2ª de la Semana Grande de San Sebastián. Sapiencia y paciencia de Ponce

 

 

 

San Sebastián. Plaza de Illumbe. 10 de agosto de 2009. Segunda de feria. Tarde nublada con la cubierta semiabierta. Dos tercios de entrada. Seis toros de El Ventorrillo, muy bien presentados, desigualmente armados y muy astifinos. Se prestaron más los tres primeros que los últimos aunque solo por un pitón. El primero por el izquierdo aunque no humilló, el segundo por el derecho por donde humilló muchísimo, y el tercero asimismo por el derecho con largura y clase pero no por el izquierdo tras lastimarse de una mano. El cuarto terminó muy remiso y siempre a media altura. El quinto sacó genio hasta pararse. Y el sexto fue tan flojo como descastado y soso. Enrique Ponce (cardenal y oro): Buena estocada, oreja. Estocada caída, oreja. El Juli (encarnado y oro. Estocada ligeramente atravesada t dos descabellos, gran ovación. Pinchazo y estocada trasera, ovación. José María Manzanares (burdeos y oro): Estocada baja, petición insuficiente y ovación mezclada con protestas al palco por no conceder el trofeo. Dos pinchazos, un tercero hondo y estocada contraria, aviso y silencio. Juan José Trujillo saludó tras parear al sexto.

 

La sabiduría, la paciencia, la capacidad de Ponce no tienen límite por su versátil manera de resolver cualquier clase de embestidas siempre que los toros no se paren o se caigan derrengados. Le basta que se muevan. Como sea, pero que se  muevan. Y como este año atraviesa un fácil periodo con la espada, sale a triunfo casi diario. A muchos les irrita su extrema facilidad en conseguirlo. Pero a la mayoría nos encanta. Su estrategia favorita y en la mayoría de los casos infalible, es no atacar a los toros al principio para hacerlos, para fijarlos, para en definitiva enseñarlos a embestir hasta que llega el momento de atacarlos y exprimirlos. Por eso, no pocos creen que sus toros parecen mejores de lo que son. Y por lo mismo, sus faenas suelen acontecer de menos a más y no de más a menos como las de la mayor parte de los demás toreros. A su primer toro de ayer no lo dejó ver con el capote que solo utilizó para la brega. Pero nada más someterlo suavemente por bajo en los doblones iniciales y echarse la muleta a la mano derecha, sufrió una peligrosa colada que por poco se lo lleva por delante. Enseguida con la mano zurda, por donde el toro fue a media altura y distraído, Ponce consiguió primero fijarlo en el engaño y luego pasarlo en progresiva donosura. Y como tantas veces ocurre con muchos toros bien administrados y por nada molestados, cuando volvió a tomar la muleta por el peor lado, el derecho, el animal colaboró ya desengañado en dos tantas por redondos que, antes, hubieran sido imposibles. Total, primera oreja en la canasta. “Pero, oiga – escucho decir detrás de mi – si no ha hecho nada, ¿cómo es posible?” Pues con el todo de la nada, señor.

 

La segunda oreja le costó más ganarla y, sobre todo, convencernos de que la cortaría porque aunque Ponce siempre creyó en el toro, los demás, no. Ni los que estábamos arriba ni los que estaban en el ruedo o en el callejón. Le había visto bondades escondidas en sus genuflexos lances de recibo y en un breve quite por delantales. Incluso lo probó  y midió tras ser picado para autoconvencerse más de que sería posible. Tardo, escarbador y renqueante además de basto y gigantón con casi cinco años, esperó en palos y pegó oleadas arrollando a Manzanares que andaba por allí. Y en esto que Ponce se lo brinda a una joven señora que estaba en barrera y que luego me enteré era una gran directora de orquesta. Pero, casualidad o no, la faena de Ponce transcurrió entera sin música. Cuando algunos empezaron a pedirla, ya era tan tarde como largo el trasteo aunque, como antes, más nutrido al final en otra obra de las de mírame y no me toques. Ponce había utilizado el mismo procedimiento que antes. No someter demasiado al toro para que no se le acabara rápido. Si para empezar le hubiera pegado cuatro pases seguidos bajándole la mano, nada más habría podido hacer. Y otra vez el mismo señor: “Pero oiga, si no ha hecho nada…” Pues jorobarle a usted y complacer a los demás. ¿Le parece poco?

 

El Juli, como siempre, salió a por todas con el segundo que empezó mansito e incierto pero, en la muleta, metiendo el morro con motor por el pitón derecho. Las tres primeras tandas por redondos, soberbias. Mano muy baja y largos, profundos los muletazos. En la cuarta, perdió el toro las manos. Y en la quinta, por naturales, el toro dijo que no. Se metía por dentro y hasta hubo un amago de cogida que El Juli resolvió con suma habilidad. Final con penduleo metido entre los pitones y estocada algo atravesada que necesitó dos golpes con el descabello. Perdió por ello una merecidísima oreja. Brindó al manso y muy complicado quinto que fue el peor de la tarde, en la incierta creencia de que rompería por algún lado. Lo cortísimo de sus viajes impidió el lucimiento del torero hasta que, empeñado, logró medio meterlo en una sola tanda al natural que el público agradeció de inmediato. Pero el toro se rajó y El Juli desistió no sin antes machetear con sabor añejo y mucha torería antes de fallar repetidamente con la espada.

