Adiós, amigo Juan Pedro

No recuerdo exactamente el día que te conocí a la vez que a tu hermano Fernando, ambos más o menos de mi edad y entones, los tres, poco más que adolescentes. Fue en nuestra primera juventud. Nos tropezamos en el comedor del Parador Nacional de Bailén cuando uno de vosotros se levantó para peguntar si sabíamos a qué hora empezaría la corrida de esa tarde en Linares. Estabais sentados en una mesa contigua a la que ocupábamos mi padre y yo, y enseguida nos dimos cuenta de que erais hijos de don Juan Pedro Domecq Díez, a quien identificamos enseguida porque le habíamos visto muchas veces con Antonio Ordóñez a quien entones seguimos de plaza en plaza y antes de torear solíamos subir para saludarle a la habitación del hotel donde se vestía para actuar en tantas y tantas corridas que, entre otras, el gran torero rondeño mató de vuestro antiquísimo e ilustre hierro de la que fue Real Ganadería de Veragua, el mismo que actualmente distingue tu ganadería desde que, al morir vuestro padre, ambos creasteis las que actualmente portan la sangre originaria, además de la que lleva Borja con el hierro estrella de Jandilla. La tuya, como digo, Juan Pedro, con el hierro primigenio por ser el primogénito de la familia y, por lo tanto, con el alto honor y enorme la responsabilidad de mantener y mejorar el prestigio de la divisa más antigua de España. No siempre lo conseguiste, pero no me cabe duda que siempre lo buscaste. 

Desde aquel no tan casual primer encuentro, la amistad que hemos tenido fue creciendo. Y más desde que yo me dediqué por entero a escribir y a hablar de toros. Siempre me agradeciste los elogios y nunca te ofendieron mis censuras. Debido a ello, pude comprobar de primera mano que Juan Pedro Domecq III, además de ser un enamorado del toro y del toreo hasta rayar en lo inaudito, fue un extraordinario ser humano que, a lo largo de su azarosa  a la vez que provechosa vida, celebró los triunfos con tanta elegancia y naturalidad como encajó sinsabores y muchos avatares taurinos y no taurinos, algunos tremendos y otros trágicos: con la caballerosidad que fue, es y será consustancial en toda la familia Domecq, incluyendo a tus tíos y primos con quienes también mantuve y mantengo excelente relación.   

En la consternación que ahora mismo sufro por tu inesperada muerte – seguro que ibas o salías de tu finca Lo Álvaro y por lo tanto en pos del toro – quiero recordar las  incontables jornadas en que celebramos tus éxitos ganaderos junto a nuestros comunes amigos y grandes figuras del toreo, Antonio Ordóñez, Paco Camino, El Viti, Diego Puerta, Paquirri, José María Manzanares padre e hijo, Paco Ojeda, Espartaco, Enrique Ponce y El Juli. Ni yo ni todos ellos podremos olvidar nunca las enormes faenas que llevaron a cabo con tus toros. Faenas para la historia que nos compensarán para siempre de tu falta. Como tampoco olvidaremos que, además de gran ganadero fiel a las enseñanzas de tu padre, has sido un obsesionado del saber, un exquisito del vivir y un desprendido donante en enseñar lo mucho que aprendiste, investigaste y descubriste.

Que Dios te tenga en su seno, querido amigo, y que tu hijo Juan Pedro Domecq Morenés (el IV de la dinastía) sepa seguir tus pasos y estar a la altura. Aunque estamos seguros de ello, todos los amigos le ayudaremos desde tu recuerdo.  

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

1 Resultado

  1. Cuentacuentos dice:

    Preciosa necrológica José Antonio.

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