9ª de San Fermín en Pamplona. Tarde insulsa con mulos de El Pilar

Una gigantesca aunque desigual y descastada corrida de El Pilar propició el espectáculo más insulso y aburrido de la feria, apenas compensado por los pocos momentos que pudieron lucirse los alternantes. El Cid, que fue cogido sin consecuencias por el malísimo primer toro, en unos lances al primer toro y en una tanda con la derecha al quinto. El Fandi, entregado y solvente como siempre, en sus tercios de banderillas, sobre todo en el del segundo toro. Y Daniel Luque en su muy estimable faena al sexto. Los tres se fueron de vacío.  

Plaza de toros de Pamplona. Miércoles 13 de julio de 2011. Novena de feria. Tarde muy nublada y amenazante, fresca y con viento. Casi lleno. Seis toros gigantescos de El Pilar, muy descarados de cuerna en desigualdad de tipos y juego mular. Manso declarado e imposible el primero. El serísimo y astifino segundo resultó manejable por el lado derecho, se paró pronto y terminó echándose. Enorme aunque muy vareado el manso con genio y cojo de patas tercero. Gigantesco y apenas manejable además de pronto venido a menos el cuarto. Noblote pero enseguida parado el quinto. Y manejable con algo de genio el sexto. El Cid (prusia y oro): Tres pinchazos, otro hondo resultando cogido en un arreón, casi entera y dos descabellos, aviso y silencio. Media estocada, silencio.  El Fandi (pizarra y oro): Estocada trasera desprendida, petición insuficiente y ovación con saludos. Pinchazo y estocada tendida, silencio. Daniel Luque  (añil y oro): Estocada trasera desprendida, petición insuficiente y ovación con saludos. Pinchazo y media tendida, palmas.

Continúa el mal tiempo, pero la fiesta no para. Estos últimos días son cuando más ganas dan de que no se acabe. En los Sanfermines, el día 6 es como el primero del año y el 14, el más triste de la temporada. Si es verdad eso de que al final de las ferias se muere uno un poquito, en esta, mucho más.

Segunda corrida con figuras y la plaza sin llenarse del todo. Me dice un amigo que el año pasado ocurrió igual. Veremos. Sueltón y queriendo saltar al callejón salió el primer toro, manso declarado a medida que avanzó la lidia aunque aguantó dos largos puyazos en la misma puerta de chiqueros. Anda que si salen como este los del próximo 23 en Valencia para  J T … Esperemos que no. A este le arrearon tres castañazos, señal de que a El Cid no le había gustado nada. Llevó razón. El manso esperó en palos, no humilló nunca, embistió completamente desrazado, gazapeando y, encima, rajado. Hizo mal El Cid en intentar torearlo y pegó un sainete con la espada. Pero por ser cogido en un arreón, se libró de una bronca.

Un espejismo parecieron las buenas verónicas de El Cid en su recibo del enorme quinto al que luego pegaron mucho en varas por lo que perdió fuerza y dobló las manos. Encelado el toro en el peto, no hubo manera de sacarlo pronto de su presa y, luego de ser banderilleado, El Cid empezó a torearlo con la derecha sin probarlo. Obedeció el animal y surgieron templados los primeros redondos, pero pronto muy venido abajo, la obra perdió por completo el interés que había despertado en su comienzo y, por insistir El Cid, la gente se impacientó.

Todo lo que le hizo El Fandi al astifinísimo segundo, uno de los toros más loserios de la feria, tuvo importante eficacia además de suma vistosidad. Hasta se metió en el bolsillo a la mayoría de las peñas en el tercio de banderillas. La capacidad comunicativa del granadino es impresionante. Y aunque con la muleta no brilla como artista, sí como torero mandón y solvente. Hace años, alguien le peguntó a El Fandi que qué creía él sobre los toreros estilistas y contestó que el arte era una cosa que solo servía para no arrimarse. En manos de El Fandi el toro pareció mejor de lo que fue, pero como terminó echándose, hubo que matar rápido y, por cierto, bien, volcándose sobre los pitones.

El Fandi mató el imponentísimo colorao quinto en cuarto lugar por estar El Cid en la enfermería. Muy reservón y encampanado al embestir, El Fandi lo lidió con mucha soltura, mandó que no le castigaran demasiado en el caballo, y pese a su pésima condición lo banderilleó con suma facilidad. Otros matadores banderilleros, incluso los más célebres, no hubieran osado hacerlo a un toro como este. El Fandi también anduvo a gorrazos con la muleta en una faena que, como en la anterior, dio la sensación de que el morlaco era mejor que lo que no pocos creyeron. Venido enseguida a menos como sus hermanos, el granadino pinchó antes de enterrar un espadazo tendido.

