conseguir. ¿El Juli artista?, preguntarán los incrédulos. Sí señor, porque esto es el arte del toreo. No adoptar poses cursis mientras se lleva al toro a mil por hora, como hace tanto presunto artista.

Lo aceptable

Después de tan deslumbrante toreo a la verónica, el resto de la corrida se desarrolló dentro de un tono aceptable. Si hubo tantas orejas, fue porque la mayoría de las corridas se desenvuelven en un tono bastante lamentable. Así que, en cuanto el público no se aburre, premia a los toreros con largueza. Pero, aparte de las verónicas del Juli al primero, no vimos nada verdaderamente importante. La faena del Juli a ese toro estuvo bien, pero sin alcanzar las cumbres de temple y hondura a las que últimamente nos tiene acostumbrados este torero. Faena de muy buen estilo, pero un tanto desigual, cosa rara en Julián López. Después de una estocada trasera, una oreja. Oreja de un toro de buen juego, que junto al tercero, fue el mejor de un aceptable encierro de Garcigrande. Encierro que, sin lucir gran clase, se dejó torear. Corrida de aceptable presencia, con algún que otro toro chico y cornicorto.

A Manzanares se le nota su forzada inactividad. Además, su primero fue difícil por su embestida fluctuante y desigual. Defecto  muy difícil de solventar, pues el torero nunca puede confiarse dada la actitud informal y sorpresiva del toro. Faena no más que voluntariosa, pues a Manzanares se le da mucho mejor acompañar embestidas claras que encauzar embestidas problemáticas. Por el pitón izquierdo el toro le hizo un extraño, y ya nunca se echó la muleta a la zurda. Estocada sui géneris, al estilo de la casa, y orejita a beneficio de inventario.

A pesar de su mansedumbre en el primer tercio, el tercero de la tarde dio un gran juego en la muleta. Tenía un extraordinario pitón izquierdo, y la faena de Talavante impactó en el público por su variedad. Variedad que la gente agradece, harta de tanta monotonía. Pero la variedad no debe sustituir al toreo fundamental, y Talavante se perdió entre tanta variedad. Solo dio dos buenas series con la zurda, cuando debería haber dado cuatro o cinco. Al público no le importó, pues estaba encantado con las arrucinas, capetillinas y demás vueltas y revueltas. Pero a mí me supo a poco. Talavante debería haber exprimido ese pitón izquierdo de ensueño que tenía el toro. Como está vez la espada de Talavante entró a la primera, pues dos orejas y el delirio.

El cuarto fue noble y soso, poco apto para El Juli, a quien le va  el toro encastado y repetidor. El Juli lo solventó con un arrimón al estilo Ojeda que le valió otra oreja, pero le faltó toro. Y el quinto, sin gran clase, iba y venía sin complicaciones. Manzanares tardó cuatro series en darse cuenta de la ingenuidad del toro y en confiarse. Después con la mano diestra dio bastantes muletazos con gusto. Le cuesta un mundo echarse la muleta a la zurda. Estocada francamente buena y oreja.

Y lo vulgar

El sexto no tuvo clase, pero se dejó torear sin problemas. Pero con él Talavante dio todo un recital de vulgaridad. Es increíble la irregularidad del extremeño, capaz de lo más inspirado y de lo más anodino. En este sexto dio mil mantazos a cual peor. Enganchones y pico por doquier. Este chico es imprevisible. De un toro a otro, parece ser otro torero…

Al final todos a hombros, pero no todos los melones fueron arrope, también hubo algún pepino. Y qué más da. Las orejas de más no le hacen daño a la fiesta. Y esos lances del Juli ahí quedaron para los restos.

 

 

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

1 Resultado

  1. Cuentacuentos dice:

    Tras ver el vídeo de la faena de Alejandro Talavante no puedo estar para nada de acuerdo con la opinión del Sr Delgado, y sí por supuesto con la del maestro Del Moral. Talavante estuvo cumbre, tanto en el toreo fundamental como en lo accesorio. Pocas veces se ve torear tan largo , tan templado y con tanto empaque.
    Hombre, por favor!!!

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