4ª de San Juan en Alicante. Magisterio, valor y arte

Solo un buen toro de Garcigrande, el quinto, al que cortó dos merecidas orejas El Fandi. Otra sin apenas valor cortó el granadino del segundo. Enrique Ponce dio dos lecciones magistrales frente a su pésimo lote, perdiendo un par de orejas por pinchar. José María Manzanares, por su parte, también tuvo que bailar con un mal lote, sobre todo con el muy complicado sexto en el que, además de valentísimo, cuando pudo anduvo fiel a la solemnidad de su toreo mayestático. También perdió una oreja de este por pinchar. Sorprendentemente, al alicantino no le funcionó su infalible espada  

Plaza de toros de Alicante. Martes 21 de julio de 2011.  Cuarta de feria. Tarde calurosa con brisa y lleno. Cinco toros de Garcigrande y uno (tercero) de Capea. Más que discreta presentados y más cuajados los de la segunda parte. El primero manseó de salida haciendo cosas feas por muy distraído y sin ninguna raza, embistiendo con informal brusquedad y metiéndose por dentro aunque pareció manejable en las manos de quien lo toreó. El segundo salió con mucho y franco brío que fue perdiendo a lo largo de la intensa lidia que recibió hasta pararse. El bonito tercero de Capea fue bravo en el caballo y noble de salida aunque embistió muy rebrincado, fue muy mirón y se paró defendiéndose al final. También manseó el cuarto en el caballo que terminó desarrollando peligro hasta rajarse por completo. Excelente por todo el quinto al que se dio la vuelta al ruedo. Y un marrajo el sexto. Todos, eso sí, tuvieron movilidad y sobrada fuerza. Enrique Ponce (amapola y oro): Pinchazo y y estocada caída, ovación. Casi entera ladeada caída y dos descabellos, gran ovación. El Fandi (berenjena y oro): Estoconazo desprendido, oreja. Estoconazo trasero, dos orejas. Salió a hombros. José María Manzanares  (cobalto y oro): Dos intentos fallidos en la suerte de recibir y estocada, ovación. Pinchazo y buena estocada, aviso y ovación. Cumbres Juan José Trujillo en la brega del difícil sexto con el que anduvo meritísimo Curro Javier que incluso resultó cogido y revolcado. Memorable tarde de los dos.

 El público tardó en ocupar sus localidades y se comentó el aparente fiasco taquillero pero, minutos antes de empezar la corrida, los tendidos y las gradas se mostraron llenos. No era para menos. Cartel de lujo, el primero de gran categoría de esta feria.

Hacía ocho años que Enrique Ponce dio la alternativa a José María Manzanares en esta misma plaza. Una alternativa realmente aristocrática en la que el valenciano dio una prueba más de su inigualada maestría y el toricantano anunció lo que podría ser.  Ambos, reeditaron ayer sus respectivas cualidades pese a lo que, inesperadamente, fallaron los toros. Ponce con un primero por el que nadie apostó salvo él, sorprendiendo con una faena marca de la casa en la que exprimió a su oponente por los dos pitones en la versión más adecuada a sus condiciones, llevando siempre la muleta a media altura y sin quietársela nunca de la cara para evitar sus distracciones hasta obligarle mediado un trasteo que el público premió con gran ovación tras un pinchazo y estocada caída. Podría haber cortado la primera oreja de la tarde de no haber fallado con la espada.

Tras el quite por verónicas y media que Ponce hizo al mansote cuarto, los banderilleros le tomaron mucha prevención por lo que esperó, teniendo que intentar clavar varias veces sin fortuna ni razón del palco que se negó a cambiar el tercio como procede en estos casos. El desconcierto fue total hasta que Ponce se hizo cargo de la brega y puso orden. Muy mal el palco por colaborar en que el toro se pusiera prácticamente imposible. Pero allí estaba el valenciano y, como en tantísimas ocasiones demostró frente a reses tan malas o incluso peores que este cuarto, se adueñó totalmente del marrajo, incluso hasta después de rajarse e irse a tablas. Importante fue la faena de Ponce que dio otro mentís a los que llevan dos años queriendo enterrarle. Y así lo entendió el público que le obligó a saludar una gran ovación.

Los muchos partidarios de José María Manzanares y hasta los que en Alicante no lo son tanto, tuvieron ayer la oportunidad de descubrir por primera vez la nueva dimensión del joven gran torero aunque no en toda su magnitud por los problemas que plantearon sus enemigos. Con el toro de Capea que salió en tercer lugar, su labor empezó con preciosos lances, como también lo fue la primera parte de su faena hasta que los defectos del toro, siempre rebrincado al embestir desde que salió, se acrecentaron poniendo en serios apuros al matador que aguantó tragantones y parones sin inmutarse aunque la calidad del trasteo perdió muchos enteros. Hizo mal José Mari en empeñarse con la suerte de recibir. El toro, ya acobardado, ya no tenía pies suficientes y por eso pinchó en dos intentos antes de agarrar la estocada definitiva a volapié que era lo idóneo, perdiendo una oreja que seguro habría pedido el público que no cesó de jalearle, tanto en su faceta de artista como en la de guerrero.

Precisamente guerrero además de artista anduvo José María con el marrajo sexto con el que sacó a relucir su excepcional estilo a la vez que un valor y una destreza ilimitados. Aunque esta vez falló a espadas, increíble en él y a pesar de las dificualtades del ganado que tuvo que afrontar, Manzanares volvió a poner de manifiesto y esta vez en su tierra, que estamos ante un nuevo coloso.

El Fandi cubrió los intermedios del festejo con las indeclinables ganas, la vistosidad, la variedad y el sentido del espectáculo que le son propios, incluyendo, claro está, sus siempre celebrados tercios de banderillas, si bien el primero de ayer no resultó tan aceptable como el que logró ante el quinto por sus muchos pies y en el que puso la plaza boca abajo.

De las faenas de muleta del granadino, la primera no pudo tener la imparable continuidad de sus previas intervenciones con el capote y con los palos porque el toro se vino abajo en la muleta y hasta sacó guasa por el pitón izquierdo. Un espadazo desprendido de rápidos efectos y el conjunto de su entusiasta actuación le valieron una oreja festiva de esas que en Alicante son frecuentes cortar.   

Las dos que cortó del mejor con mucho quinto tuvieron más valor por lo muy bien y templado que toreó David Fandila, aprovechando la gran calidad del animal, sin duda el más lucido del festejo. Como en Alicante no pasó como en Madrid, cuanto hizo el granadino tanto por redondos como al natural, fue coreado por el público con absoluta razón. Y también con cuantos adornos y vistosos alardes enjoyaron la obra que cerró con una gran estocada contrariando a los que pedían el indultó del estupendo animal.  

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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