Tampoco ayer tuvo suerte Daniel Luque con el tercer toro, cuyo genio impidió lucirse al sevillano de Gerena. Tan solo pudo medio estirarse al apuntar buenos lances en el recibo con el capote y en el arranque de su brindada faena de muleta con firme muletazos diestros por alto y hermosas trincheras. Luego, el toro se comportó mularmente y Luque supo estar limpio con la mano derecha, pero no con la zurda porque el marrajo no quiso coles por ahí. Sea como fuere, Luque anduvo por encima del toro. Como también frente al horrible sexto del que sacó con la muleta mucho más de lo que tuvo llegando a conseguir que la gente volviera a interesarse por lo que pasaba en el ruedo.

LA OPINIÓN DE DOMINGO DELGADO DE LA CÁMARA

Aburrimiento total

Si El Pilar lidió este año en Sevilla una de las mejores corridas de la temporada, ayer en Pamplona decepcionó con una corrida totalmente falta de casta y bravura. Una corrida francamente mala que deparó un aburrimiento que pesó como el plomo. Los días van pasando y en el cuerpo se van notando las comilonas, las copas, los trasnoches. Si a esto se añade una corrida tan plúmblea como la del Pilar, se comprenderá que todo el mundo estaba deseando que acabara de una vez tan anodino festejo. Y encima hacía frío…

El primer espada de la tarde era Manuel Jesús El Cid. Se encontró en primer lugar con un manso de solemnidad que se salió escupido y rebotado de sus tres encuentros con el caballo, y solo huía hacia la querencia. El Cid no supo muy bien cómo meterle mano y le costó un triunfo dejarle el acero. Una lidia desgraciada para El Cid que, además, fue prendido y revolcado por el toro. Y volvemos a lo de siempre: cuando sale un toro manso de solemnidad, ya nadie sabe cómo machetearlo y reducirlo, y todo acaba siendo la escenificación de la impotencia de un torero que no sabe por donde meter mano al buey.

El otro toro del Cid mostró muchísima clase en el capote, pero le dieron de lo lindo en el caballo, por lo que llegó a la muleta muy agotado. El Cid no echó nunca la muleta al hocico, ni se puso delante del toro una sola vez. La tarde del Cid, pues, fue una tarde completamente nula.

Tampoco El Fandi anduvo fino. Con las banderillas mejor en su primero que en su segundo, al que banderilleó a toro pasado totalmente. El lote fue muy rajado y venido a menos para la muleta. El Fandi estuvo correcto, pero también rápido e insípido.

Quien mejor estuvo ayer fue el más nuevo: Daniel Luque. Toreó con mucha limpieza a un tercer toro que no quería embestir, a pesar de lo cual fue capaz de llevarlo con suavidad y sin tropezar los engaños. Tras una estocada trasera, saludó desde el tercio.

Y también bien en el sexto, un manso con genio al que fue capaz de meter en la muleta y sacarle muchos muletazos limpios. Pero la faena tuvo un defecto fundamental: el empeño de alargarla innecesariamente, y querer terminar en plan ojedista muy cerca del toro, cuando el toro, debido a su genio, no admitía a nadie en sus cercanías. Pinchazo, estocada trasera , el toro que se echa y oreja que se esfuma.

Daniel Luque decepcionó a algunos porque, siendo aun muy nuevo, le echaron encima de los hombros una responsabilidad inasumible para un torero tan novel como él entonces. Pero poco a poco se va reponiendo y demostrando mucho oficio. Y demostrando también capacidad para estar por encima de toros tan deslucidos como los de ayer de Pamplona.

Hasta hace poco en Pamplona no había corridas aburridas porque, si no sucedía nada en el ruedo, siempre ocurría algo vistoso en los tendidos de sol. Pero las cosas están cambiando, ya no son así. Las Peñas se han vuelto monótonas y aburridas (lo que ha tenido un aspecto positivo: ya no se corean consignas políticas del todo impresentables). Pero las Peñas han perdido el ingenio que antaño tuvieron. Los peñistas son casi todos padres de familia, calvetes y con tripita, y ya no están para muchos trotes, para muchos saltos ni para muchas voces. Y hasta tal punto esto es así, que hasta se oyen los pasodobles de la Pamplonesa, que antes era imposible escuchar.

Poco a poco la plaza de Pamplona se va homologando con las demás plazas. En este momento no acierto a determinar si es bueno o es malo, pero cualquier observador imparcial de los Sanfermines estará de acuerdo conmigo en que las Peñas cada vez son más sosas y tienen menos ingenio y personalidad. Ahora se limitan simplemente a cantar un repertorio mil veces repetido que no sorprende a nadie.

 

 

 

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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