14ª de San Isidro en Madrid. Je ne suis pas désolé

En honor del novillero francés, Thomas Dufffau, he titulado en su idioma natal para decirles que yo no estoy desolado. Y no me refiero al estado que desde hoy gozamos los millones de españoles que hemos empezado a terminar definitivamente con la pesadilla zapaterista, sino a lo muy desolados que parecen estar algunos a la vista de lo que vienen diciendo de los resultados de esta feria, según les molesten o no los éxitos de unos u otros. La de ayer fue tarde de relativo paréntesis novilleril para reflexionar y, en tal propósito, hemos de decir algunas cosas antes de entrar en el relato del festejo. La primera es que lo que está sucediendo en las ferias más importantes, es de general conocimiento porque todos los festejos se están televisando en directo. Y como las imágenes valen más que las palabras, los que están intentando restar brillo a los acontecimientos que estamos viviendo en su baldío intento de quitarles importancia, lo único que están consiguiendo es caer en el ridículo. Así, la pretensión de limitar el fenómeno de José María Manzanares envolviéndolo en supuestas carencias de los toros que está matando – y de qué modo, señores -, para que el fracaso de sus toreros predilectos quede tapado y/o para que el efecto popularísimo que se está desatando con los repetidos grandes triunfos del alicantino no estorben a la carísima campaña que se ha puesto en marcha para anunciar la minireaparición de José Tomás.

Madrid. Plaza de Las Ventas. Lunes 23 de mayo de 2011. Decimocuarta de feria. Tarde calurosa con tres cuartos de entrada. Seis novillos de Montealto (procedencia Luís Algarra y El Ventorrillo), con cuajo de toros en tres y tres, y de variado pelaje y juego. Manso declarado el primero aunque sacó desigual movilidad y franquía en la muleta. Cuajado en toro el segundo que peleó con empuje de bravo en varas y con nobleza encastada en la muleta. El tercero manseó en varas pero resultó bueno en la muleta, pero se apagó muy pronto. Apenas manejable el grandote cuarto. Y casi lo mismo el quinto aunque trasmitiendo más, y más movido y noble el  sexto. Tres torazos en toda regla. Thomas Duffau (marino y oro): Pinchazo y buena estocada, palmas. Caída perpendicular, gran ovación. Pinchazo y estocada a toro arrancado, ovación. Sergio Flores (turquesa y oro): Buena estocada, petición denegada y gran ovación. Alberto López Simón (marfil y oro): Pinchazo y estocada, silencio. Pinchazo y estocada, silencio.

En tanto que esta tarde asistiremos a la tercera y última comparecencia de Manzanares en esta feria isidril, hay que afirmar que, por ahora, está resultando una de las mejores de los últimos años gracias no solo al nuevo figurón, también al ya completamente cuajado maestro Juli, y al felizmente reencontrado y por fin roto a lo grande, Alejandro Talavante.

Los que tanto se están metiendo con los toros que han propiciado sus éxitos, o no se acuerdan o no vieron cómo eran los toros que en tiempos no demasiado lejanos mataban en Las Ventas Luis Miguel, Ordóñez, Camino, Puerta, El Viti, El Cordobés y los demás diestros de entonces. La mitad de la mitad de las reses que tanto están criticando en esta feria, incluidos los más chicas. Ya veremos qué dicen de los toros que matará su incondicionalmente adorado genio cuando vuelva. Nada, ya lo veremos.

Pero, mira por donde, los novillos que se lidiaron ayer fueron más, mucho más grandes que los toros de los años 50 y 60. Lo que pasa en que nos hemos acostumbrado al gran tamaño, y a ver quienes son los guapos que lo cambian.

El novillero francés Thmas Duffau, anduvo en torero placeado con el manso primero, dejando muestras de su más que discreto hacer de capa y en una muy larga e irregular faena al compás de lo que el novillo cambió de un pase a otro. Noble y luego avieso. Distraído y luego metiendo la cara. Quedándose corto y,  en el siguiente pase saliendo suelto. Lo mejor fue la estocada con que mató Duffau tras un pinchazo. Con el más parado y deslucido cuarto, no pudo añadir más de lo que había hecho con el primero salvo, por puro arrojo, dejarse coger al final. Menos mal que no le hirió. 

El mexicano Sergio Flores gustó mucho en su recibo por vibrantes y estupendas verónicas, replicadas por López Simón por chicuelinas y, en su vez, Flores en el siguiente con otro vistosísimo. Le había gustado el novillo y brindó la faena en los medios quedándose allí muy en Castella con cambiados. Encastado y muy noble el animal, Flores muleteó con temple y ligazón, mostrando un estilo muy fino a la española hasta que el novillo empezó a quedarse corto. Debió haber terminado antes. Buena la estocada, le pidieron la oreja, pero no fue concedida. Mal el presidente. Debió dar una vuelta al ruedo. Con más mérito y más valiente aún, estuvo con el no tan proclive quinto al que hizo embestir sacando importante partido de un animal nada fácil. Bien por el mexicano que tiene mucho que decir.

Alberto López Simón, a quien ya vimos en Fallas y nos causó buena impresión, volvió a estar tal cual respecto a su estilo muy del corte del mejor César Jiménez. Siempre correctamente colocado, muy estirado, atildado y pulcro en sus maneras, como también firme y templado. Su primera faena la inició en los medios de rodillas por redondos, nueve nada menos y el de pecho. Conectó rápido con los tendidos. Y lo mismo ya en pie hasta que el novillo se apagó enseguida. También se pasó  de metraje inútilmente y pinchó antes de recetar una estocada definitiva. Menos cómodo ni tan seguro pero si valiente anduvo Alberto con el más fácil sexto por torearlo demasiado cerca. Pero, aún así, este torero tiene futuro.

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 La opinión de Domingo Delgado de la Cámara

LAS BUENAS MANERAS DE SERGIO FLORES

La novillada de Montealto era una corridita de toros. Todos ellos mansos bravucones en el caballo, iban alegres al jaco, y alguno hasta derribó. Pero después huían despavoridos, como arrepentidos de la fechoría realizada. En la muleta fue una novillada de tres y tres: primero, tercero y cuarto muy descastados, muy parados y con la cara por las nubes. Y segundo, quinto y sexto buenos para el torero. Especialmente el segundo, por encastado, y el sexto por noble. Y así la suerte cayó de modo desigual.

Quien no tuvo ninguna suerte fue el francés Thomas Duffau. Su lote fue muy deslucido. Ante sus toros el francés se mostró valiente y con buenas maneras. Más no se podía hacer y mató bastante bien. Saludó desde el tercio tras finalizar sus dos actuaciones.

El madrileño López Simón tuvo una de arena y otra de cal. El jabonero tercero fue un marmolillo, pero el sexto fue excelente, de los que embisten largos y con mucha calidad. López Simón ahogó las embestidas del novillo metiéndose en la oreja. Además mostró un estilo envarado y relamido que no gustó. Con ese gran sexto había que estar infinitamente mejor.

Y el mejor tratado por la diosa Fortuna fue el mejicano Sergio Flores. Su lote fue de triunfo, pero de triunfo gordo. Sin embargo tal triunfo no llegó. ¿Por qué? Es valiente, sus maneras son excelentes, muy clásicas, por lo que este Flores es un interesantísimo proyecto de torero. Entonces, ¿por qué ayer no alcanzó el triunfo? Por su bisoñez: está muy nuevo, y el novillo-toro español nada tiene que ver con el becerrote mejicano. Le falta oficio, solamente eso. Se empeñó siempre en un toreo muy en corto, muy por abajo y muy curvilíneo. Y él solo paró a sus colaboradores.

Su primero derribó espectacularmente y llegó muy pronto a la muleta. Por ponerle un defecto, tenía cierta violencia al final del muletazo. Flores, que lo había toreado bien con el capote, empezó la faena de muleta de un modo muy vibrante, con pases por la espalda y un pase de las flores de cartel. La primera serie con la derecha también fue buena. Pero después la faena se vino abajo por citar muy en corto a un novillo que pedía metros y que en corto arrollaba. Y hubo varios enganchones por querer rematar siempre detrás de la cadera. Si hubiera dado sitio al novillo y lo hubiera llevado hasta el final, el lío podría haber sido gordo. Muy al final de la faena dio una buena serie de naturales, pero ya la faena se había venido abajo y el público también. Buena estocada y saludos desde el tercio. No quiso dar la vuelta al ruedo.

Al quinto, noble y sosito, le bajó la mano muy pronto, y ahí se acabó la faena. De todas formas, sus maneras son extraordinarias. Y más importante que lo que hizo ayer, es lo que se atisba que puede llegar a ser.

Me ha sorprendido el modo despiadado con el que muchos revisteros han tratado la corrida de Pablo Romero. Es evidente que fue mala y están en su derecho de criticarla… Pero cuando se lidie una corrida del encaste único y no tenga la menor casta ni pueda con el rabo, espero que se la juzgue con idéntica dureza. Y, por supuesto, se pida también que las vacas sean llevadas al matadero. Si no lo hacen, empezaré a pensar que son unos vendidos

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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