Corrida de San Fernando en Aranjuez. ¿Ponce acabado?, ¡venga ya!

Toros bonitos y nobles de Victoriano del Río y orejas de distintos valor para Enrique Ponce, Sebastián Castella y Alejandro Talavante que sustituyó a José María Manzanares sin que se notase demasiado en la taquilla. Por fin con suerte, el valenciano cuajó una gran tarde aunque, por pinchar, perdió la segunda oreja del quinto al que cuajó una gran faena. Otro trofeo cortó del primer toro. Los que lograron Castella y Talavante de sus primeros oponentes tuvieron menos valor, aunque una de las dos del extremeño  con el mejor sexto, fue legítima.

Plaza de toros de Aranjuez. Lunes 30 de mayo de 2011. Corrida tradicional del día de San Fernando. Tarde medio nublada con viento muy molesto y casi tres cuartos de entrada. Seis toros Victoriano del Río, de muy buenas hechuras, cómodas cabezas y nobles en distintos grados de fuerza.   El primero apretó mucho para dentro, escaso de fuerza y noble a más. Tampoco le sobró la fuerza al segundo pero fue más encastado y, como el anterior, noble. Precioso el tercero que no aparento los 507 kilos que pusieron en la tablilla, salió renqueando, suelto del puyazo y noble con algún reparo. El cinqueño cuarto se lo pensó gazapeando de salida, maseó en el primer puyazo, no en el segundo y, aunque rajado, metió la cara en la muleta. Muy suelto,  distraído, lastimado durante la lidia y por ello tardo y protestón el quinto. El asimismo cinqueño sexto, fue el mejor de la corrida, muy noble y cumbre por el lado derecho. Enrique Ponce (celeste y oro): Buena estocada, oreja. Pinchazo y estocada trasera, oreja y fuerte petición de otra. Sebastián Castella (grosella y oro): pinchazo y casi entera trasera contraria, oreja tras ovación al toro en el arrastre. Estocada trasera desprendida, ovación. Alejandro Talavante (blanco y plata): Pinchazo y estocada desprendida, orejita. Estocada trasera, aviso y una de las dos orejas que cortó, legítima. Ponce y Talavante salieron en hombros.

Aranjuez: un sitio Real como pocos haya tan románticos y motivo de variadas inspiraciones artísticas en el mundo. Bellos ejemplos de ello son las pinturas del gran pintor catalán Santiago Rusiñol i Prats, o el famosísimo e imperecedero concierto del maestro Joaquín Rodrigo que lleva el nombre de la ciudad bañada por el río Tajo. Pero también y por lo que respecta a la Tauromaquia, su deciochesca plaza de toros ha venido siendo marco de faenas inolvidables de todas las grandes figuras de la historia. Los toreros lo saben, lo detectan enseguida con la sensibilidad que les caracteriza, y por eso siempre se aplicaron aquí a “escribir” gloriosas páginas cuando los toros se lo permitieron. En la corrida de ayer, fue Ponce quien sobresalió magistralmente y dijo aquí estoy yo.  

El valenciano, apenas se lució con el capote con el primer toro en su intención de no desgastarlo. Tampoco Quinta se excedió en el castigo. Pero aún así, el noble animal pareció llegar sin suficiente fuerza a la muleta y, además, molestó el viento. Ponce tuvo que esperar a que cesara para dar las primeras y elegantes tandas que logró con la derecha, excelentes los muletazos, por cierto, aunque a menos en ligazón por lo que el toro fue debilitándose. Los suaves y largos naturales los dio de uno a uno con la mano baja y relajada, ligando el último a un pase de las flores y al de pecho. Pero embelesado el animal gracias a como lo templó, se fue arriba y la faena a más y más en redondo al ralentí y otros de pecho tan largos como el Tajo. Y una buena estocada. Por fin vimos con suerte y a gusto al valenciano. Ya era hora, maestro. El primer concierto de la tarde, este de cámara, lo dio el gran torero de Chiva.

Ante el cinqueño cuarto, mansito, gazaponcete, rajado y mal lidiado en banderillas, Ponce brindó su faena al público a sabiendas de lo que podría hacerle. Un faenón de los suyos. Primero por colosales doblones diestros; luego por atrayentes redondos sin dejar que el toro se le fuera; acto seguido y, ya completamente dueño de la situación, redondísimos inverosímilmente  lentos, ayudados por bajo a dos manos, y naturales soberbios que ligó al de pecho. Rajado a tablas el animal, más redondos soberanamente prolongados con un magno cambio de mano. Y de postre, la poncina recreándose en la lentitud por tres veces seguidas. Más adornos y estocada tras pinchar. Esta vez, el concierto poncista fue a toda orquesta. Como en sus mejores tiempos. ¿Ponce acabado?, ¡venga ya¡…   

Sebastián Castella se lució en excesivos lances con el capote en el saludo del segundo toro y en un quite por chicuelinas no bien rematado al dejarse enganchar. El francés empezó la faena en los medios por estatuarios y forzados de pecho. La mayor casta del toro y lo mucho que trasmitió, llegaron mucho al público. Más que Castella que, por redondos, toreó bien pero acelerado hasta los cambios y los de pecho que los recetó más templado. Muy obligados y firmes los naturales posteriores. Y enseguida buscó la cercanía y el arrimón. Monótono por repetitivo el trasteo calcado de tantos y tantos suyos, más para impresionar al público fácil que  a los entendidos. Aunque pinchó le dieron una oreja. Otra del francés a otro toro de dos. Más bombo y platillo que violines y trompetas la pieza de Castella. No tuvo suerte con el quinto por muy protestón en la muleta y, aunque quiso mucho, no pudo lograr con limpieza lo que buscó por activa y por pasiva hasta cansar al respetable.

Se le cayó el tercer toro a Alejandro Talavante al recibirlo con capotazos bajando la mano improcedentemente y le enganchó el percal en su quite por gaoneras “modernas”. Roncó mucho el dolido y doliente animal  que, para empezar, no quiso coles por la derecha. Pero si con la izquierda, la mano de oro de Talavante que, primero dio naturales largos y luego liados torpemente por lo que salió rebotado y caído a la arena. Muy valiente, mejoró la obra por redondos y, lo que había empezado mal, terminó bien aunque, como Castella, recurrió al arrimón junto a las tablas, ya sin respiro ni apenas respuesta de su oponente. Desigual, pues, la melodía interpretada por el extremeño. No hubo manera de afinar ningún instrumento

Con el también cinqueño sexto, Talavante lanceó discretamente en el saludo y, por lo noble y temperamental del burel, su brindada faena tuvo importancia. Iniciada en los medios y por naturales, la desarrolló in crescendo aunque muy espaciada para centrarse más con la derecha por donde más abundó abusando finalmente de la cercanía y con las inevitables manoletinas. Un buen concierto de Rock.   

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

También puede interesarte: