9ª y 10ª de Fallas en Valencia. Diego Silveti, López Simón y Sergio Aguilar

Los novilleros  Diego Silveti y López Simón por la mañana, y por la tarde el matador de toros Alberto Aguilar, fueron los protagonistas principales de la doble jornada que cerró la feria fallera 2011. Excelente impresión por tan lleno de virtudes causó el mexicano, como también por su elegante e impávido valor el madrileño aunque ambos fallaron con la espada. Aguilar cortó una merecida oreja tras ser cogido por el sexto toro de la imponente aunque floja corrida de Adolfo Martín.  

Valencia. Plaza de la calle Xátiva. 20 de marzo de 2011. Novena y décima de feria en doble jornada: matinal con sol y vespertina nublada y fría. Muy poca gente en la novillada y casi media entrada en la corrida de toros. Festejo mañanero: Seis novillos de Guadaira, bien presentados y de vario juego sin romper ninguno a bueno aunque manejables y escasos de fuerza. Festejo vespertino: Seis toros de Adolfo Martin, muy bien presentados en el tipo de su encaste, cárdenos, cuajados y armadísimos, sobre todos el sexto. Nobles en distintos grados de fuerza, escasísima  en líneas generales lo que les perjudicó notoriamente para ser toreados. El más entero y aprovechable fue el espectacularmente encornado sexto. Novilleros: Miguel Giménez, Diego Silveti y López Simón que dio una vuelta al ruedo, perdieron orejas por la espada y fueron muy ovacionados. Matadores: Rafaelillo (amapola y oro): Pinchazo hondo y descabello, silencio.  Buena estocada, silencio. Tomás Sánchez (verde y oro): Estocada, aviso, injustificada petición de oreja, increíblemente concedida. Dos pinchazos, estocada y descabello, dos avisos y palmas.  Alberto Aguilar (cobalto y oro): Pinchazo y media muy trasera, aviso y palmas con saludos. Pinchazo y estocada tras resultar cogido y herido, oreja.  

Por caer este año en sábado el día de San José, habitualmente el último de la feria fallera, la empresa decidió organizar para el cierre dos festejos dominicales. En las calles de la ciudad, hasta anteayer abarrotadas de público, apenas vimos gente. Tampoco en la novillada a pesar del interés que tuvo, sobre todo por la presentación con picadores en una plaza de primera categoría del mexicano Diego Silveti que, ahora mismo, es la gran esperanza del toreo azteca y no solo por pertenecer a una ilustre dinastía, también y principalmente por las muchas virtudes tiene el joven matador. De ellas se ha oído hablar mucho en los cenáculos taurinos a un lado y al otro del Atlántico y ayer tuvimos ocasión de comprobarlo.

En mis notas tengo escritas señales positivas que responden a las preguntas que siempre nos hacemos cuando vemos a un novillero prometedor por primera vez. ¿Porte?: magnífico y, además, natural. ¿Valor?: también parece sobrarle y además del que no se nota. ¿Reflejos,  y sitio?: más que suficientes. ¿Sentido del temple?: innato. ¿Estilo?: clásico, entre elegante y sobrio con una punta de clase que ya irá sacando en cuanto vaya toreando más. ¿Carácter?: decidido y responsable. Y tanto es así que, como se está educando toreramente en España, no parece mexicano. Con esto, en absoluto quiero despreciar a los toreros aztecas sino, muy al contrario, celebrar que por fin nos parezca estar ante ese nuevo valor que tanto allá como acá estamos esperando. Que así sea. Ayer solo falló con la espada porque, de haber acertado al matar, hubiera cortado un par de merecidas orejas y habría salido a hombros. Y eso que ninguno de sus dos novillos – casi toros – de Guadaira fueron lo que se dice fáciles. Tuvieron que torear y Diego supo cómo, cuándo, en donde y por qué hacerlo.

Pero en la novillada tuvimos otra grata sorpresa. La que nos deparó el también aspirante madrileño, López Simón. Al principio nos pareció excesivamente envarado y un tanto predispuesto a parecerse a César Jiménez, casi calcado en sus maneras, pero a medida que fue avanzando la lidia de sus dos oponentes, sobre todo en su faena al quinto novillo que fue el más complicado, le echó tanto valor que las suspicacias imitativas que había despertado desaparecieron por completo. Y es que ya se sabe que el valor auténtico tapa cualquier inconveniente.

Con ambos y por delante actuó el novillero local Miguel Jiménez quien sin estar mal sino bastante bien, no nos llamó la atención por nada aunque perdió una oreja con la espada en su primero. Uno más y punto.

De la jornada vespertina, destacar la irreprochable presentación de la corrida de Adolfo Martín que no se correspondió luego con el juego que dieron cinco de los seis toros. Nobleza tuvieron todos, pero a excepción del señalado último que fue el más entero, su excesiva falta de fuerza y de raza les perjudicó notablemente para el toreo, sobre todo para las faenas de muleta.

