1ª de Fallas en Valencia. Solo un buen toro y oreja para El Juli

La más que decepcionante corrida de Victoriano del Río, apenas salvada por el tercer toro que propició otro éxito del mejor El Juli de ahora, echó a perder uno de los festejos más atractivos de esta feria. Ponce anduvo perfecto con el flojo primer toro del que la presidencia le robó una oreja, y luego muy por encima aunque sin brillo con el peor cuarto. Sin suerte ni apenas aciertos Vicente Barrera en su despedida que intentó salvar regalando un sobrero del que le regalaron una anecdótica oreja. Y muy empeñoso El Juli con el enrevesado sexto al que sacó más de lo que tuvo.

Valencia. Plaza de la calle Xátiva.12 de marzo de 2011. Primera de feria. Tarde nublada y fresca con algo de viento y lleno. Seis toros de Victoriano del Río, muy desigualmente presentados. Cumplidores en el caballo y nobles aunque la mayoría sin fuerza ni raza. El primero, dócil por el lado derecho, se defendió por el izquierdo y duró gracias al temple con que fue muleteado. El segundo, igualmente noble y con menos fuerza que el anterior. Excelente por todo el tercero, fuerte, bravo, noble por los dos pitones, con fijeza y suficiente brío. Inicialmente cumplidor el cuarto aunque en banderillas se fue a tablas y en la muleta sin brío, incierto cuando no peligroso y muy a menos. Terciado y enclenque el quinto que terminó echándose. Manseó sin fuerza ni raza el feísimo sexto que se movió para mal en la muleta. Muy mala y sin categoría la corrida en su conjunto. En séptimo lugar se corrió un sobrero gordito y sin trapío alguno de Zalduendo, regalo de Barrera, tan deslucido y flojo como los peores anteriores. Enrique Ponce (marino y oro): Estocada; petición suficiente que fue denegada por el palco y ovación seguida de pitos por no conceder el trofeo. Estocada desprendida, silencio. Vicente Barrera (salmón y oro): Estocada y descabello, aviso y silencio. No pudo matar al quinto toro que tuvo que ser apuntillado, ovación de despedida. Estocada caída, oreja pueblerina. El Juli (verde musgo y oro): Pinchazo y estocada trasera; oreja y denegada petición de otra. Estocada trasera y siete  descabellos, palmas. Tras el paseíllo le fue entregada una placa conmemorativa de su última feria de Fallas a Vicente Barrera que invitó a sus compañeros a compartir una ovación.

 Pese al éxito que cosechó El Juli con el tercer toro, el único bueno de la corrida de Victoriano del Río, salimos de la plaza a todo correr y bajo la lluvia con la sensación de haber asistido a un petardo. El aguacero se desató precisamente cuando, una vez finalizada la lidia ordinaria, Vicente Barrera pidió regalar un esmirriado sobrero de Zalduendo, finalmente lidiado con la mayoría del púbico ya fuera de los tendidos. Fue la anécdota de la desdichada tarde. Lo más lógico hubiera sido ofrecerse a actuar gratuitamente en la Feria de Julio en vez de protagonizar una actuación entre patética y deprimente que no podemos enjuiciar en serio porque sería peor. Además, ni falta que le hacía porque, según parece, Barrera se despedirá de Valencia en Octubre. Entonces, ¿a qué vino el montaje de una despedida sin fecha y un desquite tan inoportuno como inconveniente?  No lo entendemos como tampoco que Ponce, El Juli y la autoridad competente accedieran al obsequio. Ya llevamos dos desde que Juan Mora hizo lo mismo en Vistalegre y es hora de que se ponga coto al asunto si no queremos que esto se convierta en lo de las Américas.

La presidencia, a la postre tan dadivosa con Barrera, se había negado cerrilmente a dar otra oreja a Ponce absolutamente merecida tras una templadísima y elegante faena que tapó las carencias físicas del primer toro de la tarde. La cicatería del palco pareció gafar la jornada. Curiosa fue también la friísima actitud de los valencianos con el maestro de Chiva mientras muleteaba al pésimo e incierto cuarto toro con el que anduvo sobrado de recursos al tiempo que se la jugaba con esa manera que tiene Ponce de no dar ninguna sensación de peligro aunque lo haya.

