6ª y última de la Magdalena en Castellón. Cierre triunfal con una buena corrida de Victorino

En plena crisis de toros y de público – tampoco ayer se llenó la plaza – la buena clase de la mayoría de las reses de Victorino Martín levantó el hasta anteayer decaído ánimo torista de los aficionados y propició una tarde feliz a los matadores actuantes. Rafaelillo, por más ducho, experimentando y aguerrido, brilló tanto con el mal primero que con el estupendo cuarto al que cortó una oreja. Otra cortó Luís Bolívar del quinto tras una inspirada faena. Y aunque de menor valor, otra más ganó Alberto Aguilar del tercero.

Castellón. Plaza del Paseo Ribalta. Domingo 3 de abril de 2011. Tarde nublada, fresca y algo ventosa con dos tercios de entrada. Seis toros de Victorino Martín de variadas aunque cuajadas hechuras, no sobrados de cara y diverso juego con predominio de los nobles. El primero, muy flojo, terminó siendo alimaña. El segundo fue muy claro y humilló pero sin terminar de romper por lastimarse de salida en dos volantines. Muy buen toro con nobleza encastada y mucha trasmisión fue el tercero. Bravo y con clase por el pitón izquierdo el cuarto que fue ovacionado en su arrastre. También excelente el quinto pese a su muy poca fuerza. Y el más serio sexto asimismo excelente pese al excesivo puyazo que recibió. Una buena corrida en su conjunto. Rafael Rubio Rafaelillo (lirio y oro): Estocada desprendida trasera muy habilidosa. Pinchazo y estocada contraria algo trasera, oreja. Luís Bolívar (pimentón y azabache): Bajonazo y estocada caída, palmas. Estoconazo desprendido, oreja y petición de otra. Alberto Aguilar (blanco y plata): Estocada muy trasera, oreja justita. Estocada corta y cuatro descabellos, palmas. Desde los tendidos de sol, presenciaron la corrida varias docenas de aficionados catalanes que reclamaron libertad y el fin de la prohibición de los festejos taurinos en su región. El resto del público se sumó a ellos con grandes ovaciones que se reprodujeron al recibir el brindis de Luís Bolívar en el quinto toro.

Mucha suerte tuvieron los muchos aficionados catalanes que llegaron a Castellón para ver la corrida de Victorino Martín y, de paso, pedir ayuda para la ILP y recabar firmas para presentarlas en  el Congreso. Todos los apoyos que necesitan son pocos y habrá que ver hasta donde aguantan los nacionalistas la prohibición cuando, además de los cientos de miles que se esperan recoger, haya mayoría de votos a favor de La Fiesta en las Cortes nacionales, además de otro Gobierno favorable a los toros. Ya falta menos.

Pero la mencionada suerte, también la tuvieron los demás aficionados presentes y, sobre todo, los propios ganaderos, muy admirados padre en hijo, que llevaban acumulados varios disgustos con su camada del año pasado; y, no digamos, los tres toreros que actuaron supongo que a la espera de tener que vérselas con animales nada fáciles para al final encontrarse no diré que con peritas en dulce pero sí con varios toros realmente aprovechables que, además, por su buena casta, no solo propiciaron embestidas dulces, humilladas y largas sino esa emoción que tanto  nos falta actualmente en casi todas las corridas. Incluso varios toros de  la corrida de Victorino de ayer, pese a su limitada fuerza, unas veces por accidente como el segundo, y otras por naturaleza, se fueron arriba en la muleta y duraron más tiempo del que estamos hartos de aguantar con tantas reses desrazadas, tardas o paradas, cuando no moribundas.

La vivacidad, la movilidad, la casta en definitiva son condiciones imprescindibles para que el toreo proporcione satisfacciones completas. Toreo que, como el de Rafaelillo de ayer con él único toro malo del envío, el primero, fue premiado con ovaciones pese a la imposibilidad de darle pases al uso clásico. Toro en alimaña, de pelea. Cuestión en la que ahora mismo el murciano es el más ducho del escalafón. Solamente por lo habilidoso que estuvo en meter la mano entre los pitones para agarrar una estocada hasta  las cintas, mereció la admiración de los presentes.

Pero tras la arena le llegó a Rafaelillo la cal del magnífico pitón izquierdo que tuvo el cuarto toro y por ese lado, al natural, fue por donde el murciano pudo pasar de ser un héroe a un templado intérprete del muletazo fundamental del toreo. Solo cometió un error, intentar torear con la mano derecha sin lograrlo por el peligro del animal por ese pitón. Pero lo arregló con un variado y bien ligado final de faena realmente artístico e incluso inspirado. La oreja que cortó fue de las que valen por dos.

También la que cortó Luís Bolívar del estupendo quinto, el de más clase aunque blandeó, con el que el colombiano se destapó con un toreo de muy alta y muy templada escuela como en su tierra cuentan que allí es capaz de repetir con frecuencia. ¿Hay si Bolívar fuera capaz de repetir lo mismo también en España? Otro gayo le cantaría.  Con su primer oponente, muy debilitado tras los dos volantines que se pegó al salir de un par de lances en el recibo de capa, Luís no logró lo mismo porque, además, en ese momento molestó mucho el viento. Una pena el accidente porque el toro tenía muy buena condición.

Alberto Aguilar estuvo bien, con el buen concepto que tiene del toreo, pero por todavía muy verde no llegó a entenderse del todo con el muy alegre y pronto tercero. El toro puso de su parte más que el torero para que la gente se emocionara hasta el punto de serle concedida una oreja gracias al espadazo que pegó.

Mejor, sobre manera al natural, anduvo Aguilar con el sexto, otro de los mejores de la tarde. Un toro  que, pese a lo que le pegaron en el puyazo, llegó más que posible a la muleta. Lástima que Alberto no anduviera fino con los aceros porque la gente ya tenía el pañuelo en la mano para darle otro regalo.    

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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