De tal modo, el afamado guerrero murciano, Rafaelillo, no tuvo enemigos con qué enfrentarse tal y como está acostumbrado, mientras que al valenciano Tomás Sánchez le regalaron la oreja de su primer toro, el más aprovechable de su lote, por una labor absolutamente vulgar y por nada premiable. Casi todos los espectadores que había en los tendidos, en su mayoría paisanos y amigos, le apoyaron sin cesar hiciera lo que hiciese. Luego me enteré que dos iliustres críticos madrileños dijeron que les había encantado. Pues a mí, nada.

El triunfador de la corrida fue el matador madrileño Sergio Aguilar, tanto por su bastante mejor estilo y maneras como por la decisión que le echó toda la tarde, sobre todo con el espectacularmente armado sexto toro al que toreó entregado y bien con la mano derecha y cuando se la echó a la izquierda para torear al natural, en un descuido el toro le echó mano propinándole un serio revolcón y una cornada a la altura de la tibia de la pierna izquierda de la que sangró mucho.       

       

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

5 Resultados

  1. Currillo dice:

    ¿Por qué a todos se nos escapa el nombre de David en vez de Diego? Sin duda, el Rey fue un torero tan grande que nos emociona ver nuevamente a un Silveti en los ruedos

  2. jose maría gómez dice:

    La corrida de toros de mi amigo Adolfo tuvo una virtud promordial, comportarse como tal, unos mas encastados como el 2º y otros menos, con el comun denominador de la falta de fuerza, pero interesenates siempre y de un trapío apabullante. De acuerdo con José Antonio en la vulgaridad de Tomás Sánchez con el mejor lote y grata sorpresa con Sergio Aguilar que administró unos derechazos llenos de temple y encajado de riñones en el 3ª, muy valiente ante el sexto. Lo dicho, una corrida espectacular ante tanto novillejo como hemos visto en la Feria para las figuras. Y esto no ha hecho mas que empezar.
    Saludos

  3. nacho dice:

    y sergio por alberto aguilar,que fue el que toreó ayer…ilustre crítico también…

  4. otro dice:

    josé antonio,le veremos por castellón?me cuentan que hay reseñadas unas becerradas preciosas…y en puntas!!!

  5. Carnicerito de Rekakoetxe dice:

    LA ÉPICA DEL TOREO: Adolfo Martín presentó una señora corrida de toros, en especial 2º y 6º, válidos para Madrid. Sin embargo tuvieron el común denominador de la falta de fuerza y fondo, y la mayoría quiso saltar la barrera, consiguiéndolo el primero. Imposible juzgar a Rafaelillo, al que se le tumbaron sus dos toros nada más comenzar la faena. Al primero le pudo robar algún muletazo templado cruzándose mucho y de uno en uno. Con el cuarto, precipitadamente brindado al respetable, tuvo que tirar por la calle de en medio e irse a por la espada, dejando una gran estocada. A Tomás Sánchez le pudo su falta de rodaje. Aún con todo saludó garboso a la verónica a su primero, de menos a más, al igual que el torero, que comenzó tocando con brusquedad al animal para después, atacándole, realizar una labor de menos a más. El espadazo que recetó puso en sus manos la oreja. Con el quinto, más vivo y encastado, con el que se lució Alberto Aguilar en un templado quite rematado con enroscada media y los banderilleros Paco Senda y Domingo Navarro, pasó más fatigas, pues el toro le desbordó de inicio para seguir después con una labor más corajuda y arrebatada que templada, aunque no hubo enganchones. Tras propinarle una voltereta, el toro se terminó de parar. El madrileño Alberto Aguilar, que hasta ahora me había parecido un torero roneante de formas pueblerinas, me dio la gran alegría de la feria junto a la corrida de el niño de la Capea. En su primero, noble pero blando, con más recorrido que los dos anteriores, estuvo francamente bien. A base de echársela suave a la cara y ganarle un paso para poder ligar, le sacó tres tandas bien dichas y templadas, cun gusto, por el pitón derecho. Por el izquierdo el toro se orientaba, así que terminó la labor inteligentemente con otra serie por la derecha. Pero lo gordo llegó con el último. Lo vió con claridad y no se lo pensó. Se fue a los medios y allí comenzó la faena corriendo la mano con temple, mando y gusto. En la tercera serie con la derecha se fue apagando el animal, y se la echó a la izquierda siendo cogido sin gravedad pero con una gran hemorragia en la pantorrilla. Tras un pinchazo, mató de estocada desprendida y se llevó una justísima oreja de puritito macho. De la novillada de Guadaira decir que fue una desilusión por desclasada y falta de casta y fuerza. Miguel Giménez me pareció un torero con gusto pero poco oficio, Diego Silveti con oficio pero sin gusto, y López Simón, que ya nos epató en la pasada feria del Pilar en Zaragoza, demostró clase, valor, cabeza y mucha ambición.

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