Menos mal que el tercer toro dio juego de los buenos y que El Juli volvió a dar su acostumbrado recital de sitio, capacidad, temple e improvisada variedad tanto con el capote como con la muleta en una faena que hubiera merecido dobles apéndices de no haber pinchado antes de recetar la definitiva estocada.

Luego del desencanto que supuso cuanto siguió, El Juli tuvo que vérselas después con un marrajo entre inválido y protestón con el que anduvo habilidoso y enredador con chispazos de arrojo, momentos lúcidos y otros apurados, pero todo utilizando el desparpajo y las tablas propias de quien sabe lo que se trae entre manos y de cómo llegar a la gente sin necesidad de torear con reposo ni templadamente. Una faena muy de cara a la galería pero propia de un privilegiado del toreo. Lástima que tuviera que descabellar porque a este toro también le habría cortado otra oreja.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

1 Resultado

  1. Carnicerito de Rekakoetxe dice:

    TRASPASO DE PODERES: Hace un año, en esta misma plaza de Valencia, en una corrida mano a mano entre Enrique Ponce y Julián López “el Juli”, el torero madrileño, ya con diez años de alternativa, se despojó de los complejos que siempre le habían atenazado al torear con el maestro de Chiva y comenzó un tú a tú apasionante por todas las plazas, auténtico argumento de la temporada que a los críticos al uso pasó desapercibido. Recuerdo que en el sexto toro de la corrida de Valencia formó tal lío con el capote que el impasible Ponce se vio obligado a replicarle. Ayer, un año después, creo que es el momento de hablar de un traspaso de poderes en la Fiesta. Ponce tuvo un lote blando, el cuarto además descastado, de lucimiento imposible. Pero el primero tenía posibilidades en sus privilegiadas manos. Así lo demostró con la mano derecha, la mejor de la historia del toreo. Muleta en el hocico y embarcar con temple de terciopelo. Por ese pitón acabó una faena de oreja engarzando pintureros molinetes. Pero en la parte central de la faena llegó el momento de echarse la pañosa a la izquierda. Y Enrique no fue capaz de dejársela en la cara y llevarlo tapadito y templado como demandaba el animal. Hace tiempo que la zurda de Ponce no existe. El Juli, por el contrario, tiene capote (puro, variado y templado), puede con las dos manos a lo que le echen (y además cada vez con más clase, porque cada vez torea más despacio y con más recreación en lo que hace) y tiene espada, salvo ayer, que debió de cortar tres orejas y se quedó con una. Fue la del tercero, el mejor hecho, imposible que fallara. Lo lanceó magnificamente de salida, lo lidió a la perfección, destacando la economía de capotazos y unas chicuelinas preciosas con el compás abierto, y después cuajó de cabo a rabo al bravo animal, que empujó con fijeza en el peto y tan solo pegó en toda su lidia dos miradas a la puerta de chiqueros. Como el Juli lo estrujó por el pitón derecho, cuando llegó a echarse la muleta a la izquierda pareció querer pararse el de Victoriano, pero el de Velilla tiró de él dándole con la muleta en el morro hasta que lo metió en la canasta. Con el sexto, rebrincado e incierto, se pegó un arrimón para conseguir alargar las cortas y bruscas embestidas del toro. La estocada, con el toro engallado mirando a la espada, fue de categoría. De todas formas en Sevilla se vuelven a encontrar. No se pierdan a ninguno de los dos. La corrida de Victoriano del Río dejó muchísimo que desear, corrida remendada con dos toros de Cortés con lo que el propio ganadero no quiere seguir, pues dice no entenderlo, uno de ellos el segundo, sin trapío y sin ningún origen atanasio, blando y sin casta con el que Vicente Barrera anduvo digno. El otro del valenciano fue un borrico sin trapío que tuvo que ser apuntillado. Y para colmo no se le ocurre otra cosa que regalar un sobrero. Por favor, esto ya no. Las corridas ya duran suficiente tiempo, no hagamos como en México, que hay que llevar a la plaza la tienda de campaña. Un peligrosísimo precedente. El sobrero de Zalduendo, blando y noblote, se lidió en un ambiente verbenero que acabó con el torero cortando una oreja tras una mediocre y populista labor rematada de gran estocada.

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