 

Manzanares se empacó en los lances de recibo al tercero y, enseguida con la mano derecha, nos deleitó por mecidos redondos que en cada tanda supieron a poco. Hubiera debido aprovechar en exclusiva ese pitón y armar toda la faena por ahí como antes hacían los buenos toreros. Sobre todo después de que el animal se lastimara al salir forzado de un pase de pecho. La alternancia del trasteo entre un pitón y otro – por naturales deslucido por no poder pisar bien el animal – impidió la redondez de la obra que, no obstante, fue saboreada por el público que hasta solicitó la oreja pese a lo baja que le quedó la espada al matador. Si las tandas hubieran sido más intensas, no se hubiera empeñado tanto con la izquierda y la estocada mejor, Manzanares podría haber cortado dos orejas. El toro las mereció. Y lo del muy flojo y soso sexto, larga e inicua porfía en multitud de cites con la voz sin que el toro respondiera con el más mínimo celo a ninguno. La tarde ya estaba vencida y la gente deseando coger el autobús. 

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

4 Resultados

  1. Antonio Valverde Estepa. Antonio de Benameji. dice:

    Hola don Jose Antonio. Mientras mas leo, estudio, observo y comprendo la fiesta, mas me gusta Ponce y su concepto. Se me acaban los adjetivos para valorar a este espada. Es increible como respeta
    su trabajo y al toro. Vaya ejemplo y referencia para todos los que están en este mundillo.
    Al toro bueno, lo cuaja sin dudarlo, y a poco que se preste, indultado. Al malo, como nadie lo mete en la canasta y le saca faena. Y al medio lo hace bueno. Adapta su tauromaquia a la condición del toro para obligarle a pasar las mas veces posibles.
    Pone al toro en valor. Torea para el. Hace del mismo su aliado y no su contrincante. Y un sinfín mas de caracteres que hacen de este hombre un ser especial y un MAESTRO.
    Aúna técnica, arte y valor o cabeza, corazón y bragueta como pocos en la historia de la tauromaquia. Lástima para todos los que le seguimos que su retirada este próxima y merecida.
    Es la razón por la que me aficione hace algunos años a la fiesta. Ojalá algún día tenga la oportunidad de comentarselo. Y que haya medios que lo vilipendien este como este para defender a otros companeros a toda costa? No lo entiendo. Pero esto esta montado así. Un abrazo y gracias.

  2. Carnicerito de Rekakoetxe dice:

    DECEPCIÓN: Para empezar la decepción de ver cómo el cartel más rematado de la feria solamente concitaba en el coso de Illumbe a media entrada justa. Y después la decepción del comportamiento de los toros de El Ventorrillo, a excepción del bravo tercero que tuvo la desgracia de lastimarse una mano antes de que comenzara la faena Manzanares. Los tres últimos se rajaron enseguida buscando las tablas sin disimulo, el primero pecaba de falta de fuerza y el segundo de casta. Ponce sedujo al público con su excelente puesta en escena, aunque su toreo tuvo que ser a la fuerza superficial, por lo que las orejas resultan excesivas. Lo mismo se puede decir de El Juli, que no pudo meterse en serio con sus toros, y ya sabemos que el madrileño toreando a media altura transmite muy poco. Manzanares nada pudo hacer con el rajado sexto y demostró una cierta recuperación en el tercero, cuando toreó con auténtica profundidad al lastimado burel por su excelente pitón derecho, aunque también por ahí hubo otras series intrascendentes, que unidas a las del imposible pitón izquierdo, dejó la faena en un tono menor.

  3. angel conejo dice:

    maestria, capacidad lidiadora, puesta en escena, dominio de la misma, sapiencia catedralicia, estetica, poder y mando con el sugestivo envolvente de un sublime temple, creatividad,e, imperial magisterio taurino. un placer y un gustazo excelso es poder observar al torero mas grandioso del toreo contemporaneo. podrido de dinero,con la ambicion juvenil de un novillero,y, si quisiera sin la necesidad de seguir en la primerisima linea de combate. sin embargo el mago de chiva sigue, sigue y sigue como las pilas duracell. es el sumo pontifice del toreo. pese a quien pese, es el numero UNO. un abrazo. angel conejo.

  4. LAFuente desde Vitoria dice:

    Enrique Ponce es, sin duda, el MEJOR TORERO DE LOS ÚLTIMOS VEINTE AÑOS (y probablemente el mejor de la historia). Lo de Vitoria ha sido algo apoteósico, especial, maravilloso…se me terminan los adjetivos.
    En San Sebastián, en su aspecto más poderoso y lidiador, también ha estado cumbre. Estoy deseando verle de nuevo en Bilbao!!!
    Lo de algunos críticos es de preocupar. Juárez con tal de quitar méritos a Ponce hace el ridículo dándole todo el mérito al toro. De el escritor de la página oficial de JT no extraña nada. Más pena me da lo de Barquerito porque hasta hace poco le consideraba un gran crítico pero ya lleva varias crónicas no ponderando bien lo que ocurre en la plaza (sobretodo en contra de Enrique). Siempre he sabido que era un poco juligan pero la cronica de hoy ha sido demasiado (Que conste que El Juli estuvo muy bien y que yo le habría dado una oreja).

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