Bayona (Francia). La grandiosa faena de Castella al sexto de El Pilar tapó todo lo demás pese a las muchas orejas concedidas

Plaza de toros de Bayona (Francia). 7 de agosto de 2009. Primera de feria. Tarde nublada, muy fresca y con rachitas de viento. Llenazo. Siete toros de El Pilar incluido el sobrero que reemplazó al tercero, devuelto tardíamente por su debilidad de remos. Desigualmente presentados, con tres muy estrechos y cómodos de cabeza y otros tres más cuajados y encornados. Por mejor hecho y más definitivamente noble pese a mansear en el primer tercio, destacó el sexto que fue premiado con la vuelta al ruedo tras pedirse un inmerecido indulto. El primero fue muy dócil y templado en su embestir. El segundo, apenas manejable por el lado derecho, presentó problemas por el izquierdo hasta terminar parado. El sobrero que hizo de tercero resultó noble aunque sin clase por el lado derecho. El cuarto, muy distraído, tardo y asimismo sin clase, también se dejó por el lado derecho ero hizo hilo por el izquierdo. El quinto, manso y muy huidizo en el primer tercio, mejoró tras ser picado aunque tardeando mucho. El Fundi (rosa y oro con remates negros): Estocada caída, oreja. Buena estocada entregándose de la que resultó prendido y levemente herido, aviso y dos orejas, protestada la segunda tras pasearlas y pasar por su pie a la enfermería donde fue atendido de cornada envainada en el muslo derecho a la altura del Triángulo de Scarpa y corte en la ceja. José Tomás (grana y oro): Estocada desprendida, ovación con saludos. Pinchazo y buena estocada, dos avisos, oreja y leve petición de otra que, acertadamente, no fue concedida. Sebastián Castella (malva y oro): Estocada muy caída, oreja. Pinchazo y buena estocada, dos orejas con vuelta clamorosa negándose a salir a hombros por respeto al  compañero herido. Muy bien en palos Curro Molina que saludó tras parear al sexto.

 

El ambiente de acontecimiento fue tan notorio como en gran parte prefabricado en cuanto a resultados obtenidos a favor del general entusiasmo de un público convencido de antemano para que la corrida resultara triunfal pasara lo que pasase. El envío de El Pilar que sustituyó al en principio anunciado de Núñez del Cuvillo no estuvo presentado a la altura de la categoría de la plaza, pero a la mayoría de los asistentes no les importó nada la estrechez de varios toros ni su escasa y roma cornamenta. Salvo el bondadoso primero que embistió como un corderito lechal y el sexto, que por hechuras, cabeza y condiciones fue un toro de gran clase, los demás conformaron un lote deslucido por no decir malo sin apenas paliativos. Una pena dada la expectación que había levantado José Tomás, ayer máxima estrella en su única comparecencia de este año en plazas francesas.

 

Pero la gente tuvo que conformarse con un José Tomás que ni de lejos fue el que acabamos de ver en Huelva aunque lo intentó fiel a sus estoicos conceptos que en esta ocasión no resultaron tan preclaros por lo poco que colaboraron los dos toros de su lote. Solo una verónica y la media de remate formales entre los varios lances con que recibió al en varas bravo segundo, un quite por discontinuas chicuelinas y una faena que inició bien con doblones por bajo rodilla en tierra, medió  por redondos vulgares y terminó estropajosa en un baldío intento de torear al natural por lo mucho que el toro le enganchó la muleta en una sucesión de indecorosos trapazos, razón de que el animal terminara descompuesto, inservible y finalmente parado. Penduleos sin respuesta, desarme y aburrimiento contestado por algunos espectadores que incluso amagaron con pititos y siseos. Si esto mismo lo hubiera hecho un cualquiera, le habrían ignorado. Pero como era Tomás, le aplaudieron tanto que tuvo que salir a saludar.

