4ª de Fallas en Valencia. Progresos de Juan Bautista y Leandro

Entre los seis hermosos y variados mansos de Alcurrucén, tres dieron clara oportunidad de triunfo a los toreros por su excelente juego para la muleta: los dos del lote de Leandro y el segundo de Juan Bautista. El vallisoletano cortó una oreja y perdió al menos otras dos por pinchar. Y la  que cortó el arlesiano galo fue la más legítima. Peor suerte tuvo Miguel Abellán que anduvo más que dispuesto con dos reses de bastante más difícil solución.

Valencia. Plaza de la calle Xátiva. Cuarta de feria. Tarde medio nublada, fresca y con rachas de viento y un tercio largo de entrada muy repartido. Seis toros de Alcurrucén. Muy bien presentados en variedad de tipos y pelajes. Todos mansos en distintos grados de manejabilidad desde el imposible por su genio al fácilmente aprovechable por su bondad al embestir. El primero sacó genio, pero terminó medio dejándose en la muleta aunque sin rompe nunca. Otro tanto y peor para la muleta el segundo. También fue manso el tercero, pero muy noble aunque sin repetir. Igualmente el hermoso berrendo quinto que solo tuvo medio viajes por el lado izquierdo. Y quinto y, sobre todo el sexto, resultaron los mejores para el toreo por su fijo y alegre embestir. Miguel Abellán (blanco y oro): Estocada trasera y dos descabellos, silencio. Estocada corta que se hunde y seis descabellos, silencio tras algún pito. Juan Bautista (grana y oro): Pinchazo y estocada caída de rápidos efectos, silencio. Casi entera muy trasera, oreja.Leandro (lila y oro): Tres pinchazos y dos descabellos, silencio tras leve división. Estocada trasera y descabello, oreja.

 Muy en Núñez la imponente corrida de Alcurrucén y no solo por sus pintas sino por el excelente juego que dieron tres de los seis toros, fieles a su particular modo de comportarse en la lidia los de este encaste. Muy sueltos de salida y mansos en el caballo, pero luego bravos y hasta dulces para la muleta que toman con largura. Una pena que no todos dieran similar oportunidad de triunfo a los toreros porque hubo dos francamente difíciles aunque, dicho sea en honor a la verdad, también tuvieron algún resquicio para meterlos en cintura. Fueron los dos del lote de Miguel Abellán que no se arrugó en ningún momento sino, muy al contrario, lo intentó todo en busca de un triunfo que para él hubiera sido importante. Lo buscó con ahínco. Pero al primer toro le sobró genio y al quinto le falto embestir un poquito más largo. Solo tuvo medias arrancadas

De admirar el caso de Abellán que no ceja pese a los muchos años que lleva en el machito desde que empezó haciendo pareja novilleril con El Juli. Siempre que le veo me acuerdo de su gran triunfo en San Isidro con salida a hombros incluida cuando todavía le faltaban meses para tomar la alternativa. Pero así es el toreo, unos llegan y otros no. Por eso es de agradecer a Miguel que no pierda nunca la moral en un momento que cualquier otro en su mismo caso ya hubiera arrojado la toalla.

Me gustó ayer Juan Bautista y no solo por su buen oficio como demostró sobradamente frente al mansísimo y muy mirón segundo, sino por cómo anduvo de alegre y de variado en su faena de muleta al excelente quinto. Parece que al otrora soso y entre tímido y acomplejado diestro francés le han echado sal o ha adquirido lo que le faltaba desde que vive en España. Hasta los adornos que intercaló en su faena y los que también la enjoyaron en su tramo final supieron a gloria cascabelera.  Buena cosa ha sido empezar la temporada con un triunfo en las Fallas.

Y lo mismo digo de Leandro que ayer estuvo a muy poco de que se le escapara el triunfo con el magnífico sexto de Alcurrucén. Esta vez acertó al matar y como a la gente le gustaron sus formas de torear, le perdonaron que tuviera que descabellar y a sus manos fue la oreja salvadora.

Oreja que tendrían que haber sido tres porque del tercer toro le habrían dado una si no hubiera pinchado tanto y del quinto dos de no ser por el descabello. Sin embargo y aunque ayer vimos a Leandro menos afectado que otras veces, hay que decirle que cuando se torea con tanto empaque, cuando las buenas formas se llevan dentro, no hace falta recrearse tanto en conseguirlas. Leandro continúa demasiado obsesionado con mirarse al espejo y este gustarse tanto le impide torear con más naturalidad y eficacia.  Cuando se lleva dentro la virtud, no es necesario acordarse continuamente de tu propio cuerpo. Las buenas maneras son mucho más autenticas cuando brotan con espontaneidad y sin tantos miramientos.     

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

3 Resultados

  1. jose maría gómez dice:

    Jose Antonio, yo no vi ningún ” tercer novillo”, en la plaza, tampoco ningún “pinchazo” en el sexto, lo que ví fue la confirmación de un gran torero, y no empecemos con el espejo, cuando se torea con ese empaque, con ese temple, echando la pata adelante creo que no caben ni espejos ni gaitas cuando estamos hartos de ver pegapases que anidan en las alturas del escalafón colocados permanentemente en la pala del pitón, descargando la suerte con la pierna retrasada y en definitiva destoreando. Lástima que a mi paisano le falte mas ambición y la espada la tenga habitualmente de cartón, el día que lo haga y ojalá sea en Madrid el domingo de Resurreción estará por derecho propio en todas las ferias. No es usual ver torear de esa manera. Lástima de otros dos paisanos como Manolo Sánchez y Luguillano con el mismo concepto de Leandro. Siempre “el ánimo”…………
    Saludos

  2. Carnicerito de Rekakoetxe dice:

    FUNCIONÓ EL CALLEJÓN: Mientras pintaban las rayas tras el tercer toro debió de producirse una asamblea extraordinaria entre cada torero y su apoderedo, porque la actitud de los coletudos en la segunda parte del festejo fue diametralmente opuesta a la de la primera. Todos sabemos que el toro de Núñez es tardo y hay que atacarle dándole con la muleta en el hocico. Justo lo que no hizo ninguno de los tres en su primero y sí en su segundo. Abellán dejó escapar un gran primero por no atreverse a hacerle las cosas bien y molestado por un gran vendaval. Con el noble segundo Bautista no quiso arriesgar ni un alamar. Llegó a tal nivel el conservadurismo que Leandro, en cuanto se le coló el toro al inicio de faena por el pitón derecho, no volvió a intentarlo por esa mano hasta que pasaron cinco minutos. Para cuando Abellán quiso arreglarlo con el berrendo cuarto este se paró sin darle la más mínima opción de lucimiento. Con el noble aunque soso quinto estuvo dispuesto y variado Juan Bautista, con momentos muy templados y adornos finales muy pintureros. Una merecida oreja. A Leandro le tocó en sexto lugar el único ejemplar con presencia para una plaza de primera, animal con movilidad pero sin humillar y de corto recorrido. El torero de Valladolid, muy centrado, acertó a darle distancia y torearlo a media altura llevándolo lo más lejos posible con su natural empaque. Ya había dejado un ramillete de enfibradas verónicas rematadas con una elegante larga a su primero, y la faena a este sexto estuvo llena de gusto. Mató de estocada suelta y descabello y cortó otra merecida oreja.

  3. Omar Carranza dice:

    Yo vi muy bien a Leandro …
    No lo vi obsesionado con mirarse al espejo y mas bien lo vi torear con naturalidad.
    Saludos a Don Jose Antonio del Moral

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