 

Con el cuarto, que apretó mucho para dentro, Tomás lanceó inconvenientemente pegado a las tablas en el recibo hasta que el toro se fue suelto, como asimismo de los dos puyazos que tomó haciendo sonar los estribos. No obstante huidizo y arisco, este toro pareció mejorar tras la suerte de varas como pudimos comprobar en el quite por ajustados delantales del torero que, más agusto que antes, brindó su faena al público entre encendidas ovaciones. Por impávidos estatuarios que ligó a una firma y molinete en la cara del toro empezó la faena que se presagiaba grande pero no lo fue por lo mucho que tardeó el toro y por la forzosa discontinuidad de lo que vino después. Tomás se lo tomó con excesiva calma y aunque pegó muletazos esperando al toro desde largo con la quietud y el aguante que le caracterizan electrizando al personal, el trasteo no terminó de tomar vuelo aunque el de Galapagar supo dramatizarlo como muy sabe. Los largos paseos entre las breves tandas que al natural tuvieron indudable mérito aunque no dulces formas, prolongaron demasiado el trasteo que también tuvo pasajes con la mano derecha, varios trincherazos secos, vuelta a la mano zurda con mayor relajo que los primeros y un final con sus infalibles manoletinas al tiempo que sonaba el segundo aviso. Un pinchazo previo a la estocada definitiva dejó la cosa en una oreja que a sus más fieles les supo a poco y a la mayoría suficiente.               

 

Por delante actuó el aquí muy querido Fundi que no termina de salir de dramas. Al primer toro de la tarde le pegaron mucho en varas y quedó a modo. Tan feble como dócil, El Fundi lo aprovechó sobre ambas manos con temple ajustado y no poco gusto aunque siempre dando voces al citar y al dar cada pase. Suya fue la primera oreja de la tarde tras matar de efectiva aunque estocada. Con el muy distraído cuarto que salió demasiado escobillado de pitones y se estropeó más tras chocar varias veces contra las tablas, El Fundi se metió a medio fondo en una larga faena que no terminó de cuajar entre porfías, medios pases y zapatillazos a grito pelao mientras la gente se lo cantaba todo como excelso. Luchó denodadamente El Fundi y hasta las pasó moradas cuando el toro hizo hilo y le obligó a correr por delante. Nada de ello contravino los esfuerzos del veterano torero por agradar al personal y de ahí que prolongara las porfías a sabiendas de que le bastaría acertar con la espada para doblar el triunfo y poder salir a hombros. Para asegurarlo, entró a matar tan recto y entregado que al tiempo de enterrar la espada en lo alto el toro le cogió de lleno por las ingles. Dramático momento que, sin embargo, no impidió al torero seguir en el ruedo pese a estar herido, aunque por fortuna sin graves consecuencias. La emoción del trance provocó la solicitud de dos orejas que la presidencia, llevada por sus bondadosas intenciones, concedió sin que faltaran protestas una vez paseadas por el torero que, de seguido, pasó a la enfermería.

 

En contraste a tan angustiosas facetas y el medio tono de la tarde, un segurísimo y muy templado Sebastián Castella se adueñó de la tarde dejando el pabellón francés en todo lo alto frente a sus colegas españoles. Si buenos fueron sus lances en el recibo del segundo toro que tuvo que ser devuelto por muy débil de remos, mejor su faena al sobrero pese a lo cabezazos que pegó al final de sus viajes. Defecto que corrigió Castella gracias a la firmeza, al temple y al mando con que toreó en copiosas rondas por redondos y naturales a cada cual más largo, cortando una oreja que podrían haber sido dos de no haber caído tanto el espadazo.

 

Pero con el extraordinario sexto fue donde Castella se proclamó campeón absoluto del festejo. Aunque el toro manseó en varas, llegó a la muleta con clase para dar y tomar, sobre todo por el pitón derecho, y Sebastián lo cuajó por completo en un faenón antológico, quizá el mejor que le hayamos visto desde hace mucho tiempo. La largura y el exquisito temple de los perfectamente engarzados muletazos, la unidad y redondez de todo el trasteo que ni por un momento falló sin solución de continuidad, el regodeo apabullante con que se gustó el torero, eclipsó todo lo anterior. Aunque pinchó antes de agarrar una estocada certera después de que prolongara innecesariamente la faena ante la desaforada e injustificable petición del indulto del animal, le fueron concedidas las dos orejas y al mismo tiempo la orden para que el toro se le diera la vuelta al ruedo. Yo le habría dado también el rabo por simple término de comparación con lo anterior pues nada tuvo que ver el gran triunfo de Castella con los de sus compañeros.              

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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